«Regiones más comprometidas», de Alfonso Pascal Ros

Alfonso Pascal Ros (Pamplona, 1965) es licenciado en Historia. Ha obtenido, entre otros, los premios poéticos Fray Francisco de Vitoria (Puerto Rico, 1986), Francisco Ynduráin (1988), Ciudadela (1994), Villa de Aoiz-Bilaketa (1999), Ángel Martínez Baigorri (1999), Ciudad de Pamplona (2010), Premio a la Creación Literaria del Gobierno de Navarra (2012) y Jaén (2014), así como el Premio Periodístico Internacional San Fermín (2000). Fue miembro del Consejo de Redacción de la revista Río Arga (1993-2004). Cuenta en su haber con una veintena de poemarios, entre ellos Poeta de un tiempo imaginario (1987), Supe de ti tu incertidumbre / Los poemas del apátrida (1990), Nocturnos in protocolo / Tirones (1990), De aquellos mares, estos sueños (1993), Primera reunión (Antología poética 1985-1990) (1995), Modus faciendi (1999), Cuaderno para Miguel [Oteizas] (2008), Un hombre ha terminado de escribir (2010), Principio de Pascal (2013), Cuaderno para Pedro [Un día de estos se nos va a morir Juan Gelman] (2014) y Regiones más comprometidas (2018). Además de poeta es autor también de varias obras de prosa, literatura infantil, teatro…

Gustave Caillebotte, Retrato de un hombre escribiendo en su estudio. Art Institute of Chicago (Estados Unidos)
Gustave Caillebotte, Retrato de un hombre escribiendo en su estudio.
Art Institute of Chicago (Estados Unidos).

La composición que traigo hoy al blog cierra y da título al poemario Regiones más comprometidas (2018). Dice así:

Un hombre ha terminado de escribir
y se ha puesto las gafas de esperar
callado y se ha sentado. Hasta es posible
que no quisiera ser primero en nada,
ni más fuerte o más alto, ni moverse
de su sitio pequeño y reemplazable.
Es posible que no quisiera nada.
Todos los desperfectos en el tacto
se agrandan a estas horas: las cortinas
echadas, las maneras de los otros,
su cantiga de escarnio y consentir
toponimias y cal para más señas,
solo contadurías pese a todo,
reos de lesa majestad
levantando a brindar por nadie el vaso,
las isobaras pertinentes,
los labios combustibles o abreviados,
los himnos como un eco del que ignoran
que en cubierta ese hombre que los canta
apenas se emociona y se le ponen
las manos sin más pausa y sin un guiño
entre inseguridades, cordilleras
y alardes malogrados cada día
de nombres, vino amargo y de rutinas.

Se contaba que dicen que le vieron
contando pertenencias de los otros,
repartiendo en un Volga predecible
los restos reclamados de un pasaje
del que a nada tocaban las conquistas
ni de nada servía interrogarlo[1].


[1] Alfonso Pascal Ros, Regiones más comprometidas, Oviedo, Ars Poetica, 2018, pp. 55-56. También en Río Arga. Revista de poesía, 142, septiembre 2018, p. 24.

«Melchor», de Victoriano Crémer

Vaya para hoy, solemnidad de la Epifanía del Señor —la manifestación de Cristo a todos los pueblos del mundo, representados en los tres reyes de Oriente— un poema de Victoriano Crémer (Burgos, 1906-León, 2009). El texto, perteneciente a su poemario Tacto sonoro (1944), critica los elementos más superficiales de la Navidad (simbolizados en los distintos elementos compositivos del Belén: arena, nube, palmera, estrellas de plata, etc.), que a veces nos impiden —o al menos nos dificultan— captar lo esencial de estos días, que no es otra cosa sino «ver a Dios en la cuna» (v. 22).

José Medina, La adoración de los Reyes Magos (siglo XIX). Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba (La Habana, Cuba)
José Medina, La adoración de los Reyes Magos (siglo XIX).
Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba (La Habana, Cuba).

¡Que me quitéis tanta arena
y la larga teoría
de esa monda lejanía
rendida a la noche en pena…!

¡Borradme del firmamento
esa nube aventurera,
y arrancadme la palmera
maniatada por el viento!

Sobran estrellas de plata,
y arcángeles y pastores…
(Por los altos corredores
rueda una luna escarlata.)

¡Quitadme vaca y esquilas
y sus encajes de espuma
y el gordo buey y la bruma
bebiéndose las pupilas…!

