El retrato de Cervantes en «El cautivo de Argel» de Ezequiel Endériz (1)

ElCautivodeArgelEl cautivo de Argel, de Ezequiel Endériz, es una narración publicada en Toulouse en 1949 como número 17 de la colección «La Novela Española», que dirigía el propio escritor[1]. Se trata de una novela corta (23 páginas de texto a doble columna, repartidas en cuatro capítulos) que aborda el cautiverio de Cervantes en Argel. El argumento abarca desde el apresamiento del escritor hasta su malogrado intento de fuga auspiciado por el jardinero navarro Juan de Valtierra. De su vida anterior, se menciona tan solo que ha sido soldado, que quedó manco en Lepanto y que es poeta; en cuanto a los hechos posteriores, hay una alusión a su deseo de escribir un gran libro, más la mención anticipatoria final de que sería liberado tras cinco años de prisión, así como el vaticinio, a través de unas palabras de Juan, de que Cervantes dará mucha gloria a España.

Los datos históricos incluidos por Endériz en su relato son mínimos: el dominio de los corsarios argelinos en el Mediterráneo; el apresamiento de Cervantes a bordo de la galera Sol; los personajes de Arnaute Mamí y Azán Bajá; el hecho de que sus captores lo crean un gran personaje por el que se puede pedir un alto rescate (pero sin que se aluda a las cartas que portaba Cervantes y que dieron lugar a esa confusión)… y poco más. Los cuatro intentos de fuga de la realidad histórica se ven reducidos aquí a uno solo, en el que adquiere un destacado papel protagónico el jardinero navarro llamado Juan, sin que falte la traición del renegado conocido como El Dorador. Se incluyen además algunas ligeras pinceladas de color local sobre la vida en Argel: así, una breve descripción de la ciudad y de los baños o una alusión a los tormentos que se daban a los cristianos rebeldes[2]. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las reducidas dimensiones de la novelita no permiten mucho más. En definitiva, si alguien busca en El cautivo de Argel una novela histórica erudita y documentada, no la encontrará[3]. Tampoco existe una intriga especialmente significativa, en el sentido de que el lector conoce a priori que Cervantes no logró huir de su cautiverio en sus sucesivos intentos de fuga. Así las cosas, la etopeya, el retrato interior del escritor, constituye lo esencial del relato de Endériz.

¿Cómo aparece, pues, caracterizado Miguel de Cervantes en esta novelita? Los principales rasgos que se destacan son: la valentía (demuestra con sus palabras y sus hechos que no le falta valor); la resignación en su prisión (se muestra alegre y jovial pese a todas sus penalidades); su piedad religiosa (continuamente reza, pide ayuda a Dios o le agradece algún favor, etc.); el ingenio (da agudas respuestas a sus captores, tiene ocasión de escribir versos…); el humor y la ironía (da muestra de ello en varias de sus intervenciones; luego comentaré este detalle); pero, sobre todo, Cervantes queda caracterizado por su inmenso anhelo de libertad: la libertad de espíritu y, por añadidura, la libertad que le otorga el ejercicio de la escritura. Examinaré a continuación los pasajes más significativos a este respecto.

En el capítulo I, se nos presenta a bordo de la galera —el autor escribe fragataSol un soldado «con el brazo izquierdo cercenado, nariz aguileña, ojos claros y vivos y barbita rubia» (p. 7b). No hacen falta más datos para que el lector sepa que se trata de Cervantes. Contemplando las islas Marías, encendidas como rubíes, el soldado piensa un poema dedicado a ellas en las que las contempla como jardines del mar (este poema es uno de los primeros textos líricos intercalados en las breves páginas de la novela). Al ser apresada la galera por los corsarios, el soldado manco comenta: «Tras la guerra, la pobreza; tras la pobreza, el cautiverio. ¡Señor, Señor! ¿Podré, algún día, escribir tranquilo?» (p. 11b). No se pone de relieve su carácter heroico en el asalto, pues es consciente de que la lucha es desigual y no se puede hacer nada por evitar la captura (además, apenas hay descripción en este pasaje del combate).

Enseguida da muestras de su prudencia cuando intercede en favor de un pobre hombre que ha insultado a Arnaute Mamí; cuando este ordena que lo ahorquen, Cervantes argumenta que se trata de un loco y le pide que dé una prueba de su magnificencia perdonándolo, cosa que logra. Después, todos los prisioneros van indicando su nombre para el registro; el último de todos es «Miguel Cervantes Saavedra, de profesión soldado» (p. 13b). En suma, este primer capítulo nos muestra a un Cervantes condenado a la guerra, la pobreza y el cautiverio, pero con un capital grande de prudencia e ingenio que le permite, por ejemplo, salvar la vida a un hombre en una situación crítica.

El capítulo segundo resulta muy interesante para la caracterización del escritor. Arnaute Mamí sospecha que Cervantes es un alto personaje disfrazado de soldado; por ello, se presenta con él ante el rey de Argel. Este lo considera un cautivo más, pero aquel replica: «No, no, no… En él hay algún misterio, algún poder oculto, alguna extraña cualidad que no acabo de comprender… ¡Si vieras cómo habla! ¡Qué juicios hace sobre las cosas más vulgares!…» (p. 15b). En esta entrevista Cervantes da muestras de su nobleza de alma: «Ya está el soldado Miguel de Cervantes en presencia del rey de Argel. Su mirada es tranquila y clara. Su frente luminosa. Sus movimientos naturales y con un aire de nobleza innegable» (pp. 15b-16a). Poco a poco, el rey se va interesando por él. Citaré el diálogo que se establece entre ambos:

­—Es que ya dije que, además de soldado, era poeta.

