Pamplona, 7 de julio, ¡San Fermín!

Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza,
la que hoy te canta.
Es la jota de tu Navarra, Fermín bendito,
la que hoy te ensalza.

San FermínEsta emotiva jota se canta el 7 de julio en Pamplona, en la procesión de San Fermín, el «santo moreno». Curiosamente, San Fermín no es el patrón de Pamplona (lo es San Saturnino, cuya festividad se celebra el 29 de noviembre), sino copatrón de Navarra, junto con San Francisco Javier. Curiosamente también, hay otra localidad navarra, Lesaka (situada en la comarca de Cinco Villas o Bortziriak), que celebra igualmente sus fiestas el 7 de julio, día de San Fermín, aunque el patrón de la localidad es San Martín, titular de la parroquia.

La letra completa de la jota navarra «A San Fermín», de Joaquín Madurga, es como sigue:

Glorioso San Fermín, venimos a cantarte
mayores y chavales con un igual sentir.
Unimos nuestras voces en un común cantar,
que sea en homenaje de nuestro amor filial.
Alegres cantad al santo sin par, con notas de alegría.
¡Excelso patrón, escucha esta voz y danos tu bendición!
Al glorioso San Fermín cantamos así:

Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza,
la que hoy te canta.
Es la jota de tu Navarra, Fermín bendito,
la que hoy te ensalza.
Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza,
la que hoy te canta.

Con la jota de tu Navarra,
va la oración del pueblo que te ama.
Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza,
la que hoy te canta.
Es la jota de tu Navarra, Fermín bendito,
la que hoy te ensalza.

Con aires de jota por San Fermín,
con tragos de bota por San Fermín.
Con gaitas, con txistus y tamboril,
el pueblo celebra su San Fermín.
El pueblo en alegre cantar
al santo paisano quiere celebrar.

Al glorioso San Fermín cantamos así:

Pamplona, Navarra, la tierra te canta.
San Fermín, en tu pañuelo
se anuda gente del mundo entero.
Pamplona, Navarra, la tierra te canta.
Son tus fiestas arco iris
con los colores del universo.
Pamplona, Navarra, la tierra te canta.
¡Viva San Fermín!
¡Gora San Fermín!

En este enlace puede escucharse esta jota en la procesión de San Fermín de este año:

http://www.diariodenavarra.es/multimedia/videos/san_fermin/2013/actualidad/2013/07/07/jota_san_fermin.html

Y en este, la del año 2011:

Enlace al artículo «Las voces de la jota que hace llorar»:

http://www.diariodenavarra.es/20090707/sanfermin/las-voces-jota-hace-llorar.html?not=2009070701015763&dia=20090707&seccion=sanfermin&seccion2=calle

Algo más sobre la estructura narrativa de «Las afueras»

José Domingo habla de «unidad no lograda» al referirse a Las afueras, y el propio Luis Goytisolo ha reconocido ciertos fallos estructurales en su primera novela. En el prólogo a Las mismas palabras declaraba:

Empecé la redacción de Las mismas palabras en el verano del 59. […] Mi mayor empeño era el de superar, con ayuda de un planteamiento previo riguroso y de un desarrollo técnico adecuado, las deficiencias apreciables en Las afueras, obra construida más por aluvión que por cristalización, una novela carente de método, de rigor expositivo y de ese plan previo, mejor, plano previo (que ahora me proponía levantar como si de un edificio se tratase) a la que terminaron por faltarle y sobrarle demasiadas cosas[1].

Las afueras, de Luis GoytisoloQuizá por eso apareció al frente de la primera edición la siguiente nota editorial: «Más que el caso de cada personaje o la naturaleza de cada situación, lo que se quiere que importe son las relaciones entre estos casos y estas situaciones»; es decir, como certeramente señala García de Nora, «el engarce, el condicionamiento histórico-social de cada vida humana concreta»[2]. Las circunstancias personales son distintas, pero hay una «unidad de destino» común a todos los personajes. En fechas más recientes, Óscar Barrero Pérez ha matizado que, en Las afueras, «el resultado es algo que se parece a una novela si utilizamos nuestro muy libre canon actual; algo demasiado extraño e innovador como para admitir esa etiqueta si lo que hacemos es retrotraernos hasta 1958»[3].