¡Quítate tú, San José,
carpintero celestial…!
¡Desármame ese portal
de la falda de Belén…

… que traigo el alma viajera
por ver a Dios en la cuna,
y no me dejáis: la luna,
la nube, tú y la palmera…![1]


[1] Incluido en Victoriano Crémer, Poesía total (1944-1966), 2.ª ed., Barcelona, Plaza & Janés, 1970, p. 47. Lo cito por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 203-204 (añado el signo de admiración de cierre del último verso).

El villancico «Ha nacido desterrado» de Concha Méndez

De Concha Méndez —nombre literario de Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986)— ya han quedado recogidos en el blog varios villancicos suyos («De la miel y del azúcar…», «Una cañita de azúcar…», «El panaderito», «Sopitas de almendra» y «Caballito, corre»). Vaya para esta mágica Noche de Reyes —noche de inocencia e ilusión, para chicos y grandes— otro texto, tan breve y sencillo como los anteriores.

Sandro Botticelli, Adorazione dei Magi (1475). Galleria Uffizi (Florencia, Italia).
Sandro Botticelli, Adorazione dei Magi (1475).
Galleria Uffizi (Florencia, Italia).

Ha nacido desterrado,
perseguido por un rey[1],
pero otros reyes le siguen
—esta vez para su bien—.
Son los magos que de Oriente
algo le van a ofrecer[2].


[1] perseguido por un rey: el rey Herodes I el Grande, que ordenó la matanza de los Inocentes ​(niños menores de dos años) en la época del nacimiento de Jesús.

[2] Lo cito por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 197.

El «Villancico que llaman del soldador», de Federico Muelas

De Federico Muelas (Cuenca, 1910-Madrid, 1974) hemos puesto aquí, en años anteriores, varias composiciones navideñas como «Por atajos y veredas», el «Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero», el «Villancico que llaman de la partera», el «Villancico que llaman de la llegada de los Reyes Magos», el «Villancico nana de los tres Reyes» o el «Villancico que llaman del aviador». Siguiendo con la serie de los oficios, añado hoy el «Villancico que llaman del soldador».

Casa del herrero en Belén
Casa del herrero en Belén.

—¿Soldador?
                —Sí, soldador;
y un sol traigo preso aquí…
—Tápalo, que es noche y
dormidito está el Señor.

—Déjame pasar, José.
Voy a ofrecer mis calores
al nacido, porque sé
que viene a fundir amores.

—Deja en el santo crisol
de tu corazón la brasa
y pasa, soldador, pasa,
aunque no sirva tu sol[1].


[1] Cito por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 247-248.

«Belén por compañía», soneto de Nieves Viesca

Nieves Viesca (Gijón, 1959) es poeta y narradora, autora de libros como La danza del equilibrio (1996), Metamorfosis del sentimiento (2002), Diecinueve o veinte líneas (2009), Manual de tinta (2012) o El túnel y los días (2017). Copio para hoy su soneto «Belén por compañía», publicado en Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea (2016).

Juan Correa de Vivar, Adoración de los pastores (c. 1555-1559). Museo de Santa Cruz (Toledo, España)
Juan Correa de Vivar, Adoración de los pastores (c. 1555-1559).
Museo de Santa Cruz (Toledo, España).

Llega la Navidad que me envolvía
y el belén que recuerdo tan presente
arropa con su manto bien caliente
a este fin por su larga travesía.

Con luz hasta la sien, es compañía
disfrutar sus delicias gratamente
obsequiando figuras de mi mente
al anciano que muere cada día.

La hoz de mi vejez me trae presencias,
atesora la espera del adviento
reposado de azul melancolía

y encumbra los recuerdos con clemencias
del hogar en su vivo movimiento
para alcanzar la cúspide que es mía[1].


[1] Cito por Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea, Madrid, Cuadernos del Laberinto, 2016, p. 35.

«Villancico de la sorpresa», de José García Nieto

De José García Nieto (Oviedo, 1914-Madrid, 2001) ya pueden leerse en el blog un par de poemas de temática navideña,  «Súplica del pastor que estaba mal colocado en el “belén”» y «Nacimiento de Dios». Añado hoy su «Villancico de la sorpresa», perteneciente a su libro Seis villancicos en la Navidad (1961).

Luca Giordano, Adorazione dei pastori (c. 1688). Musée du Louvre (París, Francia).
Luca Giordano, Adorazione dei pastori (c. 1688).
Musée du Louvre (París, Francia).