—¿Pero tan pobre que no te crees digno del rescate?

—Pobre de dineros y rico de orgullo. Sin embargo, de ti, señor, dependerá que escriba o no un libro que sea asombro de la gente venidera.

­—¿Un nuevo Al-Korán, acaso?

—Sí y no. Sí, porque podrá servir de libro de virtudes para todo aquel que necesite ver en él notables ejemplos de virtud. No, porque con él quiero inaugurar como una especie de religión que no tenga nada que ver con el cielo, sino con la tierra, dando a la fuerza del espíritu una nueva interpretación.

—De verdad que no te entiendo, poeta, y no sé si hablo con un loco o si el loco soy yo, pues que no se concibe para un mahometano, ni supongo que para un cristiano tampoco, que pueda haber virtudes separadas de la religión.

—Así es, en efecto, en nuestros días; y no me atrevería yo a sostener la tesis contraria en mi patria, donde todo es sospechoso de herejía. Pero me hago cuenta de que aquí, hablando contigo, ya que no tengo libre el cuerpo, tengo libre el pensamiento y trueco la libertad de éste a cambio de la prisión de la carne, para compensar lo amargo de lo uno con lo dulce de lo otro (pp. 16a-16b).

Ante estas reflexiones, el rey de Argel se ve obligado a reconocer: «bien se ve que eres maestro en enredos» (p. 16b). Aparte de la alusión a la futura redacción del Quijote, la idea que transmiten las palabras de Cervantes es bien clara: en Argel está cautivo de cuerpo, pero goza de una libertad de pensamiento que en España seguramente no tendría[4].


[1] Ezequiel Endériz, El cautivo de Argel. Novela corta inédita, Toulouse, [Imprimerie Portes et San Jose], s. a. [D. L., 1949].

[2] «Una música suave de chirimía y guzla, los aromas artificiales de los pebeteros y la molicie de tapices y cojines envolvía todo en pereza» (p. 14b); la descripción del vestido de Arnaute (p. 14b), etc.

[3] No es mi objetivo comparar lo que cuenta la novela con los hechos históricos reales (ver María Antonia Garcés, Cervantes en Argel. Historia de un cautivo, Gredos, Madrid, 2005), ni tampoco analizar las posibles reminiscencias con el relato del capitán cautivo en el Quijote, sino ver el tratamiento que se da del personaje Cervantes.

[4] No menciona Endériz a la Inquisición, aunque sí podemos adivinar una alusión indirecta al decir Cervantes «mi patria, donde todo es sospechoso de herejía». Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El cautivo de Argel, de Ezequiel Endériz o de cómo “la poesía desencadena y hace libres los espíritus, consuela los dolores y eleva el alma”», en Emilio Martínez Mata y María Fernández Ferreiro (eds.), Comentarios a Cervantes. Actas selectas del VIII Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Oviedo, 11-15 de junio de 2012, Madrid, Fundación M.ª Cristina Masaveu Peterson, 2014, pp. 288-299.

Las novelas de Arturo Campión

Arturo Campión[1] (Pamplona, 1854-San Sebastián, 1937) tiene una faceta de novelista histórico, representada por Don García Almorabid. Crónica del siglo XIII (Tolosa, Casa Editorial de Eusebio López, 1889). Sobre el telón de fondo de la guerra de los burgos de Pamplona, que culminaría con la destrucción de la Navarrería, se teje la trágica historia amorosa de Blanca Almorabid y Raúl Cruzat. Pese a su tardía fecha de publicación, la obra presenta las mismas características técnicas y estilísticas de la novela histórica romántica española, cuya gran década fue la de 1834 a 1844: el amor imposible entre personas pertenecientes a familias rivales, la escasa profundidad psicológica de los personajes, la ocultación de la personalidad de alguno de ellos (Azeari Sumakilla es en realidad Pero Martíniz de Oyan-Ederra), etc. El autor introduce algunas notas explicativas del significado de las palabras vascuences que incorpora al texto o sobre las instituciones del reino de Navarra en aquella época[2].

Otra novela de Campión, Blancos y negros. Guerra en la paz (Pamplona, Imprenta de Erice y García, 1899)[3], sin ser una novela histórica (se indica que la acción ocurre en 188…), describe perfectamente la división política entre carlistas y liberales en Urgain, un pueblo de la Burunda (especialmente verista es el capítulo dedicado a la celebración de las elecciones)[4].

Blancos y negros, de Arturo Campión

Por último, la tercera novela del polígrafo pamplonés, quizá la menos interesante, es La bella Easo (1909), donde se contrapone la vida austera y sacrificada de los habitantes del caserío (Martín y Joshepa) con la frívola de Jayápolis, ciudad «alegre, coqueta, elegante» (trasunto de la San Sebastián más mundana), en la que sin embargo empiezan a difundirse las doctrinas socialistas y apuntan ya las luchas obreras.


