Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (y 3)

Esta lista de reminiscencias bíblicas podría ampliarse fácilmente con otros pasajes del teatro y la poesía de Cervantes[1]:

—Hay una alusión a Judas Macabeo al final de la Jornada II de La casa de los celos, en este parlamento de Buena Fama:

Aquí, con inmortal, alto trofeo,
notado tengo en la verdad que sigo
aquel gran caballero Macabeo,
guía del pueblo que de Dios fue amigo…[2]

El triunfo de Judas Macabeo, de Rubens

—En La elección de los alcaldes de Daganzo, dice el escribano Estornudo: «no quiere Dios del pecador más malo / sino que viva y se convierta»[3].

—Apreciamos ecos de la Epístola de San Pablo a Timoteo en la elegía en tercetos a la muerte de doña Isabel de Valois[4].

—En Quijote, I, 27 (ed. del Instituto Cervantes dirigida por F. Rico, p. 303), el segundo soneto de Cardenio que comienza «Santa amistad, que con ligeras alas…» canta el motivo clásico de la amistad que abandona la tierra para volar al cielo. El yo lírico pide a la amistad —la amistad verdadera, se entiende— que deje el cielo, es decir, que regrese a la tierra; o, en todo caso, que no permita que el engaño se vista su librea, esto es, que haga lo necesario para que el engaño no ande disfrazado de verdadera amistad y se confunda con ella: si la amistad no lo despoja de esa falsa apariencia, su poder destructor —concluye el texto— llevaría al mundo a una situación semejante a la de «la discorde confusión primera» (v. 14), que es una clara alusión al pecado original, la primera disensión entre el ser humano y Dios[5].

En la «Canción desesperada» de Grisóstomo, cuando el personaje afirma: «ofreceré a los vientos cuerpo y alma / sin lauro o palma de futuros bienes» (Quijote, I, 14, p. 150) tenemos una alusión velada a su posible suicidio (sabe que no irá al cielo, no espera el lauro y palma de la santidad y el martirio). Y en el mismo sentido debemos leer su afirmación: «y en voz baja / —si ya a un desesperado son debidas— / canten obsequias tristes, doloridas» (Quijote, I, 14, p. 151), es decir, ‘si se pueden dedicar obsequias a un suicida’.

—Una evocación de San Juan, como precursor de Cristo, aparece en la canción «Niña, la que esperas» de Pedro de Urdemalas[6], y otra alusión a la fiesta de San Juan de Dios en El viejo celoso[7].

Como es lógico, este tipo de alusiones microtextuales podrían multiplicarse fácilmente, pero pongo ya punto final a este recorrido por los elementos religiosos de la poesía cervantina.


[1] Ver, para más detalles, P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, pp. 109-137.

[2] La casa de los celos, en Obras completas, ed. Florencio Sevilla Arroyo, Madrid, Castalia, 1999, p. 929a; ver Antolín, 1948, p. 115.

[3] Citado por Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», p. 122.

[4] Ver Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», p. 134.

[5] Ver Carlos Mata Induráin, «Del amor y la amistad en la primera parte del Quijote: los sonetos de Cardenio y Lotario», en Chul Park (ed.),  Actas del XI Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas. Seúl, Universidad Nacional de Seúl, 17-20 de noviembre de 2004. In memoriam José María Casasayas, Seúl, Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros, 2005, pp. 147-161.

[6] Ver Miguel de Cervantes, Poesía, selección e introducción de José Manuel Caballero Bonald, Barcelona, Seix Barral, p. 254.

[7] Ver Cervantes, Poesía, ed. Caballero Bonald, pp. 268-269.

