Literatura de Pasión: fray Luis de León

Un autor importante que tenemos que traer al recuerdo en este panorama literario del ciclo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo es fray Luis de León, cuya serena lírica constituye una de las cimas del Renacimiento español. Autor de numerosas poesías morales y religiosas, copio de él el fragmento inicial de su «Canción a Cristo crucificado», en la que el yo lírico pide a Jesús que vuelva sus «mansos ojos» para mirarle:

Inocente Cordero,
en tu sangre bañado,
con que del mundo los pecados quitas,
del robusto madero
por los brazos colgado,
abiertos, que abrazarme solicitas;
ya que humilde marchitas
la color y hermosura
de ese rostro divino,
a la muerte vecino,
antes que el alma soberana y pura
parta para salvarme,
vuelve los mansos ojos a mirarme.

Y reproduzco entera su oda «En la Ascensión», donde se pone de manifiesto lo «pobres» y «ciegos» que quedan los hombres en este mundo al producirse la ascensión de Jesús a los cielos (el rebaño de los fieles cristianos queda abatido con la ausencia de su amado Pastor):

Ascensión de Cristo

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
con soledad y llanto;
y Tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

Los antes bien hadados,
y los agora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de Ti desposeídos,
¿a dó convertirán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura,
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura?

A aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado,
estando Tú encubierto?
¿Qué norte guiará la nave al puerto?

¡Ay, nube envidiosa
aun deste breve gozo!, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

El soneto «No me mueve, mi Dios, para quererte…»

Un texto que no puede faltar en nuestro recorrido por la literatura del ciclo de la Pasión es el del famoso soneto «No me mueve, mi Dios, para quererte…». Se trata de una composición muy conocida, que ha generado abundante bibliografía[1] y que ha sido atribuida a numerosos autores (entre otros, a san Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, y también a san Francisco Javier y a san Ignacio de Loyola, sin que haya faltado tampoco la atribución a Lope de Vega y otros escritores), pero que a día de hoy podemos seguir considerando anónimo.

El poema expresa la teoría del puro amor a Dios, al que el hablante lírico ofrece amar sin necesidad de un premio eterno (cielo) y temer sin necesidad de la amenaza de un castigo igualmente eterno (infierno). Nótese, en fin, que el poema puede entenderse como una «composición de lugar» ignaciana, en el sentido de que quien lo lee o recita tiene delante un crucifijo («muéveme el verte / clavado en esa cruz»; en otras versiones el texto lee «en una cruz»), siendo el Jesús enclavado el interlocutor al que se dirige la voz enunciadora del poema. Este es el texto del soneto (hay algunas variantes en las distintas versiones, que ahora no me detengo a considerar):

Cristo crucificado, de Zurbarán

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes qué dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


