Miguel de Unamuno, del ensayo a la novela filosófica

Toda la producción novelística de Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936) se sitúa en una zona de transición entre la narrativa y el ensayo. En efecto, todas sus novelas —sus nivolas, por emplear el marbete que el escritor acuñó— destacan por su alto contenido ideológico, pues están concebidas como un vehículo para la expresión de conflictos existenciales, para el desarrollo de las inquietudes del autor, que se manifiestan en el conjunto de su producción literaria. Esta circunstancia condiciona sus características y, así, las novelas de Unamuno resultan altamente subjetivas y líricas, plenas de simbolismo; en ellas, la palabra (los diálogos o monólogos de los personajes) predomina de forma notable sobre la acción. Títulos como Amor y pedagogía (1902), Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), La tía Tula (1921) o San Manuel Bueno, mártir (1931), además de algunas de sus piezas narrativas cortas, constituyen buenos ejemplos al respecto.

Miguel de Unamuno

Es más, a veces las novelas retoman ideas que su autor ya había expuesto en sus escritos de contenido y tono filosófico. Por ejemplo, Niebla (1914) es una novela que resume, a través de las vivencias sentimentales y existenciales de su protagonista Augusto Pérez, lo expuesto en Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913). De la misma forma, hay también un claro trasvase de ideas de La agonía del cristianismo (ensayo publicado en 1931, pero escrito algunos años antes) a San Manuel Bueno, mártir (1931, fechada en noviembre de 1930). Sería interesante analizar las relaciones entre estas dos parejas de libros, si bien voy a centrarme en los dos últimos títulos citados[1]. Por supuesto, no voy a intentar un análisis exhaustivo de ambas obras —piezas claves las dos en la obra unamuniana y que cuentan con abundante bibliografía—, sino que me limitaré a compararlas, mostrando la relación de la pieza narrativa con el ensayo previo, en dos sentidos:

1) Por un lado, señalaré cómo la idea general de La agonía del cristianismo subyace también en la acción y en el pensamiento de San Manuel Bueno, mártir: la vida, la vida cristiana en concreto, se concibe como agonía (en el sentido etimológico de la palabra, ‘lucha’, que Unamuno pretendía recuperar). Esa agonía se da sobre todo en el protagonista, don Manuel, personaje que sufre en su interior la dura pugna del vivir y del creer o, mejor, del vivir queriendo creer, pero sin poder creer.

2) En segundo término, me fijaré en algunas ideas concretas de la novela que recuperan otras del ensayo, a veces, con notables coincidencias en determinados pasajes o en los intertextos citados[2].

Pero eso será ya en próximas entradas…


[1] Utilizo para mis citas estas dos ediciones: La agonía del cristianismo, presentación de Agustín García Calvo, Madrid, Alianza Editorial, 1986; y San Manuel Bueno, mártir. Cómo se hace una novela, presentación de Paulino Garagorri, Madrid, Alianza Editorial, 1989.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Unamuno, del ensayo a la novela filosófica: La agonía del cristianismo y San Manuel Bueno, mártir», Hispanica Polonorum, 3, 2001, pp. 121-130.

«A don Quijote», soneto de Manuel de Sandoval

Manuel de Sandoval (Madrid, 1874-Madrid, 1932) fue un profesor de Literatura y académico de la Real Academia de Córdoba, además de poeta. Tras estudiar las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, a los veinticuatro años obtuvo por oposición la plaza de Catedrático de Instituto de Retórica y Poética, que ocupó en diferentes capitales como Teruel, Soria, Burgos, Córdoba (1905-1920), Toledo (1920-1930) y, finalmente, Madrid (1930-1932).

Sandoval ingresó en la Real Academia Española en 1907 como académico correspondiente en Córdoba y trece años después, en 1920, como numerario. Su discurso de recepción versó sobre Lo inconsciente y lo voluntario en las obras literarias y poéticas, y le respondió en nombre de la corporación el académico Francisco Rodríguez Marín.

De entre su producción poética me interesa destacar su soneto «A don Quijote», en el que presenta la necesidad de la resurrección del personaje cervantino para regenerar al país («a ver si un loco regenera y salva  / la nación destrozada por los cuerdos», vv. 13-14). Su pensamiento entronca, pues, con el de muchos otros autores de las generaciones del 98 y del 14, que también tomaron la figura de don Quijote para reflexionar sobre la caótica situación de España tras el Desastre de 1898.

Quijote-Cristo

Este es el texto del soneto de Sandoval, cuyo tono está marcado por el apóstrofe al «manchego ilustre» (v. 2) y los acuciantes imperativos a él dirigidos (Quebranta, monta, enristra, cierra, sal, Vuelve):

Quebranta del sepulcro que te encierra,
manchego ilustre, la pesada losa,
y vuelva tu locura generosa
a ser pasmo y asombro de la tierra.

Ya Rocinante, tu corcel de guerra,
te aguarda fiel al borde de la fosa:
monta, enristra la lanza ponderosa,
y contra el mal y la injusticia cierra.

Sin miedo a que te ultrajen a mansalva
forzados viles y asquerosos cerdos,
¡sal, como antaño, al despuntar el alba!

