El villancico «Ha nacido desterrado» de Concha Méndez

De Concha Méndez —nombre literario de Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986)— ya han quedado recogidos en el blog varios villancicos suyos («De la miel y del azúcar…», «Una cañita de azúcar…», «El panaderito», «Sopitas de almendra» y «Caballito, corre»). Vaya para esta mágica Noche de Reyes —noche de inocencia e ilusión, para chicos y grandes— otro texto, tan breve y sencillo como los anteriores.

Sandro Botticelli, Adorazione dei Magi (1475). Galleria Uffizi (Florencia, Italia).
Sandro Botticelli, Adorazione dei Magi (1475).
Galleria Uffizi (Florencia, Italia).

Ha nacido desterrado,
perseguido por un rey[1],
pero otros reyes le siguen
—esta vez para su bien—.
Son los magos que de Oriente
algo le van a ofrecer[2].


[1] perseguido por un rey: el rey Herodes I el Grande, que ordenó la matanza de los Inocentes ​(niños menores de dos años) en la época del nacimiento de Jesús.

[2] Lo cito por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 197.

«Nana de pastor en Navidad», de Celia Viñas

¡Muy feliz 2026,
con mis mejores deseos,
a todos los insulanos!

Celia Viñas (Lérida, 1915-Almería, 1954) fue catedrática de Lengua y Literatura de Enseñanza Media (obtuvo la cátedra en 1943 en el instituto de Almería). Allí contrajo matrimonio con el también poeta Arturo Medina. Escribió poesía infantil en español y catalán. Entre sus libros de poemas destacan Palabra sin voz (1933), Trigo del corazón (1946), Canción triste en el sur (1948), El amor de trapo (1949), Palabras sin voz (1953) o Del foc i la cendra (1953), títulos a los que hay que sumar los de otras publicaciones ya póstumas: Como el ciervo corre herido (1955), Canto (1964, edición preparada por Arturo Medina), Antología lírica (1976, a cargo de Guillermo Díaz-Plaja, que había sido su profesor en Barcelona), Poesía última (1979), Oleaje (2004) y Las islas del amor mío (2015). Cuenta en su haber también con algunas obras narrativas (novela y cuento).

Vaya para hoy su sencilla cuanto emotiva «Nana de pastor en Navidad», una composición con una estructura (la de la nana) que adopta con frecuencia la poesía navideña.

Giovanni Battista Salvi, Il Sassoferrato, Madonna con el Niño (1640). Pinacoteca Comunale di Cesena (Italia).
Giovanni Battista Salvi, Il Sassoferrato, Madonna con el Niño (1640).
Pinacoteca Comunale di Cesena (Italia).

A la nanita nana,
nanita ea,
el mal es una cuna
para la tierra.
Es tan ancho el abrazo
de la montaña,
que hasta la brisa duerme
sobre las ramas.

—Madre, tengo el corazón,
tengo el corazón de barro
y se me ha dormido, madre,
como se mueren los pájaros,
los pájaros, madre mía,
que ayer volaron,
¿sabes?,
volaron alto.
Duerme mi corazón, madre,
¿quién podría despertarlo?

—Pastor que tienes los ojos
tan duramente cerrados,
antes del alba tendrás
el corazón desvelado
y las manos temblorosas
tendidas hacia lo alto[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 206-207. Cito con algunos retoques en la puntuación, añadiendo los guiones de diálogo y la separación en estrofas. El comienzo del poema lo es también de un conocido villancico tradicional: «A la nanita nana, / nanita ea, / nanita ea, / mi Jesús tiene sueño, / bendito sea, / bendito sea» (o con la variante «mi niño tiene sueño» en el verso cuarto).

Tres villancicos de Concha Méndez: «El panaderito», «Sopitas de almendra» y «Caballito, corre»

Con el pan, con el pan
yo le pido la paz;
con la leche y la miel
yo le pido la fe.
(Carmelo Erdozáin,

«Yo soy un pastorcillo»)

De Concha Méndez —nombre literario de Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986)— ya había transcrito aquí los villancicos «De la miel y del azúcar…» y «Una cañita de azúcar…». Añado hoy tres más, que no requieren mayor comentario, dada su sencillez. Es el primero «El panaderito»:

El panaderito
sale hacia Belén;
lleva en su canasta
las tortas con miel
y pan con almendras
que acaba de hacer.
La panaderita
con él va también.

El panadero de Belén
El panadero de Belén.

El que comienza «Sopitas de almendra» dice así:

Sopitas de almendra
y miel en puchero,
le llevan al Niño;
y también romero.
De cantar no dejan
los dos peregrinos,
mientras van, alegres,
andando caminos.

En fin, el tercero es «Caballito, corre»:

Caballito, corre,
que voy a Belén
y se me hace noche
por el naranjel.

Mi madre no sabe
que yo voy a ver
al Niño de nácar
que ha nacido ayer.

