Vaya para hoy, Domingo de Ramos, este bello soneto de Julio Mariscal Montes (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1922-Jerez de la Frontera, Cádiz, 1977), que evoca la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén.

¡Jerusalén! ¡Jerusalén…! Ardía,
traca de «hosannas»[1], viva, la mañana,
cizañando la esquina y la ventana
con un último ramo de alegría.Marceaban los campos; se sentía
orondear la espiga y la manzana,
y esa sangre podrida que engalana
un ramalazo oscuro de agonía.Jesús cruzaba entre los ramos: era
raya en el mar, luna de abril subiendo
calles de un mundo tornadizo y loco.Se espesaba de azul la primavera,
y entre «hosanna» y «hosanna» iba sintiendo
que empezaba a morir poquito a poco[1].
[1] «Hosanna» proviene de la expresión hebrea hōša’nā, que significa ʻte ruego que salvesʼ, ʻsalva ahoraʼ o ʻsálvanos, te pedimosʼ. Aunque comenzó como una súplica de ayuda, pasó a usarse como un grito de júbilo, alabanza y reconocimiento mesiánico, especialmente cuando la multitud lo exclamó durante la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (téngase en cuenta que el pueblo judío esperaba la llegada de un Mesías con poder político-militar que lo liberase de la opresión romana, y no uno que predicase la paz y la mansedumbre).
[2] Incluido en El Dios del mediodía: fe y creación poética en Andalucía. Ensayo y antología, estudio, selección y notas de José Luis Ortiz de Lanzagorta, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 265.