Es discutible, por tanto, si Las afueras constituye o no una novela. Pero creo que sí podemos considerarla como tal pues, si bien cada capítulo podría leerse con independencia por separado, no es menos cierto que todos ellos en conjunto adquieren una mayor consistencia; es como si el autor quisiera insistir varias veces en un mismo tema, pero desde distintos puntos de vista o bajo diversos aspectos de una sola realidad. Sería, por tanto, una composición perspectiva, fracturada y, así, López Pacheco indica que supone «una aportación importante al género desde el punto de vista técnico». Otras expresiones que emplea para referirse a ella son: «Gran hallazgo de estructura» o «Un importante y probablemente fructífero hallazgo técnico»[4]. No obstante, no faltan los críticos que se han referido a Las afueras como un libro de relatos. José Domingo habla de «novela de tendencia colectiva, un libro de relatos más bien»[5]. Y José Corrales Egea escribe:

Más que de una novela única se trata de un conjunto de relatos enlazados por la unidad de lugar (Barcelona y sus afueras), la relación de los personajes entre sí y un mismo momento temporal: a los 18 años de la guerra civil, como precisa el propio autor, siguiendo la localización exacta propugnada por la novela realista[6].


[1] Luis Goytisolo, prólogo a Las mismas palabras.

[2] Eugenio García de Nora, La novela española contemporánea, Madrid, Gredos, 1962, vol. III, p. 318.

[3] Óscar Barrero Pérez, «Las afueras de Luis Goytisolo: el lector ante una novela inexistente», en Luis Goytisolo: el espacio de la creación, ed. M. Á. Vázquez Medel, Barcelona, Lumen, 1995, pp. 141-142. Ver también su Historia de la literatura española contemporánea, 1939-1990, Madrid, Istmo, pp. 171-172. Por su parte, Maryse Bertrand de Muñoz escribe que «se dudó —y se sigue dudando— de su género a pesar de sus hallazgos tanto estilísticos como estructurales y técnicos» («Un primer paso hacia nuevas técnicas narrativas: Las afueras de Luis Goytisolo», en Luis Goytisolo: el espacio de la creación, cit., p. 126).

[4] López Pacheco, Acento cultural, Madrid, enero de 1959; citado por José María Martínez Cachero, La novela española entre 1936 y 1980. Historia de una aventura, Madrid, Castalia, 1986, p. 181.

[5] José Domingo, La novela española del siglo XX, vol. II, De la posguerra a nuestros días, Barcelona, Labor, 1973, p. 121.

[6] José Corrales Egea, La novela española actual (Ensayo de ordenación), Madrid, EDICUSA, 1971, p. 93. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Sobre el realismo social de Las afueras(1958) de Luis Goytisolo», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.),Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 263-282.

La doble vida del Fénix en Toledo

Lope alterna su dedicación a la vida literaria (sigue escribiendo comedias para los corrales, publica sus libros…) con otros asuntos de índole familiar[1]. Así, instala a Micaela de Luján y su prole en Toledo (el domicilio se sitúa en la feligresía parroquial de la Magdalena), mientras que su abandonada mujer, Juana de Guardo, toma casa en la misma ciudad, bastante cerca de la otra, en el callejón de San Justo. Escribe Entrambasguas:

Por fin logró Lope su propósito. En Toledo tiene casi juntos los dos hogares, las dos familias suyas. Uno, el de doña Juana de Guardo, el legítimo, le hastía, le es odioso; otro, el ilegítimo, el de su amante con la atracción de la belleza de Camila Lucinda y los hijos que ha tenido con ella. Y es realmente asombroso cómo ha de mantenerse esta equívoca situación durante años.

El dramaturgo permanecerá en Toledo desde 1604 hasta 1610, compaginando —no sabemos bien cómo— el hogar legítimo y el adúltero. En efecto, el verano y otoño de 1604 está con su mujer; pero el 8 de mayo de 1605 nace Marcela, hija suya y de Micaela…

Por lo demás, Lope frecuenta el ambiente literario toledano: su talento y su personalidad destacan en la tertulia patrocinada por don Francisco de Rojas y Guzmán, a la que asiste también su amigo Baltasar Eliseo Medinilla, junto con otros ingenios.

Baltasar Eliseo Medinilla

En la justa poética para celebrar el nacimiento del príncipe de Asturias, el futuro Felipe IV, Lope, que figura como «poeta toledano», incluye un «Soneto de Lucinda, serrana». Por estas fechas empieza a vender sus comedias al autor Alonso de Riquelme.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

«Las afueras», de Luis Goytisolo: ¿novela o libro de relatos?