Quiero volver pronto,
que tranquila esté.
¡Corre, caballito,
si me quieres bien![1]


[1] Tomo los textos de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 240-241, 242 y 243, respectivamente. Cito con algún ligero retoque en la puntuación del tercer poema (añado las comas para aislar el vocativo en los versos 1 y 11).

«Ahora», de Gloria Fuertes

A los poemas de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-Madrid, 1998), «stajanovista del verso», que ya he ido poniendo aquí —«Pena de vida», «Quijote y Sancha», «Por la Mancha», «El ángel de Belén que vino en helicóptero», «Ya está el niño en el portal» y «El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)» — añado hoy «Ahora», de su volumen recopilatorio «… que estás en la tierra…», que incluye una curiosa y enigmática (al menos para mí…) alusión a la actriz Eloísa Muro como autora del Quijote. Dice así:

usano de seda

Ahora, voy a contaros
cómo fue que los gusanos
que mantenía con hojas de morera
en una caja vacía de jabón,
se me convirtieron
en bolas alargadas de colores,
y cómo después yo los vi
transfigurarse en mariposas,
y esto sucedió porque era mayo sólo
y los insectos son así de mágicos.

Luego os contaré
de como Eloísa Muro[1],
cuarta querida de Cervantes,
fue la que escribió el Quijote[2].

Porque yo, tan mínima, sé tantas cosas,
y mi cuerpo es un ojo sin fin
con el que para mi desventura veo todo[3].


[1] Eloísa Muro (Madrid, 1896-Madrid, 1979) fue una actriz, sobre todo de teatro, que llegó a ser primera actriz del Teatro de la Comedia y después del Teatro Infanta Isabel. Uno de sus mayores éxitos fue el estreno, en 1926, de Los extremeños se tocan, de Pedro Muñoz Seca. Fue hija del actor César Muro, estuvo casada con el actor Bernardo Jambrina y, fruto de su relación con el actor Mariano Asquerino, nació María Asquerino, también actriz. En el original figura «Eloisa», sin tilde; se la restituyo.

[2] Sin cursiva en el original.

[3] Gloria Fuertes, «… que estás en la tierra…», Barcelona, Jaime Salinas Editor, 1962, p. 36.

«Pena de vida», de Gloria Fuertes

De esa «mujer de verso en pecho» que fue Gloria Fuertes (Madrid, 1917-Madrid, 1998) han entrado ya en el blog un par de recreaciones quijotescas («Quijote y Sancha» y «Por la Mancha») y algunas composiciones navideñas como «El ángel de Belén que vino en helicóptero», «Ya está el niño en el portal» y «El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)». Vaya para hoy su poema «Pena de vida» de su volumen antológico «… que estás en la tierra…»:

Amor y vida

Pena de vida tiene aquel que nace
por no sé qué delito que habrá hecho,
pena de muerte tiene el que, derecho,
lo mal hecho deshace.

Pena, más pena tiene el que lo sabe
y, acompañado, solo va a morirse;
pena, más pena cuando quiere irse
el que en tu casa cabe.

Y no hay sereno, no, que tenga llave
para abrirte una noche la alegría,
y ni la mano amiga va y te fía
cuando el casero Muerte te desahucia.

Es necesaria mucha, mucha audacia
para ser cosa tuya siendo mía.
Pena de muerte tiene aquel que nace,
y tan sólo el amor pena de vida[1].


[1] Gloria Fuertes, «… que estás en la tierra…», Barcelona, Jaime Salinas Editor, 1962, p. 87.

«El rayo verde», de Julia Guerra

Tras «Desde el olvido» y «Mediterráneo», transcribo hoy otro poema de Julia Guerra Lacunza (Pamplona, 1953-Algeciras, 2008). Forma parte de la segunda parte, «Ritual de caracolas», de su poemario Cárcel de la memoria (1991).

El rayo verde es un fenómeno óptico atmosférico que ocurre al amanecer y al atardecer, donde la luz del sol se descompone por la atmósfera y crea un destello verde visible durante uno o dos segundos justo antes de que el sol se oculte o después de que aparezca. La creencia popular dice que ver el rayo verde otorga felicidad para toda la vida; y si una pareja lo ve junta, se dice que sella su amor, y a esto es a lo que parece aludir el poema.

Rayo verde

La soledad desbocada de sus venas
acelera el fuelle de un triste corazón.
Fuego, volcán inapagable,
erupción cotidiana de ansiedad y temor.
Busca sin saber detenerse.
Su quebrada sonrisa nos iguala el cansancio.
Inesperadamente
el fenómeno extraño se produce.
De madrugada con el cálido gesto
                     del Amor
revoloteando en plumas de sorpresa,
ella ve aparecer el rayo verde[1].


[1] Julia Guerra, Cárcel de la memoria (Pamplona, edición de la autora [Imprenta Garrasi], 1991, p. 70.

