Luca Giordano, Adorazione dei pastori (c. 1688). Musée du Louvre (París, Francia).
¡Pronto, venid, que aquí hay al…! Algo hermoso, iba a decir, y no pude concluir al ver la luz del Portal.
¡Carillo, Gabriel, Leo… Leonor, quise llamar, pero no pude acabar, que ya he visto al Niño yo.
¡Traed acá queso y mi…! Y miel también, os decía, que al tiempo que le veía el Niño me ha visto a mí.
¡Preparad leña y cande…! Candela de aquella estrella y haced la hoguera más bella para el hijo de José[1].
[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 155. Cito con algún ligero retoque en la puntuación.
José García Nieto (Oviedo, 1914-Madrid, 2001) fue fundador de la revista Garcilaso en 1943 y uno de los poetas representantes de la corriente neoclásica de posguerra. En su larga trayectoria poética se cuentan libros como Víspera hacia ti (1940), Poesía (1944), Versos de un huésped de Luisa Esteban (1944), Tú y yo sobre la tierra (1944), Retablo del ángel, el hombre y la pastora (1945), Del campo y soledad (1946), Juego de los doce espejos (1951), Tregua (1951), La red (1955),Geografía es amor (1956), El parque pequeño (1959), Corpus Christi y seis sonetos (1962), Circunstancias de la muerte (1963), La hora undécima (1963), Memorias y compromisos (1966), Hablando solo (1967), Facultad de volver (1970), Taller de arte menor y cincuenta sonetos (1973), Súplica por la paz del mundo y otros «collages» (1973), Sonetos y revelaciones de Madrid (1974), Los cristales fingidos (1978), El arrabal (1980), Nuevo elogio de la lengua española (1983), Sonetos españoles a Bolívar (1983), Piedra y cielo de Roma (1984), Carta a la madre (1988) o Mar viviente (1989).
De él ya hemos puesto aquí su «Súplica del pastor que estaba mal colocado en el “belén”». Vaya para hoy su soneto titulado «Nacimiento de Dios», un apóstrofe a Dios, que llena y colma el corazón del yo lírico, mientras este le brinda el tributo sencillo de su propio nombre, lo mejor que puede entregarle.
Agnolo Tori, Il Bronzino, LʼAdorazione dei pastori (1539). Magyar Nemzeti Galéria (Budapest, Hungría).
Y Tú, Señor, naciendo, inesperado, en esta soledad del pecho mío. Señor, mi corazón, lleno de frío, ¿en qué tibio rincón lo has transformado?
¡Qué de repente, Dios, entró tu arado a romper el terrón de mi baldío! Pude vivir estando tan vacío, ¡cómo no muero al verme tan colmado!
Lleno de ti, Señor; aquí tu fuente que vuelve a mí sus múltiples espejos y abrillanta mis límites de hombre.
Y yo a tus pies, dejando humildemente tres palabras traídas de muy lejos: el oro, incienso y mirra de mi nombre[1].
[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 130-131. Añado la coma al final del verso 3.