«La leyenda del ladrón» (2012) de Juan Gómez-Jurado: estructura y argumento

Examinemos ahora la estructura y el argumento de La leyenda del ladrón[1]. Ofrezco primero la división externa de la novela, que nos brinda información acerca de las fechas exactas en las que se sitúa la acción de la historia:

—«Prólogo. A mitad de camino entre Écija y Sevilla. Septiembre de 1587» (pp. 9-21)

—«Octubre de 1588 a marzo de 1589» (caps. I-XXVII, pp. 23-218)

—«Abril de 1589 a agosto de 1589» (caps. XXVIII-XL, pp. 219-332)

—«Septiembre de 1590 a abril de 1591» (caps. XLI-LIV, pp. 333-486)

—«Interludio. Once años antes» (pp. 487-497)

—[Continúa la cronología de «Septiembre de 1590 a abril de 1591»] (caps. XLV-LXX, pp. 498-645)

—«Epílogo» (pp. 647-654)

La leyenda del ladrón, de Juan Gómez-Jurado

A los materiales que forman la parte propiamente narrativa habría que añadir una serie de textos preliminares y postliminares, a saber:

—[Una nota sobre la aplicación de realidad aumentada para smartphones] (p. 5)

—[La dedicatoria] «A la memoria de José Antonio Gómez-Jurado, que me enseñó a apreciar una buena historia» (p. 7)

—«Nota del autor sobre algunos personajes y hechos históricos de La leyenda del ladrón» (pp. 655-659)

—«Agradecimientos» (pp. 661-662)[2] 

El argumento se puede resumir, en unos pocos párrafos, así: Miguel de Cervantes, comisario de abastos de Su Majestad, salva al joven Sancho, al que halla junto a su madre muerta por la peste en una venta del Camino Real entre Sevilla y Écija, la venta de Griján. Lo deja en el orfanato de la Hermandad del Santo Niño de Sevilla al cuidado de fray Florencio. Cual buen samaritano, aporta para su cuidado seis escudos de oro, que —se dirá más adelante— serán la mejor inversión de su vida[3].

Siguen luego las historias —que se enlazarán— de Sancho y de su amiga Clara. Un día Sancho de Écija, que vive en el orfanato sevillano donde fue recogido y trabaja como esportillero, roba una moneda del cargamento de oro del rico comerciante Francisco de Vargas. Surge así el enfrentamiento con De Groot, el lugarteniente de Vargas. Comienza pronto el aprendizaje para la vida de Sancho: el enano Bartolo será el encargado de enseñarle el noble arte de Caco[4] (es decir, el robar sin ejercer violencia). Por su parte, Clara es una joven esclava, hija de la esclava caribe Catalina y de Francisco de Vargas (quien la desea sexualmente, pese a saber que es su hija). Sancho empieza a trabajar con Castro en la taberna del Gallo Rojo, donde conoce a Guillermo de Shakespeare, un vagabundo borrachín, actor y escritor que finge ser irlandés (porque España e Inglaterra están en guerra en ese momento, y sería peligroso afirmar que es inglés). Se da luego la presentación de Monipodio, conocido como «el Rey de los Ladrones», y su Corte del hampa sevillana, en evidente guiño y homenaje al Rinconete y Cortadillo cervantino. Clara encuentra la protección de Nicolás de Monardes, un médico —personaje este histórico, de figura bien conocida— que se muestra dispuesto a enseñarle el oficio. Tiene lugar después el asesinato del enano Bartolo a manos de Catalejo y Maniferro, por orden de Monipodio. Surgirá así el deseo de venganza de Sancho, que deberá quedar aplazado un tiempo porque el muchacho es detenido por ladrón[5].

El siguiente tramo narrativo nos presenta a Sancho en galeras, donde traba amistad con el negro Josué. Ambos lograrán recuperar la libertad cuando un jabeque tunecino echa a pique la galera San Telmo en la que reman. Sigue luego el año de formación de Sancho con el maestro espadero Joachim Dreyer en la localidad de Castilleja de la Cuesta (Sevilla), quien le enseña el arte de la esgrima[6].

Gracias a la herencia de Monardes, Clara obtiene su libertad, aunque prosigue el acecho de su padre sobre ella. Sancho y Clara terminan enamorándose. El joven puede ejecutar ahora su plan de venganza contra Monipodio, cuando los Fantasmas Negros debilitan su organización delictiva y el hampón pierde todo su crédito en Sevilla. A su vez, Sancho ayuda a Cervantes en un garito de juego. Vargas secuestra a Clara y pide un rescate de 20.000 escudos. Para poder pagarlo, Sancho roba el oro —200 centenes— de la Casa de la Moneda[7]. Con la ayuda de Cervantes y Shakespeare, el muchacho logra desacreditar a Vargas, que había acaparado todo el trigo de Sevilla, causando la hambruna del pueblo. Consiguen también liberar a Clara y mueren De Groot y Vargas[8].

Además, en un interludio narrativo, se recupera la historia de Cervantes rescatado de Argel, al tiempo que se ofrecen algunos detalles sobre su cautiverio[9].

Nos acercamos así al final de la novela. Los protagonistas se despiden en el muelle de Sevilla, dispuestos a emprender una nueva vida (como en el final del Buscón quevediano). Shakespeare se dispone a regresar a su país, donde intentará que se representen algunas obras dramáticas que se le han ocurrido durante el tiempo que ha pasado en España. Cervantes también tiene una historia —la de don Quijote, claro está— que «Bien contada podría ser brillante» (p. 652). Sancho, Clara y el negro Josué se embarcan para las Indias, donde podrán iniciar otra vida, buscar su lugar en el (Nuevo) mundo y ser libres. Así pues, el relato se cierra con este final esperanzado, y que queda abierto para una posible continuación[10].