[1] Sobre Campión, véanse los trabajos de José Javier López Antón, Arturo Campión, entre la historia y la cultura, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1998; «Blancos y negros o la frustración de la tendencia fuerista de los euskaros», Letras de Deusto, vol. 28, núm. 81, octubre-diciembre 1998; «El imaginario pesimista de Vasconia en Arturo Campión», Vasconia, 27, 1998, pp. 177-194; y Escritores carlistas en la cultura vasca. Sustrato lingüístico y etnográfico en la vascología carlista, Pamplona, Pamiela, 1999. Remito también a Elías Amézaga, «Ficha bio-bibliográfica de Arturo Campión», Letras de Deusto, núm. 44, vol. 19, mayo-agosto 1989, número extraordinario de Homenaje al Profesor Ignacio Elizalde, pp. 29-37; José de Cruchaga y Purroy, «Arturo Campión», prólogo a Obras completas, vol. I, Pamplona, Mintzoa, 1983, pp. 19-83; Santiago Cunchillos y Manterola, prólogo a Blancos y negros. Guerra en la paz, San Sebastián, Ttarttalo, 1998, pp. 11-18; Carmelo de Echegaray, «Arturo Campión», prólogo a Blancos y negros. Guerra en la paz, San Sebastián, Beñat Idaztiak, 1934, pp. 5-14; y Vicente Huici Urmeneta, «Arturo Campión. Aproximación a un vasco desconocido», Muga, núm. 9, 1980, pp. 56-65; para su contexto cultural y literario, a los de Iñaki Iriarte López, Tramas de identidad. Literatura y regionalismo en Navarra (1870-1960), Madrid, Biblioteca Nueva, 2000; y José Luis Nieva Zardoya, La idea euskara de Navarra, 1864-1902, Bilbao, Fundación Sabino Arana / Euskara Kultur Elkargoa, 1999. Sus Obras completas fueron publicadas en quince volúmenes por Segundo Otatzu Jaurrieta (Pamplona, Mintzoa, 1983-1985).

[2] Para un análisis detallado de la novela remito a Enrique Miralles, «Don García Almorabid, de Arturo Campión, y la novela histórica de fin de siglo», en Luis F. Larios y Enrique Miralles (eds.), Sociedad de Literatura Española del siglo XIX. Actas del I Coloquio. Del Romanticismo al Realismo (Barcelona, 24-26 de octubre de 1996), Barcelona, Publicacions de la Universitat de Barcelona, 1998, pp. 317-29.

[3] Una edición más reciente es esta: Arturo Campión, Blancos y negros. Guerra en la paz, prólogo, edición y notas de Carlos Mata Induráin, Pamplona, Ediciones y Libros / Fundación Diario de Navarra, 2002 (col. «Biblioteca Básica Navarra», 17).

[4] Ver José Javier López Antón, «Blancos y negros o la frustración de la tendencia fuerista de los euskaros», Letras de Deusto, vol. 28, núm. 81, octubre-diciembre 1998, pp. 165-199; y Carlos Mata Induráin, «“Chocarán el puchero y la olla”: conflictos sociales e ideológicos en Blancos y negros, de Arturo Campión», en Carmen Erro Gasca e Íñigo Mugueta Moreno (eds.), Grupos sociales en la historia de Navarra. Relaciones y derechos. Actas del V Congreso de Historia de Navarra (Pamplona, septiembre de 2002), Pamplona, Ediciones Eunate / Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, 2002, vol. II, pp. 165-178.

Los relatos de Arturo Campión

Muchos de los relatos cortos de Arturo Campión[1] (Pamplona, 1854-San Sebastián, 1937) pertenecen a sus sucesivas colecciones de Euskarianas, divulgadas a partir de 1896. Distintas selecciones de sus relatos se han publicado con el título de Narraciones baskas, por ejemplo, la edición de Madrid, Calpe, 1923 o la de San Sebastián, Beñat Idaztiak, 1934. Un lugar importante en ese conjunto lo ocupan las leyendas y tradiciones históricas, muchas de ellas redactadas por los años de 1877-1883: «Los hermanos Gamio», «El coronel Villalba (tradición nabarra)», «Agintza. La promesa», «Orreaga. Roncesvalles», «Gastón de Belzunce (leyenda histórica)», «La visión de don Carlos, Príncipe de Viana», «La muerte de Oquendo», «Denbora anchiñakoen ondo esanak. Los consejos de los tiempos pasados», «El último tamborilero de Erraondo» y «El bardo de Izaltzu». La leyenda histórica es un subgénero narrativo al que se acercaron también Francisco Navarro Villoslada y Juan Iturralde y Suit, ya que les permitía presentar personajes simbólicos, hechos gloriosos o épocas emblemáticas de la historia de Navarra o de Vasconia (Roncesvalles, el Príncipe de Viana, las guerras de beaumonteses y agramonteses, la anexión a Castilla, Amayur…) que cuadraban a la perfección con sus presupuestos e intereses ideológicos. Campión, en concreto, defiende a ultranza en estas leyendas la identidad vasco-navarra, que ha sufrido a lo largo de los siglos constantes agresiones exteriores y que en su época se ve de nuevo amenazada y en peligro de desaparecer por completo. De hecho, en sus relatos no retrocede necesariamente al pasado lejano (siglo VIII, Alta y Baja Edad Media…), sino que en algunos la ambientación es casi contemporánea, como en «Pedro Mari» (escrito el año 1895 y centrado en tiempos de la Revolución francesa y las luchas de España contra el Imperio).