La crítica ha dudado de la entidad novelística de Las afueras (1958) de Luis Goytisolo dado que se compone de siete capítulos independientes entre sí. ¿Estamos, pues, ante una novela o ante un libro de relatos? Dice Sanz Villanueva que la obra debe ser analizada con amplitud de criterio, y añade en una nota:

Sin embargo, me ha llegado la noticia, que no he podido corroborar, de que en principio era un conjunto de relatos presentado como novela por conveniencia editorial. Es curioso que la antología realizada por Fernández Santos (Siete narradores de hoy) incluya el capítulo segundo del libro de Goytisolo[1].

Sabido es que en España resulta —o resultaba hasta hace pocos años: la situación algo ha mejorado— mucho más difícil de publicar un libro de cuentos que una novela. De confirmarse la noticia de Sanz Villanueva, estaríamos ante un recurso del autor, o más bien del editor, para mejor vender su libro.

Luis Goytisolo

En efecto, no hay en las siete narraciones una unidad argumental, un hilo conductor o una trama que las ensarte; no hay una acción única ni unidad de personajes: estos tienen los mismos nombres en cada relato, pero son distintos, ofrecen distintas personalidades en cada uno de ellos (lo veremos en su momento al tratar de los personajes). Aparentemente son, pues, siete relatos independientes, pero analizando un poco más a fondo la cuestión, nos damos cuenta de que constituyen un sistema cerrado, un sistema «où tout se tient» ya que, en efecto, todas las partes se sostienen e interrelacionan por una triple unidad: 1) unidad de lugar: Barcelona y sus alrededores; 2) unidad de tiempo: dieciocho años después de la Guerra Civil; y 3) unidad temática: la problemática social.

Los siete relatos cuentan siete anécdotas distintas, pero los siete apuntan en una misma dirección, plantean un único asunto, miran a un solo objetivo: mostrar una mala situación social, muestra selectiva que supone en sí misma, sin necesidad de añadir nada más, una denuncia de la realidad española del momento. Sanz Villanueva resume así los distintos argumentos:

En el primer relato, un ex-combatiente, Víctor, se refugia en una finca en espera de una carta que cuando llega dice sencillamente «No». Paseos por el campo, la caza y la conversación son las actividades de este voluntario retiro que contrastan con el esfuerzo cotidiano de los aparceros. En el segundo, un niño recibe la ternura egoísta y patológica de sus abuelos y es, a la vez que víctima de un afecto mal entendido, testigo de una constante incomprensión conyugal. El tercero nos ofrece la fracasada juerga nocturna de otro ex-combatiente, un fabricante que se encuentra por casualidad con su antiguo asistente en la guerra, ahora limpiabotas; por un lado se decanta la radical diferencia económica y social de aquellos dos seres, y por otra percibimos el modesto, pero insuficiente, análisis de conciencia del industrial. El cuarto relato narra el mísero presente de unos domésticos rurales que arrastran una sombría ancianidad en las afueras de Barcelona. El quinto habla de la oposición de dos familias rurales (y de dos concepciones vitales y económicas) ante el noviazgo de Tonio (que significa las ideas avanzadas en la explotación rural) y Dineta (cuyos padres representan las formas de cultivo tradicional). El sexto ofrece las estrecheces de un honrado peón murciano en Barcelona y de su mujer, lavandera, junto a la falta de perspectivas de futuro para el hijo del matrimonio. El séptimo y último refiere la llegada a los estudios universitarios de un niño bien y la cómoda existencia que ha llevado hasta entonces[2].

Y es que, como leemos en la contracubierta del libro,

Las afueras es la novela de un mundo fragmentado y roto, un relato desarrollado a lo largo de siete capítulos sin aparente conexión inicial, pero que, página a página, se enlazan, superponen y complementan hasta formar un solo drama colectivo, cuyos protagonistas se mueven con el telón de fondo de unas tranquilas y desoladoras afueras. Los nombres, los paisajes y las situaciones se repiten porque la historia es para todos la misma y lo que en un principio parecía ser una serie de relatos yuxtapuestos se nos revela, al final, como un todo cerrado y coherente[3].