Una reflexión de Néstor Luján sobre la novela histórica

Néstor LujánNo voy a detenerme ahora en el comentario de la novela Decidnos, ¿quién mató al conde? (publicada por en el año 1987), pero sí quiero destacar dos detalles más extractados de las palabras preliminares del autor. En primer lugar, la enumeración por parte de Néstor Luján de sus maestros en el arte de narrar:

A mí me parece que, dentro de la modestísima labor que le puede corresponder a un escritor como yo, la más alta cualidad es contar una historia. He narrado, por fin, una mía y me siento alegre, insolente quizá, con la cabeza aclarada. Es posible que cuanto he escrito esté pasado de moda. Pero me arropo en mis maestros en este altísimo oficio: Micer Giovanni Boccaccio de palabra dorada y florentina; el anónimo y alborotado autor del Lazarillo de Tormes, mi señor Miguel de Cervantes Saavedra, míster Robert Louis Stevenson, a quien los indígenas de Samoa llamaban Tusitala, que quiere decir «el cuentista de bellas historias». Me arrimo a los textos anónimos de Las mil y una noches, me protejo con las narraciones de mi admirado Jorge Luis Borges, con las invenciones de mi entrañable Álvaro Cunqueiro, y las de mi viejo amigo, el réprobo, irrespetuoso y tierno escritor que es Joan Perucho. Y me doy cuenta que, como le pasaba a Alejandro Dumas, en un momento dado ha sido una necesidad para mí contar y, contando, quizá he inventado… (cito por la ed. de Barcelona, Plaza & Janés, 1998, p. 16).

No son, por cierto, malos maestros los que evoca. En segundo lugar, la reflexión que añade después con relación al carácter de histórica de su novela o, mejor, a la mezcla de historia y ficción, ingrediente esencial en este tipo de relatos:

Quiero decir que esta novela, si lo es, no pretende tener el menor rigor. Y si alguno tiene es un cierto prurito histórico. […] Me ha divertido tender inocentes trampas a los eruditos, retratar personas ilustres. Inventarme traviesamente a otros personajes quizá verosímiles, tal como imagino que fueron (p. 16).

Estas palabras resultan válidas igualmente para su segunda novela, Por ver mi estrella María (Barcelona, Planeta, 1988), en la que centraré mi atención en las próximas entradas[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (2)

Volviendo a La Galatea, la novela pastoril cervantina, hay otros lugares similares donde podemos apreciar reminiscencias evangélicas, o la utilización de léxico religioso en un contexto amoroso, etc. Veamos:

Ecos del Eclesiastés, 2, 11 los encontramos en el Libro II, cuando un mozo ermitaño canta al son de un arpa:

De la instabilidad, de la mudanza
de las humanas cosas,
¿cuál será el atrevido que se fíe?[1]

—La afirmación de que la fe sin obras es fe muerta («Pues como el cuerpo sin el espíritu es muerto, así también es muerta la fe sin las obras», Epístola de Santiago, 2, 26) la acomoda Cervantes al amor profano en el Libro III, en unos versos que el desdeñado Mireno dedica a Silveria:

Nadie por fe te tuvo merecida
mejor que yo; mas veo que es fe muerta
la que con obras no se manifiesta[2].

—La idea de que el camino del vicio es ancho, y estrecho el de la virtud, eco de Mateo, 7, 13-14 («Entrad por la puerta estrecha porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición…») o de Lucas, 13, 24, aparece en ese mismo Libro III, en los tercetos de Timbrio a Nísida:

La senda de mi bien hállola estrecha;
la de mi mal tan ancha y espaciosa
cual de mi desventura ha sido hecha[3].

El sendero ancho y el angosto


[1] La Galatea, ed. de Francisco López Estrada y María Teresa López García-Berdoy, 2.ª ed., Madrid, Cátedra, 1999, pp. 271-272.

[2] La Galatea, ed. López Estrada y López García-Berdoy, p. 322; ver P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, pp. 118-119.

[3] La Galatea, ed. López Estrada y López García-Berdoy, p. 313; ver Antolín, 1948, p. 133.

Néstor Luján: «Decidnos, ¿quién mató al conde?» (1987)

Decidnos, ¿quién mató al conde?, de Néstor LujánLas dos obras mencionadas en entradas anteriores, La vida cotidiana en el Siglo de Oro español y Madrid de los últimos Austrias, redactadas ambas con un tono eminentemente divulgativo, ponen de manifiesto el interés de Néstor Luján por la época y demuestran su amplio conocimiento acerca de ella: personajes, espacios, ambientes, modas, usos sociales… Constituyen, por así decir, la base teórica para sus ficciones ambientadas en el Siglo de Oro, para sus novelas históricas, la primera de las cuales fue Decidnos, ¿quién mató al conde?, que apareció el año 1987[1]. El título es un intertexto literario, tomado del segundo verso de una décima atribuida a Góngora:

Mentidero de Madrid,
decidnos quién mató al Conde;
ni se sabe ni se esconde,
sin discurso discurrid:
dicen que lo mató el Cid
por ser el Conde Lozano;
¡disparate chabacano!
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano[2].

