La trayectoria poética de José Luis Amadoz: «Pasión oculta» (2000-2002) (y 3)

«Para un amor ya lejano», que sigue con el tú como interlocutor o destinatario de sus versos, tiene un hermoso comienzo: «Me habías llenado mis ojos / de ternura»[1]. El poeta se siente como «un niño pequeño / acurrucado en la tormenta de tus pechos»; la posibilidad de la pérdida de la amada, antes meramente apuntada, se hace aquí real y concreta: «renuncié a tu amor / en aquel otoño de hojas barridas», «mi corazón impenetrable ya no era tuyo…», y además:

Necesité perderte
para que tu pérdida
se convirtiera en verdadera ternura,
como antiguo soplo de mar
embravecido.

Arsen Davtyan, Mar embravecido (José Art Gallery)
Arsen Davtyan, Mar embravecido (José Art Gallery).

«Coso de luces» lleva un lema que equipara la belleza de la amada con un instrumento que el amante debe pulsar para obtener una hermosa música. De nuevo se reitera ese tú femenino y aparecen imágenes relacionadas con el mundo del toreo: «me he vestido de luces», «coso», «arena caliente», junto con otras que sugieren la sensualidad de los encuentros amorosos: «ardiente páramo», «alba de perfumes», «lecho frutal de sol y cedros», «tierra fértil / y labios de granada», etc.

Muy hermoso es «Para un atardecer de nuestras vidas», que comienza así:

Para un atardecer,
calado por ti hasta el tuétano
de tu hermosura,
fecunda savia de mujer,
de pájaros silvestres,
que a mis ojos me pían.
En aquel atardecer
había algo más,
pero eras tú misma,
repleta de todo,
de todo lo que podías darme,
eras un cántaro de deseos,
una belleza perennemente anhelada.

Sigue evocando «tu hermosura de terciopelo»; él era entonces «un dios suplicante / amordazado por tu hermosura» y ahora sigue siendo un niño:

Hoy,
no puedo amarte,
tan sólo, porque fueras compendio
de mis deseos,
te amo por tu ausencia desnuda,
por tu presente lejanía,
por todo lo que fuiste,
por lo que todavía sigues siendo.

Se reitera una imagen anunciada antes (la amada como un «ramaje misericorde» que da cobijo al poeta). En la parte final, el yo lírico la imagina «cansada de tu belleza» y la convoca para la eterna cita,

allí, donde el viento se serena,
allí, en el camino seductor
donde te escondes,
cálida y silenciosa,
ante la eterna cita.

Por último, «Poemas crepusculares» agrupa una serie de seis poemas: «Amante prado» (se refiere al que acogió «el ardor de unos cuerpos / de placer silenciado», que se va a repetir a manera de leitmotiv en estos versos); «Así lo obscuro desvanece» («se abre la mañana / de cuerpos, todavía, calientes»); «La noche multiplica sus ojos» (se insiste en esa hierba que acoge sus «labios de miel» y «tantas tempestades / de sal, espuma y fuego»); «La noche es como una acogida» (los amantes están «enhebrando los prados / en caricias de ardiente deseo»); «Arrepentida la campana de lejanía» (al amanecer, tañe una campana y se evocan «cuerpos y ternura / que todavía duermen»); y, por último, «Cómo se habitúa presto» (la mañana ha terminado de despertarse, la campana sigue sonando y de nuevo, sobre la hierba del «prado mañanero», adquiere forma el cuerpo de la amada, «tu cuerpo que se estremece», al tiempo que se pondera «el instante eterno hecho gozo / como un dios empequeñecido»).

Como vemos, pues, el poemario se remata con esa misma exaltación del amor físico, del instinto, del goce de los cuerpos, que aparecía con fuerza en la primera de las composiciones y que ha recorrido todo el libro. Cabe destacar, en fin, que Pasión oculta no describe en todo caso una pasión de madurez, sino más bien una pasión del pasado evocada apasionadamente desde la madurez[2].


[1] Este poemario, Pasión oculta, no fue publicado previamente de forma exenta, sino que quedó incorporado directamente al conjunto de su Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo «José Luis Amadoz, poeta “aprendiz de brujo”: cincuenta años de coherencia poética (1955-2005)», introducción a José Luis Amadoz, Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

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