Vaya para este Viernes de Dolores, que marca el inicio de la Semana Santa, la traducción de Lope de Vega del «Stabat Mater» —poema atribuido al papa Inocencio III y a Jacopone da Todi—, incluida en sus Soliloquios amorosos de un alma a Dios, publicados en 1626 bajo el anagrama de Gabriel Padecopeo.
La Madre piadosa estaba
junto a la Cruz, y lloraba
mientras el Hijo pendía;cuya alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.¡Oh, cuán triste! ¡Oh, cuán aflicta
se vio la Madre bendita
de tantos tormentos llena,cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena!¿Y cuál hombre no llorara
si la Madre contemplara
de Cristo en tanto dolor?¿Y quién no se entristeciera,
piadosa Madre, si os viera
sujeta a tanto rigor?Por los pecados del mundo
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre;y muriendo el Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.¡Oh, Madre, fuente de amor,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo!Y que por mi Cristo amado
mi corazón abrasado
más viva en Él que conmigo.Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo:porque acompañar deseo
en la Cruz, donde lo veo,
tu corazón compasivo.Virgen de vírgenes santas,
llore ya con ansias tantas
que el llanto dulce me sea.Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.Haz que su Cruz me enamore
y que en ella viva y more,
de mi fe y amor indicio;porque me inflame y me encienda
y contigo me defienda
en el día del Juicio.Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén[1].
[1] Cito con algún ligero retoque por Cuando rezar resulta emocionante. Poesías para orar, 2.ª ed., refundida y ampliada, selección, presentación y notas de Manuel Casado Velarde, Madrid, Ediciones Cristiandad, 2017, pp. 169-173.
