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Acerca de insulabaranaria

Soy Catedrático acreditado de Literatura española, investigador y Secretario del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra (Pamplona), Secretario del Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA, Madrid / Nueva York) y Secretario de la Asociación de Cervantistas. También correspondiente en España de la Academia Boliviana de la Lengua. Mis principales líneas de investigación se centran en la literatura española del Siglo de Oro: comedia burlesca, autos sacramentales de Calderón, Cervantes y las recreaciones quijotescas y cervantinas, piezas teatrales sobre la guerra de Arauco, etc. También me he interesado por la literatura virreinal (en especial la de ámbito chileno), la literatura española moderna y contemporánea (drama histórico y novela histórica del Romanticismo español, novela de la guerra civil, cuento español del siglo XX…) y la historia literaria de Navarra.

«Belén por compañía», soneto de Nieves Viesca

Nieves Viesca (Gijón, 1959) es poeta y narradora, autora de libros como La danza del equilibrio (1996), Metamorfosis del sentimiento (2002), Diecinueve o veinte líneas (2009), Manual de tinta (2012) o El túnel y los días (2017). Copio para hoy su soneto «Belén por compañía», publicado en Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea (2016).

Juan Correa de Vivar, Adoración de los pastores (c. 1555-1559). Museo de Santa Cruz (Toledo, España)
Juan Correa de Vivar, Adoración de los pastores (c. 1555-1559).
Museo de Santa Cruz (Toledo, España).

Llega la Navidad que me envolvía
y el belén que recuerdo tan presente
arropa con su manto bien caliente
a este fin por su larga travesía.

Con luz hasta la sien, es compañía
disfrutar sus delicias gratamente
obsequiando figuras de mi mente
al anciano que muere cada día.

La hoz de mi vejez me trae presencias,
atesora la espera del adviento
reposado de azul melancolía

y encumbra los recuerdos con clemencias
del hogar en su vivo movimiento
para alcanzar la cúspide que es mía[1].


[1] Cito por Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea, Madrid, Cuadernos del Laberinto, 2016, p. 35.

«Villancico de la sorpresa», de José García Nieto

De José García Nieto (Oviedo, 1914-Madrid, 2001) ya pueden leerse en el blog un par de poemas de temática navideña,  «Súplica del pastor que estaba mal colocado en el “belén”» y «Nacimiento de Dios». Añado hoy su «Villancico de la sorpresa», perteneciente a su libro Seis villancicos en la Navidad (1961).

Luca Giordano, Adorazione dei pastori (c. 1688). Musée du Louvre (París, Francia).
Luca Giordano, Adorazione dei pastori (c. 1688).
Musée du Louvre (París, Francia).

¡Pronto, venid, que aquí hay al…!
Algo hermoso, iba a decir,
y no pude concluir
al ver la luz del Portal.

¡Carillo, Gabriel, Leo…
Leonor, quise llamar,
pero no pude acabar,
que ya he visto al Niño yo.

¡Traed acá queso y mi…!
Y miel también, os decía,
que al tiempo que le veía
el Niño me ha visto a mí.

¡Preparad leña y cande…!
Candela de aquella estrella
y haced la hoguera más bella
para el hijo de José[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 155. Cito con algún ligero retoque en la puntuación.

«Nana de pastor en Navidad», de Celia Viñas

¡Muy feliz 2026,
con mis mejores deseos,
a todos los insulanos!

Celia Viñas (Lérida, 1915-Almería, 1954) fue catedrática de Lengua y Literatura de Enseñanza Media (obtuvo la cátedra en 1943 en el instituto de Almería). Allí contrajo matrimonio con el también poeta Arturo Medina. Escribió poesía infantil en español y catalán. Entre sus libros de poemas destacan Palabra sin voz (1933), Trigo del corazón (1946), Canción triste en el sur (1948), El amor de trapo (1949), Palabras sin voz (1953) o Del foc i la cendra (1953), títulos a los que hay que sumar los de otras publicaciones ya póstumas: Como el ciervo corre herido (1955), Canto (1964, edición preparada por Arturo Medina), Antología lírica (1976, a cargo de Guillermo Díaz-Plaja, que había sido su profesor en Barcelona), Poesía última (1979), Oleaje (2004) y Las islas del amor mío (2015). Cuenta en su haber también con algunas obras narrativas (novela y cuento).