¡Vuelve al campo que pueblan tus recuerdos,
a ver si un loco regenera y salva
la nación destrozada por los cuerdos![1]


[1] Tomo el texto de Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública del señor don Manuel de Sandoval el día 1.º de febrero de 1920, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1920. Se reproduce en el Discurso del Excmo. Señor don Francisco Rodríguez Marín, p. 49, quien añade este pequeño comentario: «Otra musa, la patriótica, a quien indigna y subleva el contemplar el origen de muchos de los males de España, inspiró valientemente estotro soneto dirigido A Don Quijote». Está recogido también en Enrique Vázquez de Aldana, Cancionero cervantino. En el cuarto centenario de don Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Ediciones Stvdivm de Cultura, 1947, p. 141.

Algunas claves del pensamiento unamuniano

El eminente filólogo Ernst Robert Curtius llamó a Miguel de Unamuno «praeceptor» y «excitator Hispaniae», es decir, maestro y, sobre todo, aguijoneador de España, verdadero despertador de la conciencia nacional. En efecto, él quería sacar del sueño del dormir al sueño del soñar a aquella España que vivía sumida en el marasmo («Sobre el marasmo actual de España», artículo de En torno al casticismo, 1895) y  que pronto conocería el «Desastre» de 1898.

Miguel de Unamuno

Unamuno fue, sin duda, uno de los grandes intelectuales de la España de principios del siglo XX. No cabe duda de que su personalidad es muy rica, no solo compleja sino incluso contradictoria. Suele afirmarse a veces que «Unamuno es todo uno», porque buena parte de su copiosa producción (ahí están los diez volúmenes de sus Obras completas publicadas por Escelicer, al cuidado de García Blanco) supone continuas variaciones sobre unos mismos pocos temas, que podrían resumirse en dos: por un lado, el problema religioso (Dios, la fe, la vida y la muerte, el ansia de inmortalidad…); y por otro, pero muy relacionado con el anterior, el conflicto de la personalidad.

Miguel de Unamuno fue una persona agónica, torturada, apasionada, que arremetió siempre «contra esto y aquello». Una persona, o un personaje agónico, como prefiere Sánchez Barbudo[1], quien ve en el autor bilbaíno una continua pose. En su faceta pública, Unamuno profesó una ideología política progresista, encarnando, en palabras de Gullón, el «espíritu inconformista y heterodoxo del modernismo». En el aspecto religioso íntimo, su vida fue una sucesión de crisis: educado como católico, perdió la fe y luchó duramente por recuperarla, haciendo gala de una férrea voluntad de creer, pero llegando casi siempre a la conclusión de la imposibilidad de concordar razón y fe.

Las principales ideas, las claves del pensamiento unamuniano, pueden resumirse en estos puntos esenciales:

—Es el suyo un pensamiento cuasi-filosófico, que usa la contradicción como método: de ahí los juegos de palabras, las dilogías, las etimologías… tan frecuentes en sus textos.

—Unamuno tuvo «hambre de inmortalidad»: su mayor drama fue que deseaba creer, pero no podía creer. Aunque no ortodoxo, fue un hombre profundamente religioso, como pocos: todos los días leía el Evangelio, marcando los pasajes y anotando comentarios al margen; buena prueba de ellos son las innumerables citas intertextuales que salpican las páginas de todas sus obras. En el fondo, imperaba en él el deseo de rebelarse contra la nada, contra el no ser, contra la muerte. Él solía decir: «Hay que echarse a dormir como quien se echa a morir» y, en efecto, se acostaba en la cama boca arriba, con los dedos entrelazado sobre el pecho, en la misma postura en que se pone a los difuntos. Sin duda don Miguel conocía el aforismo clásico «Somnium imago mortis».

—Unido al conflicto religioso está el problema de la personalidad: la lucha entre el yo externo que perciben los demás y el yo íntimo de cada uno, la dualidad escindida entre el ser y el parecer, entre lo que uno es realmente y la imagen que de uno tienen los demás.

—Con todo lo apuntado, se comprende la angustia existencial de Unamuno, quien defiende la existencia como valor supremo; él aspira a la inmortalidad, pero no en el sentido estrictamente católico, sino como un puro deseo de perpetuarse, de eternizarse de alguna forma.

—Y no hay que olvidar el tema de España, una preocupación constante para él, aspecto en el que recibió el gran influjo de Costa. Como buen regeneracionista, Unamuno fue un agitador de conciencias, tanto en el plano político (su militancia socialista) como en el existencial (para la intimidad de cada persona).

Estas ideas esenciales de su pensamiento se expresan en las obras unamunianas por medio de diferentes temas, siendo los principales los siguientes: la paternidad como sombra de la inmortalidad; el sueño de la vida y de la muerte (nacer es morir y morir es nacer, etc.); el otro; el mito de Caín y el de don Juan…


[1] Ver Antonio Sánchez Barbudo, Miguel de Unamuno, Madrid, Taurus, 1974.

