Argumento de «Doña Blanca de Navarra» de Navarro Villoslada (primera parte)

Doña Blanca de Navarra, de Navarro VilllosladaLa acción de esta novela de Francisco Navarro Villoslada[1] comienza en Navarra el año 1461. El reino se encuentra dividido en dos bandos, el de los agramonteses, partidarios de don Juan II, rey de Aragón y de Navarra, y el de los beamonteses, que apoyan a la Princesa de Viana, doña Blanca, legítima heredera de la Corona una vez que ha muerto su hermano Carlos. Para escapar de sus perseguidores, doña Blanca ha decidido vivir en la villa de Mendavia, fingiéndose una sencilla labradora, con el nombre de Jimena. Un día, Jimeno (hijo de un judío, que se ha enamorado de ella y que, por amor, se ha bautizado con ese nombre), contempla cómo su amada es raptada por los agramonteses. Para tratar de rescatarla, el judío se convierte en capitán de una partida de bandoleros tras derrotar en las Bardenas al temible Sancho de Rota. Esperando encontrar a la villana de Mendavia, rescata a varias cautivas que estaban en poder de los bandidos; una de ellas, Inés, queda perdidamente enamorada de su libertador, pero Jimeno no puede corresponder a este sentimiento, porque su corazón lo llena la fingida labradora. Pasa el tiempo y, finalmente, Jimeno consigue rescatar a doña Blanca cuando es enviada hacia el castillo de Orthez[1], donde va a quedar en poder de su ambiciosa hermana doña Leonor, casada con el Conde de Foix, que desea a toda costa ser reina de Navarra; sin embargo, por una equivocación —ya que desconoce que la mujer que ama es la Princesa de Viana—, la lleva precisamente al mismo castillo adonde la conducían sus enemigos.

Al darse cuenta de su error, intentan escapar ambos con la ayuda de don Gastón, el hijo de doña Leonor, pero esta y sus caballeros consiguen detenerlos; doña Leonor desarma por completo a Jimeno al afirmar delante de todos que no es más que el hijo de un judío y, además, el capitán de una gavilla de ladrones: ningún caballero quiere cruzar su espada con él, y no le queda más remedio que huir, avergonzado y confuso. En realidad, Jimeno es hijo bastardo del rey de Aragón Alfonso V el Magnánimo, pero solo doña Leonor posee los documentos que acreditan esa identidad. Tras la marcha de Jimeno, la princesa doña Blanca queda en poder de sus enemigos y, finalmente, muere envenenada por su propia hermana.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

Éxito editorial de «Doña Blanca de Navarra» de Navarro Villoslada

Doña Blanca de Navarra, de Navarro VillosladaEl éxito de la primera novela de Francisco Navarro Villoslada[1] fue enorme, como prueban las numerosas ediciones en tan pocos años. Algunas crónicas contemporáneas señalaron que había alcanzado «un triunfo literario desconocido hasta hoy entre nosotros». En los años cincuenta, además de alguna otra edición, llegaron las traducciones, al portugués (1853) y al inglés (dos en 1854, en Londres y Nueva York). En 1861 se publicó en un nuevo periódico ligado a Navarro Villoslada, El Pensamiento Español, y las ediciones siguieron en los años 80 y 90, siendo también numerosas las del siglo XX, en especial a cargo del Apostolado de la Prensa.

La obra se resiente, en su versión definitiva, de algunos defectos motivados precisamente por la forma en que fue redactada, con sucesivos añadidos y correcciones. Se ha comentado que la segunda parte es notablemente inferior a la primera, lo cual es cierto porque —como señala Simón Díaz— «la prematura desaparición de la protagonista disminuye el interés, que no puede lograrse por más que se acumulen intrigas y hechos insólitos»[2]. Navarro Villoslada añadió toda la segunda parte llevado, sin duda, por el éxito que alcanzó la primera, pero también por su deseo explícito de completar la enseñanza moral (la renuncia a la venganza personal de Jimeno, junto con el castigo de la culpable, doña Leonor). En cualquier caso, hay también momentos interesantes en Quince días de reinado, como por ejemplo la escena de la coronación de la reina, de gran sabor arqueológico.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

[2] José Simón Díaz, «Vida y obras de Francisco Navarro Villoslada», Revista de Bibliografía Nacional, VII, 1946, p. 179.

