«Villancico del Adviento en Galilea. Homenaje a Federico García Lorca», de Jesús Górriz Lerga

Preparemos los caminos,
ya se acerca el Salvador…

Jesús Górriz Lerga (Pamplona, 1932​-Pamplona, 2016​), uno de los fundadores de la revista de poesía Río Arga, es un poeta que cultivó con maestría las formas estróficas tradicionales y que se aproximó a la temática navideña en distintas ocasiones, y de forma monográfica en su poemario Memorial del gozo (1994). Así, ya han entrado en el blog poemas suyos como el «Villancico del anuncio gozoso», el «Villancico del vagabundo», el «Villancico del corolario que resume el gozo», el «Villancico que repite la letanía de siempre», el «Villancico de la espera en el portal», los «Gozos para entonar en la Nochebuena», el «Romancillo de la Natividad del Señor» o el «Soneto para un alumbramiento» (y también otras composiciones de tema no navideño como «Primera claridad» o «Canción para Antonio Machado»).

Madonna del Parto (c. 1460), fresco de Piero della Francesca. Museo de la Madonna del Parto (Monterchi, Italia)
Madonna del Parto (c. 1460), fresco de Piero della Francesca. Museo de la Madonna del Parto (Monterchi, Italia).

Vaya para hoy, primer domingo de Adviento e inicio del nuevo año litúrgico, su «Villancico del Adviento en Galilea», que lleva como subtítulo «Homenaje a Federico García Lorca» (y, en efecto, se aprecian en el texto claros ecos lorquianos en el empleo de una métrica neopopularista, con repetición continua del primer verso y de un estribillo que presenta variantes, y en la imaginería empleada: nácar, luna, alborada, verdes algas, etc.). Dice así:

La Virgen se fue a la mar
a buscar conchas de nácar
para hacerle al niño[1] un cofre
de madreperlas y escarcha.

(La Estrella del mar volvía
con el rocío del alba.)

La Virgen se fue a la mar
en buscas[2] de espumas blancas
para coser los pañales
con sus puntillas de Holanda.

(La Estrella del mar volvía
saludando a la mañana.)

La Virgen se fue a la mar
a ver la luna en el agua
para copiar en sus brazos
un regazo de luz alta.

(La Estrella del mar volvía
orilla de la alborada.)

La Virgen se fue a la mar
a buscar las verdes algas
con que hacerle al niño ajorcas
y túnicas de esmeralda.

(La Estrella del mar volvía
con la flor de la enramada.)

La Virgen se fue a la mar
a oírle[3] cantar su nana
para acunarle los sueños
al pequeño Dios del alma.

(La Estrella del mar volvía
por la senda de las barcas.)

La Virgen se fue a la mar
en busca de la alborada
para iluminar el día
de la promesa anunciada.

(La Estrella del mar volvía
con el sol de la mañana.)[4]


[1] Mantengo aquí y unos versos más abajo la minúscula del original.

[2] Tal vez podría enmendarse a «en busca», considerando parásita la s final, atraída por «espumas blancas». En cualquier caso, «en buscas» bien podría ser un plural intensificador querido por el poeta y por ello mantengo lo que dice el texto.

[3] Añado la tilde, ausente en el original.

[4] Cito por Jesús Górriz Lerga, Memorial del gozo, Pamplona, edición del autor [EUROGRAF], 1994, pp. 27-28. El libro fue editado con la colaboración del Departamento de Educación y Cultura (Institución Príncipe de Viana) del Gobierno de Navarra.

«Soñar, siempre soñar», un soneto de Lucía Sánchez Saornil

Como poeta, la producción de Lucía Sánchez Saornil (Madrid, 1895-Valencia, 1970) —que usó el seudónimo literario Luciano de San-Saor— se adscribe principalmente al movimiento ultraísta. Además de escritora y periodista, fue una destacada militante anarquista y luchadora por la emancipación de la mujer. Como escribe José Luis Ferris, «La figura de Lucía Sánchez Saornil va indefectiblemente unida al Ultraísmo, movimiento de vanguardia del que fue pionera, y al anarcofeminismo, por su enérgico papel en la lucha sindical, su antifascismo y su tenaz defensa de los derechos de la mujer»[1]. Su obra poética está formada por Estuario (1925, poemario anunciado en la revista Tobogán, que no llegó a publicarse), Romancero de Mujeres Libres (1938; hay edición facsímil del año 2020); Siempre puede volver la esperanza (poemario inédito de hacia 1960); Poesía, edición de Rosa María Martín Casamitjana (Valencia, Pre-Textos, 1996) y Corcel de fuego, edición e introducción de Nuria Capdevila-Argüelles (Madrid, Ediciones Torremozas, 2020), que recoge poesía del periodo 1914-1931.

