Sandro Botticelli, Adorazione dei Magi (1475). Galleria Uffizi (Florencia, Italia).
Ha nacido desterrado, perseguido por un rey[1], pero otros reyes le siguen —esta vez para su bien—. Son los magos que de Oriente algo le van a ofrecer[2].
[1]perseguido por un rey: el rey Herodes I el Grande, que ordenó la matanza de los Inocentes (niños menores de dos años) en la época del nacimiento de Jesús.
[2] Lo cito por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 197.
«Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.» (Juan, 1, 14)
Ayer transcribía aquí el villancico «Monterilla de plumas…», y hoy, día de Navidad, traigo otro, «Soberana María», también anónimo y del siglo XVII como aquel. Antonio Torralba, miembro del conjunto musical Cinco Siglos, ofrece este comentario del villancico, al hilo de la grabación del mismo que realizaron el 14 de diciembre de 2014, que puede escucharse aquí:
En los manuscritos 1370 a 1372 de la Biblioteca Nacional de España se encuentran las tres voces de un villancico maravilloso cuya composición en el siglo XVII se atribuye a veces por error a Mateo Romero. Se trata de una versión a lo divino de la célebre “Mañanicas floridas”, que versionaron Lope de Vega y Calderón entre otros. Aquí se llama “Soberana María” y es un prodigio literario y musical salido de la pluma de uno o dos autores anónimos del XVII. La invocación a las estrellas es bellísima y la elevación conceptual soberbia. La Virgen protege al Niño, pero el plano se amplía y son las nocturnas estrellas las que han de abrigar a su vez a la Virgen (abrigad a la Virgen entre vuestros brazos). Y luego están los últimos versos que emocionan aún más. La palabra árabe aljófar (perla irregular y también el conjunto de esas perlas) es un hallazgo poético. Las lágrimas del Niño son el aljófar. Coged el aljófar (sigue invocando a las nocturnas estrellas) de los ojos claros. Y, al final, el lenguaje claro y exacto que solemos identificar con el auténtico refinamiento: Mirad que es tesoro de precio tan alto / que una gota suelda todos nuestros daños.
Sandro Botticelli, Natività mistica (1501). National Gallery (Londres, Reino Unido).
El texto, que se conserva en una recopilación manuscrita de la primera mitad del siglo XVII titulada Romances y letras de a tres voces, dice así:
Soberana María, con vuestro canto, arrullad a mi niño, no llore tanto.
Nocturnas estrellas que en dulce descanso reposáis los cuerpos del largo cansancio, ¿cómo a Dios eterno le dejáis llorando? Arrullad a mi niño, no llore tanto.
Templad las escarchas del invierno helado que el infante tierno es Rey delicado; abrigad la Virgen entre vuestros brazos. Arrullad a mi niño, no llore tanto.
Coged el aljófar de los ojos claros; mirad que es tesoro de precio tan alto, que una gota suelda todos nuestros daños. Arrullad a mi niño, no llore tanto[1].
[1] Tomo el texto de la web de Carlos Ruiz de Arcaute, pero modernizo las grafías y regularizo la puntuación. Ahí pueden encontrarse más datos sobre la colección Romances y letras de a tres voces, y también escucharse el villancico y descargarse la partitura.