Cronología y semblanza de Santiago Rusiñol (1861-1931)

1861 Nace en Barcelona en el seno de una familia de la burguesía industrial[1].

1887 Comienza a concursar con sus cuadros en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en las que participará hasta 1930.

1888 Viaje a París con el pintor Moragas. A su regreso abre su primer estudio en Barcelona.

1889 Vuelve a París, donde convive con Miguel Utrillo y Ramón Casas en el ambiente bohemio de Montmartre. Escribe sus crónicas periodísticas para La Vanguardia de Barcelona.

1890 Comienza a exponer regularmente en la prestigiosa Sala Parés de Barcelona. Obtiene su primera distinción –una segunda medalla– en la Exposición Nacional de Bellas Artes de este año.

1894 Visita Italia con su amigo Ignacio Zuloaga, con el que había contactado en París, quien le transmite su pasión por El Greco. Viaja a Granada, donde pinta paisajes de la Alhambra y el Generalife. A partir de ahora se especializará en cuadros de jardines.

1897 Funda con Ramón Casas el grupo «Els quatre gats». Comienzan a publicar la revista Pel i ploma. Publica Oracions (traducido como Plegarias), manifiesto del Modernismo español.

1908 Primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

1911 El pueblo gris.

1912 Vuelve a ganar la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes. El indiano.

1931 Muere en Aranjuez cuando pintaba sus jardines.

Santiago Rusiñol

Santiago Rusiñol y Prats (1861-1931) fue pintor y escritor. Nacido en Barcelona, la mayor parte de su obra literaria, formada por novelas y cuentos en los que hace gala de un humor sentimental muy característico, está escrita en catalán. Entre sus títulos se cuentan: Anant pel mon, L’illa de la calma, L’auca del senyor Esteve, convertida esta en pieza representativa de la pequeña burguesía catalana. El éxito que obtuvo con L’alegria que passa le llevó a cultivar el teatro: El pati blau, L’hereu, El místic, Gente bien… En general, se trata de comedias sentimentales o costumbristas, teñidas de humor, que a veces se convierte en sátira mordaz. Varias de sus obras fueron traducidas al castellano: Por el mundo, Hojas de la vida, Pájaros de fango, Las aleluyas del señor Esteve

Su obra como pintor le sitúa en la base del Modernismo catalán; su tema preferido es la pintura de paisajes, en concreto jardines, como los de Granada, Aranjuez y Barcelona. En París se puso en contacto con el impresionismo francés. Legó a Sitges un importante museo de hierros artísticos, el Cau Ferrat.


[1] Texto extraído de José del Guayo y Lecuona y Carlos Mata Induráin, Los autores del 98 en la Biblioteca del Nuevo Casino de Pamplona. Catálogo de la exposición bibliográfica del Nuevo Casino de Pamplona. Noviembre de 1998, Pamplona, Nuevo Casino de Pamplona, 1998.

Cronología y semblanza de Joaquín Costa (1846-1911)

1846 Nace en Monzón (Huesca)[1].

1876 Publica La vida del Derecho.

1881 La poesía popular española y mitología y literatura celtohispana.

1894 Inicia su etapa de mayor actividad pública. Estudios ibéricos.

1899 Presidente de la Asamblea de Federaciones Agrícolas.

1900 Reconstitución y europeización de España, programa para un partido nacional.

1901 Ingresa en la Academia de Ciencias Morales y Políticas.

1901-1902 Oligarquía y caciquismo.

1902 Derecho consuetudinario y Economía popular de España.

1904 Abandona la vida pública para dedicarse a su labor de escritor.

1911 Muere en su retiro de Graus, Huesca.

Joaquín Costa

Político republicano, jurista, historiador, sociólogo y filósofo, Joaquín Costa Martínez (1846-1911) influyó poderosamente sobre el grupo de escritores del 98 con sus ideas de europeización y de regeneración de España. Según Costa, una tarea esencial para lograr la renovación del país había de consistir en la destrucción de los vicios y corruptelas de la política; solo así se conseguiría crear una nueva sociedad, libre de prejuicios arcaicos y de ataduras al pasado, pero que reuniese los genuinos valores nacionales.

Los principales títulos de su obra son: La vida del Derecho (1876), Teoría del hecho jurídico, individual y social (1880), La poesía popular española y mitología y literatura celtohispanas (1881), Derecho municipal consuetudinario de España (1885), El Consejo de Familia en España (1890), Estudios ibéricos (1894), Reforma de la fe pública (1897), Reconstitución y europeización de España, programa para un partido nacional (1900), Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España: urgencia y modo de cambiarla (1901-1902), Derecho consuetudinario y Economía popular de España (1902) o El fin pericial y su procedimiento: una institución procesal consuetudinaria (1904). Es también muy importante su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas del año 1901, titulado «El problema de la ignorancia del Derecho como culpa y sus relaciones con el estatus individual». En otros ensayos abordó temas relacionados con la reforma agraria, así en El arbolado y la patria (1912), La fórmula de la agricultura española (1911-1912) y La tierra y la cuestión social (1912).

Sus obras estrictamente literarias son menos numerosas, y se limitan a algunas novelas inacabadas en las que vuelve a plantear sus preocupaciones sobre España, como por ejemplo en Justo de Valdediós, que se subtitula Revolución y Patria.