Sirva como pequeña muestra de su quehacer poético este soneto suyo titulado «Soñar, siempre soñar» y fechado a finales de los años sesenta.

Fotografía de Jay Soundo
Fotografía de Jay Soundo (https://unsplash.com/).

Has jugado y perdiste: eso es la vida.
El ganar o perder no importa nada;
lo que importa es poner en la jugada
una fe jubilosa y encendida.

Todo lo amaste y todo sin medida.
¿Cómo puedes sentirte defraudada
si fuiste por amor crucificada
con un clavo de luz en cada herida?

Sobre urdimbres de olvido van tejiendo
lanzaderas de ensueño otra esperanza
de un morir cotidiano renaciendo.

Porque un nuevo entusiasmo nos transporta
a otro ensueño entrevisto en lontananza
y en la vida, el soñar, es lo que importa[2].


[1] José Luis Ferris, en Mujeres del 27. Antología poética, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 89.

[2] Recogido en Lucía Sánchez Saornil, Poesía, ed. de Rosa María Martín Casamitjana, Valencia, Pre-Textos, 1996. Lo cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, p. 100, restituyendo la mayúscula al comienzo del segundo verso.

«El rayo verde», de Julia Guerra

Tras «Desde el olvido» y «Mediterráneo», transcribo hoy otro poema de Julia Guerra Lacunza (Pamplona, 1953-Algeciras, 2008). Forma parte de la segunda parte, «Ritual de caracolas», de su poemario Cárcel de la memoria (1991).

El rayo verde es un fenómeno óptico atmosférico que ocurre al amanecer y al atardecer, donde la luz del sol se descompone por la atmósfera y crea un destello verde visible durante uno o dos segundos justo antes de que el sol se oculte o después de que aparezca. La creencia popular dice que ver el rayo verde otorga felicidad para toda la vida; y si una pareja lo ve junta, se dice que sella su amor, y a esto es a lo que parece aludir el poema.

Rayo verde

La soledad desbocada de sus venas
acelera el fuelle de un triste corazón.
Fuego, volcán inapagable,
erupción cotidiana de ansiedad y temor.
Busca sin saber detenerse.
Su quebrada sonrisa nos iguala el cansancio.
Inesperadamente
el fenómeno extraño se produce.
De madrugada con el cálido gesto
                     del Amor
revoloteando en plumas de sorpresa,
ella ve aparecer el rayo verde[1].


[1] Julia Guerra, Cárcel de la memoria (Pamplona, edición de la autora [Imprenta Garrasi], 1991, p. 70.

«Mediterráneo», de Julia Guerra

Ayer traía al blog el poema «Desde el olvido», de Julia Guerra Lacunza (Pamplona, 1953-Algeciras, 2008). Copio hoy una segunda composición de su poemario Cárcel de la memoria (1991), también de la sección «Entre las algas», en la que el desengaño amoroso expresado por la voz lírica queda subrayado por el irónico final.

Invitación de boda

Un día,
acaso lo recuerdes,
construimos una gran casa de cristal
dibujando los sueños más profundos
dando vida al Amor en otras vidas.

Tú ibas a ser marino.
Yo, escritora.

Dime,
¿por qué llegó el invierno ahogándonos en sombras?
El destino es cruel y ahora se ríe.
Acabas de llamarme.
                     Me invitas a tu boda[1].


[1] Julia Guerra, Cárcel de la memoria, Pamplona, edición de la autora [Imprenta Garrasi], 1991, p. 38. Cito con algún ligero retoque en la puntuación.

Un poema de Julia Guerra: «Desde el olvido»

La obra poética de Julia Guerra Lacunza (Pamplona, 1953-Algeciras, 2008) está formada por los siguientes títulos: Testamento de lunas (1983), Los hijos de la sombra (1986), Cárcel de la memoria (1992), Al viento (1996) y Dos orillas (2003, poemario bilingüe árabe-español).

