El fondo histórico de «Amaya o los vascos en el siglo VIII» de Navarro Villoslada (y 2)

Como es habitual en las novelas de Francisco Navarro Villoslada[1], aparecen en Amaya[2] algunos personajes históricos de gran relevancia: unos, como Pelayo y Favila, en primer plano, íntimamente entrelazados con los de ficción; otros, sin intervención directa en la acción, en un puesto secundario (el rey don Rodrigo) o simplemente mencionados por el narrador o en el relato de otros personajes (el duque Teodomiro). Sin embargo, la mayoría de los personajes pertenecen a la leyenda (Miguel y Teodosio de Goñi, García Jiménez, Andeca) o a la pura ficción (Ranimiro, Amaya, Eudón, Amagoya, Petronila, Echeverría, Pacomio y muchos otros más, hasta completar un censo numerosísimo).

Como siempre, los datos históricos, aunque aquí sean menos, se ofrecen al principio de la obra para orientar al lector. Así, al comienzo del primer capítulo se nos presenta la situación del reino visigodo a finales del año 710, cuando Rodrigo ha sustituido a Witiza en el trono; en la historia, Rodrigo fue elegido por el Senado visigodo tras la muerte del monarca anterior; en la novela, Navarro Villoslada supone a Witiza derribado por una revolución encabezada por un tal Eudón (cfr. las pp. 15-17), porque así le interesa para la acción novelesca: el hecho de que Rodrigo deba la corona a Eudón es una circunstancia que será aprovechada para hacer más verosímil la enorme influencia de este último personaje. A lo largo de la novela encontramos otras alusiones históricas: Villoslada se refiere a la traición de los hijos de Witiza, a los que da el nombre de Sisebuto y Ebbas (está probada la defección de los hermanos de Witiza, don Oppas, arzobispo de Sevilla, y Sisberto, y los tres hijos de aquel); alude también a la traición del conde Juliano (don Julián) de Ceuta[3], a la deserción de los nobles godos en la batalla del Guadalete (p. 355), a la batalla de Covadonga, a las campañas de Tarik y Muza o a la resistencia de Teodomiro en el ducado de Aurariola[4].

BatalladeCovadonga

Un hecho histórico importante que recoge la novela es la presencia del rey Rodrigo en el norte de la península en el momento de producirse la invasión musulmana; en efecto, don Rodrigo se encontraba sujetando a la ciudad de Pamplona, que se había alzado en armas (o, por lo menos, estaba guerreando por las riberas del Ebro); esto se aprovecha en la novela, ya que la rebelión de Pamplona forma parte de una trama bien urdida por los judíos y los witizianos para mantener alejado al rey, con lo más granado de su ejército, de la zona de la Bética. Por otra parte, en el primer capítulo del libro cuarto, «De como principió la Reconquista en España», se dan también algunas noticias históricas de los primeros años de lucha contra los musulmanes; el autor, muy escrupuloso siempre en lo relativo a la veracidad de lo narrado, anota en la p. 644: «Hay en lo que sigue algún pequeño, insignificante, anacronismo que, cuanto más entendido sea el lector más fácilmente lo perdonará en interés del relato» (cursiva mía). El libro termina con estas palabras:

De muy avanzada edad murió Teodomiro, sucediéndole por elección, en el reino de Aurariola, el opulento y pródigo magnate Atanagildo. También a Pelayo sucedió su hijo Favila en Asturias, e Íñigo Arista a su padre García Jiménez en el reino de Vasconia. / No tuvo este nombre en los principios. Dedúcese de algunas palabras del libro de los Fueros que se llamaba reyno de España. Igual denominación debió de tener el de Pelayo, como en señal de que entrambos iban encaminados a la unidad católica, pensamiento dominante, espíritu vivificador y sello perpetuamente característico de la monarquía española (p. 677).


[1] Para el autor y el conjunto de su obra, ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1995. Y para su contexto literario, mi trabajo «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

[2] Cito por esta edición: Amaya o los vascos en el siglo VIII, San Sebastián, Ttarttalo Ediciones, 1991. Otra más reciente es: Amaya o los vascos en el siglo VIII, prólogo, edición y notas de Carlos Mata Induráin, Pamplona, Ediciones y Libros / Fundación Diario de Navarra, 2002 (col. «Biblioteca Básica Navarra», 1 y 2), 2 vols.

[3] En cambio, Navarro Villoslada no menciona en ningún momento, al hablar de la pérdida de España, la tradición literaria de los amores de don Rodrigo con la Cava.

[4] Se ofrecen además otros datos muy concretos sobre la celebración por la Iglesia visigoda del misterio de la Inmaculada Concepción de María desde el siglo VII (p. 443); sobre Prisciliano (p.278); sobre el vicario Unicomalo (p. 450); sobre los avances de Tarik y Muza; sobre los judíos españoles (pp. 269-270 y nota), etc.

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