«Por ver mi estrella María» de Néstor Luján: título y estructura

Antes de nada, me referiré brevemente el título de la segunda novela de Néstor Luján, que es un nuevo intertexto literario, como pasaba con Decidnos, ¿quién mató al conde? En esta ocasión está tomado de unos versos de Lope de Vega[1], que figuran al principio del libro a modo de lema:

Carlos Estuardo soy
que, siendo el amor mi guía,
al cielo de España voy
por ver mi estrella María.

La novela se abre con un breve prólogo (apenas dos páginas) que nos muestra al príncipe contemplando la villa de Madrid desde un altozano.

Carlos I de Inglaterra

El texto en sí consta de tres partes de trece, catorce y cuatro capítulos, cada uno con título independiente. Al final se añade un índice onomástico que da noticia de los principales personajes, tanto de los históricos como de los de ficción, con la particularidad de que cumple también la función de epílogo, al informarnos de sucesos de su vida posteriores a los narrados en la novela.

La técnica narrativa se sitúa dentro de los moldes más tradicionales. Hay un narrador omnisciente en tercera persona y lo único que se podría destacar es que se crea un cierto suspense porque no vemos actuar a Carlos y María hasta que llevamos varias páginas leídas: hasta ese momento solo sabemos lo que otros personajes dicen de ellos, circunstancia que hace despertar el interés del lector, que permanece a la expectativa de conocerlos directamente por sus actos y por sus palabras[2].


[1] Para estos versos, ver Rafael Iglesias (ed.), Cuarteto de Lope de Vega en el que se celebra la llegada a Madrid de Carlos Estuardo, príncipe de Gales, a mediados de marzo de 1623, Lisle (Illinois), Benedictine University, 2001, con una abundante bibliografía. Disponible en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=5085; y para otros poemas compuestos con la misma ocasión, Gregorio Rodríguez Herrera, «Dos epigramas neolatinos anónimos a propósito de los amores de Carlos Estuardo, príncipe de Gales, con la infanta María de España», Faventia, 21/2, 1999, pp. 143-156.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

La religión en la poesía cervantina: un balance

En varias entradas precedentes he tratado de mostrar, siquiera de modo esquemático, que los elementos religiosos se hacen presentes en la poesía cervantina con una recurrencia considerable. Aquí me he limitado a apuntar un inventario de los principales textos y lugares, añadiendo un somero comentario, pero considero que esta materia merece un análisis interpretativo más detenido.

Algunos de los poemas comentados son meramente de circunstancias y no ofrecen demasiada calidad literaria; pero en otros, en cambio, hay un buen aprovechamiento de la materia religiosa, tanto en el caso de versos insertos en la narrativa (Quijote, Novelas ejemplares, Persiles) o el teatro, como en el terreno de la poesía satírica, que a veces parte de una idea o un motivo religioso, con alusiones certeras y sutiles que demuestran el buen conocimiento de las Escrituras que tuvo Cervantes.

Como valoración de conjunto, puede avanzarse que la religión en la poesía cervantina tiene una importancia temática muy destacada. Otra cuestión distinta —que en esta ocasión no me he planteado— sería discernir si, dado que la lírica constituye, en principio, un cauce adecuado para la expresión de la subjetividad del poeta, cabe interpretar esos poemas de temática religiosa como una prueba de una religiosidad católica íntima.

Símbolos religiosos

«Por ver mi estrella María» de Néstor Luján: argumento

La acción de la novela de Néstor Luján parte de un hecho histórico real: durante el reinado de Felipe IV, las diplomacias inglesa y española planearon la boda de la infanta María, hermana del rey español, y Carlos, hijo del rey Jacobo I, que era príncipe de Gales y más tarde reinaría como Carlos I. Era un matrimonio que, caso de haberse producido, habría cambiado todas las alianzas tradicionales de la Europa del siglo XVII. Pero había un grave problema: Carlos, inglés, era protestante, y la boda resultaba poco menos que imposible.