Obras completas de Arturo Campión

Un segundo grupo en importancia numérica lo forman aquellos relatos que son cuentos, de ambiente contemporáneo, y que pueden agruparse por sus semejanzas temáticas o de intención. Así, varios responden al deseo de mostrar el deterioro que han sufrido y siguen sufriendo las seculares costumbres de la ancestral raza vasca, a punto ahora de ser borradas: «Roedores del mar» (aquí el peligro exterior está personalizado en el carabinero Ruperto, que trata de seducir a la linda chirlera guipuzcoana Lupita); «Contrastes. Cuadro de costumbres buenas y malas» (el enemigo es el progreso moderno, simbolizado en ese tren que vomita sobre las Vascongadas todo lo peor de España); «Yan-Pierr» (alegato contra la guerra europea o, mejor, contra el hecho de que sangre baska —empleo la grafía utilizada habitualmente por Campión— se derrame en guerras que no son baskas); o esa bella alegoría que es «El último tamborilero de Erraondo» (el vasco que regresa de América para vivir sus últimos años y morir en el solar nativo y encuentra que el país soñado en la distancia ha perdido, quizá definitivamente, sus señas de identidad y su idioma).

Otros relatos nos presentan historias trágicas: «Ramonica» (la segadora de pueblo que acude a la Cuenca de Pamplona y muere asfixiada en el campo); o «La cieguecita del puente (Historia vulgar)», truculenta narración sobre la ciega Teresha, un homenaje al Naturalismo (está dedicada a Emilia Pardo Bazán). «Popachu» y «Los dos gatos» son dos breves narraciones, sin mayor trascendencia, que forman la sección «Cuentos a mis sobrinos». «El ojo del Doctor Faust» (1879) y su continuación varios años posterior «La resurreción de la carne» (1915) aparecen agrupadas bajo el epígrafe «Historias del manicomio». En fin, «¡Bartolo, anticlerical!» presenta el caso de un tradicionalista que participa en una manifestación contra la Iglesia, hecho sorprendente que se explica por su deseo de recuperar a una hija que ha profesado como religiosa.

Como «fantasías» podemos considerar «Una noche en Zugarramurdi» y «Grachina (tradición nabarra)», que guardan relación por tratar ambas el tema de la brujería, en concreto, por presentar escenas de akelarre. Junto a todas estas piezas se suelen editar otras tituladas «Gau-illa de Julián Gayarre» y «Olite en Ujué» (que son «Cosas vistas», es decir, relatos o impresiones de viaje) y los poemas dramáticos Sancho Garcés y La flor de Larralde.

Si en los relatos de Iturralde y Suit existe una nota poética y nostálgica, melancólica, con un tono narrativo remansado, los de Campión constituyen un grito más angustiado, un intento más directo de sacudir la adormecida conciencia de sus paisanos: Iturralde muestra las ruinas físicas como símbolo de la ruina moral de un pueblo; Campión presenta directamente la ruina moral de ese pueblo, centrada en la pérdida de su identidad cultural.


[1] Sobre Campión, véanse los trabajos de José Javier López Antón, Arturo Campión, entre la historia y la cultura, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1998; «Blancos y negros o la frustración de la tendencia fuerista de los euskaros», Letras de Deusto, vol. 28, núm. 81, octubre-diciembre 1998; «El imaginario pesimista de Vasconia en Arturo Campión», Vasconia, 27, 1998, pp. 177-194; y Escritores carlistas en la cultura vasca. Sustrato lingüístico y etnográfico en la vascología carlista, Pamplona, Pamiela, 1999. Remito también a Elías Amézaga, «Ficha bio-bibliográfica de Arturo Campión», Letras de Deusto, núm. 44, vol. 19, mayo-agosto 1989, número extraordinario de Homenaje al Profesor Ignacio Elizalde, pp. 29-37; José de Cruchaga y Purroy, «Arturo Campión», prólogo a Obras completas, vol. I, Pamplona, Mintzoa, 1983, pp. 19-83; Santiago Cunchillos y Manterola, prólogo a Blancos y negros. Guerra en la paz, San Sebastián, Ttarttalo, 1998, pp. 11-18; Carmelo de Echegaray, «Arturo Campión», prólogo a Blancos y negros. Guerra en la paz, San Sebastián, Beñat Idaztiak, 1934, pp. 5-14; y Vicente Huici Urmeneta, «Arturo Campión. Aproximación a un vasco desconocido», Muga, núm. 9, 1980, pp. 56-65; para su contexto cultural y literario, a los de Iñaki Iriarte López, Tramas de identidad. Literatura y regionalismo en Navarra (1870-1960), Madrid, Biblioteca Nueva, 2000; y José Luis Nieva Zardoya, La idea euskara de Navarra, 1864-1902, Bilbao, Fundación Sabino Arana / Euskara Kultur Elkargoa, 1999. Sus Obras completas fueron publicadas en quince volúmenes por Segundo Otatzu Jaurrieta (Pamplona, Mintzoa, 1983-1985).

Semblanza literaria de Arturo Campión (1854-1937)

Arturo CampiónArturo Campión Jaimebón (Pamplona, 1854-San Sebastián, 1937) fue un personaje polifacético: jurista, político, literato, historiador, periodista, estudioso del vascuence, académico…, en conjunto, uno de los intelectuales navarros más importantes de finales del siglo XIX, aunque su figura se adentra también cuatro décadas en el XX[1]. Realizó sus primeros estudios en el Instituto de Pamplona y luego cursó unos años de Derecho en Oñate. Muy pronto comenzó también a escribir, fundamentalmente obras de teatro, poemas y artículos periodísticos. En 1876 se licenció en Madrid, dio a las prensas su primer libro, Consideraciones acerca de la cuestión foral y los carlistas en Nabarra, e intervino en la gestación de la Asociación Euskara de Navarra. Más tarde ocupó diversos cargos públicos: concejal por el Ayuntamiento de Pamplona, diputado a Cortes, senador por Vizcaya… Fue asimismo presidente de las entidades Euskal Esnalea, Euskal Erria, Sociedad de Estudios Vascos, del Instituto de Estudios Históricos y de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra; académico de número de la Lengua Vasca y correspondiente de la de Historia, la de Ciencias Morales y Políticas y la de la Lengua Española.

