La trayectoria poética de José Luis Amadoz: «Callado retorno» (2003-2005) (y 5)

«Poemas para una espera»[1] (son nueve secuencias, de las cuales cinco comienzan por el verso «Sujetar el alma», tres por «Mirarse en el espejo» y una más por la variante «Mirarse en el Sión») se abre con un lema bíblico y, aunque no se dice explícitamente, la espera aludida es la de la muerte. En la primera secuencia el poeta nos habla de «esta última estancia / de mi postrero sueño». Más adelante evoca el amor físico, el deseo: «beso de amante», «sexual gemido», y se prepara para «el último viaje», cuyo sentido religioso se refuerza con diversas alusiones como «vieja Jerusalén», «colinas de Gilboa», «Sión de las novias núbiles», «colinas de Líbano», «vieja Jerusalén» de nuevo, «tu vieja fe de caminantes», «loco Isaías»… La última secuencia constituye un apóstrofe a esa «vieja Jerusalén», personificada como mujer, cuando el poeta se halla «aquí, / en la postrera, / y acaso, / última de las estancias». Como puede comprenderse, esta evocación de la Jerusalén terrena nos transporta también, en un plano simbólico, a esa otra Jerusalén celeste a la que el poeta espera acceder.

Leon Katz, Jerusalén Celestial Ciudad Dorada (2025). Fuente: José Art Gallery.
Leon Katz, Jerusalén Celestial Ciudad Dorada (2025). Fuente: José Art Gallery.

Los «Poemas para una fiesta» son diez secuencias numeradas de 1 a 10 (precedidas por un lema de Jesús Mauleón). La primera secuencia insiste claramente en el tema del encuentro con Dios, una vez superada la noche de la no fe:

Se prepara mi fiesta pura,
me reconcilio conmigo mismo,
ya no soy huésped de mi noche,
más allá de los tiempos
estás Tú, mi Dios, mi vida.

En la segunda, el poeta se compara con la «naturaleza sabia»[2] y evoca el sufrimiento de la simbólica «noche» pasada. En la tercera, donde el término de comparación es un «desafinado violín», el hablante se alza «Hacia Ti». La cuarta es desiderativa: «ojalá pueda descubrirte / al final de mi tránsito / con mis ojos de luz y roca». La quinta evoca los «años vivos de deseo y vino»; antes fue el amor terreno, ahora «mi pequeño héroe» —héroe es otra imagen para referirse al hombre que vive la aventura del vivir— está «sumiso a Tu Cielo». El poeta sigue siendo «un niño asustado», un solitario, que se presenta ante ese Alguien que lo espera: «aquí estoy, con mi maltrecho cuerpo, / que tan sólo se alivia / por el céfiro suave de tu paso». La secuencia número 8 constata que «Tú estás conmigo / y la fiesta continúa», mientras que en la siguiente evoca la voz de Dios: «tu voz de Sinaí, rumor en el silencio de siglos» (Dios habla, aunque otras veces también calla: de ahí el juego con voz, rumor y silencio). En fin, la número 10 merece la pena citarla entera:

Es la hora secreta,
mi hora,
mi final travesía,
ya los pájaros de mi alma
volando fuera del viento,
el ángel de mi hombre
rebelándose inaudito y dócil
ante Tu Fiesta.

Con este poema, de claro sentido, culminaba Callado retorno y la Obra poética de Amadoz. Pero el poeta decidió a última hora añadir una composición más, «Para un deseo», en la que, además de introducir un humorístico anticlímax final en el que no faltan las referencias localistas, se define como «aprendiz de brujo». Es decir, después de haber recorrido un periplo poético de cincuenta años, considera que no se ha cerrado el camino del aprendizaje de una poesía —Poesía, con mayúscula, podríamos decir— que alcanza y ofrece un valor trascendente:

Tan sólo deseo
que me recordéis
como aprendiz de brujo,
en esta mi tierra,
como solitario en la Bardena,
pluma al viento
desde Roncal hasta mi Ribera,
de chopos humeantes en la montaña.

En este sentido, ser hombre y ser poeta se han convertido para José Luis Amadoz en conceptos equivalentes.

En cuanto a la versificación, aunque en este último poemario encontramos también algunos poemas de largos versículos, prevalecen los compuestos por versos cortos. Parece como sí en su último libro el poeta hubiese deseado “adelgazar” su expresión poética, en busca de una mayor claridad, de una mayor desnudez y cercanía al lector, en un extremo muy alejado ya del hermetismo poético de sus primeros poemarios[3].


