«La dama del rey» (1855), zarzuela de Francisco Navarro Villoslada: lirismo y humor

El pasaje de mayor lirismo de toda la zarzuela[1] corresponde a la presentación de Lucinda, que aparece por primera vez en escena, después de gritar desde dentro: «¿Quién quiere agua?», entonando la siguiente canción:

¡Agua fría!
          ¿Quién la bebe?
La llevo como la nieve,
para mi niña María.

Cuando al margen me inclino,
de clara fuente,
blanca, pura y serena,
veo mi frente.
Pura y en calma,
si a la conciencia miro,
veo mi alma.

¡Agua fría!, etc.

Dicen que es de la fuente
grato el murmullo,
que al pastor en la siesta
sirve de arrullo.
¡Pobres pastores!
No han oído a mi amante
cantando amores.

          ¡Agua fría!, etc. (pp. 27-28).

Francisco de Goya y Lucientes, Mujer con dos muchachos en la fuente (1786-1787). Museo Nacional del Prado (Madrid, España).
Francisco de Goya y Lucientes, Mujer con dos muchachos en la fuente (1786-1787). Museo Nacional del Prado (Madrid, España).

El humor, siempre presente en las obras de Navarro Villoslada, no falta tampoco en La dama del rey: son frecuentes las riñas entre Andrés, criado de don Martín, y la «dueña quintañona» de la condesa de Larrea (si él la llama «bruja», ella le da algún que otro tortazo). Andrés viene a ser el «gracioso» de la zarzuela: se embolsa el dinero de don Martín, de la Condesa y de Pancracio a cambio de diversas informaciones o servicios. Para distraer a Pancracio, que busca a la amada del rey, le dice que se llama Blasa Iturreberrigorrigogeascogoe… Pancracio le interrumpe: «Basta. / Tenéis por aquí apellidos / que pueden medirse a varas» (p. 25). Reniega Andrés de las mujeres: «Y en fin, desde Adán acá / si bien la historia reparas, / de doce mujeres salen / once infames y una mala» (p. 26). Motivo humorístico son, en fin, las señas contradictorias que da Pancracio a los dos grupos de emisarios de la reina que andan buscando a la dama del rey, para que se confundan unos a otros y nadie le gane las albricias; así, se dirige alternativamente a los dos grupos:

Quince abriles, —muy jamona,
tez morena, —blanca y rubia,
pie donoso, —pie disforme,
pelinegra, —pelibruja.
Lindo talle, —como un saco,
macarena, —mofletuda,
dulce, afable, ­—fosca, huraña,
son las señas, —¡qué figura! (pp. 36-37)[2].


[1] La dama del rey, zarzuela en un acto y en verso, letra de don Francisco Navarro Villoslada, música de don Emilio Arrieta, Madrid, José Rodríguez, 1855. Utilizo la edición de Obras completas, III, Pamplona, Mintzoa, 1992, pp. 15-52.

[2] Para más detalles remito a mi monografía: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995.

Deja un comentario