[1] Ver, entre otros trabajos, los siguientes (en ellos se encontrará bibliografía adicional): Raymond Foulche-Delbosch, «Le sonet “A Cristo crucificado”», Revue Hispanique, 2, 1895, pp. 120-145; y 6, 1899, pp. 56-57; Domingo Hergueta, «El famoso soneto “A Cristo crucificado”, llamado también Acto de Contrición y Jaculatoria», Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, XXI, enero 1927, pp. 99-112; Sister Mary Cyria Huff, The Sonnet «No Me Mueve, Mi Dios» -Its Theme in Spanish Tradition, Washington (DC), The Catholic University of America Press, 1948; Marcel Bataillon, «El anónimo del soneto “No me mueve, mi Dios”», Nueva Revista de Filología Hispánica, IV, 1950, pp. 254-269; Eladio Esparza, «Sobre el soneto “No me mueve, mi Dios”», Príncipe de Viana, 38-39, 1950, pp. 105-110; Leo Spitzer, «No me mueve, mi Dios», Nueva Revista de Filología Hispánica, VII, 1953, pp. 608-617; Ignacio Elizalde, «Sobre el autor del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte…” y su repercusión en el mundo literario», Revista de Literatura, tomo 13, núms. 25-26, 1958, pp. 3-29; José Jurado, «Dos sonetos espirituales de José de Villarroel: imitaciones del “No me mueve, mi Dios”», Bulletin Hispanique, 77, 1-2, 1975, pp. 125-139; Luce López-Baralt, «Anonimia y posible filiación espiritual musulmana del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”»Nueva Revista de Filología Hispánica, XXIV, 1975, pp. 243-266; John V. Falconieri, «“No me mueve, mi Dios” —y su autor», en Eugenio de Bustos (ed.), Actas del cuarto Congreso Internacional de Hispanistas, vol. 1, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1982, pp. 491-500; Mark Kelly, «The Sonnet “No me mueve, mi Dios” and Sant John of the Cross», Bulletin of Hispanic Studies, 62.3, 1985, pp. 281-288; Manuel Alvar López, «Un aviso de San Juan de la Cruz y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», en Homenaje al profesor Darío Cabanelas Rodríguez, O.F.M., con motivo de su LXX aniversario, Granada, Universidad de Granada-Departamento de Estudios Semíticos, 1987, vol. 2, 1987, pp. 383-386; Margherita Morreale, «Apuntaciones para la lectura del soneto anónimo “No me mueve, mi Dios, para quererte” y del de Gabriel Fiamma “Qual paura, qual danno o qual tormento”», en Alberto Porqueras Mayo y José Carlos de Torres Martínez (coords.), Francisco Mundi Pedret (dir.), Estudios sobre Calderón y el teatro de la Edad de Oro. Homenaje a Kurt y Roswitha Reichenberger, Barcelona, PPU, 1989, pp. 419-456; Abilio Enríquez Chillón, «Sugerencias en torno al soneto “No me mueve, mi Dios”», Naturaleza y gracia. Revista cuatrimestral de ciencias eclesiásticas, 2, 2002, pp. 297-332; Gabriel María Verd Conradi, «El P. Roque Menchaca, San Ignacio y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo Teológico Granadino, 67, 2004, pp. 111-148; José Eugenio Uriarte, «Apuntamientos y extractos para una disertación sobre el soneto: “No me mueve, mi Dios, para quererte”: edición, notas y comentarios de Gabriel María Verd Conradi, S. I.», Archivo Teológico Granadino, 68, 2005, pp. 111-152; Gabriel María Verd Conradi, «El soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte” y su versión latina en los Países Bajos», Archivo teológico granadino, 69, 2006, pp. 49-70; Arnulfo Herrera, «Un avatar de San Francisco Xavier en su autoría del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», en Ignacio Arellano Ayuso, Alejandro González Acosta y Arnulfo Herrera (eds.), San Francisco Javier entre dos continentes, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2007, pp. 123-132; Gabriel María Verd Conradi, «San Francisco Javier y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», en Congreso Internacional «Los mundos de Javier»: Pamplona, 8 a 11 de noviembre de 2006, Pamplona, Gobierno de Navarra (Departamento de Cultura y Turismo, Institución «Príncipe de Viana»), 2008, pp. 487-508; Gabriel María Verd Conradi, «San Ignacio de Loyola y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo Teológico Granadino, 75, 2012, pp. 99-166; Gabriel María Verd Conradi, «Santa Teresa de Jesús y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo Teológico Granadino, 76, 2013, pp. 191-239; Gabriel María Verd Conradi, «“En tus penas el orbe sentimiento”. Una glosa hispano-mexicana del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», en Alain Bègue y Antonio Pérez Lasheras (eds.), Hilaré tu memoria entre las gentes: estudios de literatura áurea (en homenaje a Antonio Carreira), Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014, vol. 2, pp. 327-342; Gabriel María Verd Conradi, «Fray Miguel de Guevara (O.S.A.), Alberto María Carreño y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo Teológico Granadino, 77, 2014, pp. 5-91; Gabriel María Verd Conradi, «Historia de la atribución a San Francisco Javier del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo Teológico Granadino, 78, 2015, pp. 27-104; Gabriel María Verd Conradi, «Las poesías del manuscrito de Fray Miguel de Guevara y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Nueva Revista de Filología Hispánica, 65.2, 2017, pp. 471-500; Gabriel María Verd Conradi, «El texto-tipo moderno del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”: en busca de una versión común», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 25, 2021, pp. 301-324. Remito también a un trabajo de Elvezio Canonica disponible on line«Una oración en forma de soneto: “No me mueve, mi Dios, para quererte”. Entre espiritualidad jesuítica y mística sufí». En estos otros enlaces puede escucharse el soneto recitado por Jorge Trujillo Ortiz o cantado por Ximena Gray.

«Pastor que con tus silbos amorosos…», de Lope de Vega

Los muchos años de zozobras de Lope de Vega, de vaivenes de la carne al espíritu… y vuelta a la carne, de grandes pecados y grandes arrepentimientos, culminarían con la impresión, en 1614, de sus Rimas sacras, colección poética en la que el yo lírico hace balance de su situación, se humilla ante Dios y pide compungido perdón por su descarrío, del que ahora se da plena cuenta (por ejemplo, en el soneto que comienza «Cuando me paro a contemplar mi estado…»). Y, así, las Rimas sacras son el resultado lírico de esa honda crisis espiritual:

Yo me muero de amor, que no sabía
—aunque diestro en amar cosas del suelo—,
que no pensaba yo que amor del cielo
con tal rigor las almas encendía.