[1] Texto extraído de José del Guayo y Lecuona y Carlos Mata Induráin, Los autores del 98 en la Biblioteca del Nuevo Casino de Pamplona. Catálogo de la exposición bibliográfica del Nuevo Casino de Pamplona. Noviembre de 1998, Pamplona, Nuevo Casino de Pamplona, 1998.

Antonio Machado (1875-1939): cronología y semblanza de urgencia

1875 Nace en Sevilla, el 26 de julio. Es hijo del jurista y folclorista Antonio Machado Álvarez, Demófilo[1].

1883 Trasladada la familia a Madrid, estudia en la Institución Libre de Enseñanza con Giner de los Ríos, cuyo magisterio le marca profundamente.

1893 Publica sus primeros escritos en prosa en el periódico La Caricatura.

1899 Realiza su primer viaje a París, donde trabaja en la editorial Garnier.

1900 En Madrid conoce a Unamuno, Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez.

1902 En su segundo viaje a París conoce a Rubén Darío, entablándose entre ambos una gran amistad.

1903 Publica su primer libro de poesías, Soledades.

1907-1912 Catedrático de francés en Soria.

1907 Soledades. Galerías. Otros poemas.

1909 Se casa con Leonor Izquierdo.

1911 Nueva estancia en París estudiando la filosofía de Bergson en el College de France.

1912 Fallece Leonor. Campos de Castilla.

1912-1919 Catedrático en Baeza (Jaén).

1917 Páginas escogidas. Poesías escogidas. Primera edición de Poesías completas.

1919-1932 Catedrático en Segovia.

1924 Nuevas canciones.

1926 Juan de Mañara (teatro).

1927 Ingresa en la Real Academia Española.

1928 Segunda edición de Poesías completas. Las adelfas (teatro).

1930 La Lola se va a los puertos (teatro).

1931 La prima Fernanda (teatro).

1932 Catedrático en Madrid.

1936 Juan de Mairena. Evacuado a Valencia (con su madre Ana Ruiz y sus hermanos José, Francisco yJoaquín) por el gobierno republicano.

1937 La guerra, con ilustraciones de su hermano José. Participa en la Conferencia Nacional de Juventudes Socialistas y en el II Congreso Internacional de Escritores, organizado por la Alianza Internacional de Escritores Antifascistas.

1938 La tierra de Alvar González y Canciones del alto Duero. Trasladado a Barcelona.

1939 Ante el avance del ejército nacional, Antonio Machado, su madre y su hermano José cruzan la frontera con Francia. El 29 de enero llegan a Collioure. Vencido por el cansancio y la enfermedad, moriría el 22 de febrero, y su madre tres días después.

Antonio Machado

Antonio Machado es uno de los poetas españoles más importantes y populares del siglo XX. Dio a conocer sus primeras prosas en la revista Caricatura y sus versos juveniles en Electra, Helios y otras publicaciones modernistas. De hecho, se inició en el Modernismo, aunque luego recorrió sus propios caminos, logrando una voz propia y un estilo personal sencillo pero muy expresivo. Su libro Soledades (1903), reeditado luego como Soledades. Galerías. Otros poemas (1907), se adscribe a las tendencias del Modernismo y el Simbolismo. Se trata de una poesía de marcado tono intimista y nostálgico, o mejor, suavemente melancólico, con la que expresa su profundo sentido de la temporalidad. Con estos poemas quiere Machado explorar y recorrer las galerías interiores del alma. Además del paso implacable del tiempo, que conduce a la muerte, otros temas que aparecen en este cancionero son la fe en Dios o el amor sentido desde la soledad, como anhelo espiritual y como angustia. El tono meditativo de estas composiciones queda subrayado por la elección de unas formas métricas sencillas y por la ausencia de imágenes; los estados de ánimo quedan condensados en objetos o gestos que cobran valor de símbolos.

Su otra gran obra es Campos de Castilla (1912), en la que manifiesta todo su amor al paisaje castellano y el dolor por la muerte de su esposa. Se trata de una poesía más volcada hacia el exterior, con una destacada vertiente de denuncia social. En 1917 publicó unas Páginas escogidas. Las composiciones de entre 1917 y 1924 quedaron recogidas en Nuevas canciones (1924), obra en la que desaparece la preocupación religiosa de la etapa anterior (no así la metafísica), aumenta la presencia de lo popular y se acentúan las notas de humor irónico y reflexivo, de escepticismo creciente, de introversión. De 1928 data la segunda edición de sus Poesías completas. La producción poética posterior a 1924 se agrupará en De un cancionero apócrifo, con comentarios de Machado a los distintos autores que supuestamente incluye el libro.

En prosa publicó, en 1936, Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. Por su parte, La guerra (1937) reúne versos y prosas de valor testimonial más que literario. Suele recordarse de forma especial su elegía por la muerte de García Lorca, «El crimen fue en Granada». Antonio Machado es autor además de varias obras de teatro, escritas en colaboración con su hermano Manuel: Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel (1926), Juan de Mañara (1927), Las adelfas (1928), La Lola se va a los puertos (1930), La prima Fernanda (1931) o La duquesa de Benamejí (1932).