[1] Este poemario, Pasión oculta, no fue publicado previamente de forma exenta, sino que quedó incorporado directamente al conjunto de su Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

[2] «Naturaleza sabia» es el título del segundo poema de «Sangre y vida», tercera sección del poemario de igual título, y también del quinto poema de Elegías innominadas.

[3] Para más detalles remito a mi trabajo «José Luis Amadoz, poeta “aprendiz de brujo”: cincuenta años de coherencia poética (1955-2005)», introducción a José Luis Amadoz, Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

La trayectoria poética de José Luis Amadoz: «Callado retorno» (2003-2005) (4)

«Hasta que Alguien me encuentre»[1] hace alusión indirecta —pero bastante transparente— a Dios. Comienza el poema con una constatación por parte del yo lírico de su flaqueza presente: «Es bella y hermosa / esta mansión en ruinas / que sustenta mi vida»; el poeta se halla, en efecto, en «la penumbra de los años», pero sabe que el enamorado nunca envejece:

… parece que ahora vivo
como un suspiro
adensado por la sombra de los años,
un río de recuerdos
que anegan mis ojos.

Encuentro con Dios

Este «vagabundo», este «vigía» proclama que «necesitamos del misterio, / para caminar seguros»; y aunque habla de «mi vida / herrumbrada por los años», no renuncia al amor y al deseo y sigue soñando con las «noches lascivas / que iluminaron mi vida». El motivo del Dios oculto, del Dios ausente —frecuente en poemarios anteriores— reaparece aquí cuando el yo lírico indica que «algo de ese Dios dormido / me late, / ilumina mi camino / tibiamente». Señala que «mi amor / se escapa por mis costuras / de adoración y deseo», y proclama su adiós al pasado, su adiós al futuro, su

adiós a todo,
a lo que tanta confusión
despeña mi vida,

adiós a la luz
de tanto antepasado
que fue mi faro,

viva, una vez más,
mi sombra marinera
que como pájaro
se orienta en la obscuridad
asustada de sí misma,
hasta que ALGUIEN
                                      me encuentre.

La luz (la fe) de los antepasados —otro motivo recurrente— se resuelve aquí en una presencia clara de ese Alguien, que es Dios: un Alguien a quien, con muchas dudas y titubeos, se ha buscado, y que al final debe ser el que encuentre al hombre. Este séptimo poema de Callado retorno es importante porque parece resolver casi definitivamente el tema del binomio inmanencia / trascendencia: el poeta se ha rendido a la presencia de ese Alguien, y la aparición del tema se intensificará, en progresivo ascenso, en la parte final de este poemario, que es también la parte final del conjunto de la Obra poética de Amadoz.

«En aquel grave rincón» va precedido por un lema de Rilke que proclama que todos pertenecemos a la muerte; no nos extraña, por tanto, que se acumulen algunas imágenes negativas: «todo huele a rosa marchita», «asustado niño», «engendro anunciador de muerte», y otros motivos reiterados en la poesía de Amadoz («el viejo Juan apocalíptico», «el canto de Circe»…). En la parte final se despide de un innominado hermano e invoca a Cristo: «Oh, Cristo, / comparte mi río, / mi amor, mi pan, mi vino»[2].


[1] Este poemario, Pasión oculta, no fue publicado previamente de forma exenta, sino que quedó incorporado directamente al conjunto de su Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo «José Luis Amadoz, poeta “aprendiz de brujo”: cincuenta años de coherencia poética (1955-2005)», introducción a José Luis Amadoz, Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

La trayectoria poética de José Luis Amadoz: «Callado retorno» (2003-2005) (3)

«Aquel viejo rincón…»[1] se abre con un lema de Rilke; el yo lírico se dirige a un tú que es el del hombre-poeta, en una especie de desdoblamiento interior; por ello nos habla aquí de «la fe de tus antepasados». El poeta, desde el «otoño perenne» en que vive, cuando «el viejo apocalipsis muerde tus ojos», se ve como un «viejo marino de procelosos mares» y contrapone su antigua fe de niño «acurrucado en la atalaya de tus sueños» con «tu nueva cosecha / aventada por la duda». Este «viejo aventurero / de tantos mares sin tregua», con «ojos heridos de apocalipsis», llora «por aquel rincón de tus antepasados», llora

ahora que todavía la noche
deposita su calma,
ahora que la noche
recobra su belleza bajo las estrellas
y tu ojo de niño
ondea su inocencia,
mira a la otra orilla,
al Jesús marinero
caminando seguro sobre las aguas.