[1] Santos Sanz Villanueva, Historia de la novela social española (1942-1975), Madrid, Alhambra, 1980, p. 804, nota. Para esta cuestión de la estructura y la adscripción genérica, y también para otros aspectos de la obra, ver las aportaciones de Fernando Valls, «Las afueras (1958) de Luis Goytisolo: treinta y cinco años después», La Página, 11-12, 1993, pp. 19-40; Óscar Barrero Pérez, «Las afueras de Luis Goytisolo: el lector ante una novela inexistente», en Luis Goytisolo: el espacio de la creación, ed. Manuel Ángel Vázquez Medel, Barcelona, Lumen, 1995, pp. 141-147; Maryse Bertrand de Muñoz, «Un primer paso hacia nuevas técnicas narrativas: Las afueras de Luis Goytisolo», en Luis Goytisolo: el espacio de la creación, cit., pp. 126-140; Miguel Nieto Nuño, «De Estatua con palomas a Las afueras: un retorno de sentido en la ficción», en Luis Goytisolo: el espacio de la creación, cit., pp. 199-208; y Juan José López Cabrales, «Las entrañas de la ciudad: de Las afueras, de Luis Goytisolo, a Si te dicen que caí, de Juan Marsé», en Miguel Espinosa, Juan Marsé, Luis Goytisolo. Tres autores claves en la renovación de la novela española contemporánea, ed. Fernando Valls, Monserrat Amores, David Roas y Enrique Turpin, El Puerto de Santa María, Fundación Luis Goytisolo, 1999, pp. 193-202.

[2] Sanz Villanueva, Historia de la novela social española (1942-1975), p. 476.

[3] Contracubierta de Las afueras, Barcelona, Seix Barral, 1979. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Sobre el realismo social de Las afueras(1958) de Luis Goytisolo», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.),Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 263-282.

«El peregrino en su patria»: Lope sigue alardeando de nobleza

En Sevilla ha acabado y publicado Lope El peregrino en su patria, especie de novela bizantina, que tuvo un gran éxito, con seis ediciones en el período de 1604 a 1618[1]. También esta obra se abre con el falso escudo nobiliario, el de Bernardo del Carpio, que ya antes había salido en Arcadia (1598), y Cervantes, en unos versos de cabo roto en los preliminares del Quijote de 1605, escribirá en alusión a ello: «No indiscretos jeroglí- / estampes en el escú-».

El Peregrino en su patria, de Lope

Igualmente con esa circunstancia de la publicación de El peregrino en su patria en 1604 escribiría otros versos de cabo roto en su contra Alonso Álvarez de Soria, los que comienzan «Envió Lope de Ve- / al señor don Juan de Arguí-». Lope incluye en este libro una lista con los títulos de las 219 comedias que reconoce como suyas (en la edición de 1618 añadirá 114 títulos más). «En ese momento de su vida ésa era su carta de ejecutoria y su blasón, la de un hombre hijo de sus obras», ha señalado Stefano Arata.

El mismo año de 1604 trae otras novedades: su esposa Juana está embarazada pero, al parecer, se malogra la criatura. En otro orden de cosas, Bernardo Grassa publica en Zaragoza Las comedias del famoso poeta Lope de Vega, libro conocido como la Primera parte de sus comedias (parte era un volumen que reunía por lo común doce comedias, de un solo dramaturgo o de varios); se trata de una edición pirata, hecha sin permiso ni intervención del dramaturgo. La Segunda parte saldría en 1609 y la Tercera en 1613.

Las comedias del famoso poeta Lope de Vega (Zaragoza, 1604)


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

«Las afueras» (1958), primera novela de Luis Goytisolo

Las afueras, de Luis GoytisoloLas afueras, la primera «novela» de Luis Goytisolo (en otro momento comentaré la discusión de la crítica acerca de su problemática adscripción a este género narrativo), publicada en 1958, se inserta en el marco de la denominada «novela social» de los años 50 y, por ello, refleja bastante bien, con una intencionalidad crítica, algunos aspectos de la sociedad española del momento.

Críticos como Sobejano, García de Nora y Sanz Villanueva señalan que a partir de 1956 está en auge el realismo social y subrayan la importancia especial del año 1958, con la publicación de varias novelas importantes de este tenor: además de Las afueras, aparecen ese año Entre visillos, de Martín Gaite, Ayer, 27 de Octubre, de Lauro Olmo, Central eléctrica, de López Pacheco, La resaca, de Juan Goytisolo y Pensión, de Juan José Poblados.