[1] Cito por Juan Gómez-Jurado, La leyenda del ladrón, Barcelona, Planeta, 2012.

[2] Hay que sumar diez marcas de respuesta rápida (códigos QR) situadas en las pp. 34, 48, 58, 144, 171, 226, 299, 420, 535 y 580.

[3] «Prólogo. A mitad de camino entre Écija y Sevilla. Septiembre de 1587»
(pp. 9-21).

[4] Asistimos a este diálogo: «—Pero ¿tú de dónde sales, niño? Creo que tendré que trabajar mucho contigo si es que de verdad quieres dedicarte a este oficio. / —¿A qué oficio?/ —¿A cuál va a ser? Al noble arte de Caco, a la redistribución de la riqueza, a la incautación de excedentes. Al robo, vamos» (p. 38).

[5] «Octubre de 1588 a marzo de 1589» (caps. I-XXVII, pp. 23-218).

[6] «Abril de 1589 a agosto de 1589» (caps. XXVIII-XL, pp. 219-332).

[7] Tendríamos aquí una versión avant la lettre de La Casa de Papel, con Cervantes en funciones de El Profesor, planeando el golpe perfecto y fundiendo el oro para transportarlo mejor.

[8] «Septiembre de 1590 a abril de 1591» (caps. XLI-LIV, pp. 333-486 y XLV-LXX, pp. 498-645).

[9] «Interludio. Once años antes» (pp. 487-497).

[10] «Epílogo» (pp. 647-654). Nótese, en fin, que el relato adopta una estructura circular, pues empezaba con la llegada de la flota de Indias y acaba, precisamente, con la partida de la flota a las Indias. Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.

«La leyenda del ladrón» (2012), de Juan Gómez-Jurado, una exitosa novela de aventuras históricas

Hasta donde se me alcanza, no existe bibliografía (académica) acerca de esta novela, que data del año 2012[1] (y que ha conocido diversas ediciones, en distintos formatos, incluyendo una app con realidad aumentada[2]), aunque sí hay muchas reseñas y comentarios en Internet (blogs, foros de lectura, grupos de Facebook sobre novela histórica…) y algunas entrevistas al autor en prensa y digitales[3]. En este sentido, es útil recordar la «Nota del autor sobre algunos personajes y hechos históricos de La leyenda del ladrón», que figura al final de las distintas ediciones. En la edición conmemorativa de 2021 se añade un «Prólogo» explicativo. En fin, el autor dio cuenta de la génesis de la novela, comentando el trabajo de documentación histórica que llevó a cabo y otras cuestiones relacionadas con su redacción en una serie de ocho entradas aparecidas en ZendaLibros entre el 16 de abril y el 25 de mayo de 2016, «Cómo escribí La leyenda del ladrón», que resultan de gran utilidad.

Juan Gómez-Jurado, La leyenda del ladrón

Un detalle que llama la atención es que las contracubiertas de estas ediciones, y lo mismo los textos promocionales de la novela, no aluden (al menos no directamente) a Cervantes y a Shakespeare, nombres que, sin duda alguna, podrían haber sido un buen “gancho” comercial. Así, este es el texto promocional de la primera edición, del año 2012:

Una aventura épica en la majestuosa Sevilla del XVI

Prepárate a transportarte a la Sevilla del XVI, a un fascinante mundo de mendigos y prostitutas, nobles y comerciantes, espadachines y ladrones. El amor, la pasión y la venganza son los pilares de esta magistral novela de aventuras en torno a un niño salvado misteriosamente de la muerte, que crecerá para erigirse en la última esperanza de los desfavorecidos. El destino de Sancho y el de quienes le rodean hunde sus raíces en los secretos orígenes de la literatura. Su historia te cambiará para siempre.

Este otro, algo más amplio, es el texto promocional de las ediciones de bolsillo:

Una aventura épica

Andalucía, 1587. En medio de un pueblo arrasado por la peste, uno de los comisarios de abastos del rey Felipe II encuentra a un niño que aún se aferra a la vida. Arriesgando su carrera, lo rescata de las garras de la muerte y lo lleva a Sevilla, sin poder imaginar lo que acabará suponiendo ese acto.

Una Sevilla en la que ricos y pobres luchan por sobrevivir

Unos años más tarde, el joven Sancho se encuentra en las calles de una sociedad moldeada por la pobreza, la guerra y las intrigas. Abandonado a su ingenio y voluntad, crecerá para convertirse en el defensor de los desfavorecidos y las causas justas, y junto a sus compañeros tendrá que enfrentarse a un desafío de cuya resolución dependerá el mismo destino de la ciudad de Sevilla.

Una historia que te cambiará para siempre

La leyenda del ladrón despliega en sus páginas una magistral historia de aventuras, esperanza y amor en la Sevilla del siglo XVI, en la que los protagonistas batallarán contra las injusticias y adversidades para encontrar su lugar en el mundo.

En fin, transcribo también el texto promocional de la edición conmemorativa de 2021:

La leyenda del ladrón despliega en sus páginas una extraordinaria historia de aventuras, esperanza y amor en la Sevilla del siglo XVI, en la que los protagonistas batallarán contra las injusticias y adversidades para encontrar su lugar en el mundo. Con esta nueva y lujosa edición, con ilustraciones y prólogo de Juan Gómez-Jurado, se rinde homenaje a esta novela magistral del autor de Reina Roja en su 10.º aniversario[4].


[1] Las citas son por esta edición: La leyenda del ladrón, Barcelona, Planeta, 2012.