[1] Texto extraído de José del Guayo y Lecuona y Carlos Mata Induráin, Los autores del 98 en la Biblioteca del Nuevo Casino de Pamplona. Catálogo de la exposición bibliográfica del Nuevo Casino de Pamplona. Noviembre de 1998, Pamplona, Nuevo Casino de Pamplona, 1998, ampliado ahora.

Cronología y semblanza de Valle-Inclán (1866-1936)

1866 Nace en Villanueva de Arosa, Pontevedra[1].

1891 Tras estudiar Derecho en Santiago de Compostela, emigra a México.

1894 Regresa a España.

1895 Publica Femeninas. Se traslada a Madrid.

1897 Epitalamio. Entabla estrecha amistad con Rubén Darío.

1902 Sonata de otoño.

1903 Sonata de estío.

1904 Sonata de primavera. Flor de santidad.

1905 Sonata de invierno.

1907 Se casa con la actriz Josefina Blanco. Viaja con la compañía teatral Guerrero-Mendoza por Hispanoamérica. Águila de blasón. Aromas de leyenda.

1908 Romance de lobos. Los cruzados de la Causa.

1909 El resplandor de la hoguera. Gerifaltes de antaño.

1910 Cuento de abril.

1911 Voces de gesta.

1913 La marquesa Rosalinda.

1916 La lámpara maravillosa. Invitado por el gobierno francés, visita el frente de guerra, dejando reflejadas sus impresiones en La media noche: visión estelar de un momento de guerra.

1920 Luces de bohemia. Divinas palabras.

1921 Los cuernos de don Friolera.

1922 Segundo viaje a México y Argentina. Cara de plata.

1926 Tirano Banderas. Las galas del difunto.

1927 La corte de los milagros.

1928 Viva mi dueño.

1931 Es nombrado conservador del Patrimonio Artístico y poco después director de la Academia Española de Roma.

1935 Enfermo, regresa a Santiago de Compostela.

1936 Muere en Santiago de Compostela.

Ramón María del Valle-Inclán

La producción literaria de Ramón Valle y Peña (tal era el nombre real del escritor, cuya vida queda difuminada tras una serie de anécdotas, reales o apócrifas) abarca los géneros de la novela, el cuento, el teatro, la poesía, el ensayo y el periodismo, con registros muy personales en todos ellos. Su obra se mueve entre dos extremos, el esteticismo artístico de sus primeros escritos (fue uno de los primeros cultivadores del Modernismo en España), y el estilo expresionista que, llevado al extremo, culminará en la creación del esperpento, tanto en el teatro como en la narrativa. En las obras de Valle-Inclán la realidad queda siempre sometida a un proceso de estilización, solo que en el primer caso se trata de una estilización positiva, de máxima idealización, y en el segundo de una estilización negativa, de máxima degradación.

Sus primeros relatos son Femeninas (1895), Flor de santidad (1904), Sonata de otoño (1902, ambientada en Galicia), Sonata de estío (1903, en México), Sonata de primavera (1904, en Italia) y Sonata de invierno (1905, en Navarra, durante la guerra carlista). Se trata de novelas líricas en las que destaca el retrato de personajes femeninos y en las que se mezclan como ingredientes principales el erotismo, la religión y la muerte. De la pluma de Valle-Inclán brota una prosa preciosista y exquisita, llena de de musicalidad y plena de valores sensoriales. En algunos casos, como en la Sonata de primavera, la acción ocurre en ambientes refinados (palacios, jardines…), que contribuyen a la creación de una atmósfera sensual. El estilo de estos relatos acerca a su autor al decadentismo finisecular. Cabe recordar que el ciclo de las Sonatas está unificado por la presencia del Marqués de Bradomín (esos relatos serían sus memorias amatorias), que se define como un donjuán «feo, católico y sentimental».

Valle-Inclán se acercó con frecuencia al género de la novela histórica. Así, dedicó una trilogía a la guerra carlista, formada por Los cruzados de la Causa (1908), El resplandor de la hoguera (1909) y Gerifaltes de antaño (1909). Son novelas más líricas que épicas, en las que el autor muestra su gusto por el detalle y la expresión cuidada. Escribió otro ciclo sobre el reinado de Isabel II, bajo el epígrafe general de El ruedo ibérico, que incluye La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas (de aparición póstuma en 1958). Aquí la ironía del novelista se eleva de tono y llega al sarcasmo, a la burla cáustica y corrosiva, en suma, al esperpento. Como ocurre en el teatro valle-inclanesco, los personajes están mirados desde arriba y quedan reducidos a meros fantoches, peleles que el autor maneja a su antojo. El afán de sátira y denuncia presente en estas obras paródicas en modo alguno hace disminuir la voluntad estética. En cuanto a su estructura, es fragmentaria, articulándose la acción por medio de breves cuadros o secuencias narrativas.

