Don García Hurtado de Mendoza en «Arauco domado» de Lope de Vega (5)

Si el acto primero termina mostrando la determinación de don García[1]: «¡Chile, yo he de sujetarte, / o tú quitarme la vida!» (p. 784)[2], el segundo comienza con nuevos elogios de su destreza militar, pues ha salido vencedor con muy pocos soldados (600 españoles para 40.000 araucanos), tal como apreciamos a través de un diálogo entre don Felipe y Alarcón (p. 785). Don Felipe relata que don García salió del fuerte de Penco y entró en la tierra rebelada, para llegar a orillas del río Bío-Bío; sigue una nueva comparación con Julio César, en concreto por su resolución; el paso de sus soldados con barcas a la otra orilla del río se equipara al paso del Rubicón (p. 786).

Cesar cruzando el Rubicón

Esta arriesgada maniobra, que le ha permitido marchar al cerro de Andalicán, arranca nuevos elogios:

FELIPE.- Alabarte al general,
encarecerte su espada,
lo que hizo, lo que dijo,
era mi propia alabanza,
porque soy hermano suyo,
mas solo decirte basta
que tembló Arauco su nombre
y le llamó sol de España (p. 788).

La escena de la junta de caciques araucanos reunidos por Caupolicán para ver si interesa seguir la guerra o pactar la paz sirve para resumir algunos de los hechos históricos anteriores a la llegada de don García a Chile (la rebelión de Lautaro, la muerte de Valdivia, la victoria de los indios sobre Villagra…). Para vencerlos, les dice Caupolicán, el virrey del Perú

a su hijo don García,
ese que llaman Hurtado
de Mendoza, envía a Chile;
él dice a pacificarnos,
y aunque es verdad que lo ha hecho
con piedad e ingenio tanto,
yo no sé determinarme
si a su valor nos rindamos.
Proseguir la guerra es cosa
de gran duda, imaginando
el valor deste mancebo
y sus principios extraños,
las batallas que ha vencido,
los ardides, los reparos
que a nuestras ofensas hace,
venciendo, hiriendo, matando (p. 794).

Los elogios del caudillo español están puestos en boca de su mayor enemigo: Caupolicán sabe que es noble y generoso en el perdón: «es verdad que el Mendoza / lo ha de ser perdonarnos» (p. 795, donde Mendoza vale ‘noble’). También Rengo pondera la nobleza y las virtudes de los españoles, y lo mismo hace Orompello, que se suma a los partidarios de la paz con estas palabras:

OROMPELLO.- Rengo propone muy bien,
que no es hombre don García,
aunque es mancebo, con quien
burlarse Arauco podría,
sino perderse también.
Si habéis visto tanta hazaña,
¿por qué no se han de rendir
por él a Carlos de España? (p. 797)


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

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