Carlos I de Inglaterra

Él, cual nuevo caballero andante, aparece en la novela idealmente enamorado de María, a la que nunca ha visto. Entonces decide partir de Inglaterra a España, atravesando a uña de caballo Francia, de incógnito, como un caballero particular, acompañado de su amigo lord Buckingham, favorito del rey. Ambos se presentan en Madrid para activar las negociaciones, por sorpresa, lo que origina una situación grotesca, ya que el príncipe no ha sido invitado y, por tanto, no puede ser recibido con el protocolo correspondiente. Al final, a los ocho días de estar en la Corte, Carlos hace su entrada oficial, cuando su presencia en Madrid era ya un secreto a voces. Es, además, un momento delicado, pues acaba de salir una premática que impide la estancia en España de todos los protestantes extranjeros.

La resolución del problema se va demorando: se pide una dispensa a Roma para el matrimonio; Olivares se opone al proyecto; pasan los meses y la situación permanece estancada, sin conocer el más mínimo avance. Al final, todos se dan cuenta de que el plan es un fracaso inevitable: la permanencia del príncipe Carlos en España ya no tiene ningún sentido y, con una excusa cualquiera, decide regresar a Inglaterra.

Este viaje a España del príncipe de Gales fue real, aunque seguramente no resultó tan romántico ni tan rocambolesco como Néstor Luján nos lo presenta en su novela. Lo que ocurre es que la trama de esta historia amorosa se diluye en la intriga política, en los intrincados hilos de los intereses nacionales en juego, manejados con habilidad por los diplomáticos de uno y otro país.

Paralelamente, existe en la novela otra historia de amor, la que une a María de Coutiño, joven dama portuguesa, y Hugo von Stein, noble y aventurero alemán. Y esta sí que resulta una verdadera historia de amor, sin que el hilo argumental se pierda por los entresijos diplomáticos. A diferencia de la anterior, tiene un final feliz: ambos personajes se conocen y se enamoran mutuamente. Sin embargo, aunque hay correspondencia en los sentimientos, no todo es un camino de rosas en su relación, pues han de vencer algunas dificultades (Hugo es de nobleza inferior a la de María y el hermano de esta se opone al matrimonio, no así su tío, quien es a la vez su tutor). La cuestión se resuelve con el rapto de la prometida —eso sí, con su consentimiento— por parte de Hugo. El hermano de María los persigue con cinco valentones pero los protagonistas, a pesar de su inferioridad numérica, consiguen escapar de los espadachines y refugiarse en un convento, donde contraen matrimonio: Hugo y María se casan y serán muy dichosos juntos. La historia, con sus ribetes folletinescos, resulta amena y de fácil lectura.

En resumidas cuentas, Por ver mi estrella María nos presenta dos historias de amor, pero —desde el punto de vista sentimental— solo una de ellas llega con interés a los lectores. Todavía podríamos añadir una tercera, la de la pareja formada por los criados Francisco y Dorotea, pero esta se desarrolla en un plano muy secundario[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (y 3)

Esta lista de reminiscencias bíblicas podría ampliarse fácilmente con otros pasajes del teatro y la poesía de Cervantes[1]:

—Hay una alusión a Judas Macabeo al final de la Jornada II de La casa de los celos, en este parlamento de Buena Fama:

Aquí, con inmortal, alto trofeo,
notado tengo en la verdad que sigo
aquel gran caballero Macabeo,
guía del pueblo que de Dios fue amigo…[2]

El triunfo de Judas Macabeo, de Rubens

—En La elección de los alcaldes de Daganzo, dice el escribano Estornudo: «no quiere Dios del pecador más malo / sino que viva y se convierta»[3].

—Apreciamos ecos de la Epístola de San Pablo a Timoteo en la elegía en tercetos a la muerte de doña Isabel de Valois[4].