Vaya para hoy su sencilla cuanto emotiva «Nana de pastor en Navidad», una composición con una estructura (la de la nana) que adopta con frecuencia la poesía navideña.

Giovanni Battista Salvi, Il Sassoferrato, Madonna con el Niño (1640). Pinacoteca Comunale di Cesena (Italia).
Giovanni Battista Salvi, Il Sassoferrato, Madonna con el Niño (1640).
Pinacoteca Comunale di Cesena (Italia).

A la nanita nana,
nanita ea,
el mal es una cuna
para la tierra.
Es tan ancho el abrazo
de la montaña,
que hasta la brisa duerme
sobre las ramas.

—Madre, tengo el corazón,
tengo el corazón de barro
y se me ha dormido, madre,
como se mueren los pájaros,
los pájaros, madre mía,
que ayer volaron,
¿sabes?,
volaron alto.
Duerme mi corazón, madre,
¿quién podría despertarlo?

—Pastor que tienes los ojos
tan duramente cerrados,
antes del alba tendrás
el corazón desvelado
y las manos temblorosas
tendidas hacia lo alto[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 206-207. Cito con algunos retoques en la puntuación, añadiendo los guiones de diálogo y la separación en estrofas. El comienzo del poema lo es también de un conocido villancico tradicional: «A la nanita nana, / nanita ea, / nanita ea, / mi Jesús tiene sueño, / bendito sea, / bendito sea» (o con la variante «mi niño tiene sueño» en el verso cuarto).

Tres villancicos de Concha Méndez: «El panaderito», «Sopitas de almendra» y «Caballito, corre»

Con el pan, con el pan
yo le pido la paz;
con la leche y la miel
yo le pido la fe.
(Carmelo Erdozáin,

«Yo soy un pastorcillo»)

De Concha Méndez —nombre literario de Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986)— ya había transcrito aquí los villancicos «De la miel y del azúcar…» y «Una cañita de azúcar…». Añado hoy tres más, que no requieren mayor comentario, dada su sencillez. Es el primero «El panaderito»:

El panaderito
sale hacia Belén;
lleva en su canasta
las tortas con miel
y pan con almendras
que acaba de hacer.
La panaderita
con él va también.

El panadero de Belén
El panadero de Belén.

El que comienza «Sopitas de almendra» dice así:

Sopitas de almendra
y miel en puchero,
le llevan al Niño;
y también romero.
De cantar no dejan
los dos peregrinos,
mientras van, alegres,
andando caminos.

En fin, el tercero es «Caballito, corre»:

Caballito, corre,
que voy a Belén
y se me hace noche
por el naranjel.

Mi madre no sabe
que yo voy a ver
al Niño de nácar
que ha nacido ayer.

Quiero volver pronto,
que tranquila esté.
¡Corre, caballito,
si me quieres bien![1]


[1] Tomo los textos de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 240-241, 242 y 243, respectivamente. Cito con algún ligero retoque en la puntuación del tercer poema (añado las comas para aislar el vocativo en los versos 1 y 11).

«La visitadora», de Antonio Murciano

Antonio Murciano (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1929), en solitario o al alimón con su hermano Carlos, ha cultivado con frecuencia la temática navideña en su poesía. En el blog pueden leerse sus poemas «La Nochebuena del astronauta» y el «Villancico de los qué dirán», más otro, «Romance viejo de la madre nueva», fruto de la mencionada colaboración fraternal. Vaya para hoy su composición titulada «La visitadora», que recrea con tensión dramática la llegada al Portal de Belén de una «mujer seca, harapienta y oscura» (v. 3). María teme al ver que se acerca a la cuna y ofrece algo al Niño. Cuando la mujer se alza, se la ve transformada, radiante de hermosura («¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!», v. 18): es Eva, que ha ofrendado al Niño la manzana mordida del Paraíso.