El amor a Dios, el dolor de haberle ofendido y el arrepentimiento (que parece sincero) se plasman en bellísimos sonetos intensamente emotivos, como el que empieza «No sabe qué es amor quien no te ama…»; o este otro, que hoy me limito a transcribir[1]:

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguir te empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados;
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?

Cristo crucificado, de Velázquez


[1] Como mínima referencia bibliográfica remito a Emilia I. Deffis de Calvo, «La figura del pastor en dos sonetos místicos de Lope de Vega», Rilce. Revista de Filología Hispánica, 5.2, 1998, pp. 273-284.

Literatura española del ciclo de la Pasión

Puede afirmarse sin temor a equivocarse que los grandes temas abordados por la literatura son, en realidad, muy pocos en número, y que esos temas responden a las grandes preguntas que se ha hecho el hombre, a lo largo de todos los tiempos, acerca del amor y la amistad, la vida y la muerte, la religiosidad y el deseo de trascendencia… Tales son, en efecto, los grandes temas de la literatura universal. Por supuesto, alrededor de esos temas mayores existen constelaciones de subtemas, cada uno de ellos con una amplia gama de motivos asociados; pero, en cualquier caso, los grandes núcleos temáticos de la literatura responden a esas inquietudes del hombre y a esos enigmas de la vida humana.

Pues bien, uno de esos grandes temas literarios viene determinado, sin duda, por la idea religiosa, ya se trate de la reflexión poética sobre la existencia de Dios y de su presencia en nuestras vidas, de la celebración de las festividades religiosas, del misterio de la muerte y la trascendencia hacia una vida eterna… Así pues, dentro de esta literatura de tono y contenido religiosos, podemos distinguir distintos núcleos temáticos, algunos de los cuales vienen a coincidir con los ciclos litúrgicos de la Iglesia católica.

En este sentido, por señalar dos ejemplos señeros, la literatura inspirada por la Navidad y la literatura relacionada con la Semana Santa han sido materias especialmente productivas. A la literatura de Navidad he dedicado mi atención en otras ocasiones[1]; hoy, dadas las fechas en que nos encontramos, toca acercarse, siquiera brevemente, a esa otra literatura relacionada con la Semana Santa, y hay que comenzar diciendo que podemos encontrar numerosos textos, tanto en prosa como en verso, que evocan poéticamente la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y que reflexionan acerca de su importancia para los cristianos: desde el Arcipreste de Hita en el Libro de Buen Amor, hasta destacados poetas españoles del siglo XX como Gerardo Diego, Luis Rosales o Dionisio Ridruejo, entre otros, sin olvidar a autores hispanoamericanos tan notables como Gabriela Mistral, Vicente Huidobro o Jorge Luis Borges.

Cristo crucificado, de Giotto Di Bondone

En estas composiciones relacionadas con la Semana Santa y la Pasión de Cristo vamos a encontrar una gran variedad de enfoques; no de tonos (porque el tono aquí es siempre grave), pero sí de focalizaciones literarias: es decir, dentro de ese tema general, existen numerosos detalles concretos en que puede centrarse la inspiración del poeta o escritor. Por ejemplo, los textos medievales del Arcipreste de Hita destacan la maldad y ceguedad de los judíos, el pueblo deicida; otros autores pueden poner de manifiesto el valor salvífico de la sangre derramada del Cordero; otros, por su parte, resaltarán la ingratitud del hombre, que a veces permanece insensible frente al dolor del Hijo de Dios humanado; algunos textos se centran más bien en los instrumentos de la Pasión (cruz, clavos, corona de espinas…), o bien en el dolor y la soledad de María, la Madre de Jesús, etc. En cualquier caso, el objetivo fundamental de casi todas estas composiciones es el de emocionar y conmover (movere) al receptor.

Convengamos, pues, en que es esta una materia verdaderamente abundante. Aquí, en las entradas de los próximos días, ofreceré tan solo una pequeña selección de textos.


[1] Véase mi trabajo La Navidad en las letras españolas y en los poetas navarros, Pamplona, Universidad de Navarra, 2006, así como varias entradas de este mismo blog en los meses de diciembre-enero.