Génesis y estructura de «Doña Blanca de Navarra» (1847) de Navarro Villoslada

Doña Blanca de Navarra es, junto con Amaya, la obra más conocida de Francisco Navarro Villoslada[1], y presenta unos personajes y unos escenarios navarros, en un momento conflictivo (sobrepasada ya la mitad del siglo XV) de la historia del reino de Navarra. En efecto, el autor trata aquí novelescamente unos sucesos históricos ya de por sí altamente dramáticos: la muerte de la Princesa de Viana doña Blanca, fallecida en extrañas circunstancias en 1464, y, tras un paréntesis temporal de quince años, el corto reinado de su hermana doña Leonor, Condesa de Foix, que duró solamente quince días, después de su coronación a finales de enero de 1479.

Atraído por la idea de escribir sobre la turbulenta época que vive Navarra en los años centrales del siglo XV (con el reino dividido por una cruel guerra civil entre los bandos de agramonteses y beamonteses y la presencia, siempre amenazadora, de los tres poderosos reinos vecinos: Castilla, Aragón y Francia), Navarro Villoslada redactó primero los esbozos de una obra dramática. En el archivo del autor se conservan varios de esos borradores, que figuran con distintos títulos: Los bandos de Navarra, El Mariscal, Don Felipe de Navarra, La Penitente… Sin embargo, pronto se dio cuenta de que el tema brindaba mejores posibilidades para ser tratado en forma de novela.

Doña Blanca de Navarra, de Navarro VillosladaAsí, entre octubre de 1845 y mayo de 1846 fue apareciendo en las páginas de El Siglo Pintoresco, uno de los periódicos que Navarro Villoslada dirigía, una novela corta titulada La Princesa de Viana. Más tarde, de diciembre de 1846 a febrero de 1847, publicó en El Español, otro periódico de su dirección, una versión corregida de la misma, ahora con el título de Doña Blanca de Navarra. En ese mismo año de 1846 la novela tuvo dos ediciones, ya en forma de libro (por los editores Gaspar y Roig y Santa Coloma), y una más al año siguiente (Santa Coloma), con el mismo título de Doña Blanca de Navarra y con nuevas correcciones, aunque todavía no había alcanzado su extensión definitiva: hasta entonces la novela constaba solo de diecinueve capítulos; pero después añadió toda una segunda parte, titulada Quince días de reinado, con treinta nuevos capítulos. En el prólogo de esa edición íntegra (Madrid, Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, 1847, «tercera edición corregida y aumentada con una segunda parte») explicaba las razones de la adición:

No es mero capricho, ni exigencia de los editores, ni mucho menos es una mira de especulación el añadir una segunda parte a la novela que al parecer termina en los sucesos del castillo de Ortés. Doña Blanca de Navarra y Quince días de reinado son en verdad dos novelas distintas; pero entrambas se concibieron al mismo tiempo; y si el interés queda cuasi del todo satisfecho en la primera, el pensamiento moral no se desarrolla ni se completa hasta la segunda.

En suma, esta es ya la versión definitiva de la novela, que se titula en conjunto Doña Blanca de Navarra, conservándose el título original de La Princesa de Viana para la primera parte. Dos años después aparecería una nueva edición, Madrid, Gaspar y Roig, 1849, «cuarta edición corregida y aumentada con la segunda parte intitulada Quince días de reinado».


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

Características de las novelas históricas de Navarro Villoslada

Todas las novelas históricas románticas —y, entre ellas, las tres de Francisco Navarro Villoslada[1]— presentan unas características comunes: localización preferente en una Edad Media, tópicamente idealizada, cristiana y caballeresca; narrador omnisciente, en tercera persona, que trata de crear una sensación de verosimilitud con frecuentes alusiones a crónicas ficticias; personajes planos, esquemáticos (los protagonistas suelen ser un héroe y una heroína, altamente idealizados, que se aman, pero que han de sufrir la persecución de algún odioso antihéroe); manejo de unas mismas técnicas y estructuras, y de unos mismos recursos de intriga para mantener el interés del lector, etc.

Trafalgar, de Pérez GaldósLa moda de la novela histórica con características románticas siguió en los años 50 y 60, en una verdadera avalancha de títulos, debidos especialmente a los autores que escribían por entregas o para los folletines de las publicaciones periódicas (Ramón Ortega y Frías, Florencio Luis Parreño y, sobre todo, Manuel Fernández y González), de mucha menor calidad literaria[2]. En cambio, en los 70 el modelo cambiaría, pasando a estar constituido por los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, que representan una forma mucho más moderna y realista de entender la novelización de la historia nacional (no ya la poética Edad Media, sino una época mucho más cercana al autor, si no contemporánea).