La de Campión es una personalidad compleja, que destaca por su amor al pueblo vasco, expresado tanto en sus relatos y novelas como en sus obras de investigación histórica y lingüística. José María Romera enjuiciaba así el conjunto de su obra:

Su dilatada producción escrita comprende discursos, conferencias, artículos periodísticos, escritos políticos, novelas y cuentos, además de libros sobre historia, antropología o temas lingüísticos. Prácticamente toda ella está alentada por el lema «Euskalerriaren alde» (en favor de Euskalerría) y dirigida a la defensa incondicional de los símbolos políticos y culturales de la identidad navarra como parte de la identidad vasca. […] Su obra narrativa se caracteriza por un cierto naturalismo rebajado y orientado hacia el regionalismo, con un fuerte peso de los elementos históricos y de los materiales de la etnografía y el folclore[2].

Sus Obras completas, publicadas en quince volúmenes por Segundo Otatzu Jaurrieta (Pamplona, Mintzoa, 1983-1985), incluyen, en efecto, discursos y conferencias, trabajos periodísticos, históricos y políticos, libros sobre antropología y lingüística, crítica literaria y musical, etc. En próximas entradas me centraré en el comentario de su obra literaria, formada por cuentos, leyendas, novelas y algunas piezas dramáticas.


[1] Sobre Campión, véanse los trabajos de José Javier López Antón, Arturo Campión, entre la historia y la cultura, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1998; «Blancos y negros o la frustración de la tendencia fuerista de los euskaros», Letras de Deusto, vol. 28, núm. 81, octubre-diciembre 1998; «El imaginario pesimista de Vasconia en Arturo Campión», Vasconia, 27, 1998, pp. 177-194; y Escritores carlistas en la cultura vasca. Sustrato lingüístico y etnográfico en la vascología carlista, Pamplona, Pamiela, 1999. Remito también a Elías Amézaga, «Ficha bio-bibliográfica de Arturo Campión», Letras de Deusto, núm. 44, vol. 19, mayo-agosto 1989, número extraordinario de Homenaje al Profesor Ignacio Elizalde, pp. 29-37; José de Cruchaga y Purroy, «Arturo Campión», prólogo a Obras completas, vol. I, Pamplona, Mintzoa, 1983, pp. 19-83; Santiago Cunchillos y Manterola, prólogo a Blancos y negros. Guerra en la paz, San Sebastián, Ttarttalo, 1998, pp. 11-18; Carmelo de Echegaray, «Arturo Campión», prólogo a Blancos y negros. Guerra en la paz, San Sebastián, Beñat Idaztiak, 1934, pp. 5-14; y Vicente Huici Urmeneta, «Arturo Campión. Aproximación a un vasco desconocido», Muga, núm. 9, 1980, pp. 56-65; para su contexto cultural y literario, a los de Iñaki Iriarte López, Tramas de identidad. Literatura y regionalismo en Navarra (1870-1960), Madrid, Biblioteca Nueva, 2000; y José Luis Nieva Zardoya, La idea euskara de Navarra, 1864-1902, Bilbao, Fundación Sabino Arana / Euskara Kultur Elkargoa, 1999.

[2] José María Romera Gutiérrez, «Literatura», en AA. VV., Navarra, Madrid, Editorial Mediterráneo, 1993, p. 184b.

«Villancico de la nieve y el fuego», de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

La Virgen sueña caminos,
está a la espera.
La Virgen sabe que el Niño
está muy cerca.

Vaya para celebrar esta Noche Buena el «Villancico de la nieve y el fuego», de Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo[1], miembros los dos del Grupo Literario Traslapuente de Tudela (Navarra). Se trata de un breve poema, un romancillo con rima aguda en , que tiene en su sencillez la gracia de la mejor poesía tradicional.

Nacimiento

En la Noche Oscura
y el frío helador
alfombra de nieve
pisaba el Dolor.

La luna de plata
pide al Niño Dios:
—Por robarte el frío,
por darte el calor,
dígasme tú, el Niño,
¿cómo hiciera yo?

En la Noche Blanca
prodigios en flor:
Luna milagrera,
sonrisa de Dios,
estufas de nieve.
Divino Calor…

En la Noche Buena
sonrisa de Dios,
con besos de nieve
nacía el Amor[2].


[1] Juan Colino Toledo (Zamora, 1913-Tudela, 2001), «escritor polifacético, pero sobre todo poeta», publicó los poemarios Sonetos a cuatro voces y Por las catorce rutas del soneto. José Javier Alfaro Calvo (Cortes, Navarra, 1947) ha dado a las prensas una decena de libros de poemas, la mitad de ellos dirigidos al público infantil, entre los que cabe destacar el titulado Magiapalabra.

[2] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De hiel y de miel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, p. 60. 