—En Quijote, I, 27 (ed. del Instituto Cervantes dirigida por F. Rico, p. 303), el segundo soneto de Cardenio que comienza «Santa amistad, que con ligeras alas…» canta el motivo clásico de la amistad que abandona la tierra para volar al cielo. El yo lírico pide a la amistad —la amistad verdadera, se entiende— que deje el cielo, es decir, que regrese a la tierra; o, en todo caso, que no permita que el engaño se vista su librea, esto es, que haga lo necesario para que el engaño no ande disfrazado de verdadera amistad y se confunda con ella: si la amistad no lo despoja de esa falsa apariencia, su poder destructor —concluye el texto— llevaría al mundo a una situación semejante a la de «la discorde confusión primera» (v. 14), que es una clara alusión al pecado original, la primera disensión entre el ser humano y Dios[5].

En la «Canción desesperada» de Grisóstomo, cuando el personaje afirma: «ofreceré a los vientos cuerpo y alma / sin lauro o palma de futuros bienes» (Quijote, I, 14, p. 150) tenemos una alusión velada a su posible suicidio (sabe que no irá al cielo, no espera el lauro y palma de la santidad y el martirio). Y en el mismo sentido debemos leer su afirmación: «y en voz baja / —si ya a un desesperado son debidas— / canten obsequias tristes, doloridas» (Quijote, I, 14, p. 151), es decir, ‘si se pueden dedicar obsequias a un suicida’.

—Una evocación de San Juan, como precursor de Cristo, aparece en la canción «Niña, la que esperas» de Pedro de Urdemalas[6], y otra alusión a la fiesta de San Juan de Dios en El viejo celoso[7].

Como es lógico, este tipo de alusiones microtextuales podrían multiplicarse fácilmente, pero pongo ya punto final a este recorrido por los elementos religiosos de la poesía cervantina.


[1] Ver, para más detalles, P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, pp. 109-137.

[2] La casa de los celos, en Obras completas, ed. Florencio Sevilla Arroyo, Madrid, Castalia, 1999, p. 929a; ver Antolín, 1948, p. 115.

[3] Citado por Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», p. 122.

[4] Ver Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», p. 134.

[5] Ver Carlos Mata Induráin, «Del amor y la amistad en la primera parte del Quijote: los sonetos de Cardenio y Lotario», en Chul Park (ed.),  Actas del XI Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas. Seúl, Universidad Nacional de Seúl, 17-20 de noviembre de 2004. In memoriam José María Casasayas, Seúl, Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros, 2005, pp. 147-161.

[6] Ver Miguel de Cervantes, Poesía, selección e introducción de José Manuel Caballero Bonald, Barcelona, Seix Barral, p. 254.

[7] Ver Cervantes, Poesía, ed. Caballero Bonald, pp. 268-269.

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (2)

Volviendo a La Galatea, la novela pastoril cervantina, hay otros lugares similares donde podemos apreciar reminiscencias evangélicas, o la utilización de léxico religioso en un contexto amoroso, etc. Veamos:

Ecos del Eclesiastés, 2, 11 los encontramos en el Libro II, cuando un mozo ermitaño canta al son de un arpa:

De la instabilidad, de la mudanza
de las humanas cosas,
¿cuál será el atrevido que se fíe?[1]

—La afirmación de que la fe sin obras es fe muerta («Pues como el cuerpo sin el espíritu es muerto, así también es muerta la fe sin las obras», Epístola de Santiago, 2, 26) la acomoda Cervantes al amor profano en el Libro III, en unos versos que el desdeñado Mireno dedica a Silveria:

Nadie por fe te tuvo merecida
mejor que yo; mas veo que es fe muerta
la que con obras no se manifiesta[2].

—La idea de que el camino del vicio es ancho, y estrecho el de la virtud, eco de Mateo, 7, 13-14 («Entrad por la puerta estrecha porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición…») o de Lucas, 13, 24, aparece en ese mismo Libro III, en los tercetos de Timbrio a Nísida:

La senda de mi bien hállola estrecha;
la de mi mal tan ancha y espaciosa
cual de mi desventura ha sido hecha[3].

