El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: sexualidad primaria

El territorio de lo bajo corporal sirve para insistir en esa degradación de los personajes elevados del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Francisco de Quevedo[1], en contraste radical con los refinamientos de la literatura caballeresca. Lo hemos visto con relación a la comida y la bebida, y lo mismo sucede con una sexualidad, explícita aquí, que nada tiene que ver con las galanterías corteses y neoplatónicas de los modelos serios. Así, abundan en el poema las expresiones con claro significado sexual: guadramaña (v. 411), rechina por los ijares (v. 497), embotar alguna espada (v. 628[2]), tesoro (v. 883), y todo se encendió de arremeteres (v. 896), embestir (v. 900), se arroja de bruces, engarrafose, golpe (vv. 904-906), fuerza (v. 964). Y en el Canto II encontraremos igualmente otras expresiones con posible significado sexual, más o menos transparente según los casos: Astolfo es «perfecto embestidor, nunca embestido» (II, v. 29), encuentro (II, v. 119), cascabel armado (II, v. 166), encajar, lindeza (II, vv. 173-174), fuego (II, v. 181), asadura (II, v. 201[3]), sorba con miraduras (II, v. 314), otra cosa (II, v. 420), guadramaña (II, v. 456), ya la tengo un hijo aparejado (II, v. 524), dejando a buenas noches su lujuria (II, v. 534), preñados (II, v. 560), sudando caldo, intento disoluto (II, vv. 619-620), etc. Veamos este pasaje:

Detrás de la doncella, de rodillas,
se mostró bien armado un caballero
de buen semblante, para entrambas sillas
con promesas de fuerte y de ligero (vv. 505-508).

Aquí armado vale ‘arrecho, en erección’ y para entrambas sillas, que en sentido recto hace referencia a los dos tipos de montar habituales (a la jineta, con estribo corto, y a la brida, con estribos largos), se contamina, sin duda, con connotaciones que aluden al acto sexual a través de las implicaciones de ‘montar’. En los vv. 788-789 de Angélica y Medoro, comedia burlesca, leemos: «testigo ha sido aqueste cipariso / de que Angélica es buena para silla»; y hay otro pasaje, en esa misma obra, en el que se indica que la dama ha sabido defenderse de todos los franceses que han intentado tener acceso carnal con ella:

RUGERO.- ¡Que tanto noble francés,
que tanto gabacho honrado,
ya por la haz y el envés
acometerla ha intentado
y haya guardado el pavés! (vv. 141-145).

AngelicayMedoro_Dubreuil

Significado sexual tiene también este otro pasaje, en el que habla el Emperador:

… y no es del todo báculo mi espada
ni olvida la batalla en los festines;
también tienen mi sangre alborotada
las sospechas del pie por los chapines,
y no es esto envidiar vuestros trofeos,
que aún caben en mi edad verdes deseos (vv. 611-616),

donde espada es símbolo fálico claro y la batalla a que se alude es la contienda amorosa[4], aquella para la que Góngora escribiera que había de prevenirse «campo de pluma». Respecto al v. 614, «las sospechas del pie por los chapines», sabemos que el pie pequeño era signo de belleza en el canon de la época; como anotan Arellano y Schwartz, «Carlomagno está excitado por la pequeñez del pie que se muestra en la pequeñez de los chapines […]; además alude a las connotaciones eróticas del pie, que se suponía corresponder en su tamaño con el tamaño del sexo»[5].


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista Anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Otros pasajes en los que espada puede tener también esas connotaciones en los vv. 874 y 889 («bajar la espada»).

[3] En Angélica y Medoro, vv. 822-826: «Ingrata Dafne, fugitivo tronco[3], / por quien mido del monte la espesura, / a quien llamando a voces estoy ronco, / queriendo echarte a cuestas mi asadura[3]: / ¿cómo te he parecido feo y bronco?», donde asadura tiene claro valor obsceno.

[4] Ya antes se había indicado: «Incendio son las canas imperiales» (v. 473).

[5] Para todos estos valores es fundamental consultar Pierre Alzieu, Robert Jammes e Yvan Lissorgues, Poesía erótica del Siglo de Oro, Barcelona, Crítica, 1984 (hay nueva edición, Barcelona, Crítica, 2000). Para el pie desnudo, David A. Kossoff, «El pie desnudo: Cervantes y Lope», en Homenaje a William L. Fichter. Estudios sobre el teatro antiguo hispánico y otros ensayos, Madrid, Castalia, 1971, pp. 381-386. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

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