En unas palabras explicativas preliminares indica Luján que «Se trata simplemente de una novela de capa y espada, histórica y truculenta» (p. 15). La acción arranca a partir del 21 de agosto de 1622, fecha de la muerte del conde de Villamediana, y plantea con verosimilitud diversas hipótesis posibles sobre su causa, con distintos agentes y móviles. En este sentido, su segunda novela, Por ver mi estrella María, cuya acción ocurre en el año de 1623, vendrá a ser una continuación cronológica de la primera. Además, reaparecerán en ella algunos personajes de la anterior: el conde de Bristol, el duque de Buckingham, y sobre todo María de Coutiño[3] y el alemán Hugo von Stein, que es precisamente quien investiga el asesinato del aristócrata[4].

Entrada sobre Juan de Tassis, conde de Villamediana, en Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Conde_de_Villamediana


[1] Utilizo la edición de Barcelona, Plaza & Janés, 1998. El personaje de Villamediana, y su violenta muerte, ha inspirado también a otros autores de novela histórica.

[2] Los mentideros eran ciertos espacios de la Villa y Corte donde los madrileños se reunían para conversar y compartir noticias y rumores. Los más famosos fueron el de representantes en la plazuela del León, el de las losas de Palacio (en la parte delantera del Alcázar Real) y las gradas de la iglesia de San Felipe, en la Puerta del Sol.

[3] En el índice de personajes leemos: «Prima de las Tabora. Delicada y amorosa. Enamoró al caballero alemán Von Stein, con quien casó, después de largos y encendidos empeños. Pero ésta es una historia que quizá otro día se contará» (p. 283).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (1)

Me refiero ahora al análisis de elementos religiosos que se hacen presentes en forma de breves referencias, dentro de poemas que no son de temática religiosa. Por ejemplo, el juego con la expresión llamados y escogidosMulti enim sunt vocati, pauci vero electi», Mateo, 20, 16; también Mateo, 22, 14) que encontramos en el remate del soneto de Florisa, de La Galatea, Libro I, interpretada aquí en un sentido amoroso: «sé bien que son de amor los escogidos / tan pocos, cuanto muchos los llamados»[1].

Muchos son los llamados y pocos los escogidos

El mismo juego lo encontramos reiterado en otros pasajes cervantinos, por ejemplo en el romance de Olalla cantado por Antonio en el Quijote:

Abalánzase al señuelo
mi fe, que nunca ha podido
ni menguar por no llamado
ni crecer por escogido[2].


[1] La Galatea, ed. de Francisco López Estrada y María Teresa López García-Berdoy, 2.ª ed., Madrid, Cátedra, 1999, p. 236.

[2] Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, 2.ª ed. corregida, Barcelona, Instituto Cervantes-Editorial Crítica, 1998, p. 125.

«Madrid de los últimos Austrias», de Néstor Luján

Madrid de los últimos Austrias, de Néstor LujánA su vez, en la «Introducción» de Madrid de los últimos Austrias (Barcelona, Planeta, 1989) afirma Néstor Luján que pretende recoger «el primero de los históricos momentos estelares de Madrid como nueva ciudad, como capital de un gran imperio» (p. 9). En la Corte se reúnen el poder político y los valores culturales, de forma que ocuparse del Madrid del XVII es

abordar este momento realmente estelar de una cultura, y tan latidor, de un pueblo que nace, rompiendo la costra de provincialismo, y se transforma en una ciudad, cuyas gentes viven como sorprendidas por la transformación que están conociendo. Una ciudad única, imperfecta, desigual, barroca y dorada, mística y mísera, atracción de todas las gentes de los reinos de las Españas. Una ciudad a la que bien se le puede llamar, con énfasis soberbio y cordial, «la calle del mundo» (p. 10).