El sendero ancho y el angosto


[1] La Galatea, ed. de Francisco López Estrada y María Teresa López García-Berdoy, 2.ª ed., Madrid, Cátedra, 1999, pp. 271-272.

[2] La Galatea, ed. López Estrada y López García-Berdoy, p. 322; ver P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, pp. 118-119.

[3] La Galatea, ed. López Estrada y López García-Berdoy, p. 313; ver Antolín, 1948, p. 133.

Néstor Luján: «Decidnos, ¿quién mató al conde?» (1987)

Decidnos, ¿quién mató al conde?, de Néstor LujánLas dos obras mencionadas en entradas anteriores, La vida cotidiana en el Siglo de Oro español y Madrid de los últimos Austrias, redactadas ambas con un tono eminentemente divulgativo, ponen de manifiesto el interés de Néstor Luján por la época y demuestran su amplio conocimiento acerca de ella: personajes, espacios, ambientes, modas, usos sociales… Constituyen, por así decir, la base teórica para sus ficciones ambientadas en el Siglo de Oro, para sus novelas históricas, la primera de las cuales fue Decidnos, ¿quién mató al conde?, que apareció el año 1987[1]. El título es un intertexto literario, tomado del segundo verso de una décima atribuida a Góngora:

Mentidero de Madrid,
decidnos quién mató al Conde;
ni se sabe ni se esconde,
sin discurso discurrid:
dicen que lo mató el Cid
por ser el Conde Lozano;
¡disparate chabacano!
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano[2].

En unas palabras explicativas preliminares indica Luján que «Se trata simplemente de una novela de capa y espada, histórica y truculenta» (p. 15). La acción arranca a partir del 21 de agosto de 1622, fecha de la muerte del conde de Villamediana, y plantea con verosimilitud diversas hipótesis posibles sobre su causa, con distintos agentes y móviles. En este sentido, su segunda novela, Por ver mi estrella María, cuya acción ocurre en el año de 1623, vendrá a ser una continuación cronológica de la primera. Además, reaparecerán en ella algunos personajes de la anterior: el conde de Bristol, el duque de Buckingham, y sobre todo María de Coutiño[3] y el alemán Hugo von Stein, que es precisamente quien investiga el asesinato del aristócrata[4].

Entrada sobre Juan de Tassis, conde de Villamediana, en Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Conde_de_Villamediana


[1] Utilizo la edición de Barcelona, Plaza & Janés, 1998. El personaje de Villamediana, y su violenta muerte, ha inspirado también a otros autores de novela histórica.

[2] Los mentideros eran ciertos espacios de la Villa y Corte donde los madrileños se reunían para conversar y compartir noticias y rumores. Los más famosos fueron el de representantes en la plazuela del León, el de las losas de Palacio (en la parte delantera del Alcázar Real) y las gradas de la iglesia de San Felipe, en la Puerta del Sol.

[3] En el índice de personajes leemos: «Prima de las Tabora. Delicada y amorosa. Enamoró al caballero alemán Von Stein, con quien casó, después de largos y encendidos empeños. Pero ésta es una historia que quizá otro día se contará» (p. 283).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (1)

Me refiero ahora al análisis de elementos religiosos que se hacen presentes en forma de breves referencias, dentro de poemas que no son de temática religiosa. Por ejemplo, el juego con la expresión llamados y escogidosMulti enim sunt vocati, pauci vero electi», Mateo, 20, 16; también Mateo, 22, 14) que encontramos en el remate del soneto de Florisa, de La Galatea, Libro I, interpretada aquí en un sentido amoroso: «sé bien que son de amor los escogidos / tan pocos, cuanto muchos los llamados»[1].