Su volumen poético Cárcel de la memoria (Pamplona, edición de la autora [Imprenta Garrasi], 1991) fue publicado con una ayuda a la Creación Literaria del Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra. Está formado por dos secciones, «Entre las algas» (36 poemas) y «Ritual de caracolas» (otras 30 composiciones), y los textos están acompañados por bellas ilustraciones de Piluca Aranguren Ilarregui. «Desde el olvido» es el séptimo poema de la primera sección, y constituye un buen ejemplo de la temática amorosa —de desamor, más bien— que reflejan varios de los poemas aquí incluidos.

Olvido y desamor

No he visto los ojos necesarios.
Ni las pequeñas manos que aprisionan las rosas.
Ni tus labios de fuego
                abrasando mi ausencia.
Preguntarás sin saber responderte.
Te quiero.
Te quiero detrás de nuestra sombra.
Detrás del desamor.
                Desde el olvido.

[1] Julia Guerra, Cárcel de la memoria, Pamplona, edición de la autora [Imprenta Garrasi], 1991, p. 16.

Un soneto de Josefina de la Torre: «Cuando veo mi imagen reflejada…»

De Josefina de la Torre (1907-2002), poeta canaria de la Generación del 27, he traído al blog estos días sus poemas «¡Gritar, gritar a la luna…», «¡Cómo temblaban mis labios…» y «Qué repetido deseo…». A su poemario Medida del tiempo (inédito hasta 1989) pertenece este soneto, de tono dolorido y gran fuerza expresiva:

José Gutiérrez Solana, [Mujer ante el espejo] (1963). Calcografía Nacional (Madrid), núm. de inventario: E-6724.
José Gutiérrez Solana, [Mujer ante el espejo] (1963). Calcografía Nacional (Madrid), núm. de inventario: E-6724.

Cuando veo mi imagen reflejada
en la luna impasible del espejo,
siento cómo me duele su reflejo
tan fiel a mi verdad enajenada.

Esta forma que late y se rebela,
un tiempo fue de amor y fue de vida;
y aún hoy, que huellas saben de su huida,
queda una voz para su luz en vela.

Pero un día vendrá el irremediable
que a este espejo me asome, ya acabada.
Y la raíz de fuego insobornable 

que crece en mi interior, aún no saciada,
conmoverá la cárcel indomable
con su llanto de ruina abandonada[1].


[1] Lo cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 289.

«Qué repetido deseo…», de Josefina de la Torre

Tras «¡Gritar, gritar a la luna…» y «¡Cómo temblaban mis labios…», de Josefina de la Torre (1907-2002), poeta canaria de la Generación del 27, añado hoy «Qué repetido deseo…», también de Poemas de la isla (1930). Se construye con versos octosílabos, que presentan algunas rimas asonantes, de forma esporádica.

La dormeuse (1932), de Tamara de Lempicka. Colección privada.
La dormeuse (1932), de Tamara de Lempicka. Colección privada.

Qué repetido deseo,
todo igual y siempre el mismo,
distinto y otro, inconsciente,
confundido y tan preciso,
se me va quedando dentro
escondido y dueño solo,
perdido y presente siempre.
Altas noches, muros largos,
patios de la madrugada.
Y mi deseo rodando
—número de circo— libre.
Una y otra vez, alerta
dando la voz en mis sienes,
centinela de mi pecho,
fiel compañero constante.
Qué repetido deseo
tan inseguro y tan firme,
ignorada certidumbre.
Distancia, viento y espacio[1].


[1] Lo cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 283.

Otro poema de Josefina de la Torre: «¡Cómo temblaban mis labios…»

Copiaba ayer el poema «¡Gritar, gritar a la luna…», de Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria, 1907-Madrid, 2002), poeta de la Generación del 27, y hoy traigo otra composición suya, esta de Poemas de la isla (1930). Se construye con versos octosílabos, varios de ellos con rima asonante en é o, pero la estructura métrica no es la de un romance. Las repeticiones paralelísticas contribuyen también a crear un ritmo que tiene la gracia de la poesía popular.