[2] Se indica en la app oficial de La leyenda del ladrón: «Con esta aplicación de realidad aumentada podrás disfrutar de contenidos inéditos de la nueva novela de Juan Gómez-Jurado. Captura las marcas que encontrarás en las páginas del libro y accede a vídeos, podcasts, concursos y documentación extra que darán una mayor dimensión a tu lectura. ¡Disfruta de una experiencia de lectura única con tu smartphone!».

[3] Ver por ejemplo Piña, 2012 y «La leyenda del ladrón (Juan Gómez Jurado). Oro, tinta y esperanza» (2012).

[4] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.

Cervantes y Shakespeare en «La leyenda del ladrón» (2012) de Juan Gómez-Jurado

En esta y en sucesivas entradas pretendo un acercamiento a la novela La leyenda del ladrón (Barcelona, Planeta, 2012), de Juan Gómez-Jurado, relato de corte histórico repleto de aventuras en los que se hacen presentes —aunque no como personajes protagónicos— los escritores Miguel de Cervantes y William Shakespeare[1]. Tras recordar algunos datos relativos al autor, que ha sido considerado «el Ken Follet español», y después de comentar la estructura general de la novela, me centraré en la semblanza que en ella se ofrece de ambos escritores, con su posible encuentro, esta vez en Sevilla. Cervantes aparece retratado en su faceta de comisario de abastos para la Armada Real, por tierras andaluzas (si bien se evocan otros momentos de su vida, como por ejemplo su cautiverio en Argel). En el caso de Shakespeare, el novelista enfoca su evocación en unos años oscuros de su biografía para presentarlo en España y hacerlo coincidir en la capital hispalense con Cervantes, con quien termina entablando una curiosa amistad que resultará mutuamente inspiradora. Pero comencemos recordando algunos datos sobre el autor.

Juan Gómez-Jurado
Juan Gómez-Jurado. Fuente: web del escritor.

De acuerdo con la semblanza que entrega la propia página web del escritor, Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) es periodista y escritor, autor de varias novelas de gran éxito, traducidas a cuarenta lenguas. Las obras sobre el universo de Antonia Scott (El paciente, Cicatriz, Reina Roja, Loba Negra y Rey Blanco, todas ellas publicadas en Ediciones B) «se han convertido en el mayor fenómeno de ventas del thriller español y han consagrado a su autor como uno de los máximos exponentes del género a nivel internacional». La plataforma Amazon Prime ha adaptado Reina Roja como serie, «en uno de los proyectos audiovisuales más esperados a nivel internacional», el cual se estrenó el 29 de febrero de 2024. Gómez-Jurado colabora con varios medios de comunicación y es el cocreador de los podcasts Todopoderosos y Aquí hay dragones[2].

Como narrador, sus primeras novelas fueron Espía de Dios (2006), Contrato con Dios (2007) y El emblema del traidor (2008), a las que se sumaron otros títulos posteriores: La leyenda del ladrón (2012), El paciente (2014), Cicatriz (2015), Reina Roja (2018), Loba Negra (2019) y Rey Blanco (2020), Todo arde (2022) y las siguientes entregas de esta nueva serie, Todo vuelve (2023) y Todo muere (2024). Su última novela, recién publicada, es Mentira (2026). A estas obras hay que añadir sus relatos de literatura infantil, entre ellos los diversos volúmenes de las series Alex Colt y, junto con Bárbara Montes, Rexcatadores y Amanda Black.

Gómez-Jurado es un escritor muy presente en las redes sociales. Cabe recordar la polémica que en febrero de 2011 mantuvo en ese espacio virtual con Alejandro Sanz por los derechos de autor: «La piratería no existe», afirmó el escritor, poniendo en marcha la campaña 1libro1euro (ofrecía su bestseller Espía de Dios a cambio de una donación de un euro a la ONG Save the Children). Sus tres primeras novelas están a la venta en Amazon por 1,49 € en su formato electrónico; y La leyenda del ladrón salió por 9,49 € en formato e-book en la misma plataforma, a pesar de estar publicada por Planeta. Aparte de los mecanismos de marketing habituales, Gómez-Jurado convoca presentaciones de sus novelas para blogueros, pero no de forma selecta, sino abiertas a cualquier persona. El autor ofrece además webinarios gratuitos para escritores noveles sobre cómo escribir una novela. Es, además, un autor que invita a sus lectores a dialogar con él en redes sociales[3].


[1] No es esta la primera vez que se plantea el posible encuentro de ambos escritores. Como certeramente escribe Zenón Luis-Martínez (2016, p. 11), «En sus biografías sobre Cervantes y Shakespeare, Luis Astrana Marín especuló con un encuentro entre ambos con ocasión de la ratificación en 1605 en Valladolid del Tratado de Londres. Este improbable encuentro ha seguido alimentando ficciones históricas y fantasías literarias». Véase ese trabajo de Luis-Martínez para las evocaciones de Borges y Burgess, y también Gregor, 2016 y Ruiz Mantilla, 2020. Recordaré, entre los más recientes encuentros desde la ficción, la película británico-española Miguel y William, una comedia romántica de la directora y guionista Inés París, estrenada en 2007 y protagonizada por Elena Anaya, Malena Alterio, Will Kemp y Juan Luis Galiardo; un mini-relato de Antonio Mora Plaza incluido en su libro En la biblioteca de mi abuelo Berto (Madrid, Éride Ediciones, 2009: ver Mora Plaza, 2016); la novela del escritor colombiano Nahum Montt Hermanos de tinta (2015); la pieza teatral del cubano José Carlos Somoza Miguel Will. El encuentro espiritual de dos genios: Miguel de Cervantes y William Shakespeare (representada en Madrid, en el Anfiteatro Gabriela Mistral de la Casa de América, el 27 de mayo de 2016, bajo la dirección de Vladimir Cruz); o, desde el terreno de la novela gráfica y la ilustración, Shakespeare & Cervantes (2018), guion de Jorge Carrión, ilustraciones de Javier Olivares. En otro orden de cosas, también se relaciona a ambos escritores en la quinta entrega de la serie policiaca Los Misterios de Channing, protagonizada por el inspector Germán Cortés, El misterio entre Cervantes y Shakespeare (2018), de Margotte Channing. Para la posible influencia del Cardenio cervantino en la perdida pieza homónima de Shakespeare-Fletcher ver especialmente Chartier, 2011; y desde el punto de vista de la ficción, la novela Cardenio (2016), de Carlos Gamerro. Sobre las coincidencias temáticas de los dos autores, ver Calero, 2016.