Muchos son los llamados y pocos los escogidos

El mismo juego lo encontramos reiterado en otros pasajes cervantinos, por ejemplo en el romance de Olalla cantado por Antonio en el Quijote:

Abalánzase al señuelo
mi fe, que nunca ha podido
ni menguar por no llamado
ni crecer por escogido[2].


[1] La Galatea, ed. de Francisco López Estrada y María Teresa López García-Berdoy, 2.ª ed., Madrid, Cátedra, 1999, p. 236.

[2] Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, 2.ª ed. corregida, Barcelona, Instituto Cervantes-Editorial Crítica, 1998, p. 125.

«Madrid de los últimos Austrias», de Néstor Luján

Madrid de los últimos Austrias, de Néstor LujánA su vez, en la «Introducción» de Madrid de los últimos Austrias (Barcelona, Planeta, 1989) afirma Néstor Luján que pretende recoger «el primero de los históricos momentos estelares de Madrid como nueva ciudad, como capital de un gran imperio» (p. 9). En la Corte se reúnen el poder político y los valores culturales, de forma que ocuparse del Madrid del XVII es

abordar este momento realmente estelar de una cultura, y tan latidor, de un pueblo que nace, rompiendo la costra de provincialismo, y se transforma en una ciudad, cuyas gentes viven como sorprendidas por la transformación que están conociendo. Una ciudad única, imperfecta, desigual, barroca y dorada, mística y mísera, atracción de todas las gentes de los reinos de las Españas. Una ciudad a la que bien se le puede llamar, con énfasis soberbio y cordial, «la calle del mundo» (p. 10).

Este nuevo libro se divide en dos partes: la primera, «Sólo Madrid es Corte», consta de cinco capítulos: «Una capital nueva: el Alcázar», «La Corte: “Las piezas” del rey», «Madrid, capital religiosa», «La Villa: de la calle Mayor al Manzanares» y «La salud del Madrid barroco»; la segunda, titulada «Algunos personajes significativos», incluye seis capítulos: «Un rey y su valido», «Dos príncipes malogrados», «Dos reinas», «Cuatro escritores madrileños: Lope, Quevedo, Calderón y Tirso», «Velázquez, madrileño “honoris causa”» y «Carlos II, fin de raza y dinastía»[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

ENLACES A DOS VÍDEOS:

“Historia de España 6: Los Austrias Mayores”:
http://www.youtube.com/watch?v=rwgV4k6iZMU

“Historia de España 7: El Siglo de Oro (Austrias Menores)”:
http://www.youtube.com/watch?v=gS4dD5EJQ9g

 

Elementos religiosos en la poesía satírico-burlesca de Cervantes

También podemos detectar algunos elementos religiosos en la poesía satírico-burlesca de Cervantes. Precisamente a partir de motivos religiosos se construyen algunos de sus poemas burlescos más famosos, como sucede en el soneto dedicado al túmulo de Felipe II (la circunstancia que inspira el poema es propiamente religiosa: la construcción del túmulo mortuorio en la catedral de Sevilla; en el poema se incluyen juramentos como: «Voto a Dios», «por Jesucristo vivo»); y en el que refiere con sangrante ironía la «triunfal» entrada del duque de Medina en Cádiz después del saqueo de los ingleses en 1596[1], el cual empieza con una ponderación misteriosa:

Vimos en julio otra Semana Santa
atestada de ciertas cofradías
que los soldados llaman compañías,
de quien el vulgo, y no el inglés, se espanta.

Hubo de plumas muchedumbre tanta
que, en menos de catorce o quince días,
volaron sus pigmeos y Golías,
y cayó su edificio por la planta.

Bramó el Becerro y púsoles en sarta,
tronó la tierra, escureciose el cielo,
amenazando una total ruïna;

y, al cabo, en Cádiz, con mesura harta,
ido ya el conde, sin ningún recelo,
triunfando entró el gran duque de Medina[2].