Otras novelas del autor son El terno del difunto (titulo modificado luego en Las galas del difunto), de 1916, y Los cuernos de don Friolera (1921), obras en las que observamos el mismo preciosismo estilístico. En fin, en Tirano Banderas (1926), cuyo protagonista es un dictador hispanoamericano, Valle-Inclán muestra la degradación del hombre por la tiranía, a través de procedimientos estilísticos que presentan a los personajes animalizados o cosificados.

La producción teatral del escritor gallego fue también muy importante. Compuso un ciclo de «comedias bárbaras», que son Águila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata (1922), protagonizadas por don Juan Manuel Montenegro, su familia y una tropa de mendigos y labradores que viven en su hacienda. En ellas se describe una Galicia rural, cuasi-feudal, mágica y al mismo tiempo verídica, por medio de una sucesión de cuadros violentos. Dejando aparte Cuento de abril (1910), Voces de gesta (1912) y La marquesa Rosalinda (1913), que representan una etapa de teatro modernista, hay que citar otras dos obras señeras, Divinas palabras (1920) y, sobre todo, Luces de bohemia (1920 y 1924), donde Valle-Inclán formula y eleva al máximo su estética de deformación y esperpento, con ridículos personajes que son caricaturas grotescas de sí mismos. Cabe recordar asimismo las cinco piezas de su Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte y las tres de Tablado de marionetas, escritas desde la misma estética deformante, en las que los personajes son ya meras siluetas o guiñoles.

Como vemos, la producción literaria de Valle-Inclán se adscribe mayoritariamente a la novela y el teatro, pero se acercó también a otros géneros, como la poesía con Aromas de leyenda y La pipa de Kif. En La lámpara maravillosa (1916) expuso sus ideas sobre la creación artística, y en La media noche: visión estelar de un momento de guerra quedaron recogidas las impresiones de su visita al frente francés durante la primera guerra mundial.


[1] Texto extractado de José del Guayo y Lecuona y Carlos Mata Induráin, Los autores del 98 en la Biblioteca del Nuevo Casino de Pamplona. Catálogo de la exposición bibliográfica del Nuevo Casino de Pamplona. Noviembre de 1998, Pamplona, Nuevo Casino de Pamplona, 1998.

Cronología y semblanza de Miguel de Unamuno (1864-1936)

1864 Nace en Bilbao[1].

1880 Inicia su labor literaria y periodística en España Moderna y Los lunes de El Imparcial.

1891 Catedrático de griego en la Universidad de Salamanca, de la que llegará a ser Rector.

1895 Publica En torno al casticismo, recopilación de ensayos.

1897 Paz en la guerra.

1902 Amor y pedagogía.

1905 Vida de don Quijote y Sancho.

1907 Poesías.

1911 Rosario de sonetos líricos.

1913 Del sentimiento trágico de la vida.

1914 Niebla (nivola).

1916 Aparecen los tres primeros volúmenes de Ensayos, de los siete publicados por la Residencia de Estudiantes entre ese año y 1918.

1917 Abel Sánchez.

1920 El Cristo de Velázquez. Tres novelas ejemplares y un prólogo.

1921 La tía Tula.

1922 Andanzas y visiones españolas.

1923 Rimas de dentro.

1924 Teresa (poesía). Fedra (teatro). Es confinado en Fuerteventura (Canarias) y después desterrado a París y Hendaya por sus críticas a la dictadura del general Primo de Rivera.

1925 De Fuerteventura a París (poesía).

1926 Cómo se hace una novela.

1928 Romancero del destierro (poesía).

1930 Regresa a España.

1931 La agonía del cristianismo. San Manuel Bueno, mártir.

1932 El otro (teatro).

1933 La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez.

1934 El hermano Juan (teatro).

1936 Rompe con el franquismo en la apertura del curso académico 1936-1937 de la Universidad de Salamanca. Acaba su Cancionero el día de los Inocentes, justo tres antes de sobrevenirle la muerte, en Salamanca.

Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936) es uno de los intelectuales más importantes de todo el siglo XX. En su persona se mezclan las facetas de literato, pensador y hombre público, con reiterados intentos de intervención en la vida española desde las columnas periodísticas, la cátedra universitaria y la actividad política. Como literato, cultivó diversos géneros, aunque toda su producción queda unificada por una profunda impronta filosófica que caracteriza aun a sus textos líricos.

Piezas de tono más ensayístico son En torno al casticismo (1895), cinco artículos en los que Unamuno expone sus ideas regeneracionistas para España; Vida de don Quijote y Sancho (1905), una interpretación personal del inmortal libro de Cervantes, con profundas reflexiones sobre «lo español» y el alma de España, entreveradas de un marcado tono poético; Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913), donde, haciendo gala de un rico bagaje de lecturas filosóficas, muestra su obsesión por la inmortalidad personal, por eternizarse, y reflexiona sobre la existencia de Dios y la fe, para terminar proclamando desde su agnosticismo un «escepticismo salvador»; Como se hace una novela (1926) está entre el relato y el libro de memorias: es una especie de novela autobiográfica que recoge la experiencia del destierro, a través de un personaje, Jugo de la Raza, que es fiel trasunto del autor; en fin, La agonía del cristianismo (1931) constituye una especie de historia interna del sentimiento cristiano en la que expone su idea de que el cristianismo es una agonía, en el sentido etimológico de esa palabra griega, que significa ‘lucha’.

