Los cuentos de José María Sanjuán: «El silencio está lleno de ruidos»

«El silencio está lleno de ruidos» (pp. 97-106)[1] comienza con una nota de luminosidad, que estará presente a lo largo de todo el relato, como un leitmotiv: «Blanco. Todo era, aproximadamente, blanco. Las paredes, las sábanas, la luz delgada y suave que se filtraba por los ventanales» (p. 99). El matador y su mozo de espadas Juan esperan.

Torero vistiéndose de luces

En estilo «indirecto libre», el narrador presenta los pensamientos y temores del matador, que ve y oye cosas que su compañero no. De nuevo Sanjuán sabe captar con finura y maestría la angustia de esas horas de tensa espera del maestro en su habitación del hotel, antes de la corrida:

Se dejó caer en la cama y estiró bien las piernas. Otra vez el vacío, aquel espeso silencio. Pero en el fondo del silencio creía escuchar los ruidos de pisadas, de voces, de canciones que subían en espiral desde la calle y luego se metían en la habitación con la luz blanca y finísima (p. 103).


[1] Citaré por José María Sanjuán, El ruido del sol, 2.ª ed., Barcelona, Destino, 1971 (colección Áncora y Delfín, núm. 372), prólogo de José María Pemán.

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