Eva ofrenda al Niño Jesús la manzana mordida del Paraíso
Eva ofrenda al Niño Jesús la manzana mordida del Paraíso.
Imagen creada con IA (Gemini).

A la memoria de los hermanos Tharaud

Era en Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujiera cuando entrara.
Era una mujer seca, harapienta y oscura
con la frente de arrugas y la espalda curvada.

Venía sucia de barro, de polvo de caminos.
La iluminó la luna y no tenía sombra.
Tembló María al verla; la mula no, ni el buey
rumiando paja y heno igual que si tal cosa.

Tenía los cabellos largos, color ceniza,
color de mucho tiempo, color de viento antiguo;
en sus ojos se abría la primera mirada
y cada paso era tan lento como un siglo.

Temió María al verla acercarse a la cuna.
En sus manos de tierra, ¡oh, Dios!, ¿qué llevaría?…
Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente
y le ofreció la cosa que llevaba escondida.

La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.
¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!
El Niño la miraba. También la mula. El buey
mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.

Era Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujió cuando se iba.
María, al conocerla, gritó y la llamó: «¡Madre!».
Eva miró a la Virgen y la llamó: «¡Bendita!».

¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!
Afuera aún era pura, dura la nieve y fría.
Dentro, al fin, Dios dormido, sonreía teniendo
entre sus dedos niños la manzana mordida[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 73. Cito con algún ligero retoque en la puntuación.

«Navidad», de Jorge Guillén

De Jorge Guillén (Valladolid, 1893-Málaga, 1984), aparte de otras entradas sobre Final, hemos copiado aquí su poema «Epifanía». Vaya para hoy esta otra composición titulada «Navidad», en la que la pureza de la nieve simboliza la gracia divina que transforma la tierra con el nacimiento de esa «Criatura / soberana» que adopta la naturaleza humana para redimir a toda la humanidad.

Pieter Brueghel el Viejo, Volkstelling te Bethlehem / Censo en Belén (1566). Museo Real de Bellas Artes (Bruselas, Bélgica).
Pieter Brueghel el Viejo, Volkstelling te Bethlehem / Censo en Belén (1566).
Museo Real de Bellas Artes (Bruselas, Bélgica).

Alegría de nieve
por los caminos.
¡Alegría!
Todo espera la gracia
del Bien Nacido.

Miserables los hombres,
dura la tierra.
Cuanta más nieve cae,
más cielo cerca.

¡Tú nos salvas,
Criatura
soberana!

Aquí está luciendo
más rosa que blanca.
Los hoyuelos ríen
con risas calladas.

Frescor y primor
lucen para siempre
como en una rosa
que fuera celeste.

Y sin más callar,
grosezuelas risas
tienden hacia todos
una rosa viva.

Tú nos salvas,
Criatura
soberana!

¡Qué encarnada la carne
recién nacida,
con qué apresuramiento
de simpatía!

Alegría de nieve
por los caminos.
¡Alegría!
Todo espera la gracia
del Bien Nacido[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 157-158. En Internet lo encuentro adaptado como himno de la liturgia de las horas por Luis Elizalde, con esta letra: «Alegría de nieve / por los caminos. / Todo espera la gracia / del Bien Nacido. // En desgracia los hombres, / dura la tierra. / Cuanta más nieve cae, / más cielo cerca. // La tierra tan dormida / ya se despierta / y hasta el hombre más muerto / se despereza. // Ya los montes se allanan / y las colinas, / y el corazón del hombre / vuelve a la vida».