Luis Goytisolo obtuvo ese año el Premio Biblioteca Breve, de la editorial Seix Barral, galardón que distingue «aquellas obras que por su contenido, técnica y estilo respondan mejor a las exigencias de la literatura de nuestro tiempo». Cuando le fue preguntado: «¿Qué ha pretendido hacer con Las afueras?», su respuesta no aclaró demasiado: «Lo hecho. Una novela con tales y cuales características que se llamase Las afueras». Como veremos en próximas entradas, se trata de una novela comprometida, cercana a la literatura socialista de denuncia política (no debemos olvidar la militancia del autor, en aquel momento, en las filas comunistas)[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Sobre el realismo social de Las afueras(1958) de Luis Goytisolo», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.),Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 263-282.

Lope y la herencia de Micaela de Luján

Pasa también Lope breves temporadas en Toledo, y en agosto de ese año 1603 se documenta su presencia en Ocaña, pues firma allí su comedia El cordobés valeroso Pedro Carbonero[1]. En esto llega la noticia de que ha muerto en Perú Diego Díaz, que deja 700 ducados de herencia, y Micaela de Luján se apresura a solicitar ser declarada tutora de sus hijos para poder administrarla. Lope, de nuevo en Sevilla, le ayudará en la gestión de los papeles y saldrá fiador de ella. El 9 de octubre se celebra en la capital hispalense el bautizo de Félix, hijo adulterino.

A estos hijos habidos con Micaela los denomina Lope tiernamente sus «dulces pajarillos», y con cariño paternal evoca en sus versos algunas anécdotas domésticas, como cuando recuerda al esclavillo moro Hamete, propiedad de Gaspar de Barrionuevo, que acompañaba a dos de las hijas de Micaela (¿y de Lope?) a comprar chucherías:

Mariana y Angelilla mil mañanas
se acuerdan de Hametillo, que a la tienda
las llevaba por chochos y avellanas.

Esclavos moros

Son versos que corresponden a la epístola Al contador Gaspar de Barrionuevo, escrita en 1604 desde Sevilla, ciudad que Lope no deja hasta bien entrado el año.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

Luis Goytisolo: contexto literario y evolución

Por lo que se refiere al contexto histórico-literario y la evolución de Luis Goytisolo, hay que decir que se trata de uno de los novelistas más jóvenes de la llamada «nueva oleada» de la denominada Generación del medio siglo, a la que pertenecen también, entre otros, Martín Santos, Aldecoa, Ferres, López Salinas, Caballero Bonald, Grosso, Sueiro, Fernández Santos y García Hortelano. Sus primeras obras se inscriben dentro del realismo social; para Goytisolo no existía, en ese momento, otra tendencia válida y claramente lo expresaba en una entrevista aparecida en Ínsula[1]. A la pregunta: «¿Se adscribe al arte por el arte o al arte social?», respondía entonces:

Del arte por el arte me parece que ni vale la pena hablar. En cuanto al término «arte social», la verdad es que no lo entiendo, el arte es siempre social. Me adscribo simplemente al realismo. Para el escritor de nuestro tiempo […] lo primero es enfrentarse con la realidad, analizarla, casi como pudiera hacerlo un científico. Si el análisis ha sido inteligente y honesto, el resultado ya entraña una toma de posición. La llamada intención —repito que presupongo la honradez de criterio— me parece un hecho impuesto por la realidad y, en tal sentido, fundamentalmente objetivo. En última instancia, también las intenciones previas tienen que someterse a la realidad, so pena de caer en el idealismo. Conste que para mí la realidad no excluye el mito, lo comprende.