[2] Este es el enlace a su página web.

[3] «Y a ti, lector, por haber convertido mis obras en un éxito en cuarenta países, gracias y un abrazo enorme. Un último favor: si has pasado un buen rato, escríbeme y cuéntamelo» (La leyenda del ladrón, p. 662). E indica sus datos de contacto: juan@juangomezjurado.com; twitter.com/juangomezjurado. Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.

«El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra», de Manuel Fernández y González: valoración final

Las 1.300 páginas que alcanza El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra de Manuel Fernández y González[1] —el rey de la novela por entregas y folletinesca en la España de la segunda mitad del XIX— están llenas de aventuras y de amoríos, y no faltan en el relato los excesos y las excentricidades narrativas, como he tratado de mostrar con el repaso, a grandes pinceladas, de su estructura y contenido. Con tales mimbres se va fabricando este Cervantes personaje de ficción, que tiene sus puntas y ribetes de héroe romántico perseguido por la fatalidad, aunque a veces los sucesos evocados se alejen demasiado del núcleo narrativo principal. Sabemos que el autor hace gala de una fantasía desmesurada y que tiene una verbosidad torrencial, y ocurre, en efecto, en ocasiones que quien debería ser el protagonista central queda algo desdibujado, relegado a un segundo plano de importancia, o incluso desaparece por completo del foco narrativo: así sucede cuando sus aventuras quedan sepultadas por las de una multitud de personajes secundarios, cuyas historias —como pasa con las cerezas— van saliendo enredadas unas con otras. La desaforada fantasía de Fernández y González nos brinda el retrato de un Cervantes genial, dueño de un alma fácilmente impresionable, capaz de enamorarse de dos, de tres y aun de cuatro mujeres a la vez. Y no, no es que el escritor sea un partidario avant la lettre del poliamor, sino que su desbordada imaginación de artista genial se deja atrapar fácilmente por la belleza en general, y en particular por la belleza de cuantas mujeres hermosas se cruzan en su vida, que no son pocas: doña Magdalena, donna Beatriz, Abigail, la duquesa de Puente de Alba, Paulina, doña Inés Rojas de Arias, Noemí, Darahimaráh… y hasta Aldonza Lorenzo, su particular Dulcinea de senectud. Alma de poeta embriagada por el amor, de todas se enamora Cervantes… y todas se enamoran de Cervantes.

Útiles de escritura

Con las características señaladas, obvio es decir que no se puede pedir al relato mayor profundidad psicológica, ni una descripción detallada de las motivaciones de los personajes, ni una coherencia lógica en sus pensamientos y acciones, ni nada por el estilo. Sería tanto como pedir cotufas en el golfo. Todo está puesto aquí a mayor gloria de la acción, a la que se sacrifica todo lo demás, siendo la novela un continuo sucederse de lances y peripecias encaminado a mantener de manera sostenida el interés del lector. Se entenderá igualmente que en todos estos episodios de intriga, aunque se parta de ciertos datos de la biografía cervantina —los conocidos a la altura de los años 70 del siglo XIX—, caben las licencias literarias y los anacronismos, sean estos voluntarios o resultado del descuido o desconocimiento del autor. Tampoco tiene mucho sentido hablar de la calidad literaria de esta producción, que hay que entender y valorar en el contexto de la novela por entregas, con sus características y sus limitaciones. En fin, la imaginación sin límites de Fernández y González fluye torrencialmente a lo largo de estos trece cientos de páginas —ni una más, ni una menos—, en la que constituye —y creo no equivocarme al afirmarlo así— la más desmesurada y excéntrica de cuantas recreaciones cervantinas se han escrito hasta la fecha. Y el escritor sevillano puso tan alto el listón, a estos efectos, en su descomunal novela-río, que sin duda resultará muy difícil de superar en el futuro[2].


[1] La ficha de la novela es: Manuel Fernández y González, El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra. Novela histórica por don… Ilustrada con magníficas láminas del renombrado artista don Eusebio Planas, Barcelona, Establecimiento Tipográfico-Editorial de Espasa Hermanos, s. a. [c. 1876-1878], 2 vols.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Excesos, desmesuras y extravagancias en una novelesca recreación cervantina: El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra (c. 1876-1878) de Manuel Fernández y González», Cervantes. Bulletin of the Cervantes Society of America, volume 42, number 1, Spring 2022, pp. 151-173.

Un detalle narrativo-estilístico de «El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra», de Manuel Fernández y González: la técnica del «abuso del punto y aparte»

Se trata de un rasgo presente a lo largo de toda la narración[1] y que responde a la técnica de escritura de las novelas por entregas, práctica de la que se hace eco Hernández Girbal[2].

