De esa «mujer de verso en pecho» que fue Gloria Fuertes ya han entrado en el blog otros poemas navideños, en concreto el villancico «Ya está el niño en el portal» y su famoso «El camello cojito». Vaya para hoy, último día del año, esta otra composición, «El ángel de Belén que vino en helicóptero», recogida en su libro para niños Lo primero es lo primero. Lo primero es el Belén, ilustrado por Marifé González.
Sécate el parabrisas. Límpiate el parabesos. Cepíllate las alas y entrénate en el vuelo.
Aterriza en Belén, encima del pesebre. San José, pensativo. La Virgen tiene fiebre.
(Y empezó a cantar a Dios el ángel aviador).
El aire frío azotaba, el ángel se equivocaba.
—¡Gloria, Gloria, Gloria Fuertes! —¡Que no, que no, criatura! ¡Gloria a Dios en las alturas!
Probablemente el rucio de Sancho Panza y Platero de Juan Ramón Jiménez (que, por cierto, está de centenario este año) sean los burros más famosos de la literatura española. Tampoco conviene olvidar, entre los clásicos latinos, una obra como El Asno de Oro de Apuleyo. Sea como sea, son muchos más los burros, asnos y borriquillos que «protagonizan» o, al menos, aparecen en numerosas obras literarias, en distintos géneros y de distintos países.
Existe, pues, todo un subgénero de «literatura asnal»[1], y como una pequeña muestra de poesía borriquil traigo hoy al blog el poema «El borriquillo», del boliviano Óscar Alfaro. Óscar González Alfaro (San Lorenzo, Tarija, 1921-La Paz, 1963) es autor que cultivó especialmente la literatura infantil y juvenil, que firmó con el nombre de Óscar Alfaro. En La Paz, donde se desempeñó como docente en varios colegios e institutos, perteneció a la segunda generación del grupo literario Gesta Bárbara. Fue Militante del Partido Comunista de Bolivia. Publicó los libros Canciones de lluvia y tierra (1948), Bajo el sol de Tarija (1949), Cajita de música (1949), Alfabeto de estrellas (1950), Cien poemas para niños (1955), Cuentos infantiles (1962) y La escuela de fiesta (1963), títulos a los que se sumarían muchos otros de forma póstuma, publicados por su viuda, Fanny Mendizábal.
Juan Quirós comenta que Óscar Alfaro recreó a los niños
con composiciones fáciles y sentidas, no limpias siempre porque a menudo enseñaba consignas políticas a los pequeños. Los romances que escribió llevan el sello de la gracia y de la espontaneidad. Hay en los mismos una indisimulada influencia de Campero Echazú[2].
Este es el texto, de rimo sencillo y cantarín, de su poema «El borriquillo»:
El borriquillo del cerro cruza sembrando canciones con su canoro cencerro por calles y callejones.
Y con ritmo cantarino los sellos de sus herrajes van dibujando tatuajes sobre la piel del camino.
En el paisaje de estío tocan su líquida orquesta las ranas que están de fiesta bajo las aguas del río.
Y por el dulce sendero que cruza los olivares sigue regando cantares el borriquillo coplero.
Sobre su lomo de seda descienden los ruiseñores como una lluvia de flores desde la fresca arboleda.
Y el borriquillo paciente, cubierto de aves y trinos, es un concierto viviente que viaja por los caminos…[3]
[1] Ver Carlos Mata Induráin «Notas sobre “literatura asnal”. Un curioso libro de Primo Feliciano Martínez», Pregón Siglo XXI, núm. 22, 2003, pp. 82-88 y núm. 23, 2004, pp. 82-83. Asunto relacionado, aunque distinto, es la existencia en diversos países (Colombia, Etiopía, etc.) de las burrotecas: el esfuerzo de tan humildes y sufridos animales equinos permite llevar libros y disfrutar de la lectura a personas que viven en lugares apartados y poco accesibles.
[2] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 269.
[3] Tomo el texto de Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, p. 271.