La novela social española, de Pablo Gil Casado

Al realismo social pertenece su primera novela, Las afueras, así como la siguiente, Las mismas palabras, ya que ambas describen, entre otros aspectos, la vida ociosa y absurda de unos jóvenes burgueses. En esa misma entrevista declaraba Goytisolo cuáles eran los novelistas que habían influido en su estilo:

Si sólo se me concediera un nombre, creo que elegiría a Tolstoy. En líneas generales —y si se me permite tal abstracción— me interesan más las novelísticas rusa y norteamericana que la francesa, por ejemplo. De entre los americanos quizá destacaría a Melville, Dos Passos, Hemingway y Faulkner. La influencia de este último, en cambio, me parece funesta: el faulknerianismo sólo se le puede perdonar a Faulkner. Otros novelistas que me interesan son Mann y sobre todo Pavese. Por lo que se refiere a España, Clarín y Baroja. Sobre los jóvenes, sobre mi generación, creo que todavía es pronto para poder opinar. […] Es menos arriesgando limitarse a juzgar las obras, cada obra en concreto. Así puedo adelantar, por ejemplo, que me gustan El Jarama, o Los bravos, o Duelo en el Paraíso.

Y en otro lugar, en el prólogo a Las mismas palabras, reiteraba ideas parecidas:

Por aquel entonces, tanto para mí como para la mayor parte de los escritores españoles de mi generación, el ejemplo a seguir, el modelo por antonomasia, continuaba situado en el campo del realismo crítico norteamericano, singularmente en la obra de escritores como Faulkner, Hemingway, Dos Passos y Scott Fitzgerald, por más que yo, cuando menos, hubiera empezado a tomar distancias, a intentar abrir mi propio camino, hablar con mi propia voz. También me parece interesante señalar la influencia del cine en muchos de nosotros y, más concretamente, del cine influido a su vez por escritores como Pavese, otro autor fiel a los principios del realismo crítico norteamericano[2].

Sin embargo, sabemos que llega un momento de cansancio para el realismo social, tanto para los autores como para los lectores. Se pasa entonces a una novela de mayor experimentalismo: si hasta entonces la denuncia y el compromiso social conllevaban un menosprecio o descuido de la forma, ahora se producirá una renovación que supondrá mayor preocupación formal y una creciente complejidad estructural. En el caso de Luis Goytisolo, eso ocurre con Antagonía, grupo de cuatro novelas-río que incluyen una gran variedad de materiales, reflexiones sobre la novela y el arte de narrar, etc.

Y la evolución narrativa personal ha continuado con las obras posteriores: Estela del fuego que se aleja (1984) y La paradoja del ave migratoria (1987) son dos novelas calificadas por su autor como metafísicas. La aparición en 1992 de Estatua con palomas abrió planteamientos literarios distintos a los de Antagonía, aunque no por ello menos innovadores. Las tres piezas reunidas en 2004 bajo el marbete Tres comedias ejemplaresMzungo, Placer licuante y Escalera hacia el cielo— son novelas «de género». Los últimos títulos —Diario de 360º, Liberación, Oído atento a los pájaros…— están relacionados con ese nuevo ámbito literario de la narrativa de Luis Goytisolo[3].


[1] Entrevista con el autor, publicada en Ínsula, 146, enero de 1959, p. 4: «Las letras en Barcelona. Entrevista con Luis Goytisolo».

[2] Luis Goytisolo, prólogo a Las mismas palabras.

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Sobre el realismo social de Las afueras(1958) de Luis Goytisolo», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.),Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 263-282.

Camila Lucinda, celosa y enferma

El 11 de noviembre de 1602 se documenta la presencia de Lope en Madrid, pero buena parte de 1603 la pasará otra vez en Sevilla[1]. Hay luego un nuevo regreso a Madrid, que se ha atribuido a la posible llegada con la flota de Diego Díaz, el marido de Micaela de Luján.

Puerto de Sevilla

Estando en Toledo en cierta ocasión, Micaela siente celos de una desconocida Flora, quizá uno más de los fugaces amoríos del Fénix. En algún momento ella está enferma en Sevilla, y Lope manifiesta su preocupación en forma lírica, concretamente en el soneto «Al contador Gaspar de Barrionuevo», poeta y dramaturgo toledano amigo suyo:

Gaspar, si enfermo está mi bien, decilde
que yo tengo de amor el alma enferma,
y en esta soledad desierta y yerma,
lo que sabéis que paso persuadilde.

Y para que el rigor temple, advertilde
que el médico también tal vez enferma,
y que segura de mi ausencia duerma,
que soy leal cuanto presente humilde.

Y advertilde también, si el mal porfía,
que trueque mi salud y su accidente,
que la que tengo el alma se la envía.