Punto y aparte

Son muy numerosos los pasajes de la novela en los que el autor emplea este recurso para rellenar con más facilidad la página, pero citaré tan solo este ejemplo del final del capítulo IV del libro cuarto:

Todos mostraban el valor de la resignación, aunque verdaderamente no le tenían.

Eran bravos y valientes soldados españoles.

Aun hubo alguno que tuvo valor para chancearse.

Entre ellos, Cervantes.

Los que hacían esto, era para evitar a sus compañeros.

Fue avanzando la noche.

Las conversaciones se fueron disminuyendo.

Al fin, la fatiga pudo en los más de ellos más que el dolor, que el hambre, que las heridas, y se durmieron.

Abigail reclinó su cabeza sobre el hombro de Cervantes.

Le abrazó.

Se estrecharon.

Le retuvo en sus brazos.

Luego le besó silenciosamente en la boca.

Aquel fue un beso de dolor, de agonía.

Luego lloró largamente.

Era la primera vez que Cervantes sentía llorar a Abigail (p. 689).

En fin, podríamos decir —parafraseando un refrán conocido— que el autor tenía muy clara la consigna a la hora de escribir o dictar sus textos: A más líneas, más ganancia[3].


[1] La ficha de la novela es: Manuel Fernández y González, El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra. Novela histórica por don… Ilustrada con magníficas láminas del renombrado artista don Eusebio Planas, Barcelona, Establecimiento Tipográfico-Editorial de Espasa Hermanos, s. a. [c. 1876-1878], 2 vols.

[2] Ver Florentino Hernández Girbal, Una vida pintoresca: Manuel Fernández y González. Biografía novelesca, Madrid, Biblioteca Atlántico, 1931, pp. 199-200.

[3] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Excesos, desmesuras y extravagancias en una novelesca recreación cervantina: El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra (c. 1876-1878) de Manuel Fernández y González», Cervantes. Bulletin of the Cervantes Society of America, volume 42, number 1, Spring 2022, pp. 151-173.

Excesos, desmesuras y extravagancias en «El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra», de Manuel Fernández y González (libro séptimo)

El libro séptimo[1], «La hija de Cervantes», nos sitúa en Valladolid a la altura de 1605. Nuestro protagonista vive amargado y sin esperanza, resignado a seguir con sus frecuentes comisiones de cobro de tercias y alcabalas. Doña Magdalena reside con su familia, como una hermana más. Grande de genio, pero olvidado por casi todos (únicamente el conde de Lemos y el cardenal de Toledo le socorren en sus necesidades, y eso solo de cuando en cuando), cada vez más enfermo de hidropesía, Cervantes tendrá el consuelo del éxito de la primera parte del Quijote, aunque también conocerá la envidia, los dardos de sus enemigos literarios, con Lope a la cabeza (ver las pp. 1191-1192) y el dolor de la aparición de la continuación apócrifa de Avellaneda (que en la novela se identifica con fray Luis Aliaga).

Sea como sea —y dejando de lado otras intrigas secundarias de personajes como María de Ceballos o Clara la tendera—, lo esencial en esta última parte de la novela es el cortejo que sufre su hija Isabel, ya de veinte años, por parte de dos galanes calaveras, don Hernando de Toledo y don Gaspar de Ezpeleta. Rivales en sus pretensiones amorosas, don Hernando dejará malherido de muerte a Ezpeleta a las puertas de la casa de Cervantes: el suceso se convierte en la comidilla de la ciudad, y el escritor y su familia pasarán una temporada en la cárcel de Valladolid. Nuestro héroe, que está cada vez más enfermo, cae en un estado febril y piensa que Dios lo castiga, en su honra y en su hija, por haber sido pecador. «El destino de Cervantes era luchar a brazo partido con la adversidad», sentencia el narrador (p. 1241). De ahí que sus últimas obras, pese a que el autor mantenga siempre su genio y su espíritu joven, destilen un poso de tristeza y melancolía. Todavía hay espacio para que, en el tramo final de la narración, aparezca un nuevo personaje, el joven escritor don Francisco de Quevedo, quien protege a doña Magdalena e Isabel del intento de rapto ordenado por el malvado don Hernando, ganándose con ello la confianza de Cervantes y haciéndose gran amigo de su familia[2]. Doña Magdalena y Miguel siguen manteniendo un casto amor espiritual, son ya como hermanos. Al final, ella e Isabel terminarán profesando como religiosas.

Cervantes enfermo

Restan tan solo para acabar la novela unas páginas a modo de «Conclusión» —divididas en 14 capitulillos de corta extensión—, donde se evocan brevemente los últimos tiempos de un Cervantes que, viejo, pobre, cansado y sin esperanza, logra publicar la segunda parte del Quijote y trabaja en medio de su enfermedad para intentar terminar, corriendo contra el tiempo, su Persiles. Por último, quien fuera el «regocijo de las musas» —se evoca el encuentro con un estudiante en su último viaje de Esquivias a Madrid, tal como se cuenta en el prólogo de su novela póstuma— recibe la extremaunción el 18 abril de 1616, firma al día siguiente —«Puesto ya el pie en el estribo, / con las ansias de la muerte»— la famosa dedicatoria a Lemos y muere, en fin, el sábado 23 de abril. «Aquel mismo día, y hay que notar esta circunstancia, murió el famoso poeta Guillermo Shakespeare» (p. 1299)[3].


[1] La ficha de la novela es: Manuel Fernández y González, El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra. Novela histórica por don… Ilustrada con magníficas láminas del renombrado artista don Eusebio Planas, Barcelona, Establecimiento Tipográfico-Editorial de Espasa Hermanos, s. a. [c. 1876-1878], 2 vols.

