Fermín Mugueta o una poética de la sencillez (y 2)

El deseo de cercanía con los lectores explica también el empleo frecuente en la poesía de Fermín Mugueta de frases hechas y expresiones coloquiales (a la chita callando, como Dios manda, la mar de contentos, a troche y moche, como si tal cosa, con salero y garbo, dale que dale…), de refranes (por ejemplo, «No hay mal que por bien no venga») y de diminutivos afectivos (callandico, monjita, hierbecica, infantico…). Mugueta desea mantenerse en un tono coloquial, familiar, cercano a sus interlocutores, de ahí que sus imágenes y metáforas no sean ni muy frecuentes ni especialmente audaces:

Cuando el fuerte robledal
se desnuda de oro viejo… («La vida sigue»).

Los montes se abufandan de neblina («Otoñal»).

… reír de espumas blancas («Como el mar»).

… se ruboriza el cerezo («¡Qué largo el día y qué corto…!»).

Hay, sí, una creación verbal que le resulta particularmente grata a Mugueta: me refiero a la expresión enflorar espinas, usada en dos ocasiones: en el poema que empieza «¿Qué importa que yo esté triste?» y en «Para vivir alegre». En fin, en estas composiciones apenas se dan casos de intertextualidad, y tan solo cabría señalar alguna reminiscencia literaria como la alusión a la «música callada» (del «Cántico espiritual» de San Juan de la Cruz») en el poema «Cantan los pájaros».

Última fotografía de Fermín Mugueta en la portada de la Trinidad de Arre (1982). Autor: José Antonio Pérez Satrústegui. Archivo Digital de Villava.
Última fotografía de Fermín Mugueta en la portada de la Trinidad de Arre (1982). Autor: José Antonio Pérez Satrústegui. Archivo Digital de Villava.

Hasta aquí lo relativo a la forma, a la expresión. En cuanto a los temas, Fermín Mugueta canta en varios de sus poemas a la naturaleza. En ellos da entrada a elementos sencillos, los habituales en la poesía tradicional (las hojas secas, la niebla, las aves, el río, el mar, el viento…), aunque a veces encierran un valor trascendente: en el poema «Niebla» se habla de ese fenómeno atmosférico, pero al final adquiere un significado simbólico cuando se concluye que Dios sopla la niebla (las maldades) del corazón humano; o en otra composición («Tormenta») se contrapone la pequeñez del hombre a las fuerzas desatadas de la naturaleza, pero también a la inmensidad de Dios.

Otro grupo de poemas elogia valores humanos y virtudes cristianas (la vida sencilla, el trabajo y la humildad, el amor a los demás, la solidaridad humana…), y algunos están dirigidos específicamente a los jóvenes. En fin, un tercer núcleo temático, numéricamente importante, está formado por los poemas de contenido religioso (dedicados a Dios, a la Virgen María, a distintos santos, a la Navidad, a la Eucaristía…). Son composiciones que, como escribiera José Antonio Marcellán, «resultaron la mejor expresión de sus sentimientos, actitudes profundas y disposición de espíritu cristiano en el atardecer de su vida». Poemas leves en los que Mugueta aúna el entretener y el aprovechar, haciendo suyo el tópico horaciano del delectare et prodesse. Poemas, también, que se construyen con el mismo derroche de cariño con que el ave construye su nido («Nido de pájaro») y versos que se juntan en una composición como las flores en un humilde ramo:

Para rendir pleitesía
y homenaje
a tus nobles atributos
de mujer, esposa y madre
hacer quiero un ramillete
con versos de mi romance («Ramillete»).

Versos y poemas sencillos los de Mugueta, que son pequeñeces, menudencias, levedades (así los califica él mismo), pero con la grandeza de las cosas pequeñas (véase el poema «Dime cómo han de ser grandes…»: el poeta es plenamente consciente de que «Lo pequeño es grande»; hay un poema titulado precisamente así). En suma, poesía sincera, porque transparenta los sentimientos y la humanidad del poeta y va directa al corazón del lector; y poesía eficaz, porque —desde su humilde modestia— cumple con el objetivo que se ha propuesto el escritor, un escritor que quisiera ser payaso para llevar la risa —y la gracia de Dios— a todo el mundo («Payaso», «La risa»), ser caricia que llegue igualmente a todas las personas («Como el mar») o ser espiga para fructificar y entregarse a los demás («Espiga»)[1].


[1] Tomo el texto de mis palabras de presentación, «Fermín Mugueta o una poética de la sencillez», en Fermín Mugueta, Poesía (1978-1985), Pamplona, Ediciones Fecit, 2005, pp. 9-17.

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