«Nacimiento de Dios», soneto de José García Nieto

José García Nieto (Oviedo, 1914-Madrid, 2001) fue fundador de la revista Garcilaso en 1943 y uno de los poetas representantes de la corriente neoclásica de posguerra. En su larga trayectoria poética se cuentan libros como Víspera hacia ti (1940), Poesía (1944), Versos de un huésped de Luisa Esteban (1944), Tú y yo sobre la tierra (1944), Retablo del ángel, el hombre y la pastora (1945), Del campo y soledad (1946), Juego de los doce espejos (1951), Tregua (1951), La red (1955),Geografía es amor (1956), El parque pequeño (1959), Corpus Christi y seis sonetos (1962), Circunstancias de la muerte (1963), La hora undécima (1963), Memorias y compromisos (1966), Hablando solo (1967), Facultad de volver (1970), Taller de arte menor y cincuenta sonetos (1973), Súplica por la paz del mundo y otros «collages» (1973), Sonetos y revelaciones de Madrid (1974), Los cristales fingidos (1978), El arrabal (1980), Nuevo elogio de la lengua española (1983), Sonetos españoles a Bolívar (1983), Piedra y cielo de Roma (1984), Carta a la madre (1988) o Mar viviente (1989).

De él ya hemos puesto aquí su «Súplica del pastor que estaba mal colocado en el “belén”». Vaya para hoy su soneto titulado «Nacimiento de Dios», un apóstrofe a Dios, que llena y colma el corazón del yo lírico, mientras este le brinda el tributo sencillo de su propio nombre, lo mejor que puede entregarle.

Agnolo Tori, Il Bronzino, LʼAdorazione dei pastori (1539). Magyar Nemzeti Galéria (Budapest, Hungría)
Agnolo Tori, Il Bronzino, LʼAdorazione dei pastori (1539).
Magyar Nemzeti Galéria (Budapest, Hungría).

Y Tú, Señor, naciendo, inesperado,
en esta soledad del pecho mío.
Señor, mi corazón, lleno de frío,
¿en qué tibio rincón lo has transformado?

¡Qué de repente, Dios, entró tu arado
a romper el terrón de mi baldío!
Pude vivir estando tan vacío,
¡cómo no muero al verme tan colmado!

Lleno de ti, Señor; aquí tu fuente
que vuelve a mí sus múltiples espejos
y abrillanta mis límites de hombre.

Y yo a tus pies, dejando humildemente
tres palabras traídas de muy lejos:
el oro, incienso y mirra de mi nombre[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 130-131. Añado la coma al final del verso 3.

Un soneto «Al Niño Dios» de Rafael Morales

De Rafael Morales (Talavera de la Reina, Toledo, 1919-Madrid, 2005), entre otros poemas de temática diversa, hemos dado entrada en el blog al soneto «Al gozo de Nuestra Señora cuando se supo Madre de Dios». Añado hoy este otro soneto, que se caracteriza por la musical cadencia de sus endecasílabos, realzada por diversos paralelismos. En los dos primeros cuartetos se enumeran los elementos de la naturaleza (alba, aire, rosas, brisa, luz, luna) que contribuyen —poéticamente— a la Encarnación del Niño; los dos tercetos ponderan el misterio de una divinidad eterna, infinita, que «se hace niña», «tan pequeña y suave» (vv. 10 y 9) al adoptar Cristo la naturaleza humana (unión hipostática). La composición se cierra con el bello apóstrofe «¡oh, alba de Dios que entre la paja llora!».

Antonio Palomino, Niño Jesús dormido (entre 1701 y 1725). Museo de Bellas Artes de Córdoba (España)
Antonio Palomino, Niño Jesús dormido (entre 1701 y 1725).
Museo de Bellas Artes de Córdoba (España).

El alba tomó cuerpo en tu figura,
el aire se hizo carne, los rosales
desangraron sus rosas virginales
para crear tu piel silente y pura.

Desparramó la brisa su ternura,
la luz cuajó en tu forma sus cristales,
la luna derramó sus manantiales
para crear en Ti nuestra ventura.

Divinidad que, tan pequeña y suave,
se hace niña en tu carne redentora,
en lo infinito ni siquiera cabe.

En Ti la eternidad tiene su aurora,
en Ti nada se halla que se acabe,
¡oh, alba de Dios que entre la paja llora![1]


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 156-157. Añado los signos de admiración en el último verso.

«Lloran los panderos», villancico de Rafael Montesinos

Vaya para hoy este villancico de Rafael Montesinos (Sevilla, 1920-Madrid, 2005), autor que publicó sus primeros poemas en las revistas GarcilasoEspadaña e Ínsula. Como dice el poema, veinte siglos después, el Niño sigue llorando; veinte siglos después, todavía se escucha el cruel «No hay posada» en tantos lugares del mundo, algunos bien cercanos a nosotros… Y es que el barro humano es quebradizo, como expresivamente muestra el encabalgamiento de los dos versos finales.

