«La prensa libre» (1844), comedia de Francisco Navarro Villoslada: introducción

Esta comedia en verso (aunque escrita originariamente en prosa) se estrenó el 25 de febrero de 1844 en el Teatro de la Cruz y se publicó ese mismo año[1]. Los principales papeles estuvieron representados por las señoras Lamadrid (doña Bárbara), Tavela y Sampelayo y los señores Lombía, López, Alverá, Caltañazor (don Vicente), Aznar y Torroba[2]. Antes de su representación, el Diario de Avisos anunciaba la novedad del tema:

La prensa libre, comedia de costumbres políticas de don Francisco Navarro Villoslada. Esta obra, la primera que su autor ofrece al público, es a la vez la primera que con un pensamiento de alta política social se presenta en la escena española: este pensamiento es el de la libertad de imprenta, reconocido como vital en los gobiernos representativos, y en cuya aplicación apenas hay dos publicistas que estén de acuerdo. El autor deja la solución al buen criterio del público[3].

Obras completas de Francisco Navarro Villoslada

En efecto, como anuncia el título de la comedia, se aboga en ella por la independencia total de la prensa, por una «prensa libre» de todo tipo de interferencias políticas, que no ceda a las censuras o intentos de soborno de los políticos y hombres influyentes del país, en lo que parece una profecía de la actitud que el autor mantendrá después, especialmente como fundador y director de El Pensamiento Español[4]. Corella afirma que a Navarro Villoslada le resultó difícil llevarla a escena y que para ello hubo de introducir diversas modificaciones en el texto[5]; ciertamente, por el tema que abordaba, la obra se podía prestar a la polémica, de ahí que en la edición de la comedia figurase al final del texto la siguiente nota aclaratoria:

Hace año y medio que tuve el gusto de leer esta comedia, escrita en prosa, a varios amigos, y entre ellos a los señores Hartzenbusch, Diana y Villergas; después de versificada, ha pasado por el tamiz de dos lecturas hechas en el Teatro de la Cruz, y las numerosas e ilustradas personas que concurrieron a entrambas convinieron unánimemente en que no se hería la susceptibilidad de ningún partido político ni de persona determinada. Esta fue también la opinión del censor de teatros quien, sin embargo, juzgó necesaria la autorización del Sr. jefe político de la provincia, atendido el estado excepcional en que esta se encuentra, para la representación de la comedia. El Sr. Benavides, en medio de las graves ocupaciones consiguientes al ejercicio de su autoridad, tuvo la bondad de leer la obra en el más breve tiempo posible, y sin exigir que se alterase una sola palabra, concedió el permiso que se solicitaba. Todos estos antecedentes, todos estos trámites, me confirman en la creencia de que La Prensa libre ni es obra de circunstancias, ni menos obra de partido: es hija de un corazón español y nada más que español, cuyos sentimientos más de una vez rebosaron en amargas y dulces lágrimas al escribirla.

Sirvan estas líneas de contestación a las anticipadas prevenciones de algún periódico de esta corte. Madrid, 22 de febrero[6].

Desde otro punto de vista, contamos con la reseña de la comedia que hizo Enrique Gil y Carrasco; en ella le reprocha fundamentalmente la elección de un tema demasiado vago, aunque reconoce que está escrita con esmero, especialmente si se tiene en cuenta que se trata de la primera obra estrenada por su autor. Dada la escasez de noticias sobre la actividad dramática de Navarro Villoslada, me parece interesante copiarla entera:

En el Teatro de la Cruz se ha representado la comedia con el título de La Prensa libre, original del señor Navarro Villoslada, ingenio también novel. Con grandes dificultades tendría que luchar quien quisiese encerrar en los estrechos límites del teatro una cuestión de suyo abstracta, por un lado, y por otro, de tan colosales dimensiones, que apenas cabe en los modernos ámbitos de la sociedad. Forzoso era, pues, tratarla de una manera parcial e incompleta, bosquejando sus rasgos más notables y rebajándola, por consiguiente, de su natural importancia, por felices atisbos que se supusieran en el autor. Esto es lo que el señor Navarro Villoslada se ha visto obligado a hacer; pero como el manejo de tan diversos elementos exigía una maestría que solo la experiencia puede dar, ha venido a suceder que el autor, embarazado con ellos, más los ha confundido que ordenado, resultando de aquí embrollo en la acción, incertidumbre en los caracteres, falta de profundidad en la intención y debilidad en el conjunto. El deber del crítico, no muy agradable de suyo, sería de todo punto insoportable si en los primeros pasos del ingenio hubiese de cerrarle el camino con importuna severidad; pero la verdad, siempre preciosa, aunque no pocas veces amarga, en ninguna época es más necesaria que al principio de una carrera. Si al señor Navarro Villoslada le parece cuerdo nuestro parecer, le aconsejamos mejor elección en los asuntos que, pues el teatro se entiende con la imaginación y con el sentimiento antes que con el entendimiento, cuestiones tan complejas y dudosas mal pueden avenirse con su índole, y tanto más eficazmente se lo recomendamos cuanto que, a juzgar por la impresión que la representación dejó en nosotros, su comedia está escrita con esmero y descubre laudable aplicación.

