Más allá del retrato de los personajes musulmanes, las restantes referencias africanas de la obra[1] se concentran en los capítulos XIX a XXVII, que narran desde el arribo de don Sancho y sus caballeros a tierras de Marruecos hasta su regreso a Navarra. Cuando la expedición llega a África, se dirige a la ciudad de Marruecos, «corte del imperio de este nombre» (p. 219; se refiere a Marraquech, capital del imperio almorávide), y se nos ofrece esta panorámica de la misma:
Al divisar con la vista el palacio de Almanzor, al contemplar las palmeras que producen los afamados dátiles y al aspirar la fragancia de las flores de los espléndidos jardines, que impregnaban la atmósfera, el corazón del rey comenzó a palpitar sobremanera al influjo de desconocidas sensaciones. No acertaba a separar sus ojos de la Torre de la mezquita, llamada Ali Ben Juceph, del nombre de su fundador; torre estimada con justicia por la más elevada de todas las del África, pues que se descubre desde ella en los días despejados y serenos la montaña de Safi, que dista cuarenta leguas de la ciudad. Verdad es que esta montaña es muy elevada, y por otra parte, el terreno entre ella y Marruecos es enteramente llano (pp. 219-220).
Sigue una mención de las murallas de la ciudad (con indicación de los materiales con que están hechas, p. 220) y se recuerda el número de puertas, veinticuatro, de que constan. En su trayecto los navarros ven las puertas de la catedral de Sevilla colocadas en una mezquita. Tras dar gracias en un templo cristiano, atraviesan la mezquita de Quivir (en cuya torre una bandera está indicando la muerte civil del rey), y poco a poco se acercan al palacio real:
Conforme don Sancho se aproximaba al palacio real, aquellos jardines, aquella Zorayda, aquel país, que hasta entonces habían aparecido a sus ojos como un mito, como una creación de su ardiente fantasía desde las montañas de Navarra, aparecían como una realidad, y tales cuales existían. Un minuto más y Zorayda sería suya. Cuando se le mostraba por los acompañantes y dignatarios del África los sitios que ella prefería recorrer, los contemplaba como un objeto sagrado, y los divinizaba, como diviniza todo amante los que le recuerden la persona de la mujer amada (p. 221).

Los navarros son llevados a una rica cámara, la de Almanzor, de la que se ofrece la siguiente descripción:
Y era, en verdad, digna de un rey. La riqueza y la brillantez competían con el buen gusto y la sencillez. A distancia de una vara de la pared se destacaban una fila de esbeltas y afiligranadas columnas salientes, cuya base la constituían perfectos y acabados mosaicos. El pavimento se hallaba alfombrado con ricos tapices de Persia, y las columnas terminaban en espiral, rematando en figuras caprichosas, cuyas manos sostenían colgaduras de terciopelo, en las que estaban bordadas las figuras de los reyes musulmanes. Estas colgaduras, interceptando los rayos de luz del exterior, producían una opacidad que imprimía cierto tinte solemne, misterioso, a los objetos.
Enfrente de la puerta de granadino, que había dado paso a don Sancho y su comitiva, se alzaba majestuoso un trono, que lo constituían dos cortinas de terciopelo, sembradas de estrellas de oro y medias lunas de plata; y remataban en un anillo metálico, del que pendían gruesos borlones de oro. En el interior formado por ellas se veía un elevado diván, y a distancia de éste, otros, que no eran de tanto gusto ni riqueza (pp. 221-222).
En ese momento ven a Mahomad, un niño de diez años con un turbante de esmeraldas que da a su cara un resplandor verdoso, que le ha hecho ser conocido por el sobrenombre de Enacer ‘el verde’ (p. 222). A la descripción física del joven se añade la de su vestido:
Vestía el niño una especie de jubón de seda blanca escotado, que dejaba desnudo su blanco pecho. Un cinturón ceñía su delicado talle, del que pendía proporcionada cimitarra; y llevaba ancho pantalón blanco, prendido al nacedero de sus pies, casi imperceptibles (p. 223).
El gobernador Brahem, tío de Mahomad, quiere aprovecharse de la presencia del rey navarro empleando su valor para apaciguar a los reinos rebeldes de Túnez y Tremezén. Para esta campaña africana don Sancho se pone al frente del ejército marroquí y el pueblo se reúne en la inmensa plaza del Cereque para verlos partir, porque la hueste navarra ha despertado el interés popular:
Los marroquíes vestían albornoces de paño de color y vestidos de fino camelote, y gorras de escarlata con pequeños turbantes. En prueba del entusiasmo y la admiración que causaron el rey y los ricos-hombres cristianos, bastará decir que se infringían, por satisfacerla, las leyes y costumbres del reino, en virtud de las cuales no era permitida la salida de casa a las mujeres, sino para ir al baño o las mezquitas; y aun en estos casos, llevaban el rostro cubierto con un velo, con el fin de burlar la curiosidad de los hombres. Verdad es que, venciendo las costumbres el prurito femenino, se levantaban el velo que cubría sus rostros, a hurtadillas, gozándose no poco en excitar los celos de sus maridos. Sus cabezas, orejas y cuellos estaban adornados con brazaletes de oro y plata, y muchas perlas y piedras preciosas. Por lo demás, manifestaban ser galantes y amables en extremo (pp. 245-246)[2].
[1] Aunque la novela se escribió hacia el año 1859, no fue publicada hasta 1912, con motivo del Centenario de las Navas de Tolosa. La ficha completa es la siguiente: Juan Anchorena, Zorayda la reina mora: novela histórica de tiempos de Sancho VIII de Navarra, por… Con un prólogo crítica del Rdo. P. Antonio de P. Díaz de Castro (Barcelona, José Vilamala, 1912). He manejado un ejemplar de la Biblioteca Municipal de San Sebastián, sign. I 33-2 14.
[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «“El último suspiro en territorio africano”: los amores marroquíes de Sancho el Fuerte de Navarra en Zorayda la reina mora de Juan Anchorena», en Actas del III Coloquio Internacional de Estudios sobre África y Asia. Del 1 al 4 de noviembre de 2001. Universidad Nacional de Educación a Distancia. Centro Asociado de Ceuta, Málaga, Editorial Algazara, 2002, pp. 109-120.