Migrantes desalojados en Badalona
Migrantes desalojados en Badalona.

Lloran los panderos
por la Navidad,
porque en esta tierra
ya no hay caridad
[1].

No de carne, sino
del barro de Adán
(antes de aquel soplo),
bajo su portal,
hay un niño. Llora,
terco en su llorar,
hace veinte siglos
ya.

Un ángel de tierra
abre su volar
quebradizo y pliega
aquello de Paz
en la Tierra…
Pide
buena voluntad.
Pero nadie escucha
ya.

Pastores de arcilla
marchan al Portal.
Pastores y hombres
unen su cantar,
que del barro vienen
y hacia el barro van,
barro que se quebra-
[2].


[1] porque en esta tierra / ya no hay caridad: estos dos versos forman parte del villancico popular «Madre, en la puerta hay un Niño»: «—Madre, en la puerta hay un niño / más hermoso que el sol bello. / Parece que tiene frío / porque viene medio en cueros. / —Pues dile que entre, / se calentará, / porque en esta tierra / ya no hay caridad». Aquí se puede escuchar interpretado por Raya Real.

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 118-119, donde figura con el epígrafe genérico de «Villancico».

«Ya está otra vez por tierra la semilla…», soneto de Alfonso Canales

Escuchad, hermanos, una gran noticia:
«Hoy en Belén de Judá os ha nacido el Salvador».

Para redimir al género humano, la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (Juan, 1, 14): en efecto, Dios se hace pequeño —se hace hombre, se hace niño—, como muestra con sorpresa («¡Oh, maravilla, / ver así a Dios hundido en la gavilla / de pajas de un pesebre, tan pequeño!», vv. 4-6) este soneto de Alfonso Canales (Málaga, 1923-Málaga, 2010). Canales formó parte del grupo que editó la revista de poesía Caracola, y entre su obra poética se cuentan títulos como Sonetos para pocos (1950), El candado (1956), Port Royal (1956), Cuenta y razón (1962), Aminadab (1965) o Tres oraciones fúnebres (1983).

Matthias Stomer, La adoración de los pastores (c. 1650). Palazzo Madama e Casaforte degli Acaja (Turín, Italia)
Matthias Stomer, La adoración de los pastores (c. 1650). Palazzo Madama e Casaforte degli Acaja (Turín, Italia).


Ya está otra vez por tierra la semilla:
no falta sino el agua y el empeño.
De carne es (la carne tiene sueño
y frío y hambre y llanto). ¡Oh, maravilla,

ver así a Dios hundido en la gavilla
de pajas de un pesebre, tan pequeño!
De aquí a Nisán[1] está crecido el leño
y está la fruta tierna y amarilla.

Ahora todo son gracias de una rosa
jugosa y leve que en el aire pace.
No tengas miedo de ninguna cosa,

Manuel[2]; ya el tiempo a tu compás renace.
Quiérelo perdonar si no reposa
porque él tampoco sabe lo que hace[3].


[1] Nisán: primer mes del calendario hebreo bíblico, que comienza su cuenta a partir de la salida de los judíos de la esclavitud en Egipto.

[2] Manuel: o sea, Emmanuel, que significa ʻDios con nosotrosʼ. Cfr. Isaías, 7, 14: «Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel».

[3] Quiérelo perdonar … él tampoco sabe lo que hace: eco de una de las siete palabras de Cristo en la Cruz, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas, 23, 34). Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 123, donde se recoge con el título «Soneto».

«Hoy ha nacido un niño», de María José Cortés

Esta noche es Nochebuena
y mañana Navidad…

(villancico popular)

Con mis mejores deseos de paz, amor y felicidad para esta noche en que nace el Niño-Dios, os dejo aquí este poema de María José Cortés (Madrid, 1971), autora que cuenta en su haber con poemarios como Palabras derramadas (2008), Cicatrices de asfalto (2013), El libro de los dones (2016), Ahora (2016, en colaboración con José María Carnero Montesinos), El arte de la genuflexión (2019) y El abrazo o el agua (2024).

Ludovico Cardi, Cigoli, La Adoración de los Pastores con santa Catalina de Alejandría
Ludovico Cardi, Cigoli, La Adoración de los Pastores con santa Catalina de Alejandría (c. 1600). Metropolitan Museum of Art (Nueva York, Estados Unidos).