Sus libros de viajes son Por tierras de Portugal y España (1911) y Andanzas y visiones españolas (1912), dos obras en las que nos transmite la emoción del paisaje castellano, o mejor, hispano-lusitano. Como otros noventayochistas nacidos en la periferia del país, Unamuno descubre en Castilla un paisaje trascendido y trascendente, que no es puramente físico, sino capaz de elevar el espíritu.

La producción narrativa de Unamuno es muy importante, hasta el punto de haber sido considerado el primer narrador existencialista moderno. El escritor bilbaíno es el creador del género que denominó nivola, esto es, algo similar a la novela, pero concebida como un vehículo para exponer sus reflexiones y plasmar la agonía de la vida, que es sueño, sombra, niebla… En estas obras, los personajes son proyecciones del autor, porque para Unamuno toda novela es autobiografía. Más que la peripecia externa, predomina en ellas el diálogo y el monólogo; son obras, por tanto, de acción interior, eminentemente líricas y subjetivas, no exentas de un humor cáustico. Paz en la guerra (1897) recoge sus experiencias del bombardeo de Bilbao por los carlistas en 1874; el personaje Pachico Zabalbide es un alter ego del Unamuno niño. Amor y pedagogía (1902) constituye una cruda burla del cientifismo positivista, mientras que Abel Sánchez. Una historia de pasión (1917) es una revisión del sentimiento cainita (la envidia, la rivalidad, el odio…), tan arraigado en España, una tierra donde la premisa es «odia a tu prójimo como a ti mismo». La tía Tula (1921) narra el drama personal de Gertrudis, mujer que entabla una dura lucha entre su profunda aversión a la sexualidad, al deseo físico, y su exacerbado instinto de maternidad.

Párrafo aparte merecen otras dos novelas, Niebla (1914) y San Manuel Bueno, mártir (1931). La primera describe el despertar de la personalidad de un individuo, Augusto Pérez, que vive en una nebulosa sentimental y llega a dudar de su identidad; el relato alcanza su clímax en la entrevista del personaje con Miguel de Unamuno, en la que descubre que solo es un ente novelesco –nivolesco–, que va a morir porque así lo quiere el autor. La idea fundamental es que tanto los hombres como los personajes literarios son aniquilados en el momento en que alguien (Dios, en un caso, el escritor, en otro) deja de soñarlos. La segunda plantea uno de los grandes temas unamunianos, el de la fe. La historia del sacerdote don Manuel, que no tiene fe, pero que mantiene el engaño para no perjudicar la salud espiritual de sus parroquianos, es un compendio de las preocupaciones de Unamuno. Es una novela breve pero muy enjundiosa, altamente simbólica y perspectivística, con distintos planos de narración.

Unamuno escribió además otras novelas cortas: Tulio Montalbán y Julio Macedo, La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez, Un pobre hombre rico, El sentimiento cómico de la vida… Publicó asimismo varios poemarios: Poesías (1907), Rosario de sonetos líricos (1911), El Cristo de Velázquez (1920), Rimas de dentro (1923), Teresa (1924), De Fuerteventura a París (1925), Romancero del destierro (1928) y Cancionero (obra póstuma, 1953). En cuanto a su teatro, ha tenido poco éxito porque son los suyos unos dramas estáticos que nacen, por así decir, muertos para la escena: en efecto, al igual que las novelas, son un mero vehículo para la expresión de conflictos religiosos y existenciales (por eso, en vez de dramas los llamó drumas); en ellos la acción queda reducida a lo esencial, siendo patente la huella del teatro simbólico conceptual de Ibsen (ideas abstractas encarnadas en personajes). Este apartado de su producción incluye dos dramas de la crisis de 1897: La esfinge y La venda, que versan sobre el tema la fe; piezas cortas como La princesa doña Lambra o La difunta, Fedra (1924), versión libre del Hipólito de Eurípides; Soledad (1921), que presenta de nuevo la idea de la maternidad frustrada; Raquel encadenada; y los denominados dramas de la personalidad: El pasado que vuelve, Sombras de sueño (1931), El otro (1932), El hermano Juan o El mundo es teatro (1934). Para completar su producción, a lo anterior habría que sumar sus artículos periodísticos, sus cuentos y otras obras menores.

