Francisco Navarro Villoslada, primer cuentista navarro

La figura de Francisco Navarro Villoslada (Viana, 1818-1895) ofrece un carácter polifacético ya que, además de literato, fue un importante político, propagandista y adalid de la causa carlista (fue tres veces diputado, una más senador y secretario personal de don Carlos de Borbón y Austria-Este, Carlos VII). Fue también un notabilísimo periodista, colaborador, redactor y director de importantes publicaciones del pasado siglo, como La España, el Semanario y el Siglo pintorescos, El Padre Cobos o El Pensamiento Español, por citar solo los más destacados, contándose por centenares los artículos, así literarios como políticos, que salieron de su pluma para vivir la efímera vida de la columna periodística[1].

Retrato de Francisco Navarro Villoslada

Entrando ya en el terreno de la literatura, Navarro Villoslada es conocido fundamentalmente como novelista histórico por sus novelas Doña Blanca de Navarra (1847), Doña Urraca de Castilla (1849) y, sobre todo, Amaya o Los vascos en el siglo VIII (1879). Se le puede incluir, junto a Cánovas del Castillo, Amós de Escalante o Castelar, en una segunda generación de románticos que cultivan una novela histórica seria y documentada, casi erudita. La enorme popularidad —cuando menos local, en Navarra y las Provincias Vascongadas— de su última novela, tanto por su temática referida a la antigua Vasconia como por el oportuno momento en que aparecía[2], motivó que las otras facetas de su producción literaria quedaran oscurecidas. Y así, el ilustre vianés es conocido (si lo es) fundamentalmente como el autor de Amaya.

Sin embargo, Navarro Villoslada escribió obras pertenecientes a otros géneros literarios, prácticamente a todos los cultivados en su momento: novelas folletinescas (El Antecristo, Las dos hermanas); una novela de costumbres, pseudoautobiográfica (Historia de muchos Pepes); cuentos («El remedio del amor», «La luna de enero», «Mi vecina», «Aventuras de un filarmónico»); leyendas históricas («La muerte de César Borja», «El castillo de Marcilla»); artículos costumbristas («El canónigo», «El arriero», «La mujer de Navarra»); comedias (La prensa libre, Los encantos de la voz); un drama histórico (Echarse en brazos de Dios); el libreto de una zarzuela (La dama del rey),a la que puso música Emilio Arrieta; un ensayo épico (Luchana); y un puñado de composiciones líricas, dejando aparte biografías, traducciones y obras de propaganda política, así como diversos trabajos inéditos que se conservan en su archivo[3].

Navarro Villoslada es el primer novelista de cierta importancia en el panorama de las letras navarras. Es significativo que González Ollé titule «Por fin, la novela» el capítulo que le dedica en su Introducción a la historia literaria de Navarra, llamando la atención sobre el tardío cultivo del género narrativo entre los literatos navarros. Pues bien, el escritor de Viana puede ser considerado igualmente el primer cuentista navarro, en el mero orden cronológico (y siempre con la salvedad de algunos antecedentes del género que cabe señalar en los siglos anteriores).

En efecto, Navarro Villoslada es cuando menos el primer escritor navarro de relevancia que redacta y publica —aunque nunca los reuniera en volumen— una serie de relatos que pueden ser considerados plenamente como cuentos (es decir, narraciones breves, en la que unos personajes ficticios protagonizan una historia también ficticia, etc.) y que poseen una notable calidad literaria. Por otra parte, entre su producción se cuentan también otros relatos que están en las fronteras del género cuento, lindando ya con el artículo de costumbres, ya con la leyenda histórica. Dado que he considerado a este escritor como el primer cuentista en el panorama del siglo XIX, bueno será que repase brevemente —lo haré en una serie de entradas sucesivas— el contenido y las características de todos esos relatos, no solo de los que considero cuentos, sino también de los pertenecientes a géneros limítrofes, pues este comentario iluminará —creo que con claridad— ese terreno fronterizo que el cuento comparte durante varias décadas del XIX con otras modalidades narrativas breves[4].


[1] Para el autor remito a mis dos libros: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1995; y Francisco Navarro Villoslada (1818-1895). Literatura, periodismo y política, New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2018, donde se encontrarán todos los datos sobre la vida y la obra del escritor de Viana así como una completa bibliografía.

[2] Por lo que respecta a los acontecimientos políticos relacionados con Navarra y las Provincias Vascongadas (derrota carlista en 1876, abolición de los fueros vascos…), no en cuanto a la moda literaria, pues la de la novela histórica romántica había quedado superada años atrás, constituyendo ahora el modelo los Episodios Nacionales de Pérez Galdós.

[3] Cedido por sus bisnietos, los Sres. Sendín Pérez-Villamil, al Archivo General de la Universidad de Navarra, donde actualmente se conserva.

[4] Adaptaré aquí las páginas que dedico al mismo tema en mi libro Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas.

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