«Amaya o los vascos en el siglo VIII» (1879), de Navarro Villoslada: génesis (1)

La que sería la obra más importante de Francisco Navarro Villoslada[1] se publicó primero por entregas en la revista La Ciencia Cristiana[2], entre 1877 y 1879; en este último año (la dedicatoria a los hermanos Manuel y Luis Echevarría y Peralta lleva fecha de 1 de marzo) apareció en forma de libro, en tres volúmenes, Madrid, Librería Católica San José[3]. Sin embargo, sabemos que la gestación de Amaya fue morosa, y que el autor fue incorporando a la narración elementos diversos que, sin merma de la unidad interna de la obra, terminaron por engrosarla considerablemente.

Amaya, de Francisco Navarro Villoslada

Amaya o los vascos en el siglo VIII, por el retraso de su aparición hasta 1877-1879, una vez superada la moda romántica, ha sido calificada con acierto por Jorge Campos como «una bella flor tardía». Ahora bien, si la última novela de Navarro Villoslada, su obra maestra, llegaba fuera de su contexto literario natural, desde el punto de vista ideológico y de su contenido, su salida a la luz pública no podía ser más oportuna: de 1876 databa la ley de abolición de los fueros vascos, y la obra —un «centón de tradiciones éuskaras», al decir de su autor, en que se exalta el carácter, las costumbres y las tradiciones de los antiguos vascones— fue acogida con verdadero entusiasmo por los sectores tradicionalistas y fueristas de Navarra y las Provincias Vascongadas, que le tributaron encendidos elogios. Amaya fue calificada como la «Ilíada del pueblo vasco» y Navarro Villoslada se convirtió en «el Walter Scott de las tradiciones vascas» para el Padre Blanco García, en el «cantor de la raza vasca», según reza la placa colocada en la fachada de su casa natal. Además, en reconocimiento a sus méritos vascófilos, fue nombrado miembro honorario de la Asociación Éuskara de Navarra, impulsada en Pamplona por Juan Iturralde y Suit y Arturo Campión[4].

Las dos primeras novelas de Navarro Villoslada, Doña Blanca de Navarra y Doña Urraca de Castilla, aparecieron respectivamente en 1847[5] y 1849, cuando ya el género histórico comenzaba a desintegrarse como consecuencia de la proliferación de obras de escasa calidad debidas a folletinistas y entreguistas (novelas de aventuras históricas más que novelas históricas, según Ferreras[6]). Pero, en cualquier caso, puede considerarse que están todavía encuadradas dentro de ese marco de la novela histórica española, cuya gran década es la que va de 1834 (El doncel de don Enrique el Doliente, de Larra, Sancho Saldaña, de Espronceda) a 1844 (El señor de Bembibre, de Gil y Carrasco). En cambio, para que los seguidores del de Viana pudieran leer Amaya tuvieron que esperar casi treinta años, hasta que sus primeros capítulos comenzaron a aparecer en 1877 en el folletón de La Ciencia Cristiana, revista dirigida por Juan Manuel Ortí y Lara. Y solo en 1879, al terminar de incluirse la última entrega, fue cuando se publicó en forma de libro (en tres volúmenes) en Madrid, por la Librería Católica San José, como ya indiqué[7].


[1] Para el autor y el conjunto de su obra, ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1995. Y para su contexto literario, mi trabajo «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

[2] La Ciencia Cristiana. Revista de filosofía, ciencias y literatura se publicó entre 1875 y 1885 en Madrid. Su fundador y director era Juan Manuel Ortí y Lara. Entre los papeles de Navarro Villoslada encuentro varias cartas de Ortí, con los correspondientes borradores de respuesta, que revelan una discusión entre ambos relativa al pago de los derechos por la publicación de la novela en la revista.

[3] Merced a los libros de cuentas de Villoslada podemos saber cuánto cobró por cada capítulo del folletín (200 reales) y por la venta de la propiedad. Por ejemplo, en enero de 1879 anota: «Entra por los siete capítulos de Amaya del trimestre vencido el 31 de diciembre, 1400 [reales]»; y en marzo: «Entra por la inserción de los últimos capítulos de Amaya en la Ciencia [Cristiana] 1.300». En marzo de 1880 apunta: «Día 24. Recibí 5.000 r. de la propiedad de Amaya, que con los 4.000 de 7 de febrero de 1879 hacen 9.000 y restan 15.000 hasta la cantidad de 24.000 en que vendí dicha propiedad»; en febrero de 1881 escribe: «Entra de la librería San José, 8.000 reales»; y el 23 de marzo: «Recibí los 5.000 reales que restaban de la propiedad de Amaya y devolví el contrato con el recibo al pie». En cuanto al precio de la novela, El Eco de Navarra avisaba el 27 de julio de 1879: «Se vende a 12 reales el tomo y 30 los tres, pagando el importe adelantado, en casa de D. Manuel Alonso y Zegrí, calle de Gravina, 14, Madrid». Al final del tomo I de la edición figuran las «Obras publicadas» por la Librería Católica San José: «Amaya o los vascos en el siglo VIII, novela histórica, original de D. Francisco Navarro Villoslada; tres tomos del tamaño y condiciones del presente; precio en rústica, 12 reales cada tomo en toda España, y 15 reales en Madrid y 16 en provincias encuadernado en chagrin y tela. / A los que abonen el importe de toda la obra al pedir el primer tomo, se les hará rebaja de seis reales en el precio total, o se les remitirán los tomos certificados si envían íntegro el importe. / No se servirá ningún pedido del tomo primero sin que venga acompañado del precio total de la obra con la indicada rebaja, o autorizado por el sello de un seminario, autoridad o corporación eclesiástica».

[4] Sobre Amaya, véanse especialmente estos trabajos: Inés Liliana Bergquist, «Amaya», en El narrador en la novela histórica española de la época romántica, Berkeley, University of California, 1978, pp. 187-222; Arturo Campión, «Amaya. Estudio crítico», Revista Euskara, III, 1880, pp. 54-64, 74-86, 115-122 y 145-154; Fernando González Ollé, «Por fin, la novela», en Introducción a la historia literaria de Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1989, pp. 167-183; María C. Mina, «Navarro Villoslada: Amaya o los vascos salvan a España», Historia Contemporánea (Revista del Dpto. de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco), 1, 1988, pp. 143-162; Beatrice Quijada Cornish, «A Contribution to the Study of the Historical Novels of Francisco Navarro Villoslada», en Homenaje a don Carmelo de Echegaray, San Sebastián, Imprenta de la Diputación de Guipúzcoa, 1928, pp. 199-234.

[5] La primera parte de Doña Blanca de Navarra se publicó en 1846, pero el texto completo de la novela con sus dos partes definitivas (La Princesa de Viana y Quince días de reinado) salió en 1847.

[6] Ver Juan Ignacio Ferreras, El triunfo del liberalismo y de la novela histórica (1830-1870), Madrid, Taurus, 1976, pp. 99 y ss.

[7] Utilizaré esta edición: Amaya o los vascos en el siglo VIII, San Sebastián, Ttarttalo Ediciones, 1991. Otra más reciente es: Amaya o los vascos en el siglo VIII, prólogo, edición y notas de Carlos Mata Induráin, Pamplona, Ediciones y Libros / Fundación Diario de Navarra, 2002 (col. «Biblioteca Básica Navarra», 1 y 2), 2 vols.

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