La novela histórica moderna y la continuidad de los temas históricos en la literatura española

Para los antecedentes más inmediatos de la novela histórica moderna, los que encontramos en el siglo XVIII y en los primeros años del XIX[1], remito a una entrada anterior donde abordé esta cuestión. Por esas fechas aparecen algunas obras que son ya novelas y que constituyen antecedentes muy claros —como por ejemplo El Rodrigo de Pedro Montengón, quizá la primera novela histórica española moderna— del género histórico romántico que se cultivará con profusión desde 1830.

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El hecho de que se puedan rastrear todos estos antecedentes, desde la épica y las antiguas crónicas hasta el XIX, no quiere decir, como ya quedó dicho, que exista una continuidad en el novelar histórico a lo largo de la literatura española, entre otras razones porque ninguna de esas obras tuvo suficiente influencia para crear una moda literaria[2]. Todo lo más, los novelistas románticos pudieron tomar algunos detalles concretos de esos precedentes[3]. Lo único que demuestra este rastreo es que los temas históricos han estado constantemente de moda en nuestra literatura y que, en varias obras a lo largo de los siglos, se han dado distintas combinaciones entre historia y ficción, lo que constituye en última instancia la característica fundamental de la novela histórica[4].


[1] Dejo de referirme a lo que de histórico pueda haber en los libros de viajes (Embajada a Tamorlán, de Ruy González de Clavijo, Andanzas e viajes por diversas partes del mundo, de Pero Tafur), reales o fantásticos; en la épica culta (Rufo, Trillo y Figueroa, Oña, Virués, Balbuena, Ercilla); y en los cantos endecasílabos (Vaca de Guzmán: Granada rendida; Leandro Fernández de Moratín: La toma de Granada por los Reyes Católicos) o en la poesía narrativa en general (Cienfuegos, Meléndez Valdés) del XVIII.

[2] Ver Neal A. Wiegman, Ginés Pérez de Hita y la novela romántica, Madrid, Playor, 1973, p. 1.

[3] Por ejemplo, el recurso a crónicas y manuscritos para garantizar la verosimilitud pudieron aprenderlo en las novelas de caballería, en el Marco Aurelio, en la Crónica Sarracina, en las Guerras civiles de Granada; la idealización de la mujer, del caballero musulmán y del amor, así como la descripción de armas, vestidos, batallas, combates singulares y otros elementos para conseguir el «color local», en las novelas, el teatro y los romances moriscos, etc.

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.

«El mariscal de Virón», comedia burlesca: datos externos, texto y autoría

La Comedia burlesca del mariscal de Virón, de don Juan de Maldonado[1], parodia de la homónima seria de Juan Pérez de Montalbán[2], fue impresa, con su loa, en Madrid en 1658, en la Parte duodécima de Comedias nuevas escogidas de los mejores ingenios de España. Fue reimpresa en Madrid, 1679, en Primavera numerosa de muchas armonías lucientes, en doce comedias fragantes. Parte duodécima. El texto de la comedia, que se conserva también en una suelta (s. l., s. e., s. a.) y en un manuscrito de la Biblioteca March (sign. 19-5-15, I-IV, fols. 50r-64r), consta de 1997 versos, y la loa de 298[3].

Comedias burlescas GRISO

Sobre el autor de El mariscal de Virón, Juan de Maldonado, se sabe muy poco. No debió de ser muy conocido en su época, al menos no se han conservado muchos textos suyos. Sabemos que escribió, junto con Diego la Dueña y Jerónimo de Cifuentes, otra comedia burlesca, La más constante mujer, publicada en la Parte once de Comedias nuevas escogidas de los mejores ingenios de España (Madrid, 1659)[4]. En cuanto a posibles representaciones de El mariscal de Virón, no disponemos de datos que las confirmen; en la edición de 1658 se presenta bajo el marbete de «comedia famosa»[5], epígrafe que solía aplicarse a las comedias ya estrenadas. De ser así, probablemente fuera puesta en escena durante unas Carnestolendas, época en que solían representarse estas comedias burlescas. De hecho, las alusiones carnavalescas son muy abundantes a lo largo de la obra, como veremos en próximas entradas.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para este autor, remitimos al portal a él dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Juan Pérez de Montalbán, dirigido por Claudia Demattè, donde el lector interesado encontrará datos sobre su vida y obra, bibliografía, imágenes, etc.

[3] Hay edición moderna: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

[4] Ver Salvador Crespo Matellán, La parodia dramática en la literatura española, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1979, p. 25.

[5] Este adjetivo aparece en el encabezado de los folios en «vuelto».