[2] «La vida sin aventuras cansa», dice Quevedo (p. 1262). Y a las aventuras del satírico madrileño dedicará también Fernández y González varias de sus novelas, ofreciendo de él un retrato semejante al de Cervantes (valiente, noble, espadachín y pendenciero, etc.). Ver Carlos Mata Induráin, «Cervantes a lo folletinesco: El manco de Lepanto (1874), de Manuel Fernández y González», en Carlos Mata Induráin (ed.), Recreaciones quijotescas y cervantinas en la narrativa, Pamplona, Eunsa, 2013, p. 175.

[3] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Excesos, desmesuras y extravagancias en una novelesca recreación cervantina: El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra (c. 1876-1878) de Manuel Fernández y González», Cervantes. Bulletin of the Cervantes Society of America, volume 42, number 1, Spring 2022, pp. 151-173. Hoy sabemos que Cervantes murió el 22, no el 23 de abril; y que la coincidencia de día de fallecimiento con Shakespeare tampoco fue tal, pues se usaban distintos calendarios en España y en Inglaterra.

Excesos, desmesuras y extravagancias en «El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra», de Manuel Fernández y González (libro sexto)

En el libro sexto[1], «El alcalde de Argamasilla», encontramos una concentración mayor de datos relativos al escritor, si bien el narrador decide resumir el relato de sus hechos biográficos. Dice así:

Vamos a epilogar una parte de la vida de Cervantes.

Nuestros lectores nos dispensarán.

Si hubiéramos de seguir punto por punto los sucesos y las aventuras de la vida de nuestro héroe, necesitaríamos dar a su historia unas dimensiones descomunales (p. 1053).

¡Pues menos mal!, añadiremos nosotros, porque esto lo indica el narrador cuando ya ha superado el millar de páginas escritas… Llega ahora la noticia de que Abigail ha muerto en Constantinopla. Doña Magdalena, que siente un amor purificado, espiritual por Cervantes, lo ama como a un hermano. Y este sigue con sus gestiones como pretendiente en Madrid, que a la postre resultan siempre infructuosas. Al final, desatendido en sus pretensiones y calumniado por sus enemigos, tendrá que conformarse con un discreto cargo de proveedor de las galeras reales: será alcabalero y terminará preso en la cárcel de Sevilla por problemas con sus cuentas de los dineros públicos. Se prepara también la que será la materia del último libro de la novela, recordándose que dieciséis años atrás Cervantes tuvo amores en Madrid con una gran señora —la duquesa de Puente de Alba—, fruto de los cuales nació una hija natural, que —con el beneplácito de doña Magdalena— será reconocida por su padre y entrará a formar parte de la familia con el nombre de Isabel de Cervantes y Salazar, instalándose todos en Valladolid, a donde se ha trasladado la corte.

Aldonza Lorenzo

Hasta aquí, más o menos, son datos conocidos de la biografía cervantina. Pero Fernández y González no se para en barras y está dispuesto a llevar la historia de Cervantes un paso más allá todavía: en una de sus comisiones por la Mancha, conoce nada más y nada menos que a doña Aldonza Lorenzo (sic) y se enamora de ella: «Y era el caso que a Cervantes le gustaban las mujeres obesas y hermosotas, y que se perecía por ellas» (p. 1098). Este amor tardío hace rejuvenecer al escritor —él tiene 51 años y su Dulcinea 25, se indica—. Lo que viene a contrariar sus nuevos planes sentimentales es que un tal Alonso Quijano, el alcalde de Argamasilla, también ama a Aldonza y se convierte en su rival. Finalmente Quijano apresa al alcabalero y lo conduce a la cárcel de su localidad (ver la p. 1116; Fernández y González se hace eco aquí de la tradición del encarcelamiento del escritor en la cueva de la Casa de Medrano). En fin, este triángulo amoroso Cervantes-Aldonza-Alonso Quijano que fabula la calenturienta imaginación del novelista sevillano se cierra con la indicación de que Dulcinea moriría, tiempo después, de una vulgar congestión, si bien alcanzó a ver publicado el libro que novelaba sus aventuras amorosas[2].


[1] La ficha de la novela es: Manuel Fernández y González, El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra. Novela histórica por don… Ilustrada con magníficas láminas del renombrado artista don Eusebio Planas, Barcelona, Establecimiento Tipográfico-Editorial de Espasa Hermanos, s. a. [c. 1876-1878], 2 vols.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Excesos, desmesuras y extravagancias en una novelesca recreación cervantina: El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra (c. 1876-1878) de Manuel Fernández y González», Cervantes. Bulletin of the Cervantes Society of America, volume 42, number 1, Spring 2022, pp. 151-173.

Excesos, desmesuras y extravagancias en «El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra», de Manuel Fernández y González (libro quinto)

En el quinto libro[1], «Esquivias», se nos cuenta el matrimonio de Cervantes con doña Catalina de Palacios Salazar, dama a la que protege de las asechanzas del malvado don Gaspar de Valenzuela. Cervantes, al que le sobra ingenio, pero le faltan dineros, no siente una gran pasión por doña Catalina; pero ella dispone de algunos bienes, y el escritor —que está cansado y desesperado: la literatura no da para vivir; pretende algunos empleos en la corte, pero sin conseguir nunca nada…— es consciente de que el matrimonio con la joven —él tiene 34 años, ella 25, se dice en la novela— es una forma práctica de asegurar la estabilidad financiera de su familia, arruinada tras el rescate de los dos hermanos, Rodrigo y Miguel (ver las pp. 996-997).