¡Pronto, venid, que aquí hay al…!
Algo hermoso, iba a decir,
y no pude concluir
al ver la luz del Portal.

¡Carillo, Gabriel, Leo…
Leonor, quise llamar,
pero no pude acabar,
que ya he visto al Niño yo.

¡Traed acá queso y mi…!
Y miel también, os decía,
que al tiempo que le veía
el Niño me ha visto a mí.

¡Preparad leña y cande…!
Candela de aquella estrella
y haced la hoguera más bella
para el hijo de José[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 155. Cito con algún ligero retoque en la puntuación.

«Nana de pastor en Navidad», de Celia Viñas

¡Muy feliz 2026,
con mis mejores deseos,
a todos los insulanos!

Celia Viñas (Lérida, 1915-Almería, 1954) fue catedrática de Lengua y Literatura de Enseñanza Media (obtuvo la cátedra en 1943 en el instituto de Almería). Allí contrajo matrimonio con el también poeta Arturo Medina. Escribió poesía infantil en español y catalán. Entre sus libros de poemas destacan Palabra sin voz (1933), Trigo del corazón (1946), Canción triste en el sur (1948), El amor de trapo (1949), Palabras sin voz (1953) o Del foc i la cendra (1953), títulos a los que hay que sumar los de otras publicaciones ya póstumas: Como el ciervo corre herido (1955), Canto (1964, edición preparada por Arturo Medina), Antología lírica (1976, a cargo de Guillermo Díaz-Plaja, que había sido su profesor en Barcelona), Poesía última (1979), Oleaje (2004) y Las islas del amor mío (2015). Cuenta en su haber también con algunas obras narrativas (novela y cuento).

Vaya para hoy su sencilla cuanto emotiva «Nana de pastor en Navidad», una composición con una estructura (la de la nana) que adopta con frecuencia la poesía navideña.

Giovanni Battista Salvi, Il Sassoferrato, Madonna con el Niño (1640). Pinacoteca Comunale di Cesena (Italia).
Giovanni Battista Salvi, Il Sassoferrato, Madonna con el Niño (1640).
Pinacoteca Comunale di Cesena (Italia).

A la nanita nana,
nanita ea,
el mal es una cuna
para la tierra.
Es tan ancho el abrazo
de la montaña,
que hasta la brisa duerme
sobre las ramas.

—Madre, tengo el corazón,
tengo el corazón de barro
y se me ha dormido, madre,
como se mueren los pájaros,
los pájaros, madre mía,
que ayer volaron,
¿sabes?,
volaron alto.
Duerme mi corazón, madre,
¿quién podría despertarlo?

—Pastor que tienes los ojos
tan duramente cerrados,
antes del alba tendrás
el corazón desvelado
y las manos temblorosas
tendidas hacia lo alto[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 206-207. Cito con algunos retoques en la puntuación, añadiendo los guiones de diálogo y la separación en estrofas. El comienzo del poema lo es también de un conocido villancico tradicional: «A la nanita nana, / nanita ea, / nanita ea, / mi Jesús tiene sueño, / bendito sea, / bendito sea» (o con la variante «mi niño tiene sueño» en el verso cuarto).

Tres villancicos de Concha Méndez: «El panaderito», «Sopitas de almendra» y «Caballito, corre»

Con el pan, con el pan
yo le pido la paz;
con la leche y la miel
yo le pido la fe.
(Carmelo Erdozáin,

«Yo soy un pastorcillo»)

De Concha Méndez —nombre literario de Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986)— ya había transcrito aquí los villancicos «De la miel y del azúcar…» y «Una cañita de azúcar…». Añado hoy tres más, que no requieren mayor comentario, dada su sencillez. Es el primero «El panaderito»:

El panaderito
sale hacia Belén;
lleva en su canasta
las tortas con miel
y pan con almendras
que acaba de hacer.
La panaderita
con él va también.

El panadero de Belén
El panadero de Belén.

El que comienza «Sopitas de almendra» dice así:

Sopitas de almendra
y miel en puchero,
le llevan al Niño;
y también romero.
De cantar no dejan
los dos peregrinos,
mientras van, alegres,
andando caminos.

En fin, el tercero es «Caballito, corre»:

Caballito, corre,
que voy a Belén
y se me hace noche
por el naranjel.

Mi madre no sabe
que yo voy a ver
al Niño de nácar
que ha nacido ayer.