Las coplas «Yo soy la serranita…» de sor Ana de San Joaquín (1668-1731)

En varias entradas anteriores me he ocupado de la carmelita descalza sor Ana de San Joaquín (Villafranca, 1668-Tarazona, 1731)[1] y he transcrito algunos de sus poemas, como los que comienzan «Para gloria de Jesús…», «¡Oh, Jesús, dulce memoria!…» y «Muda elocuencia de amor…». Copiaré hoy otra composición suya, recogida como las anteriores por fray Buenaventura de Arévalo en la Vida ejemplar y doctrinal de la Venerable Madre Ana de San Joaquín. Así, en el capítulo XIV, que se presenta bajo el epígrafe «De la ardiente caridad de la Madre Ana de San Joaquín», escribe su biógrafo:

Omito otras repetidas enamoradas respiraciones con que de la abundancia del corazón abundaba la lengua; y porque un excesivo fuego no se puede ocultar sin que se dejen ver algunos incendios, me ha parecido dar al público unos metros en que rompía su pecho abrasado, que no serán ingratos, y por discretos y conceptuosos servirán de espiritual recreo que divierta la seriedad escabrosa de mi estilo.

Y copia a continuación el estribillo «¡Jesús, qué invención, Jesús, que invención…» seguido de las coplas que lo parafrasean, «Yo soy la serranita». En conjunto, se trata de un poema que vuelve a lo divino elementos e imágenes de la poesía tradicional: aquí el alma es la serranilla cuya piel se ha oscurecido de tanto mirar al Sol (Dios).

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También se lamenta la voz lírica de la ausencia del Amado, y de que el amor que siente por ella le haya costado los dolores de la Pasión y la pena de muerte.

Estribillo[2]

¡Jesús, qué invención, Jesús, qué invención
es esta que me hace que entienda de amor!
¡Jesús, qué invención, que estando abrasada
me veo obligada a buscar al Sol!
¡Jesús, qué invención, que quien me cautiva
perdiendo su vida rescate me dio!
¡Jesús, qué invención!

Coplas

Yo soy la serranita[3]
que, de mirar al Sol,
sus rayos me pusieron
trigueño[4] mi color.

Mas, ¿cómo, mi Dios,
estoy en tinieblas
sintiendo tu ardor?

La ausencia de mi Amado
herida me dejó,
y aunque jamás le he visto
el alma me robó.

Por muerta me doy,
pues sin poseerle
ya no vivo yo.

Sabiendo que me ama
sin término su amor,
le busco cuidadosa
en su misma Pasión.

Aquí es mi dolor,
que pena de muerte
le costó mi amor.

Llegose a mí una ciega
y a fe[5] me aseguró,
con un cuerpo de Cristo,
que en un disfraz le vio.

Sin duda, Señor,
andáis en rebozos
porque os halle yo.

Un cierto amigo suyo
lo mismo confirmó,
y admirando el exceso
un Verbum caro echó[6].

Y es admiración
durmiendo descubra
las trazas de un Dios.

Creyendo sus palabras
como la fe de Dios,
llegué a dar en el blanco[7]
objeto de mi amor.

Aquí presa estoy;
libertad no quiero,
que esto busco .




[1] Esta entrada forma parte del proyecto de investigación Modelos de vida y cultura en la Navarra de la modernidad temprana, dirigido por Ignacio Arellano, que cuenta con una ayuda de la Fundación Caja Navarra, «Convocatoria de ayudas para la promoción de la Investigación y el Desarrollo 2015», Área de Ciencias Humanas y Sociales.

[2] Mantengo en este estribillo la disposición tipográfica del original, si bien los versos podrían repartirse de otro modo, como hexasílabos.

[3] Se anota al margen izquierdo: «Cantic. 1».

[4] trigueño: del color del trigo, entre moreno y rubio.

[5] a fe: especie de juramento.

[6] un Verbum caro echó: juega con la frase evangélica Verbum caro factum est (el Verbo se encarnó) y la expresión echar un verbo, que significa echar votos, juramentos, etc. Al margen se anota «Ioan. 1».

[7] en el blanco: nótese el juego, ya que al principio se habla del trigueño color de la serranilla, y ahora da en el blanco, que es Dios.

[8] Esta composición se incluye en Vida ejemplar y doctrinal de la Venerable Madre Ana de San Joaquín, pp. 120-121. Figura recogida en José María Corella, Historia de la literatura navarra, p. 307; y en mi antología Poetas navarros del Siglo de Oro, pp. 195-197, en ambos lugares sin el estribillo inicial. Por su parte, Manuel Serrano y Sanz, en Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833, tomo II, Madrid, Establecimiento Tipolitográfico Sucesores de Rivadeneyra, 1903, pp. 327b-328a, lo transcribe parcialmente (solamente copia los dieciocho primeros versos de las coplas, también sin anteponer el estribillo).

«Harina y nieve», villancico de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

El Señor cerca está,
Él viene con la paz.
El Señor cerca está,

Él trae la verdad.

Estamos ya en el cuarto domingo de Adviento y la Natividad del Señor está a la vuelta de la esquina. Para celebrarlo, he aquí un nuevo villancico de Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo[1], miembros los dos del Grupo Literario Traslapuente de Tudela (Navarra). Se trata de un romancillo (con rima í a) titulado «Harina y nieve» y contrapone «las dos Navidades, / iguales, distintas» de un niño de Oriente y otro de Occidente.

Belén con nieve

He aquí el texto de la composición, que adopta una estructura circular:

Oriente, Occidente,
dos niños, dos vidas,
en dos Navidades
iguales, distintas.

El de aquí le pone
al belén harina
a falta de nieve.