«Nacimiento de Dios», soneto de José García Nieto

José García Nieto (Oviedo, 1914-Madrid, 2001) fue fundador de la revista Garcilaso en 1943 y uno de los poetas representantes de la corriente neoclásica de posguerra. En su larga trayectoria poética se cuentan libros como Víspera hacia ti (1940), Poesía (1944), Versos de un huésped de Luisa Esteban (1944), Tú y yo sobre la tierra (1944), Retablo del ángel, el hombre y la pastora (1945), Del campo y soledad (1946), Juego de los doce espejos (1951), Tregua (1951), La red (1955),Geografía es amor (1956), El parque pequeño (1959), Corpus Christi y seis sonetos (1962), Circunstancias de la muerte (1963), La hora undécima (1963), Memorias y compromisos (1966), Hablando solo (1967), Facultad de volver (1970), Taller de arte menor y cincuenta sonetos (1973), Súplica por la paz del mundo y otros «collages» (1973), Sonetos y revelaciones de Madrid (1974), Los cristales fingidos (1978), El arrabal (1980), Nuevo elogio de la lengua española (1983), Sonetos españoles a Bolívar (1983), Piedra y cielo de Roma (1984), Carta a la madre (1988) o Mar viviente (1989).

De él ya hemos puesto aquí su «Súplica del pastor que estaba mal colocado en el “belén”». Vaya para hoy su soneto titulado «Nacimiento de Dios», un apóstrofe a Dios, que llena y colma el corazón del yo lírico, mientras este le brinda el tributo sencillo de su propio nombre, lo mejor que puede entregarle.

Agnolo Tori, Il Bronzino, LʼAdorazione dei pastori (1539). Magyar Nemzeti Galéria (Budapest, Hungría)
Agnolo Tori, Il Bronzino, LʼAdorazione dei pastori (1539).
Magyar Nemzeti Galéria (Budapest, Hungría).

Y Tú, Señor, naciendo, inesperado,
en esta soledad del pecho mío.
Señor, mi corazón, lleno de frío,
¿en qué tibio rincón lo has transformado?

¡Qué de repente, Dios, entró tu arado
a romper el terrón de mi baldío!
Pude vivir estando tan vacío,
¡cómo no muero al verme tan colmado!

Lleno de ti, Señor; aquí tu fuente
que vuelve a mí sus múltiples espejos
y abrillanta mis límites de hombre.

Y yo a tus pies, dejando humildemente
tres palabras traídas de muy lejos:
el oro, incienso y mirra de mi nombre[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 130-131. Añado la coma al final del verso 3.

Un soneto «Al Niño Dios» de Rafael Morales

De Rafael Morales (Talavera de la Reina, Toledo, 1919-Madrid, 2005), entre otros poemas de temática diversa, hemos dado entrada en el blog al soneto «Al gozo de Nuestra Señora cuando se supo Madre de Dios». Añado hoy este otro soneto, que se caracteriza por la musical cadencia de sus endecasílabos, realzada por diversos paralelismos. En los dos primeros cuartetos se enumeran los elementos de la naturaleza (alba, aire, rosas, brisa, luz, luna) que contribuyen —poéticamente— a la Encarnación del Niño; los dos tercetos ponderan el misterio de una divinidad eterna, infinita, que «se hace niña», «tan pequeña y suave» (vv. 10 y 9) al adoptar Cristo la naturaleza humana (unión hipostática). La composición se cierra con el bello apóstrofe «¡oh, alba de Dios que entre la paja llora!».

Antonio Palomino, Niño Jesús dormido (entre 1701 y 1725). Museo de Bellas Artes de Córdoba (España)
Antonio Palomino, Niño Jesús dormido (entre 1701 y 1725).
Museo de Bellas Artes de Córdoba (España).

El alba tomó cuerpo en tu figura,
el aire se hizo carne, los rosales
desangraron sus rosas virginales
para crear tu piel silente y pura.

Desparramó la brisa su ternura,
la luz cuajó en tu forma sus cristales,
la luna derramó sus manantiales
para crear en Ti nuestra ventura.

Divinidad que, tan pequeña y suave,
se hace niña en tu carne redentora,
en lo infinito ni siquiera cabe.

En Ti la eternidad tiene su aurora,
en Ti nada se halla que se acabe,
¡oh, alba de Dios que entre la paja llora![1]


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 156-157. Añado los signos de admiración en el último verso.