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

[2] Para el conjunto de la producción de la novela histórica romántica española, ver especialmente Juan Ignacio Ferreras, El triunfo del liberalismo y de la novela histórica (1830-1870), Madrid, Taurus, 1976.

Producción literaria de Navarro Villoslada (y 3)

Entre las obras menores de Francisco Navarro Villoslada[1] hay que mencionar los folletos de propaganda política (La España y Carlos VII, «El hombre que se necesita»), las biografías (Compendio de la vida de San Alfonso María de Ligorio, Estudio histórico militar de Zumalacárregui y Cabrera; de este libro solo escribió la primera parte, con el pseudónimo Thomas Wisdom) y algunas traducciones (los primeros capítulos de Agenor de Mauleón, el de la mano de hierro, de Dumas, García Moreno, presidente de la República del Ecuador, del Padre Berthe).

Doña Toda de Larrea, de Navarro Villoslada

También dejó numerosos trabajos inéditos; especialmente importante resulta un proyecto narrativo sobre la conquista de Navarra, sin concluir, titulado globalmente Pedro Ramírez, que incluye varias novelas históricas; esos borradores se conservan en el archivo del escritor[2], bajo distintos títulos: Doña Toda de Larrea, La madre de la Excelenta, El hijo del Fuerte, Los bandos de Navarra, El cuadrillero de la Santa Hermandad


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995; «Francisco Navarro Villoslada (1818-1895). Político, periodista, literato», Príncipe de Viana, Anejo 17, 1996, pp. 259-267; y «Navarro Villoslada, periodista. Una aproximación», Príncipe de Viana, año LX, núm. 217, mayo-agosto de 1999, pp. 597-619. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

[2] El Archivo de Navarro Villoslada se conserva actualmente en la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Navarra, tras ser generosamente cedido en 1995 por los descendientes del escritor, los Sres. Sendín Pérez-Villamil. De esos trabajos inéditos publiqué Doña Toda de Larrea o La madre de la Excelenta, Madrid, Castalia, 1998.

Producción literaria de Navarro Villoslada (2)

La dama del rey, de Navarro VillosladaFrancisco Navarro Villoslada[1] empleó su pluma igualmente en el teatro, en la poesía y en el artículo de costumbres. Forman su producción dramática La prensa libre (1844), comedia en verso en la que se aboga por la independencia de los periódicos; Los encantos de la voz (1844), intrascendente comedia de enredo, en un acto y en prosa, escrita en colaboración con Manuel Juan Diana; Echarse en brazos de Dios (1855), drama histórico en verso, que retoma algunos episodios de la novela Doña Blanca de Navarra; y la zarzuela de tema vascongado La dama del rey (1855), con música de Emilio Arrieta, que se estrenó sin demasiado éxito.

Como poeta nos legó un ensayo épico titulado Luchana (1840), sobre el tercer asedio de Bilbao por los carlistas en 1836. También escribió, desde sus años juveniles, numerosas composiciones poéticas, en las que predominan los temas de contenido moral y religioso (destacan «A la Virgen del Perpetuo Socorro», «A Pío IX», «Meditación», «Las ermitas», el madrigal «Fuente brota en mi valle…» y el villancico «Al Niño donoso…», de graciosa sencillez).

En su faceta de autor costumbrista, dejó escrito «El canónigo» (1843), recogido en Los españoles pintados por sí mismos, «El arriero» (1846) y «La mujer de Navarra» (1873), bella estampa del carácter de las mujeres montañesas y ribereñas.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995; «Francisco Navarro Villoslada (1818-1895). Político, periodista, literato», Príncipe de Viana, Anejo 17, 1996, pp. 259-267; y «Navarro Villoslada, periodista. Una aproximación», Príncipe de Viana, año LX, núm. 217, mayo-agosto de 1999, pp. 597-619. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

Producción literaria de Navarro Villoslada (1)

En el terreno de la literatura, Francisco Navarro Villoslada[1] es conocido fundamentalmente como novelista histórico, autor de Doña Blanca de Navarra (1847), Doña Urraca de Castilla (1849) y Amaya o Los vascos en el siglo VIII (1879). Las tres novelas se ambientan en momentos conflictivos de la historia: en la primera, como luego veremos con más detalle, describe la lucha de bandos en Navarra en el siglo XV; Doña Urraca de Castilla, cuya acción ocurre en Santiago de Compostela en el siglo XII, plantea el enfrentamiento entre ciertos nobles gallegos, la reina de Castilla y León y el obispo Diego Gelmírez; la trama de Amaya, en fin, se sitúa en torno al año 711, poco después de la conquista musulmana, y expone la unión de godos y vascones, tras varios siglos de encarnizada lucha, para defender la religión católica frente al enemigo común, el Islam.