El de allí suspira
para que se vaya
la nieve algún día
y la harina llegue
para la comida.

Así que, sacando
cuentas resumidas,
lo que a uno le sobra
el otro precisa.

Cuando el de Occidente,
de carnes rollizas,
a un portal de plata
pone figuritas
con Reyes riquísimos…
en la lejanía
el niño de Oriente
el portal que habita
con techo de estrellas
está hecho de arcilla
—así puede verse
en fotografías
que la tele muestra
mientras la comida—.

No juega a belenes.
Es así su vida.

Y en sus propias carnes
enjutas y heridas
repite el misterio
de la Epifanía:
el corazón lleno,
las manos vacías.

Oriente, Occidente,
dos niños, dos vidas
en dos Navidades
iguales, distintas[2].


[1] Juan Colino Toledo (Zamora, 1913-Tudela, 2001), «escritor polifacético, pero sobre todo poeta», publicó los poemarios Sonetos a cuatro voces y Por las catorce rutas del soneto. José Javier Alfaro Calvo (Cortes, Navarra, 1947) ha dado a las prensas una decena de libros de poemas, la mitad de ellos dirigidos al público infantil, entre los que cabe destacar el titulado Magiapalabra.

[2] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De hiel y de miel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, pp. 16-17. Mantengo las divisiones en «estrofas» dentro de la tirada de versos del romancillo.

«Estrella de Oriente», villancico de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

De Nazaret a Belén
hay una senda;
por ella van los que creen
en las promesas.

Vaya, para este segundo domingo de Adviento, el texto de otro villancico de los escritores Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo, pertenecientes ambos al Grupo Literario Traslapuente de Tudela. Este villancico (un romancillo, formado por tres breves tiradas de seis versos cada una, con rimas en á, é a y é o) nos habla, desde su sencilla formulación, de realidades por desgracia muy vigentes en nuestros días. Y finaliza con tono desiderativo, para que esa estrella de Oriente presida «sobre un mismo suelo» una paz beneficiosa para todos, «sin bombas ni burkas, / sin odio y sin miedo».

Adviento

Su texto dice así:

La estrella de Oriente
nos trae la Paz
en cielos de guata
y de celofán
junto a mesas llenas
de todo con pan.

Al cielo de Oriente
le falta una estrella,
cosa que se nota
bastante en su tierra
pues se fue la Paz
y llegó la guerra.

Ojalá que un día
tengamos un cielo
con la misma estrella,
sobre un mismo suelo
sin bombas ni burkas,
sin odio y sin miedo[1].


[1] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De miel y de hiel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, p. 25.

«Caminos de Belén», de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

Los que soñáis y esperáis
la Buena  Nueva,
abrid las puertas al Niño,
que está muy cerca.

Hoy comienza el Adviento, tiempo de espera y de Esperanza… Un tiempo que nos va acercando, semana a semana, al Portal de Belén. Y para llegar a Belén, muchas son las sendas y las veredas, como certeramente nos muestra este emotivo romancillo de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo[1], en el que a la gracia y sencillez de la métrica tradicional de arte menor se une la buscada ingenuidad infantil de muchas de sus imágenes.

Caminos de Belén

He aquí el texto de «Caminos de Belén»:

La risa de un niño
que borra el estrés,

la estela de un ángel
de color de fe,

la luna lunera
en oro de ley,

las letras vocales,
a, i, o, u, e,

y todos los números
desde el 1 al 10,

la senda que han hecho
la mula y el buey,

la estrella de plata
sobre la pared,

el cristal de un río
con pato y con pez,

la Paz que un abuelo
dibuja en su piel,

las nubes de guata
que quitan la sed,

el viento velero,
la vía del tren,

cualquier carretera,
en coche o a pie…

… TODOS LOS CAMINOS
LLEVAN A BELÉN[2].


[1] Juan Colino Toledo (Zamora, 1913-Tudela, 2001), «escritor polifacético, pero sobre todo poeta», publicó los poemarios Sonetos a cuatro voces y Por las catorce rutas del soneto. José Javier Alfaro Calvo (Cortes, Navarra, 1947) ha dado a las prensas una decena de libros de poemas, la mitad de ellos dirigidos al público infantil, entre los que cabe destacar el titulado Magiapalabra. Los dos pertenecen al Grupo Literario Traslapuente, de Tudela.

[2] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De hiel y de miel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, pp. 34-35.

Modelos de prosa áurea en Navarra: fray Diego de Estella (1)

Tratado de la vanidad del mundo, de fray Diego de EstellaEn el panorama de la historia literaria de Navarra, la prosa ascético-mística de los Siglos de Oro está representada, por fray Diego de Estella, fray Pedro Malón de Echaide y Leonor de Ayanz, tres autores en castellano de la época renacentista a los que se les sumará, ya en el siglo XVII, Pedro de Axular, cuyo idioma de expresión es el vascuence[1]. Respecto a los dos primeros —y no sin cierta exageración— escribía José Zalba que, «Junto a los nombres de los Luises de Granada y de León, de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Fr. Juan de los Ángeles, que tanto sublimaron la mística y la ascética, tenemos en Navarra dos que no desmerecen de aquéllos: son el franciscano Fr. Diego de Estella y el agustino Fr. Pedro Malón de Echaide»[2]. Vamos a repasar brevemente, en esta ocasión, la figura del franciscano fray Diego de Estella (Estella, Navarra, 1524-Salamanca, 1578), ofreciendo unos someros apuntes sobre su vida y sus obras[3].