Este nuevo libro se divide en dos partes: la primera, «Sólo Madrid es Corte», consta de cinco capítulos: «Una capital nueva: el Alcázar», «La Corte: “Las piezas” del rey», «Madrid, capital religiosa», «La Villa: de la calle Mayor al Manzanares» y «La salud del Madrid barroco»; la segunda, titulada «Algunos personajes significativos», incluye seis capítulos: «Un rey y su valido», «Dos príncipes malogrados», «Dos reinas», «Cuatro escritores madrileños: Lope, Quevedo, Calderón y Tirso», «Velázquez, madrileño “honoris causa”» y «Carlos II, fin de raza y dinastía»[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

ENLACES A DOS VÍDEOS:

“Historia de España 6: Los Austrias Mayores”:
http://www.youtube.com/watch?v=rwgV4k6iZMU

“Historia de España 7: El Siglo de Oro (Austrias Menores)”:
http://www.youtube.com/watch?v=gS4dD5EJQ9g

 

Elementos religiosos en la poesía satírico-burlesca de Cervantes

También podemos detectar algunos elementos religiosos en la poesía satírico-burlesca de Cervantes. Precisamente a partir de motivos religiosos se construyen algunos de sus poemas burlescos más famosos, como sucede en el soneto dedicado al túmulo de Felipe II (la circunstancia que inspira el poema es propiamente religiosa: la construcción del túmulo mortuorio en la catedral de Sevilla; en el poema se incluyen juramentos como: «Voto a Dios», «por Jesucristo vivo»); y en el que refiere con sangrante ironía la «triunfal» entrada del duque de Medina en Cádiz después del saqueo de los ingleses en 1596[1], el cual empieza con una ponderación misteriosa:

Vimos en julio otra Semana Santa
atestada de ciertas cofradías
que los soldados llaman compañías,
de quien el vulgo, y no el inglés, se espanta.

Hubo de plumas muchedumbre tanta
que, en menos de catorce o quince días,
volaron sus pigmeos y Golías,
y cayó su edificio por la planta.

Bramó el Becerro y púsoles en sarta,
tronó la tierra, escureciose el cielo,
amenazando una total ruïna;

y, al cabo, en Cádiz, con mesura harta,
ido ya el conde, sin ningún recelo,
triunfando entró el gran duque de Medina[2].

La defensa de Cádiz, Zurbarán

Buena parte del texto se articula en torno a la sorprendente afirmación expresada en el verso primero: «Vimos en julio otra Semana Santa». La clave está en la palabra cofradías, que además de en su sentido recto funciona con el significado que tiene en germanía: vale ‘muchedumbre’, y más concretamente alude a la ‘junta de ladrones o rufianes’. Así pues, los soldados llaman compañías a los grupos que forman, pero en realidad son cofradías ‘agrupaciones de maleantes’. La paronomasia entre cofradías y compañías facilita el juego de palabras y permite la ponderación misteriosa que abre el poema.

Por otra parte, además de destacar la alusión al gigante Goliat (Golías) del verso 7, debemos subrayar que los versos 10-11 enlazan con la alusión a la Semana Santa desarrollada en el primer cuarteto, en tanto en cuanto apuntan a las señales ocurridas en Jerusalén tras la muerte de Jesucristo en la Cruz (terremoto, ruido, oscurecimiento del cielo, etc.).


[1] Para un análisis completo del texto y el suceso histórico al que se refiere, ver Carlos Mata Induráin, «El soneto de Cervantes “A la entrada del duque de Medina en Cádiz”. Análisis y anotación filológica», en Pedro Ruiz Pérez (ed.), Cervantes y Andalucía: biografía, escritura, recepción. Actas del Coloquio Internacional «Cervantes en Andalucía», Estepa, Sevilla, 3-5 de diciembre de 1998, Estepa, Ayuntamiento de Estepa, 1999, pp. 143-163.

[2] Miguel de Cervantes, Poesías completas, ed. de Vicente Gaos, Madrid, Castalia, 1981, vol. II, pp. 375-376.

