Personajes de «El muerto resucitado», comedia burlesca de Lucas Merino y Solares: el barón de Leganés y el vizconde de Foncarral

La apariencia del barón de Leganés es igualmente ridícula[1], cuando llega ante el Príncipe con abarcas y alforjas (acotación en la p. 2b)[2] y se presenta con estas palabras:

LEGANÉS.- … el barón de Leganés,
señor de todas sus huertas,
duque de las chiribías,
batatas, puerros y acelgas,
te habla… (p. 4a).

Más tarde él mismo reconoce que no acierta a hablar de puro dormido (p. 7b), que es «sufrido como un cabrito» (p. 9b) y que tiene piojos en la cabeza (p. 15); en la pelea, tratará de combatir con pepinos los nabos que le arroja Foncarral (p. 15).

Nabos

Este, el vizconde de Foncarral, es en efecto el «soberano nabero» (p. 4a), y se presenta al comienzo de la comedia «muy armado de bigotes / y puesto de quirotecas», es decir, ‘guantes’ (p. 2b); su caracterización es, por tanto, la de un lindo, pero un lindo que llega ridículamente montado en un burro y con un zapato al cuello (p. 2b). Es un cobarde: se queja de que Alcorcón intente atravesarlo con la espada «como si fuera chorizo» (p. 7a); y también un borracho, pues reconoce que está hecho un puro cesto (p. 7b). Nótese el empleo de imágenes cosificadoras, reductoras de la nobleza y dignidad que podríamos esperar en un personaje de su categoría. En los nombres de los tres personajes masculinos se está jugando con la toponimia madrileña: Alcorcón era famoso por sus pucheros de barro, y Foncarral (Fuencarral) y Leganés por sus huertas y verduras[3]. Los tres títulos (príncipe de Alcorcón, barón de Leganés y vizconde de Foncarral) son, pues, eminentemente risibles.


[1] Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Cito por Lucas Merino y Solares, El muerto resucitado, en Madrid, por Gabriel Ramírez, 1767. Hay edición moderna de María José Casado en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo VII, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011.

[3] Estas alusiones geográficas se completan con las del relato de Foncarral: «Corriendo, en fin, varias regiones, / llegué a Galapagar, Torre-Lodones. / Siguiendo el destino luego (¡ahí es nada!) / me encajé en Brunete y La Espernada, / y desde allí, con rumbo incierto, / me metí en Alcorcón, ya cuasi muerto» (p. 13). Luego la Princesa habla de la posibilidad de casarse en Naval-Carnero (p. 14b), pueblo que —por la fonética de su nombre— resultaría sin duda de mal agüero para el novio.

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