Casa-Museo Miguel de Cervantes en Esquivias (Toledo)
Casa-Museo Miguel de Cervantes en Esquivias (Toledo).

Por lo demás, en este libro tampoco faltan las tramas e intrigas secundarias en las que nuestro protagonista está implicado: reaparece después de muchas páginas ausente la duquesa de Puente de Alba, doña María de los Dolores Pérez de Cañizares, con su hija; se nos cuenta la historia de Beatriz, otra mujer amada por el malvado don Gaspar de Valenzuela; otros sucesos tienen que ver con Francisca, una moza de posada de Castillejos, etc., etc. Como sentencia el narrador, «Era indudable que, por donde quiera que iba [Cervantes], llovían sobre él las aventuras» (p. 1032)[2].


[1] La ficha de la novela es: Manuel Fernández y González, El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra. Novela histórica por don… Ilustrada con magníficas láminas del renombrado artista don Eusebio Planas, Barcelona, Establecimiento Tipográfico-Editorial de Espasa Hermanos, s. a. [c. 1876-1878], 2 vols.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Excesos, desmesuras y extravagancias en una novelesca recreación cervantina: El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra (c. 1876-1878) de Manuel Fernández y González», Cervantes. Bulletin of the Cervantes Society of America, volume 42, number 1, Spring 2022, pp. 151-173.

Excesos, desmesuras y extravagancias en «El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra», de Manuel Fernández y González (libro cuarto)

El libro cuarto[1], «El cautiverio en Argel», está formado por 59 capítulos. El narrador evoca el apresamiento de Cervantes a bordo de la galera Sol, cuando regresaba a España, y sus años como cautivo, con sus varios intentos de fuga, hasta que finalmente es liberado por los trinitarios tras pagar su rescate de quinientos escudos de oro. Pero las peripecias de Cervantes en Argel se van a ver envueltas, una vez más, en una maraña de amoríos y de historias protagonizadas por otros personajes, llenas de lances y aventuras diversas. Tenemos, por ejemplo, que Abigail —que se hace pasar por el soldado Juan Pérez de Dávalos, también cautivo— se gana la confianza del dey Hassan-Agá, quien lo nombra wazir de su casa. Cuando descubra que en realidad es una mujer, se enamorará apasionadamente de ella; y Abigail, teniendo sojuzgada la voluntad de Hassan-Agá, usará su posición de dominio sobre él para proteger a su gran amor, Cervantes, al que llaman el gran cristiano estropeado. A su vez Noemí, la obesa esposa de Hassan-Agá, también se enamorará del supuesto Juan Pérez de Dávalos (esto es, de Abigail bajo la apariencia de hombre).

Antonio Muñoz Degrain, Cervantes ante el bey de Argel acusado de conjura (1879). Biblioteca Nacional de España. Colección Histórico-Artística (Madrid).
Antonio Muñoz Degrain, Cervantes ante el bey de Argel acusado de conjura (1879).
Biblioteca Nacional de España. Colección Histórico-Artística (Madrid).

El novelista irá incorporando a su relato los principales datos conocidos sobre el cautiverio de Cervantes: cómo, debido a las importantes cartas de recomendación que llevaba consigo al ser capturado, es considerado un valioso cautivo de rescate; sus diversos intentos de fuga; su heroica valentía al atribuirse siempre toda la responsabilidad de tales planes de fuga, disculpando a sus compañeros; cómo, pese a estar penado el intento de fuga con la muerte, Cervantes no es nunca castigado (Abigail ha convencido a Hassan-Agá de que el cristiano es un poderoso hechicero y el dey piensa que recibirá un castigo divino si atenta contra su vida); y cómo es finalmente rescatado por fray Juan Gil, de la orden trinitaria, cuando ya se encontraba embarcado para pasar a Constantinopla. Eso sí, todo ello bien aderezado con la correspondiente ración de rebeliones internas en Argel, combates y cuchilladas, raptos, tormentas en alta mar, abordajes… y la existencia de una curiosa Hermandad del Tigre, cuyo jefe secreto es ni más ni menos que… doña Magdalena (que también está en Argel, en su caso como hija fingida del hagib-Morato).

El balance sentimental de nuestro héroe cautivo es ahora el siguiente: creyendo a Paulina muerta en Roma, sin noticias de doña Magdalena y de donna Beatriz, con la duquesa de Puente de Alba en olvido, no puede menos que amar a Abigail, pese a conocer su oscuro y malvado carácter. Para complicar más la situación, también Noemí, la esposa de Hassan-Agá, se enamora de Cervantes… y Cervantes de ella: «Eran estos unos amores que se desarrollaban en el misterio, sin que los comprendiera bien ninguno de los dos», apostilla el narrador (p. 827); y el lector, sinceramente —añadiré yo—, tampoco los comprende demasiado bien. Pero es que la fuerza incontrastable del amor —sigue explicando el narrador— lo justifica todo, siendo esta una idea que se repite como un leitmotiv a lo largo de toda la novela.