Decilde que del trueco se contente;
mas ¿para qué le ofrezco salud mía?
Que no tiene salud quien está ausente.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

Breves notas sobre Luis Goytisolo y su obra

Luis Goytisolo Gay es el hermano más joven de una familia de escritores, formada también por Juan, novelista y ensayista, y José Agustín, poeta. Nacido en Barcelona en 1935, vivió la Guerra Civil en un pueblo de la alta montaña, en donde se fijaron sus primeros recuerdos. A los once años redactó su primera obra, una novela inspirada en las aventuras de Flash Gordon, que dejó inacabada. De los trece a los dieciséis escribe poesía. En 1953 ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, pero no terminará la carrera. De 1955 a 1959 desarrolla actividades políticas clandestinas dentro del ámbito universitario (pertenece al Partido Comunista).

En 1956 gana el Premio Sésamo de cuentos y novelas cortas, y al año siguiente verá publicado su primer relato, que lleva por título Claudia. En 1958 obtiene el Premio Biblioteca Breve con Las afueras. Dos años después es detenido y permanece durante cuatro meses en la cárcel de Carabanchel. A la salida de prisión, debe curarse de una afección tuberculosa y renuncia al activismo político. Ha sido ganador también del Premio Ciudad de Barcelona 1976, del Premio de la Crítica 1984, con Estela del fuego que se aleja, del Premio Nacional de Narrativa 1993 y, más recientemente, del Premio Anagrama de Ensayo 2013.

Luis Goytisolo

En los años 80 dio comienzo a una serie de viajes, sobre todo en torno a las orillas del Índico, que darían lugar a una serie de reportajes en prensa y documentales televisivos. En 1994 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Entre los años 1995 y 2000 realiza una nueve serie de documentales televisivos en torno al Índico y al Mediterráneo. En la actualidad reside en Barcelona y tiene una dedicación exclusiva, vocacional, a la literatura y el periodismo (ha colaborado en periódicos como El País, ABC o Diario 16, entre otros).

Luis Goytisolo inició su carrera narrativa en el relato corto, género que luego cultivará simultáneamente a sus novelas. Los principales títulos de su producción son: Claudia (1957), Las afueras (1958), Las mismas palabras (1962), Ojos, círculos, búhos. Fábulas, con ilustraciones del pintor Joan Ponç (1970), Recuento (1973), Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1979), Teoría del conocimiento (1981)[1], Devoraciones, fábula ilustrada también por Joan Ponç (1976), Estela del fuego que se aleja (1984), Investigaciones y conjeturas de Claudio Mendoza (1985), La paradoja del ave migratoria (1987), Estatua con palomas (1992), Mzungo (1996), Placer licuante (1997), Escalera hacia el cielo (1999)[2], Diario de 360º (2000), Liberación (2003), Ficciones (2004), Oído atento a los pájaros (2006), Cosas que pasan (2009) y El lago en las pupilas (2012), a los que hay que sumar otros libros ensayísticos y de viajes: Luces del Pacífico (1987), Índico (1992), El impacto de la imagen en la narrativa española contemporánea (1995), El porvenir de la palabra (2002) y Naturaleza de la novela (2013)[3].


[1] Estos cuatro últimos libros componen la tetralogía Antagonía.

[2] En 2004 reunirá estas tres obras en un solo volumen con el título Tres comedias ejemplares.

[3] Para más detalles sobre el autor puede consultarse su página personal en Internet (http://www.luisgoytisolo.es/). Igualmente, la de la Fundación Luis Goytisolo (www.fundacionluisgoytisolo.org/), que anualmente organiza simposios sobre Narrativa Hispánica Contemporánea. El primero de ellos, celebrado en 1993, estuvo dedicado al propio Luis Goytisolo; y el sexto, en 1998, a Miguel Espinosa, Juan Marsé y Luis Goytisolo. Ver Manuel Ángel Vázquez Medel (ed.), Luis Goytisolo: el espacio de la creación. I Simposio Internacional sobre Narrativa Hispánica Contemporánea, El Puerto de Santa María, 20-23 de diciembre de 1993, Barcelona, Lumen, 1995; y Fernando Valls, Montserrat Amores, David Roas y Enrique Turpin (eds.), Miguel Espinosa, Juan Marsé, Luis Goytisolo. Tres autores claves en la renovación de la novela española contemporánea, El Puerto de Santa María, Fundación Luis Goytisolo, 1999. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Sobre el realismo social de Las afueras(1958) de Luis Goytisolo», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.),Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 263-282.