«La vida cotidiana en el Siglo de Oro español», por Néstor Luján

La vida cotidiana en el Siglo de Oro español, de Néstor LujánEn el conjunto de su producción de tipo histórico-divulgativo, Néstor Luján cuenta con dos obras tituladas La vida cotidiana en el Siglo de Oro español  (1988) y Madrid de los últimos Austrias (1989), libros cuya publicación viene a coincidir cronológicamente con el tratamiento de temas y personajes del Siglo de Oro en forma de ficción narrativa. En la «Introducción» del primero de ellos (manejo la 6.ª ed., Barcelona, Planeta, 1991) afirma Luján que «La España del siglo XVII es, a no dudar, uno de los momentos estelares más resplandecientes y más tornasolados de desesperanza de la historia de cualquier pueblo» (p. 9). Y destaca que se trata de una época en la que se da una muy rara paradoja: «tantos problemas, tantos fracasos, tantos desengaños y desesperanzas, corresponden a un momento literario y artístico único» (p. 10). Tras reconocer la deuda de su trabajo con otros libros sobre la misma materia, como los conocidos de José Deleito y Piñuela, indica que su aportación pretende ser un

acercamiento a la realidad palpitante de una época excepcional […] una época inmortalizada por la literatura, el arte, el ansia vital de cumplir con ideales religiosos y políticos, espirituales y materiales: todo lo que, palpitante de vida, contribuye a entender la vida cotidiana, tan rica y varia, del inicio del derrumbamiento material de un imperio (p. 12).

La vida cotidiana en el Siglo de Oro español se articula en nueve capítulos: «Mercados, tabernas, posadas», «De la cocina palaciega a la sopa boba» (completado con un «Vocabulario gastronómico»), «La moda masculina y femenina», «Los españoles ante el espejo», «Del amor platónico al adulterio», «Usos y costumbres del amor venal» (al que se añade un «Vocabulario del amor venal»), «Las diversiones: teatro, baile, toros», «Un vicio nacional: el juego» (con su complemento de un «Vocabulario del juego») y «La lepra española: pícaros y valentones» (seguido de un «Léxico o vocabulario de los términos más habituales de valentones, matasietes y desolladores»)[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Recopilación de artículos de Néstor Luján en La Vanguardiahttp://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20120301/54261235753/nestor-lujan-ingenio-y-erudicion-en-nuestras-paginas.html

La religión en los sonetos cervantinos a la pérdida de La Goleta

Podemos recordar también la consideración de mártires que tienen los soldados cristianos caídos en la defensa de La Goleta, tal como se aprecia en los dos sonetos dedicados a esta empresa en Quijote, I, 40[1]. El primero de ellos dice así:

Almas dichosas que del mortal velo
libres y esentas, por el bien que obrastes,
desde la baja tierra os levantastes
a lo más alto y lo mejor del cielo,

y, ardiendo en ira y en honroso celo,
de los cuerpos la fuerza ejercitastes,
que en propia y sangre ajena colorastes
el mar vecino y arenoso suelo:

primero que el valor faltó la vida
en los cansados brazos, que, muriendo,
con ser vencidos, llevan la vitoria;

y esta vuestra mortal, triste caída
entre el muro y el hierro, os va adquiriendo
fama que el mundo os da, y el cielo gloria[2].

Túnez y el fuerte de La Goleta

Ideas muy parecidas refleja la segunda composición, cuyo texto es como sigue:

De entre esta tierra estéril, derribada,
destos terrones por el suelo echados,
las almas santas de tres mil soldados
subieron vivas a mejor morada,

siendo primero en vano ejercitada
la fuerza de sus brazos esforzados,
hasta que al fin, de pocos y cansados,
dieron la vida al filo de la espada.

Y este es el suelo que continuo ha sido
de mil memorias lamentables lleno
en los pasados siglos y presentes.

Mas no más justas de su duro seno
habrán al claro cielo almas subido,
ni aun él sostuvo cuerpos tan valientes[3].