La situación que conoció Estella en el siglo XVI, tras las guerras civiles y los episodios bélicos de la centuria anterior, era de bonanza. Existía en la ciudad del Ega un estudio de Gramática y funcionaba una imprenta instalada a instancias de Miguel de Eguía. Tal fue el lugar de nacimiento del futuro fray Diego, en el seno de una familia enraizada en la nobleza del reino, como prueba su nombre en el siglo, que era Diego de San Cristóbal-Ballesteros y Cruzat de Ortiz Eguía y Jaso. Estudió primero en la Universidad de Toulouse, cuyas aulas frecuentaban muchos estudiantes navarros, y más tarde Teología en Salamanca, donde coincidió con fray Luis de León y Francisco de Vitoria. Allí, a la edad de diecisiete años, decide ingresar en la orden franciscana, en la que terminaría tomando el hábito.

En 1552 marcha a Portugal en el séquito de la infanta doña Juana, hija del emperador Carlos V, en el que ejercía el cargo de predicador y confesor. Allí publicaría su primera obra, el Tratado de la vida, loores y excelencias del glorioso Apóstol y bienaventurado Evangelista San Juan (Lisboa, 1554), que va dedicada a la reina de Portugal doña Catalina. A la narración de la vida de San Juan en doce capítulos se añaden diversas enseñanzas morales. Cabe destacar que en esta obra primeriza el estilo de fray Diego es bastante más recargado que el de las posteriores.

En 1562, y en Toledo, aparece la primera edición de la que será su obra más famosa, el Libro de la vanidad del mundo. De 1565 data su enfrentamiento con fray Bernardo de Fresneda, obispo de Cuenca, al que acusó de vivir con excesivo lujo y boato en la Corte, lejos de las almas cuyo cuidado tenía encomendadas. Por este asunto fray Diego sufrirá un largo proceso, que no acabaría hasta 1569, viéndose obligado además a retractarse de sus acusaciones y a pedir disculpas. Al año siguiente, en 1570, es nombrado predicador de Salamanca, y en 1574 da a las prensas la segunda edición, muy aumentada, de La vanidad del mundo.

En este tratado, que fray Diego dedica a doña Juana, infanta de las Españas y princesa de Portugal, reflexiona el franciscano sobre las frivolidades mundanas, que no son más que «vanidad de vanidades». La obra consta, en esta versión definitiva, de tres partes, de cien capítulos cada una (en la primera edición de 1562 eran también tres partes, pero de cuarenta capítulos cada una). Como bien resume Iñaki Pérez Ibáñez, el Libro de la vanidad del mundo es

una obra ascética renacentista, que trata el tópico de origen medieval del desengaño frente al mundo (tópico que se hará más extremo aún durante el barroco): nada podemos esperar del mundo donde todo son falsas apariencias. Frente a estas “ilusiones” mundanas sólo en Dios podremos encontrar la verdad. El escrito pretende que el lector se decida a llevar a cabo un proceso de purificación de todo lo sensorial. A tan grave asunto corresponde un tratamiento serio. El estilo de la obra es sentencioso: abundan las frases breves, concisas y las citas de textos sagrados o religiosos[4].

Fray Diego hace, ciertamente, un uso abundante de las citas bíblicas, y entre las fuentes por él manejadas se encuentran también los Padres de la Iglesia, Tomás de Kempis o Séneca, entre otras muchas autoridades. Esta es la obra que le dio más fama (fue muy usada por los predicadores de los siglos XVI y XVII, que buscaron en ella temas de inspiración) y la que ha alcanzado una mayor proyección internacional (cuenta con ediciones en italiano, francés, inglés, latín, alemán, checo, flamenco y polaco).


[1] Esta entrada forma parte del proyecto de investigación Modelos de vida y cultura en la Navarra de la modernidad temprana, dirigido por Ignacio Arellano, que cuenta con una ayuda de la Fundación Caja Navarra, «Convocatoria de ayudas para la promoción de la Investigación y el Desarrollo 2015», Área de Ciencias Humanas y Sociales.

[2] José Zalba, «Páginas de la historia literaria de Navarra», Euskalerriaren Alde, XIV, 1924, p. 350.

[3] El mejor conocedor de fray Diego es el P. Pío Sagüés Azcona, O.F.M., autor de Fray Diego de Estella (1524-1578): apuntes para una biografía crítica, Madrid, s. n. (Diputación Foral de Navarra), 1950 y editor de varias de sus obras. También puede consultarse la publicación conmemorativa Fray Diego de Estella y su IV Centenario, Barcelona, Imp. Elzeviriana, 1924, y las indicaciones de Antonio Pérez Goyena, Contribución de Navarra y de sus hijos a la Historia de la Sagrada Escritura, Pamplona, Imprenta de Jesús García, 1944, pp. 179-182. En fin, una semblanza divulgativa es la de Tomás Moral, Fray Diego de Estella, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, 1971 (col. «Navarra: temas de cultura popular», núm. 113). La bibliografía debe completarse con las referencias a fray Diego por parte de los estudiosos de la espiritualidad española y la literatura mística franciscana (Andrés Martín, Bataillon, Cilveti, Gomis, Hatzfeld, Sainz Rodríguez…).

[4] Iñaki Pérez Ibáñez, «Fray Diego de Estella, un franciscano predicador, místico y asceta», prólogo a fray Diego de Estella, Florilegio de los libros «Meditaciones del Amor de Dios» y «La vanidad del mundo», Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2002, p. 13.