Julius Sergius von Klever, Cristo caminando sobre el agua
Julius Sergius von Klever, Cristo caminando sobre el agua (c. 1880). Colección particular.

«Cuarteto para un amigo» va dedicado a Ángel Urrutia, amigo y también poeta, y está formado por cuatro estrofas numeradas en romanos. Dado que el tema evocado es la amistad, el poema acumula imágenes positivas: habla de cepas llenas de vides, de una «rosa encinta», de versos «como una fruta abundante», de un «huerto de fraternidad». El poeta nos confiesa que hay que ser «peregrino de fe» para confiar ciegamente en el otro, «para amar de verdad suficientemente… / ya empobrecido», para obtener frutos de verdadera cosecha. La sección IV constituye un apóstrofe a Dios: «Tú quieres viajar a ciegas con el amigo, / recorrer su camino de verdes praderas», un camino que le conduce hacia la cosecha del amor, que será «una proclamación sazonada de cielo macizo».

El siguiente poema nos presenta al poeta y sus pensamientos «En los límites de la ciudad» (esa expresión relativa a los «límites de la ciudad» se repite a lo largo de la composición, así como el anafórico «aquí»). A su vez, el lema reitera el motivo del «callado retorno / de todos los tiempos» que da título a todo el poemario. El poeta siente el peso grave de la espera, está «en preñada espera», preso de «la melodía solitaria del tiempo», con «una soledad adensada por su peso». Y, en medio de su soledad, apunta el tema de la solidaridad, el encuentro con el otro, con el amigo: «nuestras manos enfermizas / buscan anhelantes otras manos». Tal es el destino de tantos hombres solos, «en un resurgido deseo de vida», siendo todos «consumidores / del viaje sin retorno, / que nos exilia con su crepúsculo indómito / que inapelable se impone». Termina así:

… aquí estamos,
en la noble encrucijada de los tiempos,
contemplando nuestro misterio
con la luz vacilante del pabilo desgastado,
en el secreto rumor que, manso y sin excusa,
nos acalla y domina para siempre[2].


[1] Este poemario, Pasión oculta, no fue publicado previamente de forma exenta, sino que quedó incorporado directamente al conjunto de su Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo «José Luis Amadoz, poeta “aprendiz de brujo”: cincuenta años de coherencia poética (1955-2005)», introducción a José Luis Amadoz, Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

La trayectoria poética de José Luis Amadoz: «Callado retorno» (2003-2005) (2)

«Aliviar la pena»[1] se presenta bajo un lema de Leonard Cohen; se trata de aliviar la pena en la esperanza, de «herir de muerte / la muerte»[2], de «colocar las manos / junto a las del hermano / […] mientras la música / de los antepasados suena / abriendo el camino» (esta presencia de los antepasados será constante en el poemario). Como vemos, se insiste en la misma temática del poema anterior, y se añaden nuevas imágenes para aludir a esa presencia deseada: «algo que llama a la puerta / como un amante furtivo», «algo que al parecer se oculta / como un grano de trigo / no nacido», etc. Se espera, en fin, en

algo que sacude
con fuerza de mar embravecida
los últimos goznes
del misterio,
alguien, algo,
que alivia el erial
en el estío.

Foto de Marcus Woodbridge en Unsplash.
Mar embravecida. Foto de Marcus Woodbridge en Unsplash.

Más adelante veremos que ese algo, ese alguien se transformará en un Alguien con mayúsculas. El hombre-poeta siente una «indecible esperanza» en medio de «este invierno inseguro», «este invierno / sin hojas ni colores». Y acaba así:

… ahora,
como siempre,
en que languidecen
ebrias las fuerzas
y el cuerpo cansado
se entrega al misterio
de la sangre
mientras suena esta canción
y la muerte se duerme.