Gil y Carrasco termina con una breve nota acerca de la puesta en escena: «La ejecución, aunque no de gran empeño, adoleció de la desigualdad que en este teatro menoscaba más de una vez el buen efecto de sus representaciones»[7].


[1] La prensa libre, comedia original, en tres actos y en verso, Madrid, Repullés, 1844. Hay otras ediciones; citaré por la de Obras completas, III, Pamplona, Mintzoa, 1992, pp. 121-208.

[2] Completaban el reparto los señores Fernández, Spontoni, Carceller, Rada, Caltañazor (don H.) y Flores.

[3] Diario de Avisos, 11 de febrero de 1844; apud Veinticuatro diarios (Madrid, 1830-1900). Artículos y noticias de escritores españoles del siglo XIX, Madrid, CSIC (Instituto Miguel de Cervantes), 1973, vol. III, entrada núm. 7643.

[4] José Simón Díaz, «Vida y obras de Francisco Navarro Villoslada», Revista de Bibliografía Nacional, VII, 1946, p. 175, comenta con acierto que la obra «demuestra ya un gran conocimiento de las interioridades de la vida periodística, y a pesar de la nota final, que advierte cómo la obra se leyó primeramente a Hartzenbusch, Martínez Villergas, Diana y otros, y pasó luego por diferentes censores para probar que no contenía alusiones personales ni partidistas, si desconociésemos su fecha […], no vacilaríamos en querer reconocer en los empleados que no cobran y el ambiente que les rodea, un fiel reflejo de la redacción de El Español, muy parecida a la de casi todos los periódicos de la época».

[5] «La Prensa libre, obra en la que Villoslada denuncia el partidismo informativo, la tendenciosidad de orientación e incluso la propia censura, tuvo serias dificultades para ser estrenada. Se vio obligado a efectuar varias alteraciones, enmiendas y rectificaciones» (José María Corella, «Navarro Villoslada, autor dramático», Pregón, año XXVI, núm. 97, otoño de 1968). Añade que el día de su estreno «se organizó una agria polémica entre los componentes de varios partidos políticos», extremo este que no encuentro confirmado en ningún otro sitio.

[6] La edición en Obras completas no reproduce estas líneas, ni la indicación de lugar («La escena es en Madrid, año de mil ochocientos y tantos»), ni otra nota sobre la propiedad: «Esta comedia, que pertenece a la Galería Dramática, es propiedad del editor de los teatros moderno, antiguo español y extranjero, quien perseguirá ante la ley al que la reimprima o represente en algún teatro del reino sin recibir para ello su autorización, según previene la Real Orden inserta en la Gaceta de 8 de mayo de 1837, y la de 16 de abril de 1839, relativas a la propiedad de las obras dramáticas». En unas anotaciones biográficas del mes de enero de 1844 escribe Navarro Villoslada: «Leí el drama La Imprenta en casa de Lombía y fue admitido por la empresa»; y después: «Febrero 25. Se representó por primera vez en el Teatro de la Cruz mi comedia La Prensa libre, que es la misma de La Imprenta; se aplaudió muchas veces y fui llamado a la escena. Está ajustada con don Juan Lombía en 3.000 reales».

[7] Enrique Gil y Carrasco, Revista de la Quincena, IX, 1 de marzo de 1844. Crítica recogida en las Obras completas de don Enrique Gil y Carrasco, II, Madrid, Atlas, 1954 (BAE, núm. 74), p. 599. En opinión de Corella, es «una de sus producciones más mediocres en cuanto a técnica y carpintería se refiere». Para más detalles remito a mi monografía: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995.

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