«Apuntes sobre el drama histórico», de Martínez de la Rosa (1)

Ofreceré hoy una paráfrasis de las notas que acerca del drama histórico redactó uno de sus cultivadores románticos, Francisco Martínez de la Rosa, y que se publicaron en el tomo V de la edición parisina, de Didot, de sus Obras literarias, como prólogo a La conjuración de Venecia. Y es que, aunque al principio y al final de esos «Apuntes sobre el drama histórico»[1] insista el escritor granadino en su carácter de meras reflexiones que entrega a la consideración del público y de otros autores que quieran acercarse al género, tales notas resultan interesantes por transmitirnos una opinión contemporánea sobre el subgénero que nos ocupa. Por supuesto, tales apuntes no pretenden alcanzar el valor de una preceptiva, aunque Martínez de la Rosa, como muchos otros de los primeros escritores románticos, no se halla todavía demasiado lejos —según veremos en seguida por sus palabras— de los principios neoclásicos.

Francisco Martínez de la Rosa

En primer lugar, afirma que considera inútil defender la existencia de tales obras, los dramas históricos, pese a que constituyen una categoría no recogida por los grandes tratadistas clásicos (Aristóteles y Horacio); su aceptación, y hasta su triunfo en la escena española contemporánea, constituyen, viene a decir, su mejor ejecutoria.

A continuación, pasa a señalar algunas características de este subgénero histórico, empezando por la máxima horaciana, que luego hicieron suya los ilustrados, de «mezclar lo útil y lo dulce», o sea, de «enseñar deleitando»:

Basta, pues, que el drama histórico posea la condición esencial de reunir la utilidad y el deleite, para que deba hallar en el teatro acogida y aceptación; y cierto que pocas composiciones habrá que puedan ser de suyo tan instructivas, y ofrecer al ánimo un desahogo tan apacible. Aun leyendo meramente la Historia, nos cautivan por lo común aquellos pasajes a que ha dado el autor una forma dramática, y en que nos parece que los personajes se mueven, obran, hablan por medio del diálogo; ¿qué será, pues, cuando veamos representado al vivo un suceso importante, y que casi creamos tener a la vista a los personajes mismos, seguir sus pasos, oír su acento?… (p. 338).

La historia, pues, como maestra de la vida. Pero la historia, en este caso, pasada por el tamiz de la literatura.


[1] Se incluyen a modo de apéndice en Francisco Martínez de la Rosa, Obras dramáticas. La viuda de Padilla, Aben Humeya y La conjuración de Venecia, ed. de Jean Serrailh, Madrid, Espasa-Calpe, 1954, pp. 337-345, por donde citaré.

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Acerca de insulabaranaria

Soy Catedrático acreditado de Literatura española, investigador y Secretario del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra (Pamplona), Secretario del Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA, Madrid / Nueva York) y Secretario de la Asociación de Cervantistas. También correspondiente en España de la Academia Boliviana de la Lengua. Mis principales líneas de investigación se centran en la literatura española del Siglo de Oro: comedia burlesca, autos sacramentales de Calderón, Cervantes y las recreaciones quijotescas y cervantinas, piezas teatrales sobre la guerra de Arauco, etc. También me he interesado por la literatura virreinal (en especial la de ámbito chileno), la literatura española moderna y contemporánea (drama histórico y novela histórica del Romanticismo español, novela de la guerra civil, cuento español del siglo XX…) y la historia literaria de Navarra.

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