La piedad religiosa de don García Hurtado de Mendoza en «Arauco domado» de Lope de Vega

Procesión del Santísimo Sacramento, de Guido CagnacciLa faceta religiosa de los hechos de don García adquiere relieve de cierta importancia en la comedia de Lope de Vega, hasta el punto de convertirlo en un «heroico César cristiano», un verdadero «defensor de la fe» y, finalmente, en «san García»[1]. Ya el diálogo inicial entre Tipalco y Rebolledo servía para informar de que la iglesia mayor de La Serena no podía tener el Santísimo Sacramento debido a los continuos peligros, pero ahora el nuevo gobernador, «el cristiano don García» (p. 754)[2], lo trae para ponerlo en la custodia. Ese es el motivo de la procesión que se hace ese día. Piadoso y humilde, don García se tiende en el suelo para que el sacerdote que porta el Santísimo pase por encima de él. El propio don García, ante su hermano don Felipe, justifica esta «hazaña santa» (p. 756) como ejemplo de humildad tanto para indios como para españoles. El diálogo indica claramente que, en su proyecto para someter Arauco, van indisolublemente unidas la conquista política del territorio y la espiritual de las almas:

GARCÍA.- Dos cosas en Chile espero
que su gran piedad me dé,
porque con menos no quiero
que el alma contenta esté:
la primera es ensanchar
la fe de Dios; la segunda,
reducir y sujetar
de Carlos a la coyunda
esta tierra y este mar
para que Felipe tenga
en este Antártico polo
vasallos que a mandar venga (pp. 756-757).

En el acto segundo, los araucanos van a asaltar por sorpresa a los españoles. Don García ha decidido celebrar la fiesta de san Andrés con disparos al alba; los araucanos, creyéndose descubiertos al escuchar las salvas, huyen despavoridos. Esta faceta religiosa contrasta con los agüeros, sueños y supersticiones de los araucanos. La piedad religiosa de don García se manifiesta también en otros momentos. Cuando despierta después de haber sido herido por la pedrada en el asalto de los indios al fuerte de Penco, la primera palabra que pronuncia es: «¡Jesús!» (p. 774). Y siempre agradece a Dios las victorias obtenidas: «Gracias a Dios, que nos dio / victoria» (p. 776); lo mismo al comienzo del acto tercero (p. 817) y también tras capturar a Caupolicán:

GARCÍA.- Gracias os doy, gran Señor,
que me habéis dejado ver
día de tanto placer
y a España de tanto honor (p. 838).

A lo que debemos añadir la importante escena del bautismo de Caupolicán, cuando se ofrece a ser su padrino y lo adoctrina, explicando al toqui que la vida del alma en el cielo es mucho más valiosa que la del cuerpo en la tierra.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

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