Callado retorno supone una intensificación de los temas principales tratados en los poemarios anteriores de Amadoz. Ya hemos visto como sus dos primeros poemas retoman el binomio inmanencia / trascendencia. Ahora se añade una temática aparecida en Pasión oculta. En efecto, el tercer poema, titulado «Hacia aquel amor que tú soñaste», se dirige a un tú femenino. El poeta evoca «aquel libro que soñé escribir / cuando eras niña»; afirma categóricamente: «y te soñé sin saber de dónde venías»; y da entrada a imágenes líricas cargadas de sensualidad: «te besé / como invidente que explora / la arcilla de tus labios»; «el viejo vagabundo de mis años / todavía sueña en la fértil colina de tu cuerpo». Todo ello para hablarnos de un amor que permanece más allá de las barreras y fronteras del tiempo («te miré para siempre»). Citemos estos bellos versos que nos hablan de esa eternidad amorosa:

… leíste tu libro junto al mío
en la tibia intimidad
de aquella tarde mansa
y llena de presagios,
tu vida sesgada por el tiempo
se hizo eternidad para mi tiempo.

Finalmente, el poeta comprende esta noche que toda su vida ha ido avanzando «hacia aquel amor que tú soñaste / para mí, / y que hoy, acaso, abrimos para siempre». Una trascendencia, pues, también en el plano amoroso[3].


[1] Este poemario, Pasión oculta, no fue publicado previamente de forma exenta, sino que quedó incorporado directamente al conjunto de su Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

[2] Esta frase, «aliviar la pena / en la esperanza», se repite varias veces a lo largo del poema.

[3] Para más detalles remito a mi trabajo «José Luis Amadoz, poeta “aprendiz de brujo”: cincuenta años de coherencia poética (1955-2005)», introducción a José Luis Amadoz, Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

La trayectoria poética de José Luis Amadoz: «Callado retorno» (2003-2005) (1)

El último poemario de Amadoz[1] sugiere, desde su bello y acertado título, un Callado retorno[2]: se trata de un callado retorno a la creación poética con sentido trascendente, por un lado; pero también un callado retorno a la inocencia de la niñez del poeta; un callado retorno a un amor de tiempos lejanos; un callado retorno, asimismo, a la fe de los antepasados. El hombre que reiteradamente aparece en los poemarios de Amadoz en lucha entre la inmanencia y la trascendencia sigue debatiéndose, aunque aquí se inclina ya definitivamente hacia la esperanza en otra vida. En los primeros poemas, el hombre sigue siendo ese navegante, ese pasajero «en tránsito» hacia su último viaje mientras Dios, que a veces se muestra dormido, está ahora más a su alcance. El misterio de la fe sigue siendo un misterio difícil, pero a estas alturas el poeta está ya casi rendido a la llamada del cielo, se muestra muy propicio a dejarse llevar, a que Alguien le encuentre y le haga reposar en las «verdes praderas» de la Jerusalén celeste. Ha apostado, como Pascal, y va decididamente al encuentro, al abrazo del Padre.

Hombre caminando hacia Dios

El libro, formado por un total de once poemas, se abre con «Este Dios desconocido…». Los ojos del poeta invocan aquí a ese Dios desconocido, frente al cual se siente como un «niño pequeño» que se estremece como «frágil llama», como «animal de fondo» que promete: «amaré tu luz / y tus espumosas entrañas». Se trata de un «Dios de encintas noches / y ligeras mañanas», «un Dios que cobija risueño / mi último rincón / de pájaros cantores encendidos». El hombre es consciente ahora de que Dios le ofrece una «aventura de porcelana» para salir de este mundo, «mi tránsito / de cansado pasajero». Y acaba con estos versos donde la nueva posición queda clara[3]:

… algo me convoca
desde dentro,
desdeña destruirme,
me va separando de todo,
suavemente,
como del pecho de la madre,
me convoca desde dentro
en hondo grito de renuncia
de querer seguir viviendo
para siempre[4].


[1] Este poemario, Pasión oculta, no fue publicado previamente de forma exenta, sino que quedó incorporado directamente al conjunto de su Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.

[2] Este sintagma ya lo había utilizado Amadoz en una composición anterior, de Poemas para un acorde transitorio, concretamente en las secuencias I y VI de «Emanación poética», referido allí al acto de creación artística (véase supra).

[3] Desde el punto de vista estilístico, destacan las expresiones «mi crisálida sueño», «mi atardecer suspiro», formadas por dos adjetivos yuxtapuestos, el segundo de los cuales desempeña una función adjetiva.

[4] Para más detalles remito a mi trabajo «José Luis Amadoz, poeta “aprendiz de brujo”: cincuenta años de coherencia poética (1955-2005)», introducción a José Luis Amadoz, Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.