Paisaje de labios, de Patrik Molntuss
Paisaje de labios, de Patrik Molntuss.

¡Cómo temblaban mis labios
al despertarme mi sueño!
¡Qué parado mi deseo!
Mi pensamiento, qué libre
por los caminos del viento.
Cuando cerraba los ojos,
el día los iba abriendo;
yo recogiendo mi imagen,
él desdoblando su anhelo.
¡Cómo temblaban mis labios
a la sombra de mi sueño![1]


[1] Lo cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, pp. 282-283.

Un poema de Josefina de la Torre: «¡Gritar, gritar a la luna…»

Josefina de la Torre Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1907-Madrid, 2002) forma parte de la nómina amplia de la Generación del 27, y también del grupo de «Las Sinsombrero». Además de poeta, fue novelista, cantante lírica, actriz y guionista. Entre sus títulos poéticos se cuentan Versos y estampas (Málaga, Litoral, 1927), Poemas de la isla (Barcelona, Altés, 1930), Marzo incompleto (en la revista Azor, 1933, con otras ediciones posteriores en 1947 y 1968), Poemas de la isla, en edición de Lázaro Santana (en la Biblioteca Básica Canaria de la Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1989), que incluye los tres libros anteriores más el inédito Medida del tiempo, o Poemas (Santa Cruz de Tenerife, Idea, 2003 y Santa Cruz de Tenerife, Interseptem, 2004). En 2020 se ha publicado su Poesía completa (Madrid, Torremozas), en edición de Fran Garcerá, en dos volúmenes, que recogen su obra poética de 1916 a 1925 y de 1936 a 1989. Se incluye aquí Mi dolor, poemario inédito hasta entonces escrito tras la muerte de su marido en 1980.

Luna y velero sobre el mar

Su poema —un romance, forma estrófica tradicional cara a la poeta— que comienza «¡Gritar, gritar a la luna…» pertenece a Medida del tiempo (1989), y dice así:

¡Gritar, gritar a la luna
estática sobre el cielo!
Luz de abierta noche amarga
y rebeldías sin ecos…
¡Lanzar la voz que despierte
 todas las cuerdas del viento!
Claro mar del horizonte,
velero que arriba al puerto…
Conquista de lo imposible
en los brazos del encuentro.
Rotas las cadenas muertas,
libre de espacios el vuelo.
Pero la noche es violenta
y es violento su desvelo.
¡Ay, el dolor que no puede
ni ser dolor ni ser duelo!
Altas y abiertas ventanas
como pupilas de ciego
se van tragando las sombras
enhebradas de lamentos.
Entre las sábanas frías
la línea recta del cuerpo
hace estremecer de angustia
las tinieblas de lo incierto.
Y en el hueco del oído
donde se afianza lo eterno,
acompasado y monótono
marca segundos el péndulo[1].


[1] Lo cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 288. En el verso 12 prefiero transcribir «el vuelo», frente a la lectura «al vuelo» que trae esta edición.

Otro soneto de Ernestina de Champourcin: «Huida»

De Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905-Madrid 1999), poeta de la Generación del 27 y perteneciente al grupo de «Las Sinsombrero», esposa de Juan José Domenchina, ya he transcrito aquí sus poemas «Contemplación de María», «Amor», «El beso» y su soneto «Búscame en ti. La flecha de mi vida…». Vaya para hoy otro soneto suyo, esta vez de su poemario Cántico inútil (Madrid, M. Aguilar, 1936).

Rosa marchita, de Tania Traver (Arteinformado.com).

Inercia de la muerte. ¡Qué distancia
me aleja ya, segura, de lo humano!
Aquella rosa que murió en mi mano
será pronto recuerdo de fragancia.

Silencio de silencios. En mi estancia
diluye su perfil lo cotidiano
y retorna sin hieles a su arcano
esa amargura que la vida escancia.

Nada será de todo lo que ha sido.
Voy a ofrecer al sello del olvido
mis párpados febriles y mis labios

que inmoviliza el rictus de lo eterno.
¡Quiero escapar indemne del infierno
que arde en la trama de tus besos sabios! [1]


[1] Lo cito por Poetas del 27. Antología comentada, introducción de Víctor García de la Concha, Madrid, Espasa Calpe, 1998, pp. 632-633.