La estructura es similar en los dos sonetos: el elogio del valor heroico derrochado en la batalla por los cristianos y la constatación de que, si bien el resultado final fue de derrota y muerte en el plano físico, aquellos soldados muertos obtuvieron una victoria mejor: la de los mártires que ganan la salvación eterna. Los dos textos se construyen en torno a esa misma idea de la derrota de los cuerpos en la tierra (muerte, caída…) frente a la victoria de las almas en el cielo (vida, elevación…), y la mayor parte de los sintagmas y verbos subrayan precisamente esa idea de movimiento vertical, ascendente, desde la tierra y lo material hasta el cielo y lo espiritual[4].


[1] Para un análisis completo de ambos textos y la circunstancia histórica que los inspira, ver Carlos Mata Induráin, «Los dos sonetos a la pérdida de La Goleta (Quijote, I, 40) en el contexto de la historia del Capitán cautivo», Rilce, 23.1, 2007, pp. 169-183; ver también Salvador Muñoz Iglesias, Lo religioso en el «Quijote», Toledo, Facultad de San Ildefonso, 1989.

[2] Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, 2.ª ed. corregida, Barcelona, Instituto Cervantes-Editorial Crítica, 1998, p. 460.

[3] Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, p. 460.

[4] Es notable el contraste que se establece en el texto del segundo poema entre la esterilidad de la tierra («tierra estéril», «duro seno») y la vida eterna del cielo.

Néstor Luján (1922-1995), vida y obras

Néstor Luján nació en Mataró (Barcelona) en 1922. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona e ingresó en 1943 en la redacción de la revista Destino, de esa misma ciudad, de la cual sería redactor-jefe en 1949 y director en 1958, cargo en el que cesó en 1975 para pasar a dirigir la revista mensual Historia y vida. Posteriormente colaboró en La Vanguardia y en otras múltiples publicaciones, hasta su fallecimiento, ocurrido en Barcelona en 1995[1].

Néstor Luján

Escritor, periodista y ensayista, Néstor Luján ha abordado en sus obras temas muy diversos: de historia, de literatura, de política, de toros, de gastronomía, de deportes, de viajes… Reflejo de esta variada curiosidad son los títulos de sus libros: De toros y toreros, Historia del toreo, Tauromaquia, Las recetas de Pickwick, Nuevas recetas de Pickwick, La historia de la cocina española (en colaboración con Juan Perucho), El libro del chocolate, La cuina catalana, El menjar, El arte de comer, El libro del café, Viaje a Francia, La Belle Époque, En la cabecera de los protagonistas de la historia, Y Mussolini creó el fascismo (en colaboración con Luis Bettónica), París finisecular, Historia de los animales de compañía, El collar de María Antonieta, Casanova o la incapacidad de la perversión, La vida cotidiana en el Siglo de Oro español, entre otros.

Como novelista se dio a conocer cuando ganó el Premio Internacional de Novela Plaza & Janés de 1987 con Decidnos, ¿quién mató al conde?, cuyo tema es la muerte en extrañas circunstancias del Conde de Villamediana. Por ver mi estrella María fue su segunda obra narrativa; después, continuó escribiendo y publicando otras novelas como Los espejos paralelos, La mujer que fue Venus, La puerta del oro, La cruz en la espada…, títulos que vinieron a sumarse a la moda de la novela histórica que, tanto en España como en otros países, ha conocido un extraordinario auge en estas últimas décadas[2].

Ficha de Néstor Luján en Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%A9stor_Luj%C3%A1n

Noticias sobre Néstor Luján en El País:
http://elpais.com/tag/nestor_lujan/a/


[1] Sobre el autor, ver Enric Vila, Néstor Luján, entre el rostre i la màscara: la construcció d’una identitat de supervivència, Barcelona, Centre d’Estudis de Temes Contemporains, 2003; y Agustí Pons, Nèstor Luján: el periodisme liberal, Barcelona, Columna, 2004.

[2] Una buena aproximación, y bibliografía pertinente, en José Romera Castillo, Francisco Gutiérrez Carbajo y Mario García-Page (eds.), La novela histórica a finales del siglo XX. Actas del V Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria y Teatral de la UNED, Cuenca, UIMP, 3-6 de julio, 1995, Madrid, Visor Libros, 1996. Ver también Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.