Sin embargo, nuestro autor se acercó, con mayor o menor dedicación y acierto, a muchos otros géneros literarios dentro de la narrativa, la lírica y la dramática[1]. En primer lugar, conviene recordar que escribió algunas novelas no históricas. La primera, El Ante-Cristo (1845), es una narración folletinesca (género de moda en aquellos años), que quedó sin concluir por la quiebra de El Español, periódico en cuyas páginas iba saliendo. Las dos hermanas (también de 1845) es otra obra del mismo estilo, repleta de episodios inverosímiles, en la que no faltan los consabidos amores ideales ni la presencia de un malvado «villano» perseguidor de una de las dos inocentes jóvenes protagonistas. Historia de muchos Pepes (publicada en 1879 en el folletín de El Fénix), mejor escrita y adornada con abundantes rasgos humorísticos, es una novela pseudo-autobiográfica, por reflejar el ambiente de los círculos literarios y periodísticos madrileños de mitad de siglo, que tan bien conocía el autor. Está narrada en primera persona, por boca de Pepe Gil, un personaje que tiene mucho de pícaro, ya que con su astucia intentar medrar a costa de los demás; pero, finalmente, recibe un merecido castigo, quedando desacreditado a los ojos de la sociedad.

Castillo de Marcilla (Navarra)Navarro Villoslada es también autor de numerosos relatos, algunos de los cuales están en la frontera entre el artículo de costumbres y el cuento («Un hombre arruinado», «Hacer negocios», «Un hombre público»). Otros, en cambio, pueden denominarse cuentos con toda propiedad («Mi vecina», «Aventuras de un filarmónico», «El remedio del amor» o «La luna de enero», divertida burla de los excesos románticos). También escribió dos leyendas históricas, ambas de ambiente navarro: «La muerte de César Borja» (ocurrida en 1507 en las cercanías de Viana) y «El castillo de Marcilla» (sobre la defensa de esa fortaleza por doña Ana de Velasco al producirse la conquista castellana).


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995; «Francisco Navarro Villoslada (1818-1895). Político, periodista, literato», Príncipe de Viana, Anejo 17, 1996, pp. 259-267; y «Navarro Villoslada, periodista. Una aproximación», Príncipe de Viana, año LX, núm. 217, mayo-agosto de 1999, pp. 597-619. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

Últimos años de Navarro Villoslada

Acabada la guerra en 1876, Francisco Navarro Villoslada[1]  se había negado a participar en la reorganización del partido carlista, alegando su precario estado de salud. Pero en 1885, al morir Nocedal padre, acepta el nombramiento como jefe de la Comunión Tradicionalista de España para ser el representante de don Carlos en Madrid. Trata de poner orden en la dividida prensa tradicionalista, enzarzada entonces en numerosas polémicas, pero algunos sectores le dirigen durísimos ataques (acusándole incluso de desertor y traidor al carlismo). Nuevamente desilusionado con la política, renuncia definitivamente a sus cargos y se retira, ahora sí, a Viana. En 1894 participa en la campaña contra las medidas fiscales anunciadas para Navarra por el ministro de Hacienda, Germán Gamazo, escribiendo unas pocas líneas para el número único de Navarra Ilustrada. Sería su última intervención en un asunto público.

Monumento a Navarro Villoslada en Pamplona

Al año siguiente, el día 29 de agosto, moría en la misma ciudad que le viera nacer, rodeado de su familia. A su funeral y entierro acudió el Ayuntamiento de Viana en pleno. Más tarde llegarían otros homenajes: la celebración del Centenario de su nacimiento en 1918, con la colocación de la placa conmemorativa en su casa natal en que se recuerda al «cantor de la raza vasca», la erección de un monumento en Pamplona, a la entrada de los Jardines de la Taconera, y la publicación de un número especial de La Avalancha; la dedicatoria de calles (Navarro Villoslada, Amaya) y de un Instituto de Bachillerato; la celebración del 150 Aniversario de su nacimiento en 1968 (al que se sumó la revista Pregón); y después, en 1995, el Centenario de su muerte, con diversos actos con los que se quiso honrar su memoria.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995; «Francisco Navarro Villoslada (1818-1895). Político, periodista, literato», Príncipe de Viana, Anejo 17, 1996, pp. 259-267; y «Navarro Villoslada, periodista. Una aproximación», Príncipe de Viana, año LX, núm. 217, mayo-agosto de 1999, pp. 597-619. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