Pero, ojo, que no acaban aquí los líos amorosos y las aventuras: Arnaute-Mamí, El Tigre de los tigres (o sea, el jefe de la hermandad que conspira en la sombra para derrocar a Hassan-Agá), se enamora de doña Magdalena, que en Argel responde al nombre árabe de Saruh-Yemal (aunque también es conocida como Miriam o como doña María Ponce de León). Y en Argel va a reaparecer asimismo Paulina, que había sido cautivada en Lepanto (¡otra mujer más que había asistido al combate vestida como soldado!), aunque doña Magdalena conseguirá liberarla pronto. Poco a poco nuestro cautivo empieza a tener más claras las cosas del querer, y así le dice a doña Magdalena: «Abigail era Satanás; tú y Paulina sois dos ángeles» (p. 868). Y es que «Cervantes experimentaba en sí este fenómeno de la multiplicidad del amor, y con mayor fuerza que otros, cuanto más delicada, cuanto más sensible que la de otros era su percepción, o lo que es lo mismo, su sensibilidad» (p. 871). Pero todavía hay más: Hassan-Agá, que cree que Cervantes sabe dónde se encuentra su desaparecida esposa Noemí y desea que se lo revele, lo tienta ofreciéndole a su hija Darahimaráh, una niña de entre catorce y quince años que —¿lo adivinan?— tampoco puede evitar caer rendida ante los encantos del gentil cristiano. En fin, no habrá de extrañarnos que el capítulo LV se titule «En que Cervantes se encuentra más perdido que nunca en sus mismos deseos». Al final, y resumiendo mucho la acción, Cervantes bautiza a Darahimaráh y luego Paulina la sigue instruyendo en el cristianismo. Más adelante, habiendo escapado a tierras italianas, la nieta de la Fornarina morirá y la hija de Hassan-Agá entrará en un convento. Y el libro cuarto se remata con estas palabras: «El torbellino, cada vez más revuelto, de los sucesos de su azarosa vida arrastraba a Cervantes» (p. 946).

Por lo demás, en este tramo narrativo el narrador presenta a Cervantes como un gigantesco héroe de la libertad, un nuevo Espartaco que rumia un plan para alzar en armas a todos los cautivos de Argel y apoderarse de la ciudad norteafricana para el rey Felipe II. Se explica que hay allí 25.000 cautivos, todo un ejército, pero falta tener la capacidad de organizarlo: «Una de las mayores glorias de Cervantes es la de haber intentado la posesión de Argel, y la libertad del Mediterráneo, sin otros elementos que el de los míseros esclavos que con él gemían lejos de su patria y en la mayor de las miserias» (p. 785)[2].


[1] La ficha de la novela es: Manuel Fernández y González, El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra. Novela histórica por don… Ilustrada con magníficas láminas del renombrado artista don Eusebio Planas, Barcelona, Establecimiento Tipográfico-Editorial de Espasa Hermanos, s. a. [c. 1876-1878], 2 vols.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Excesos, desmesuras y extravagancias en una novelesca recreación cervantina: El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra (c. 1876-1878) de Manuel Fernández y González», Cervantes. Bulletin of the Cervantes Society of America, volume 42, number 1, Spring 2022, pp. 151-173.

Excesos, desmesuras y extravagancias en «El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra», de Manuel Fernández y González (libro tercero)

En el libro tercero[1], «Lepanto», encontraremos que el narrador escamotea a los lectores lo que debería ser la parte nuclear del relato, esto es, la descripción de la batalla: en lugar de narrarla de nuevo, Fernández y González opta —como ya indiqué en una entrada anterior— por una solución más fácil, que consiste en reproducir completo su poema épico La batalla de Lepanto del año 1850 (son aquí 87 octavas reales, en vez de las 89 del original, que ocupan, a doble columna, las pp. 659-667). Esta tercera parte, más breve, se compone de doce capítulos, en los que se evoca la presencia de Cervantes en Mesina, donde se alista en la compañía del capitán Diego de Urbina, integrada en el tercio de don Miguel de Moncada. Argumentalmente, lo más destacado es la aparición de una nueva mujer, doña Inés Rojas de Arias, que fue —se dice— el primer amor de Cervantes. Tras recuperarse su trágica historia (la cual se narra en el capítulo IV, pp. 617-621), la vemos presentarse en Mesina en traje de varón, vestida de paje de armas, y, como no podía ser de otra manera, completamente enamorada de Miguel. Así pues, el bueno del escritor se va a ver embriagado por el perfume de un nuevo amor, pero sin olvidar por eso los anteriores: así, sigue amando castamente a la joven Paulina (a la que busca, pero no encuentra, en la ciudad; luego sabremos que porque ha sido herida por orden de la celosa Abigail) y también permanece fresco en él el recuerdo de donna Beatriz, a la que se siente estrechamente ligado (Cervantes, se nos dice, es hombre temeroso de Dios y se siente comprometido con la hermana de Aquaviva como si fuera su esposa, pues convive maritalmente con ella). Y el libro termina con un sorpresivo golpe de efecto: en el momento de la partida de la flota cristiana, forma al lado de Cervantes un soldado que no es otro que… la pérfida Abigail, también ella travestida en varón.

Batalla de Lepanto

Los datos históricos relativos a la formación de la Santa Liga (la alianza de España, el papado y Venecia contra Selim II) son escasos, limitándose a lo esencial para contextualizar la participación del escritor en la célebre batalla naval: «Miguel de Cervantes fue uno de los mejores soldados que se hallaron en aquella memorable jornada, y el haber vertido su sangre en ella y quedádose manco de la mano izquierda, es uno de los mejores títulos de gloria, y de que él se enorgulleció» (p. 668)[2].


[1] La ficha de la novela es: Manuel Fernández y González, El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra. Novela histórica por don… Ilustrada con magníficas láminas del renombrado artista don Eusebio Planas, Barcelona, Establecimiento Tipográfico-Editorial de Espasa Hermanos, s. a. [c. 1876-1878], 2 vols.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Excesos, desmesuras y extravagancias en una novelesca recreación cervantina: El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra (c. 1876-1878) de Manuel Fernández y González», Cervantes. Bulletin of the Cervantes Society of America, volume 42, number 1, Spring 2022, pp. 151-173.