Quiero volver pronto,
que tranquila esté.
¡Corre, caballito,
si me quieres bien![1]


[1] Tomo los textos de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 240-241, 242 y 243, respectivamente. Cito con algún ligero retoque en la puntuación del tercer poema (añado las comas para aislar el vocativo en los versos 1 y 11).

«La visitadora», de Antonio Murciano

Antonio Murciano (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1929), en solitario o al alimón con su hermano Carlos, ha cultivado con frecuencia la temática navideña en su poesía. En el blog pueden leerse sus poemas «La Nochebuena del astronauta» y el «Villancico de los qué dirán», más otro, «Romance viejo de la madre nueva», fruto de la mencionada colaboración fraternal. Vaya para hoy su composición titulada «La visitadora», que recrea con tensión dramática la llegada al Portal de Belén de una «mujer seca, harapienta y oscura» (v. 3). María teme al ver que se acerca a la cuna y ofrece algo al Niño. Cuando la mujer se alza, se la ve transformada, radiante de hermosura («¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!», v. 18): es Eva, que ha ofrendado al Niño la manzana mordida del Paraíso.

Eva ofrenda al Niño Jesús la manzana mordida del Paraíso
Eva ofrenda al Niño Jesús la manzana mordida del Paraíso.
Imagen creada con IA (Gemini).

A la memoria de los hermanos Tharaud

Era en Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujiera cuando entrara.
Era una mujer seca, harapienta y oscura
con la frente de arrugas y la espalda curvada.

Venía sucia de barro, de polvo de caminos.
La iluminó la luna y no tenía sombra.
Tembló María al verla; la mula no, ni el buey
rumiando paja y heno igual que si tal cosa.

Tenía los cabellos largos, color ceniza,
color de mucho tiempo, color de viento antiguo;
en sus ojos se abría la primera mirada
y cada paso era tan lento como un siglo.

Temió María al verla acercarse a la cuna.
En sus manos de tierra, ¡oh, Dios!, ¿qué llevaría?…
Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente
y le ofreció la cosa que llevaba escondida.

La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.
¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!
El Niño la miraba. También la mula. El buey
mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.

Era Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujió cuando se iba.
María, al conocerla, gritó y la llamó: «¡Madre!».
Eva miró a la Virgen y la llamó: «¡Bendita!».

¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!
Afuera aún era pura, dura la nieve y fría.
Dentro, al fin, Dios dormido, sonreía teniendo
entre sus dedos niños la manzana mordida[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 73. Cito con algún ligero retoque en la puntuación.

«Navidad», de Jorge Guillén

De Jorge Guillén (Valladolid, 1893-Málaga, 1984), aparte de otras entradas sobre Final, hemos copiado aquí su poema «Epifanía». Vaya para hoy esta otra composición titulada «Navidad», en la que la pureza de la nieve simboliza la gracia divina que transforma la tierra con el nacimiento de esa «Criatura / soberana» que adopta la naturaleza humana para redimir a toda la humanidad.

Pieter Brueghel el Viejo, Volkstelling te Bethlehem / Censo en Belén (1566). Museo Real de Bellas Artes (Bruselas, Bélgica).
Pieter Brueghel el Viejo, Volkstelling te Bethlehem / Censo en Belén (1566).
Museo Real de Bellas Artes (Bruselas, Bélgica).

Alegría de nieve
por los caminos.
¡Alegría!
Todo espera la gracia
del Bien Nacido.

Miserables los hombres,
dura la tierra.
Cuanta más nieve cae,
más cielo cerca.

¡Tú nos salvas,
Criatura
soberana!

Aquí está luciendo
más rosa que blanca.
Los hoyuelos ríen
con risas calladas.

Frescor y primor
lucen para siempre
como en una rosa
que fuera celeste.

Y sin más callar,
grosezuelas risas
tienden hacia todos
una rosa viva.

Tú nos salvas,
Criatura
soberana!

¡Qué encarnada la carne
recién nacida,
con qué apresuramiento
de simpatía!

Alegría de nieve
por los caminos.
¡Alegría!
Todo espera la gracia
del Bien Nacido[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 157-158. En Internet lo encuentro adaptado como himno de la liturgia de las horas por Luis Elizalde, con esta letra: «Alegría de nieve / por los caminos. / Todo espera la gracia / del Bien Nacido. // En desgracia los hombres, / dura la tierra. / Cuanta más nieve cae, / más cielo cerca. // La tierra tan dormida / ya se despierta / y hasta el hombre más muerto / se despereza. // Ya los montes se allanan / y las colinas, / y el corazón del hombre / vuelve a la vida».