Navarro Villoslada vuelve a la literatura

Entre 1872 (en abril estalla de nuevo la guerra carlista) y 1885 Francisco Navarro Villoslada[1] vive unos «años oscuros». Tradicionalmente se venía diciendo que se retiró a su ciudad natal, ganándose así el sobrenombre de «El Solitario de Viana», y que allí, en la paz de la vida rural, escribió la que sería su obra maestra, Amaya. La realidad es algo distinta. Se retira, sí, de toda actividad pública, pero continúa viviendo en Madrid la mayor parte del año; en los meses de verano viaja al norte para descansar en alguna localidad de las Provincias Vascongadas y para visitar su hacienda en Viana.

Después de varios años sin publicar, entregado a la política y el periodismo, en 1877-1878 vuelve a dar a las prensas algunos trabajos literarios, sobre todo su novela Amaya (primero en el folletín de la revista La Ciencia Cristiana; en 1879 en volumen).

Amaya, de Navarro Villoslada

En reconocimiento a sus méritos vascófilos Navarro Villoslada es elegido miembro de honor de la Asociación Éuskara de Navarra, promovida en Pamplona por Juan Iturralde y Suit y Arturo Campión.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995; «Francisco Navarro Villoslada (1818-1895). Político, periodista, literato», Príncipe de Viana, Anejo 17, 1996, pp. 259-267; y «Navarro Villoslada, periodista. Una aproximación», Príncipe de Viana, año LX, núm. 217, mayo-agosto de 1999, pp. 597-619. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

Navarro Villoslada y el carlismo

El triunfo de la Revolución de septiembre de 1868 provocó el acercamiento de Francisco Navarro Villoslada[1] y los denominados neocatólicos (Nocedal, Aparisi y Guijarro, Canga Argüelles, Tejado…) al carlismo. En efecto, tras el destronamiento de Isabel II la legitimidad estará representada para ellos por don Carlos María de Borbón y Austria-Este (Carlos VII), y se unen a él por ser su partido el que mejor podía defender, en aquel determinado momento, los intereses católicos por los que venían luchando.

Don Carlos de Borbón y Austria-Este

En 1869 Navarro Villoslada es detenido y ha de pasar mes y medio en la prisión del Saladero de Madrid por haber publicado, antes de que lo hiciera la prensa oficial, una nota en la que avisaba de la intención del gobierno de incautarse todos los bienes eclesiásticos. Tras salir de la cárcel, se exilia para evitar nuevas persecuciones.

En París se pone a las órdenes del pretendiente, al que acompaña por Centro Europa, y prepara algunos folletos de propaganda carlista, siendo especialmente famoso el artículo titulado «El hombre que se necesita», en el que presentaba a don Carlos a los españoles como el único candidato al trono capaz de acabar con la anarquía reinante en España. Según dijo Aparisi, con este escrito ganó para su causa a millares de partidarios. Desde finales de 1869 pasa a ser secretario personal del duque de Madrid pero, estando en Viena, el 25 de enero de 1870 se rompe una pierna y ha de permanecer cinco meses en cama, teniendo que abandonar el cargo. Esta es la razón de que no se encuentre presente en la famosa Junta de Notables de Vevey.

En 1871 es elegido senador por Barcelona, y la inmunidad parlamentaria le permite volver a España; ejercerá el cargo de secretario de la minoría carlista en el Senado. Se opone con Aparisi y otros a las medidas liberalizantes propuestas por el general Cabrera y discute con don Carlos, empeñado en seguir los consejos «cesaristas» de su nuevo secretario, Arjona. Se muestra igualmente contrario a que toda la prensa carlista esté bajo la dirección de una sola persona, Cándido Nocedal. Al final, para no seguir oponiéndose en público a su rey, renuncia a la dirección de El Pensamiento Español y, desengañado, se retira de la política activa.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995; «Francisco Navarro Villoslada (1818-1895). Político, periodista, literato», Príncipe de Viana, Anejo 17, 1996, pp. 259-267; y «Navarro Villoslada, periodista. Una aproximación», Príncipe de Viana, año LX, núm. 217, mayo-agosto de 1999, pp. 597-619. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.