Hoy ha nacido un niño
un niño de arena y agua
un niño como un aljibe.
Hoy ha venido un niño
a enseñar con su sonrisa
a mostrar con su silencio
caminos que son de luz
y que la luz los desanda.
Hoy ha nacido un niño
yo lo pongo en su cuna
de paja ilusión y grava
junto a su madre que canta
nanas de algodón que late
sobre la piel que es distancia
resurrección de la carne
madera de la ignorancia.
Mientras, José en la puerta
les protege de amenazas.
Quién comprenderá este amor
quién lo lleva en su garganta
gratis como un beso de río
hermoso como una danza.
Hoy puede nacer un niño
en la arena o en el agua
sin la posibilidad de un aljibe.
Hoy ha venido un niño
a hablar de luz o de balas
del frío que no se cuela
por la pared de una casa.
Un niño puede mostrar
con su sonrisa intocada
aquello que ya olvidamos
cuando la luz nos tocaba.
Quién comprende ya este amor
quién lo acuna en su garganta
como el roce de una mano
aprendiendo perfil de plata[1].


[1] Cito por Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea, Madrid, Cuadernos del Laberinto, 2016, pp. 75-76.

Poesía de Adviento: «Felicitación de Navidad», de Rafael Duarte Sánchez

«Mirad, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
y le pondrán por nombre Emmanuel,
que significa “Dios con nosotros”»
(Mateo, 1, 23)

Vaya para hoy, cuarto domingo de Adviento, el poema que ha utilizado Rafael Duarte Sánchez para felicitarme las fiestas este año en mi muro de Facebook. Se trata de un grácil romancillo de rima é e que en su tramo final anticipa —como suele ser frecuente en la poesía de Navidad— los futuros sufrimientos de la Pasión del Señor. Dice así:

Portal de Belén con lluvia

La lluvia caía
casi tristemente.
La lluvia pequeña
sin granizo, leve,
porque en el portal
la pobreza viene
sin luces, sin fuego
ni amigos, ni gente.
La estrella brillaba
casi inútilmente,
como en aquel tiempo
de miedos furentes.
La Virgen sentía
a Dios en su vientre.

Y eso le dolía.
La Virgen María,
tan pura y creyente,
temía y temía
que, al Dios que sentía,
lo hiriese el presente.

La lluvia caía
con frío insistente,
esa lluvia terca
de nubes silentes.
Allí en el portal,
con la noche enfrente,
sin casa, sin sitio,
con miedos latentes…

Espinas y clavos,
un sueño frecuente[1].


[1] Tomo el texto de mi muro de Facebook, modificando ligeramente la puntuación.

«Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad», de Gerardo Diego

La Virgen sueña caminos,
está a la espera…
La Virgen sabe que el Niño
está muy cerca…

Como antológico poema de Navidad de Gerardo Diego ya hemos reproducido aquí su célebre «La palmera» (editado en ocasiones con el título de «Canción al Niño Jesús»). Vaya para hoy, tercer domingo de Adviento, otro poema suyo, la «Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad», perteneciente a sus Versos divinos (1938-1941). Diego, lo sabemos, es un consumado maestro en la recreación de la poesía popular, y así lo demuestra también con este poema que, con su estructura anafórico-paralelística (y la repetición del estribillo, con variantes), subrayada por el quebrado «con qué», expresa la incertidumbre de la joven María —que se dirige primero a los elementos de la naturaleza: luna, brisa y arroyuelo, y luego al ángel Gabriel y a su esposo José— ante la inminente llegada del Niño y los cuidados que requerirá el recién nacido.

Virgen María encinta

Cuando venga, ay, yo no sé
con qué le envolveré yo,
con qué.

Ay, dímelo tú, la luna,
cuando en tus brazos de hechizo
tomas al roble macizo
y le acunas en tu cuna.
Dímelo, que no lo sé,
con qué le tocaré yo,
con qué.

Ay, dímelo tú, la brisa
que con tus besos más leves
la hoja más alta remueves,
peinas la pluma más lisa.
Dímelo y no lo diré
con qué le besaré yo,
con qué.

Pues dímelo tú, arroyuelo,
tú que con labios de plata
le cantas una sonata
de azul música de cielo.
Cuéntame, susúrrame
con qué le cantaré yo,
con qué.

Y ahora que me acordaba,
Ángel del Señor, de ti,
dímelo, pues recibí
tu mensaje: «He aquí la esclava».
Sí, dímelo, por tu fe,
con qué le abrazaré yo,
con qué.

O dímelo tú, si no,
si es que lo sabes, José,
y yo te obedeceré,
que soy una niña yo,
con qué manos le tendré
que no se me rompa, no,
con qué[1].


[1] Cito por Guillermo Suárez, SM, María, belleza de Dios. Cien poemas marianos, Madrid, SPM. Servicio de Publicaciones Marianistas, 2010, núm. 24, p. 39.