La defensa de Cádiz, Zurbarán

Buena parte del texto se articula en torno a la sorprendente afirmación expresada en el verso primero: «Vimos en julio otra Semana Santa». La clave está en la palabra cofradías, que además de en su sentido recto funciona con el significado que tiene en germanía: vale ‘muchedumbre’, y más concretamente alude a la ‘junta de ladrones o rufianes’. Así pues, los soldados llaman compañías a los grupos que forman, pero en realidad son cofradías ‘agrupaciones de maleantes’. La paronomasia entre cofradías y compañías facilita el juego de palabras y permite la ponderación misteriosa que abre el poema.

Por otra parte, además de destacar la alusión al gigante Goliat (Golías) del verso 7, debemos subrayar que los versos 10-11 enlazan con la alusión a la Semana Santa desarrollada en el primer cuarteto, en tanto en cuanto apuntan a las señales ocurridas en Jerusalén tras la muerte de Jesucristo en la Cruz (terremoto, ruido, oscurecimiento del cielo, etc.).


[1] Para un análisis completo del texto y el suceso histórico al que se refiere, ver Carlos Mata Induráin, «El soneto de Cervantes “A la entrada del duque de Medina en Cádiz”. Análisis y anotación filológica», en Pedro Ruiz Pérez (ed.), Cervantes y Andalucía: biografía, escritura, recepción. Actas del Coloquio Internacional «Cervantes en Andalucía», Estepa, Sevilla, 3-5 de diciembre de 1998, Estepa, Ayuntamiento de Estepa, 1999, pp. 143-163.

[2] Miguel de Cervantes, Poesías completas, ed. de Vicente Gaos, Madrid, Castalia, 1981, vol. II, pp. 375-376.

«La vida cotidiana en el Siglo de Oro español», por Néstor Luján

La vida cotidiana en el Siglo de Oro español, de Néstor LujánEn el conjunto de su producción de tipo histórico-divulgativo, Néstor Luján cuenta con dos obras tituladas La vida cotidiana en el Siglo de Oro español  (1988) y Madrid de los últimos Austrias (1989), libros cuya publicación viene a coincidir cronológicamente con el tratamiento de temas y personajes del Siglo de Oro en forma de ficción narrativa. En la «Introducción» del primero de ellos (manejo la 6.ª ed., Barcelona, Planeta, 1991) afirma Luján que «La España del siglo XVII es, a no dudar, uno de los momentos estelares más resplandecientes y más tornasolados de desesperanza de la historia de cualquier pueblo» (p. 9). Y destaca que se trata de una época en la que se da una muy rara paradoja: «tantos problemas, tantos fracasos, tantos desengaños y desesperanzas, corresponden a un momento literario y artístico único» (p. 10). Tras reconocer la deuda de su trabajo con otros libros sobre la misma materia, como los conocidos de José Deleito y Piñuela, indica que su aportación pretende ser un

acercamiento a la realidad palpitante de una época excepcional […] una época inmortalizada por la literatura, el arte, el ansia vital de cumplir con ideales religiosos y políticos, espirituales y materiales: todo lo que, palpitante de vida, contribuye a entender la vida cotidiana, tan rica y varia, del inicio del derrumbamiento material de un imperio (p. 12).

La vida cotidiana en el Siglo de Oro español se articula en nueve capítulos: «Mercados, tabernas, posadas», «De la cocina palaciega a la sopa boba» (completado con un «Vocabulario gastronómico»), «La moda masculina y femenina», «Los españoles ante el espejo», «Del amor platónico al adulterio», «Usos y costumbres del amor venal» (al que se añade un «Vocabulario del amor venal»), «Las diversiones: teatro, baile, toros», «Un vicio nacional: el juego» (con su complemento de un «Vocabulario del juego») y «La lepra española: pícaros y valentones» (seguido de un «Léxico o vocabulario de los términos más habituales de valentones, matasietes y desolladores»)[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Recopilación de artículos de Néstor Luján en La Vanguardiahttp://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20120301/54261235753/nestor-lujan-ingenio-y-erudicion-en-nuestras-paginas.html