La producción literaria de Federico Urrecha (1855-1930)

No es mucho lo que sabemos acerca de la vida de este escritor, y los pocos datos de que podemos disponer se reducen prácticamente a la enumeración de los periódicos en que trabajó y de las obras literarias que salieron de su pluma[1].

Caricatura de Federico Urrecha en la portada de Madrid Cómico, 24 de marzo de 1888
Caricatura de Federico Urrecha en la portada de Madrid Cómico, 24 de marzo de 1888

Federico Urrecha Segura nació el 4 de marzo de 1855 en San Martín de Unx (Navarra), aunque su familia tenía raíces alavesas y vizcaínas. Estudió el bachillerato en Madrid y durante algún tiempo trabajó como empleado de Aduanas (obtuvo por oposición pública una plaza en su cuerpo pericial y después ejerció importantes cargos en el mismo). En 1885 El Imparcial concede un premio a su novela El corazón y la cabeza y, en vista del éxito entre el público de esa obra y de otros escritos suyos, se le ofrece la posibilidad de entrar en la redacción de ese periódico, en el que trabajaría durante 18 años; en cierto momento, sus crónicas sustituyeron «sin desventaja» a las de José Ortega Munilla en Los Lunes de El Imparcial. En 1903 pasó a ser redactor del Heraldo de Madrid y más tarde se trasladó a Barcelona, trabajando entonces para El Diluvio (1909-1929). Aquí publicó unas crónicas que han sido calificadas como jocosas, amenas y chispeantes, llenas de «insuperable gracejo y castizo estilo», característica que sería peculiar de buena parte de la producción de Federico Urrecha (pero no, por ejemplo, de sus Cuentos del vivac). Además de trabajar en los rotativos mencionados, fue director de Los Madriles y colaborador de La Gran Vía (1893), La Lidia (1894), El Noroeste de Gijón, El Globo (1904), Blanco y Negro, Nuevo Mundo, El Cuento Semanal y Los Contemporáneos. En el periodismo utilizó Urrecha el seudónimo «F. Romancier».

Entre sus obras narrativas cabe mencionar varios títulos de novelas («novelista por vocación» lo denomina José María Corella; el padre Blanco García comenta que «para no desmentir su procedencia periodística, comenzó escribiendo novelas de folletín»), tres colecciones de cuentos y algunos relatos e impresiones de viaje; así, publicó Drama en prosa. Relación contemporánea (Madrid, Establecimiento Tipográfico de El Correo, 1885); Después del combate, que también se subtitula Relación contemporánea (Madrid, Manuel Rosado Editor, 1886; y una 2.ª edición en Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1887 con un prólogo de José Ortega Munilla[2]); El corazón y la cabeza (Madrid, Imprenta de El Imparcial, 1886); La hija de Miracielos (Madrid, Tip. De Manuel Ginés Hernández, 1887, novela aparecida de nuevo en 1914 en Los Contemporáneos, núm. 288); El vencejo de Burgaleda (Barcelona, Francisco Gallardo, 1891, reimpresa en 1913 en Los Contemporáneos, núm. 253); Siguiendo al muerto, novela que formaba parte de una Colección Diamante (Barcelona, López Editor, s. a., quizá 1894). Algunas de estas piezas son más bien novelas cortas: por ejemplo, La hija de Miracielos tiene solo 72 páginas; y 112 El corazón y la cabeza. A los títulos mencionados podemos sumar otra novela breve, El suicidio de Regúlez, aparecida el 20 agosto 1909 como número 138 de la colección El Cuento Semanal.

Colecciones de relatos son Cuentos del vivac (Madrid, Manuel F. Lasanta, 1892, con dibujos de Ángel Pons; nueva edición ilustrada en Barcelona, Imprenta Casa Editorial Maucci, 1906); Cuentos del lunes (Madrid, Imprenta de la Revista de Navegación y Comercio, 1894, con ilustraciones de G. de Federico, libro incluido en una Biblioteca Ilustrada de Autores Contemporáneos, que contó con una segunda edición: La estatua. Cuentos del lunes, Madrid, La España Editorial, s. a., circa 1900, con ilustraciones de Blanco Coris (esta segunda entrega de Cuentos del lunes es, con sus 282 páginas, bastante más extensa que la primera, que solamente tenía 156); y Agua pasada (Barcelona, Juan Gili, 1897), que presenta el subtítulo Cuentos, bocetos, semblanzas y se adorna con ilustraciones de F. Gómez Soler.