«Ahora», de Gloria Fuertes

A los poemas de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-Madrid, 1998), «stajanovista del verso», que ya he ido poniendo aquí —«Pena de vida», «Quijote y Sancha», «Por la Mancha», «El ángel de Belén que vino en helicóptero», «Ya está el niño en el portal» y «El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)» — añado hoy «Ahora», de su volumen recopilatorio «… que estás en la tierra…», que incluye una curiosa y enigmática (al menos para mí…) alusión a la actriz Eloísa Muro como autora del Quijote. Dice así:

usano de seda

Ahora, voy a contaros
cómo fue que los gusanos
que mantenía con hojas de morera
en una caja vacía de jabón,
se me convirtieron
en bolas alargadas de colores,
y cómo después yo los vi
transfigurarse en mariposas,
y esto sucedió porque era mayo sólo
y los insectos son así de mágicos.

Luego os contaré
de como Eloísa Muro[1],
cuarta querida de Cervantes,
fue la que escribió el Quijote[2].

Porque yo, tan mínima, sé tantas cosas,
y mi cuerpo es un ojo sin fin
con el que para mi desventura veo todo[3].


[1] Eloísa Muro (Madrid, 1896-Madrid, 1979) fue una actriz, sobre todo de teatro, que llegó a ser primera actriz del Teatro de la Comedia y después del Teatro Infanta Isabel. Uno de sus mayores éxitos fue el estreno, en 1926, de Los extremeños se tocan, de Pedro Muñoz Seca. Fue hija del actor César Muro, estuvo casada con el actor Bernardo Jambrina y, fruto de su relación con el actor Mariano Asquerino, nació María Asquerino, también actriz. En el original figura «Eloisa», sin tilde; se la restituyo.

[2] Sin cursiva en el original.

[3] Gloria Fuertes, «… que estás en la tierra…», Barcelona, Jaime Salinas Editor, 1962, p. 36.

«Pena de vida», de Gloria Fuertes

De esa «mujer de verso en pecho» que fue Gloria Fuertes (Madrid, 1917-Madrid, 1998) han entrado ya en el blog un par de recreaciones quijotescas («Quijote y Sancha» y «Por la Mancha») y algunas composiciones navideñas como «El ángel de Belén que vino en helicóptero», «Ya está el niño en el portal» y «El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)». Vaya para hoy su poema «Pena de vida» de su volumen antológico «… que estás en la tierra…»:

Amor y vida

Pena de vida tiene aquel que nace
por no sé qué delito que habrá hecho,
pena de muerte tiene el que, derecho,
lo mal hecho deshace.

Pena, más pena tiene el que lo sabe
y, acompañado, solo va a morirse;
pena, más pena cuando quiere irse
el que en tu casa cabe.

Y no hay sereno, no, que tenga llave
para abrirte una noche la alegría,
y ni la mano amiga va y te fía
cuando el casero Muerte te desahucia.

Es necesaria mucha, mucha audacia
para ser cosa tuya siendo mía.
Pena de muerte tiene aquel que nace,
y tan sólo el amor pena de vida[1].


[1] Gloria Fuertes, «… que estás en la tierra…», Barcelona, Jaime Salinas Editor, 1962, p. 87.

Poesía de Adviento: «Lumbre de Dios», de Pedro Miguel Lamet, SJ

Ven, ven, Señor, no tardes,
ven, ven, que te esperamos…

Vaya para hoy, segundo domingo de Adviento, un soneto de Pedro Miguel Lamet, SJ titulado «Lumbre de Dios». De este autor ya han entrado en el blog poemas de Adviento («Soy Adviento», y su tríptico «Tres profetas de Adviento», formado por «Isaías», «Juan el Bautista» y «María») y de Navidad («Encarnación», «Meditación de fin de año»), además de otros más propios del tiempo de Semana Santa («Ceniza eterna», «El dolor del tiempo»). El que añado hoy pertenece a su libro La luz recién nacida. Cancionero de Adviento y Navidad (2016) y dice así:

Dios Padre y Dios Hijo

El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; a las que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz resplandeció sobre ellos.

(Isaías, 9, 2)

Desde la sombra de la noche aquella
que también es la noche tuya y mía,
cuando esta tierra abandonada y fría
perdió sin ti la risa de tu huella,

y buscaba temblando la centella
de un sueño, una palabra, una alegría
que aliviara ese horror en que sufría
el ser sin ser, la vida sin estrella,

de pronto te asomaste a la ventana
y preguntaste al Padre de esta guisa:
—¿Qué te parece proclamar cariño

y que el hombre se sienta en la mañana
tu júbilo, tu lumbre, tu sonrisa?
—¡Bájate, Hijo, y llora como un niño![1]


[1] Pedro Miguel Lamet, La luz recién nacida. Cancionero de Adviento y Navidad, Bilbao, Ediciones Mensajero, 2016, pp. 79.