El pasaje de mayor lirismo de toda la zarzuela[1] corresponde a la presentación de Lucinda, que aparece por primera vez en escena, después de gritar desde dentro: «¿Quién quiere agua?», entonando la siguiente canción:
¡Agua fría!
¿Quién la bebe?
La llevo como la nieve,
para mi niña María.Cuando al margen me inclino,
de clara fuente,
blanca, pura y serena,
veo mi frente.
Pura y en calma,
si a la conciencia miro,
veo mi alma.¡Agua fría!, etc.
Dicen que es de la fuente
grato el murmullo,
que al pastor en la siesta
sirve de arrullo.
¡Pobres pastores!
No han oído a mi amante
cantando amores.¡Agua fría!, etc. (pp. 27-28).

El humor, siempre presente en las obras de Navarro Villoslada, no falta tampoco en La dama del rey: son frecuentes las riñas entre Andrés, criado de don Martín, y la «dueña quintañona» de la condesa de Larrea (si él la llama «bruja», ella le da algún que otro tortazo). Andrés viene a ser el «gracioso» de la zarzuela: se embolsa el dinero de don Martín, de la Condesa y de Pancracio a cambio de diversas informaciones o servicios. Para distraer a Pancracio, que busca a la amada del rey, le dice que se llama Blasa Iturreberrigorrigogeascogoe… Pancracio le interrumpe: «Basta. / Tenéis por aquí apellidos / que pueden medirse a varas» (p. 25). Reniega Andrés de las mujeres: «Y en fin, desde Adán acá / si bien la historia reparas, / de doce mujeres salen / once infames y una mala» (p. 26). Motivo humorístico son, en fin, las señas contradictorias que da Pancracio a los dos grupos de emisarios de la reina que andan buscando a la dama del rey, para que se confundan unos a otros y nadie le gane las albricias; así, se dirige alternativamente a los dos grupos:
Quince abriles, —muy jamona,
tez morena, —blanca y rubia,
pie donoso, —pie disforme,
pelinegra, —pelibruja.
Lindo talle, —como un saco,
macarena, —mofletuda,
dulce, afable, —fosca, huraña,
son las señas, —¡qué figura! (pp. 36-37)[2].
[1] La dama del rey, zarzuela en un acto y en verso, letra de don Francisco Navarro Villoslada, música de don Emilio Arrieta, Madrid, José Rodríguez, 1855. Utilizo la edición de Obras completas, III, Pamplona, Mintzoa, 1992, pp. 15-52.
[2] Para más detalles remito a mi monografía: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995.