La construcción dramática del personaje de doña Mencía de los Nidos en «La belígera española», de Ricardo de Turia (4)

Así pues, en la acción de La belígera española[1], hemos pasado de una escena en que veíamos a doña Mencía portando las armas para la caza a otra en la que se dispone a empuñarlas para el combate; es decir, hemos asistido a una simbólica metamorfosis del personaje, que de Diana cazadora se transforma en Belona guerrera.

Alessandro Turchi, Belona con Rómulo y Remo
Alessandro Turchi, Belona con Rómulo y Remo (c. 1630). Colección privada.

Y enseguida se producirá la mencionada intervención sobrenatural en favor de los españoles: así, a la aparición de Eponamón —divinidad araucana, especie de espíritu protector— a los indios, seguirá la de la Virgen María, que les previene para que no ataquen a quienes están bajo su protección. Tal presencia sobrenatural asusta a los indígenas, que suspenden el proyectado asalto a la ciudad y escapan aterrorizados. Inmediatamente después vemos salir a doña Mencía «con bastón de general» (acot. tras v. 2035), disponiendo que un escuadrón de hombres de a caballo salga en persecución de los indios. Un araucano que ha sido apresado cuenta que la desbandada de los suyos se produjo por causa de la aparición mariana, y el acto segundo de la comedia se remata con este diálogo de doña Mencía con don Pedro y Alvarado que, al tiempo que pondera la ayuda recibida del cielo, sirve para poner de relieve una vez más el valor de la dama:

DOÑA MENCÍA.- ¿Veis por la Virgen cumplido
lo que entonces prometí?
¿No veis, para que os asombre,
que con divina pasión
hoy toma su Concepción,
pues defiende hasta su nombre?
¿No veis si es aventajado
el favor, gente española,
pues esto una gota sola
de sangre no os ha costado?
¡Ea, fuerte gente, ea!
¡Muera esa infame nación,
y la sacra Concepción
de hoy más su apellido sea!
En cualquier sangriento estrago
que con valor nos hallemos,
«Concepción» apellidemos
en lugar de «Santïago».

DON PEDRO.- Primero la Concepción,
y luego doña Mencía,
pues ha sido en este día
nuestra total redempción.

DOÑA MENCÍA.- A Dios solo se han de dar
las gracias desto, cristianos,
y a estos fieros araucanos
lo ya ganado quitar.

ALVARADO.- Tú nos rige y nos gobierna,
Mencía fuerte y famosa.

DON PEDRO             Desta hazaña milagrosa
será la memoria eterna (vv. 2120-2149).

En fin, el retrato de tan belicosa mujer se irá completando en el acto tercero. Al comienzo del mismo la vemos de nuevo mostrándose esquiva con don Pedro en cuestiones de amor, si bien lo estima en mucho, tal como explica en un aparte:

DOÑA MENCÍA.- Aunque a don Pedro acobardo,
le quiero bien, que es gallardo,
y en los trances, animoso;
pero no puedo acabar
con mi altiva condición
que me hayan de sujetar,
y en llegando esto a pensar
me revienta el corazón (vv. 2202-2209)[2].


[1] Citaré, con bastantes retoques en la puntuación, por la edición de Patricio Lerzundi, Valencia, Albatros Hispanófila, 1996. Hay otras ediciones modernas de José Toribio Medina (Santiago / Valparaíso, Soc. Imprenta-Litografía Barcelona, 1917), Eduardo Juliá Martínez (en Poetas dramáticos valencianos, tomo primero, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1929) y Teresa Ferrer Valls (en Teatro clásico en Valencia, I. Andrés Rey de Artieda. Cristóbal de Virués. Ricardo de Turia, Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 1997). El título de la obra se reproduce a veces con la grafía bellígera de la princeps.

[2]  Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «“No nací para sujeta, / para sujetar nací”: doña Mencía de los Nidos como mujer varonil en La belígera española de Ricardo de Turia»Hispanófila, 175, diciembre 2015, pp. 141-155.