La parodia de las damas y el amor en las comedias burlescas (2)

Respecto a la pareja central de amantes de Angélica y Medoro[1], los encontramos equiparados con Hero y Leandro (comparación elegante, procedente del mundo clásico de la mitología), pero también, a renglón seguido, con personajes rufianescos como son Escarramán y la Pava (vv. 752-754)[2]. En la obra se parodian los tópicos de la descriptio puellae, quedando dinamitados los cánones de belleza tradicionales. Angélica sería nada menos que una mujer barbuda[3] (v. 1274, «mucha borra en esa barba»).

Mujer_barbuda_Ribera

Completamente paródico es este elogio que le dirige su enamorado galán, en el que no falta la metáfora gastronómica[4]:

MEDORO.- ¡Qué belleza tan rara!
Tu nariz es canuto de alquitara.
A amarte me dispongo,
que me pareces olla de mondongo (vv. 246-249).

Este otro es el retrato que de Angélica nos ofrece la celosa —y seguramente envidiosa— doña Alda, que encuentra en el uso de cosméticos las verdaderas razones de la belleza de la mora:

DOÑA ALDA.- Roldán enamorado
de Angélica la bella,
bella por badulaques
no por naturaleza,
mora barbada a copos,
sin colmillo ni muela,
pasada como higo,
ventosa como pera,
por quien los doce Pares
a la taba no juegan
y olvida don Gaiferos
a Melisendra presa (vv. 565-576).

Y pocos versos después añade que tiene el cabello lleno de liendres: «… que mis horrendos celos / te arrancarán guedejas / y con ellas las liendres / que tú presumes perlas» (vv. 583-586). Muy intensa es también la expresividad de este otro pasaje descriptivo de Medoro (en el que de nuevo la belleza femenina queda preterida frente a lo sustancioso de una buena pitanza):

MEDORO.- De Angélica la plata del cabello
y la arrugada calva de la frente,
los dos ojos que pueden ser de puente,
de su nariz pestífera el resuello,
el labio royo, el erizado cuello,
las manos de papel de estraza fino,
la jarifa cintura de rodezno,
la panza de furioso torbellino,
los halagos de hermoso viborezno,
aquella suavidad de tronco espino,
todo lo dejaré por un torrezno (vv. 716-726).

Diversos motivos de la descriptio femenina entran en este nuevo parlamento de Medoro:

MEDORO.- Antes que yo naciera te adoraba
y después de nacido no te quiero;
tus ojos, que de amor fueron aljaba,
a mí encararon el arpón primero;
no tanto Escarramán quiso a la Pava
ni al ahogado quiso tanto Hero
como te quiero yo, borracha mía,
con ser tan gorda, puerca, floja y fría.
A tus mejillas usurpó el aurora
para las rosas de asno los colores,
y dibujando aquesos labios Flora
echó a perder los campos y las flores;
mereces el tus tus, oh perra mora,
mejor que los lebreles cazadores,
y yo, como conozco que eres diestra,
me he vuelto, como tú, perro de muestra.
Temiendo estoy que de tus ojos bellos
Mahoma se enamore y, en mi daño,
águila de alquiler baje por ellos
como por Ganimedes bajó antaño.
Tú, a quien su pelo ofrecen los camellos,
y vistiendo albornoz desprecias paño,
préstame esas faldillas, que me hielo,
que ni tengo albornoz ni terciopelo (vv. 748-771).

En fin, el propio Emperador reconocerá que Angélica excede en hermosura a la «pintada harpía» (v. 1371), lo cual no es, en verdad, encarecer demasiado[5].


[1] Anónimo, Angélica y Medoro, ed. de Ignacio Arellano y Carlos Mata, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo II, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2001.

[2] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[3] No es personaje extraño en las comedias burlescas; baste recordar la Infanta Barbada de La ventura sin buscarla.

[4] La comparación de la belleza femenina con la comida es un motivo carnavalesco muy repetido en estas obras.

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

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