«Mediterráneo», de Julia Guerra

Ayer traía al blog el poema «Desde el olvido», de Julia Guerra Lacunza (Pamplona, 1953-Algeciras, 2008). Copio hoy una segunda composición de su poemario Cárcel de la memoria (1991), también de la sección «Entre las algas», en la que el desengaño amoroso expresado por la voz lírica queda subrayado por el irónico final.

Invitación de boda

Un día,
acaso lo recuerdes,
construimos una gran casa de cristal
dibujando los sueños más profundos
dando vida al Amor en otras vidas.

Tú ibas a ser marino.
Yo, escritora.

Dime,
¿por qué llegó el invierno ahogándonos en sombras?
El destino es cruel y ahora se ríe.
Acabas de llamarme.
                     Me invitas a tu boda[1].


[1] Julia Guerra, Cárcel de la memoria, Pamplona, edición de la autora [Imprenta Garrasi], 1991, p. 38. Cito con algún ligero retoque en la puntuación.

Un poema de Julia Guerra: «Desde el olvido»

La obra poética de Julia Guerra Lacunza (Pamplona, 1953-Algeciras, 2008) está formada por los siguientes títulos: Testamento de lunas (1983), Los hijos de la sombra (1986), Cárcel de la memoria (1992), Al viento (1996) y Dos orillas (2003, poemario bilingüe árabe-español).

Su volumen poético Cárcel de la memoria (Pamplona, edición de la autora [Imprenta Garrasi], 1991) fue publicado con una ayuda a la Creación Literaria del Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra. Está formado por dos secciones, «Entre las algas» (36 poemas) y «Ritual de caracolas» (otras 30 composiciones), y los textos están acompañados por bellas ilustraciones de Piluca Aranguren Ilarregui. «Desde el olvido» es el séptimo poema de la primera sección, y constituye un buen ejemplo de la temática amorosa —de desamor, más bien— que reflejan varios de los poemas aquí incluidos.

Olvido y desamor

No he visto los ojos necesarios.
Ni las pequeñas manos que aprisionan las rosas.
Ni tus labios de fuego
                abrasando mi ausencia.
Preguntarás sin saber responderte.
Te quiero.
Te quiero detrás de nuestra sombra.
Detrás del desamor.
                Desde el olvido.

[1] Julia Guerra, Cárcel de la memoria, Pamplona, edición de la autora [Imprenta Garrasi], 1991, p. 16.

Otro soneto de Ernestina de Champourcin: «Huida»

De Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905-Madrid 1999), poeta de la Generación del 27 y perteneciente al grupo de «Las Sinsombrero», esposa de Juan José Domenchina, ya he transcrito aquí sus poemas «Contemplación de María», «Amor», «El beso» y su soneto «Búscame en ti. La flecha de mi vida…». Vaya para hoy otro soneto suyo, esta vez de su poemario Cántico inútil (Madrid, M. Aguilar, 1936).

Rosa marchita, de Tania Traver (Arteinformado.com).

Inercia de la muerte. ¡Qué distancia
me aleja ya, segura, de lo humano!
Aquella rosa que murió en mi mano
será pronto recuerdo de fragancia.

Silencio de silencios. En mi estancia
diluye su perfil lo cotidiano
y retorna sin hieles a su arcano
esa amargura que la vida escancia.

Nada será de todo lo que ha sido.
Voy a ofrecer al sello del olvido
mis párpados febriles y mis labios

que inmoviliza el rictus de lo eterno.
¡Quiero escapar indemne del infierno
que arde en la trama de tus besos sabios! [1]


[1] Lo cito por Poetas del 27. Antología comentada, introducción de Víctor García de la Concha, Madrid, Espasa Calpe, 1998, pp. 632-633.

«El beso», de Ernestina de Champourcin

Añado hoy a «Contemplación de María», «Búscame en ti. La flecha de mi vida…» y «Amor» el poema «El beso», de Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905-Madrid 1999), poeta que forma parte de la Generación del 27. Pertenece esta nueva composición —también de temática amorosa— a su poemario Cántico inútil (Madrid, M. Aguilar, 1936).

Der Kuss / El beso (1909), Gustav Klimt. Österreichische Galerie Belvedere de Viena (Austria)
Der Kuss / El beso (1909), Gustav Klimt. Österreichische Galerie Belvedere de Viena (Austria).

¡Tus labios en mis ojos!
Qué dulzura de estrellas alisa lentamente
mis párpados caídos…
Nada existe del mundo. Sólo siento tu boca
y el temblor de mi espíritu hecho carne de luz.
Sé cruel al besarme. Desgarra mis pupilas
y arranca de su sombra la lumbre de mi sueño.
Con ella te daré mi última mirada.

¡Abrásame los ojos! Que el peso de tus labios
despoje mi horizonte de lo que tú no has visto.
Quiero olvidarlo todo y anularme en la niebla
que ciñen tus caricias[1].


[1] Cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 268.