El Cid burlesco en el teatro del Siglo de Oro (y 2)

En otras dos comedias burlescas, El rey don Alfonso, el de la mano horadada (edición moderna de Mata Induráin, 1998[1]) y El hermano de su hermana (edición moderna de Arellano y Mata Induráin, 2000[2]), la acción se centra en el episodio del cerco de Zamora y muerte del rey don Sancho. En ambas piezas, que presentan importantes coincidencias textuales, el Cid «desreta» burlescamente el famoso reto lanzado a Zamora por Diego Ordóñez de Lara; además, la infanta Urraca ofrece al Cid algunas curiosas recetas para que se cure de los diviesos (especie de tumores inflamados: una dolencia muy poco heroica) que le atormentan. Copio el pasaje en cuestión de El rey don Alfonso:

URRACA.- ¿Cómo os va de los diviesos?,
decid, famoso Rodrigo.

CID.- Los de abajo del ombligo
todavía se están tiesos;
el de junto a los ojetes
del jubón está más blando.

URRACA.- Idlos de continuo untando
con aceite de corchetes;
un poco azafrán en piedra,
con unos mocos de mona,
molido bien en tahona,
con unas hojas de yedra
es muy gran madurativo… (vv. 1381-1393).

Además, en El hermano de su hermana, el Cid y el rey discutirán sobre materias tan prosaicas (y nutritivas) como morcillas, berros, buñuelos, rábanos… No olvidemos que, junto con lo bajo corporal, la comida y la bebida son elementos fundamentales en los géneros carnavalescos.

Auto sacramental del Cid y Mojiganga del Cid

Como ha señalado Arellano, todas las comedias burlescas comparten la visión grotesca y la técnica del disparate. Pues bien, algo similar sucede en la anónima Mojiganga del Cid, que cuenta con una edición moderna (2007) de Arellano, Díez Borque y Santonja[3]. En esta obra (de un género que comparte las modalidades de la jocosidad disparatada con el entremés y la comedia burlesca) se nos ofrece asimismo una visión degradada del personaje, de nuevo con componentes absurdos: «al Conde le duele un juanete; el Cid da un coscorrón al Conde, le mata las liendres y lo mata a él, pero resucita; luego el Cid y el Conde salen a torear, en un momento de culminación grotesca; en efecto, la mojiganga concluye con la apoteosis del Cid, vitoreado como el mejor torero de la ciudad»[4].


[1] Anónimo, El rey don Alfonso, el de la mano horadada, ed. de Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 1998.

[2] Dos comedias burlescas del Siglo de Oro: «El Comendador de Ocaña». «El hermano de su hermana», ed. de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin, Kassel, Edition Reichenberger, 2000.

[3] Anónimo, Auto sacramental del Cid. Mojiganga del Cid, ed. de Ignacio Arellano, José María Díez Borque y Gonzalo Santonja, Pamplona / Burgos, GRISO / Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, 2007.

[4] Ignacio Arellano, «El Cid en el teatro español del Siglo de Oro», Cuadernos de Teatro Clásico, 23, 2007, p. 114. Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «El Cid burlesco del Siglo de Oro: el revés paródico de un mito literario español», en Sara Rojo et al. (eds.), Anais do V Congresso Brasileiro de Hispanistas / I Congresso Internacional da Associação Brasileira de Hispanistas, Belo Horizonte (MG), Faculdade de Letras da Universidade Federal de Minas Gerais, 2009, pp. 408-416.