Impresiones de viaje son los libros titulados Veinte días en Italia (Madrid, Rojas, 1896); y Paisajes de Holanda (Barcelona, Antonio López, 1913), con prólogo de Hermenegildo Giner de los Ríos, en el que se incluyen descripciones de París, Ámsterdam, Isla de Marken, Amberes…

Para el teatro escribió Urrecha varias obras de tono cómico, así como algunos libretos de teatro musical: Genoveva, comedia en tres actos en prosa, dedicada a su hija Áurea (Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1890), que se representó por primera vez en el Teatro de la Princesa de Madrid el 12 de diciembre de ese mismo año; El primer jefe, juguete cómico estrenado en el Teatro Lara e impreso en Madrid, R. Velasco Impresor, 1890; Pepito Melaza, apuro cómico en un acto en prosa, con música del maestro Pérez Soriano, que se estrenó el 12 de febrero de 1891 también en el Teatro Lara a beneficio del primer actor José Rubio, a quien está dedicada la publicación (Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1891, y otra edición en Madrid, Administración Lírico-dramática, 1896); Tormento, comedia dramática en tres actos, en prosa (Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1892), cuya acción se sitúa en torno a 1870-1871, que se estrenó el 2 de mayo de ese año en el Teatro de la Princesa y que, según Corella, no llegó a triunfar; Tiple ligera, zarzuela en un acto, en prosa, escrita sobre el pensamiento de una obra francesa, cuya acción transcurre en la noche del lunes al martes de Carnaval, con música de Ángel Rubio, estrenada en el Teatro de la Zarzuela la noche del 16 de marzo de 1896[3]; y Maniobras militares, zarzuela cómica en un acto, en prosa original, con música de los maestros Rubio y Estellés (Madrid, R. Velasco, 1897)[4].

Además de esta fecunda faceta como autor dramático, en la que Urrecha prefiere casi siempre acciones contemporáneas madrileñas, el escritor navarro tiene además una obra teórica titulada El teatro. Apuntes de un traspunte (Barcelona, Antonio López, 1900), dividida en cinco capítulos («La obra», «La lectura», «Los ensayos», «El estreno» y «La dirección de escena») en los que repasa esos aspectos de la vida teatral. También publicó una conferencia que pronunció sobre el tema de El teatro contemporáneo en Barcelona (Barcelona, Tipografía «La Académica», 1910)[5].

Federico Urrecha murió en Madrid, en 1930.


[1] Los principales datos sobre la vida de Federico Urrecha los tomo del artículo que le dedica Fernando Pérez Ollo en la Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1990, vol. XI, p. 244; y los de sus obras, de Antonio Palau y Dulcet, Manual del librero hispanoamaericano, 2.ª ed. corregida y aumentada por el autor, Barcelona, Palau, 1948-1977, vol. XXIV, pp. 411-412. Manuel Iribarren (en Escritores navarros de ayer y de hoy, Pamplona, Gómez, 1970, p. 199) y José María Corella (en Historia de la literatura navarra, Pamplona, Ediciones Pregón, 1973, p. 204) mencionan su apellido como Urrechea. María Pilar Celma, en el artículo que le dedica en el Diccionario de la literatura española e hispanoamericana dirigido por Ricardo Gullón, Madrid, Alianza Editorial, 1993, vol. II, pp. 1652-1653, se limita a ofrecer unos datos biográficos (sitúa su muerte en Barcelona) y a enumerar algunos de sus títulos. Véase ahora la ficha de Eduardo Hernández Cano en el Diccionario biográfico electrónico de la Real Academia de la Historia. Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Los Cuentos del vivac de Federico Urrecha», Lucanor. Revista del cuento literario, 15, diciembre de 1998, pp. 41-65.

[2] La reseña el Padre Blanco García en su trabajo La literatura española en el siglo XIX, Madrid, Sáenz de Jubera Hermanos, 1910, vol. II, pp. 562-563.

[3] El texto publicado (Madrid, Evaristo Odriózola, 1896) lleva una dedicatoria impresa de Federico Urrecha y Ángel Rubio «A Felisa Lázaro, afortunadísima intérprete de esta obra»; además al final se incluyen «Dos palabras» de Urrecha, breve nota en que elogia la actuación de la misma Felisa Lázaro y de los actores Julián Romea, Moncayo y Gallo y en la que da una indicación sobre los figurines de las actrices.

[4] Para estas piezas cómicas ver el trabajo de Ángel Raimundo Fernández González, «Tres escritores navarros y su contribución al género chico de finales del siglo XIX: Pedro Górriz, Ficro Iráizoz y Federico Urrecha», Príncipe de Viana, 234, 2005, pp. 273-299.

[5] En fin, entre la producción de Federico Urrecha (no siempre fácil de localizar) se incluyen también estos otros títulos del año 1889: «El rehén del Patuco», La España moderna, enero de 1889, pp. 161-167, relato que se incorporará más adelante a los Cuentos del vivac; «Tinita», publicado en La España moderna (Revista ibero-americana), año I, núm. VII, julio de 1889, pp. 83-93; y «El Mausoleo (agencia funeraria)», que salió en La España moderna (Revista ibero-americana), año I, núm. XI, noviembre de 1889, pp. 77-85. Otro pequeño detalle que revela el desconocimiento de su obra lo tenemos en la imprecisión al mencionar sus obras: Pepito Melaza se cita a veces como Pepita Melaza y Tormento como Tormenta.

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