«Lloran los panderos», villancico de Rafael Montesinos

Vaya para hoy este villancico de Rafael Montesinos (Sevilla, 1920-Madrid, 2005), autor que publicó sus primeros poemas en las revistas GarcilasoEspadaña e Ínsula. Como dice el poema, veinte siglos después, el Niño sigue llorando; veinte siglos después, todavía se escucha el cruel «No hay posada» en tantos lugares del mundo, algunos bien cercanos a nosotros… Y es que el barro humano es quebradizo, como expresivamente muestra el encabalgamiento de los dos versos finales.

Federico Barocci, La Natividad (1597).  Museo del Prado (Madrid, España).
Federico Barocci, La Natividad (1597). Museo del Prado (Madrid, España).

Lloran los panderos
por la Navidad,
porque en esta tierra
ya no hay caridad
[1].

No de carne, sino
del barro de Adán
(antes de aquel soplo),
bajo su portal,
hay un niño. Llora,
terco en su llorar,
hace veinte siglos
ya.

Un ángel de tierra
abre su volar
quebradizo y pliega
aquello de Paz
en la Tierra…
Pide
buena voluntad.
Pero nadie escucha
ya.

Pastores de arcilla
marchan al Portal.
Pastores y hombres
unen su cantar,
que del barro vienen
y hacia el barro van,
barro que se quebra-
[2].


[1] porque en esta tierra / ya no hay caridad: estos dos versos forman parte del villancico popular «Madre, en la puerta hay un Niño»: «—Madre, en la puerta hay un niño / más hermoso que el sol bello. / Parece que tiene frío / porque viene medio en cueros. / —Pues dile que entre, / se calentará, / porque en esta tierra / ya no hay caridad». Aquí se puede escuchar interpretado por Raya Real.

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 118-119, donde figura con el epígrafe genérico de «Villancico».

«Ya está otra vez por tierra la semilla…», soneto de Alfonso Canales

Escuchad, hermanos, una gran noticia:
«Hoy en Belén de Judá os ha nacido el Salvador».

Para redimir al género humano, la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (Juan, 1, 14): en efecto, Dios se hace pequeño —se hace hombre, se hace niño—, como muestra con sorpresa («¡Oh, maravilla, / ver así a Dios hundido en la gavilla / de pajas de un pesebre, tan pequeño!», vv. 4-6) este soneto de Alfonso Canales (Málaga, 1923-Málaga, 2010). Canales formó parte del grupo que editó la revista de poesía Caracola, y entre su obra poética se cuentan títulos como Sonetos para pocos (1950), El candado (1956), Port Royal (1956), Cuenta y razón (1962), Aminadab (1965) o Tres oraciones fúnebres (1983).

Matthias Stomer, La adoración de los pastores (c. 1650). Palazzo Madama e Casaforte degli Acaja (Turín, Italia)
Matthias Stomer, La adoración de los pastores (c. 1650). Palazzo Madama e Casaforte degli Acaja (Turín, Italia).


Ya está otra vez por tierra la semilla:
no falta sino el agua y el empeño.
De carne es (la carne tiene sueño
y frío y hambre y llanto). ¡Oh, maravilla,

ver así a Dios hundido en la gavilla
de pajas de un pesebre, tan pequeño!
De aquí a Nisán[1] está crecido el leño
y está la fruta tierna y amarilla.

Ahora todo son gracias de una rosa
jugosa y leve que en el aire pace.
No tengas miedo de ninguna cosa,

Manuel[2]; ya el tiempo a tu compás renace.
Quiérelo perdonar si no reposa
porque él tampoco sabe lo que hace[3].


[1] Nisán: primer mes del calendario hebreo bíblico, que comienza su cuenta a partir de la salida de los judíos de la esclavitud en Egipto.

[2] Manuel: o sea, Emmanuel, que significa ʻDios con nosotrosʼ. Cfr. Isaías, 7, 14: «Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel».

[3] Quiérelo perdonar … él tampoco sabe lo que hace: eco de una de las siete palabras de Cristo en la Cruz, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas, 23, 34). Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 123, donde se recoge con el título «Soneto».