Es difícil resumir en pocas palabras el rico pensamiento unamuniano, tan complejo como su agónica personalidad. Es un pensamiento cuasi-filosófico, que usa la contradicción como método: de ahí los juegos de palabras y las dilogías tan frecuentes en sus textos. El mayor drama de Unamuno fue que, deseando creer, no podía creer. Tuvo «hambre de inmortalidad»; en el fondo imperaba en él el deseo de rebelarse contra la nada, contra el no ser, contra la muerte. Unido al conflicto religioso está el problema de la personalidad: la lucha entre el yo externo que perciben los demás y el yo íntimo de cada uno, la dualidad escindida entre el ser y el parecer, etc. Se comprende, por tanto, la angustia existencial de Unamuno, quien defiende la existencia como valor supremo. No hay que olvidar tampoco el tema de España, en el que recibió el influjo de Costa. Como buen regeneracionista, fue un agitador de conciencias, tanto en el plano político (su militancia socialista) como en el existencial. Los principales temas unamunianos son la paternidad como sombra de la inmortalidad; el sueño de la vida y de la muerte (nacer es morir y morir es nacer); el otro; el mito de Caín, el de don Juan…


[1] Texto extractado de José del Guayo y Lecuona y Carlos Mata Induráin, Los autores del 98 en la Biblioteca del Nuevo Casino de Pamplona. Catálogo de la exposición bibliográfica del Nuevo Casino de Pamplona. Noviembre de 1998, Pamplona, Nuevo Casino de Pamplona, 1998.

Cronología y semblanza de Azorín (1873-1967)

1873 Nace en Monóvar (Alicante), en el seno de una familia acomodada de ideas conservadoras[1].

1883 Estudia Derecho en la Universidad de Valencia, donde entra en contacto con el krausismo.

1893 Publica La crítica literaria en España.

1896 Se instala en Madrid, donde conocerá a Baroja y Maeztu, con quienes formará el llamado «Grupo de los tres». Ejerce el periodismo en los diarios El País y El Progreso.

1897 Bohemia.

1900 El alma castellana.

1901 La fuerza del amor, su primera obra teatral.

1902 La voluntad.

1903 Antonio Azorín.

1904 Las confesiones de un pequeño filósofo.

1905 Los pueblos. La ruta de don Quijote.

1907 Elegido diputado del Partido Maurista.

1912 Castilla. Lecturas españolas.

1913 Clásicos y modernos.

1914 Los valores literarios.

1915 Tomás Rueda. Al margen de los clásicos.

1916 Parlamentarismo español.

1917 Es subsecretario de Instrucción Pública.

1922 Don Juan.

1923 El chirrión de los políticos.

1925 Doña Inés.

1926 Old Spain.

1927 Brandy, mucho brandy.

1928 Félix Vargas.

1929 Superrealismo. Blanco en azul.

1930 Angelita. Pueblo.

1936 Se traslada a París.

1939 Regresa a España.

1942 El escritor.

1943 El enfermo. Capricho.

1944 La isla sin aurora. María Fontán. Salvadora de Olbena.

1945 Los clásicos redivivos. Clásicos futuros.

1946 Memorias inmemoriales.

1967 Muere en Madrid.

José Martínez Ruiz, Azorín

José Martínez Ruiz vivió entregado a la literatura, haciendo famoso el seudónimo de Azorín por el que resulta conocido, aunque usó otros distintos, como Cándido o Ahrimán. Su vocación de escritor se manifiesta tempranamente en el periodismo, publicando en El País y El Progreso artículos de crítica social y tono anarquista. Más tarde su ideario evolucionará desde esas posiciones avanzadas hacia un escepticismo abúlico influido por las lecturas de Nietzsche y Schopenhauer.

Una parte muy importante de la producción azoriniana está formada por sus libros de crítica literaria, entre los cuales se cuentan La crítica literaria en España (1893), Anarquistas literarios (1895), Lecturas españolas (1912), Clásicos y modernos (1913), Los valores literarios (1914), Al margen de los clásicos (1915), Lope en silueta (1935), Los clásicos redivivos. Clásicos futuros (1945) o Con Cervantes (1947). Los artículos coleccionados en estos libros demuestran, por un lado, sus numerosas y variadas lecturas (que van desde los autores de la Edad Media hasta los contemporáneos), así como su fina sensibilidad y su intuición literaria.

Colecciones de artículos son también El alma castellana (1900), Los pueblos (1905), La ruta de don Quijote (1905), España (1909) o Castilla (1912). En estas obras trata de apresar la realidad espiritual del país a partir de los pequeños detalles de la vida cotidiana. Como dejan adivinar algunos de los títulos, predomina la visión del paisaje de Castilla, aunque también están presentes los andaluces, levantinos y baleares. Estos escritos de Azorín nos transmiten su contemplación admirativa y nostálgica del paisaje y del paisanaje, de los hombres y de los pueblos, que para él son «un pedacito de historia patria». Por otra parte, Parlamentarismo español (1916) y El chirrión de los políticos (1923) muestran su escepticismo frente a la clase política. También publicó unas Memorias inmemoriales (1946).

Su producción narrativa está formada por dieciséis novelas y diez tomos de cuentos. Azorín se mueve preferentemente en el terreno de la novela-ensayo, de estilo impresionista. En efecto, sus novelas se construyen con una sucesión de cuadros sueltos, en los que se intercalan continuas divagaciones y digresiones del narrador, que podemos identificar con el novelista Azorín. Es muy importante la trilogía formada por La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), que presenta el proceso filosófico de transformación del «luchador Cándido», convertido finalmente en el «pequeño filósofo Azorín». El protagonista es fiel trasunto del autor, que denuncia las lacras españolas y nos transmite su fina captación de los paisajes levantinos y castellanos.

Títulos como Tomás Rueda (1915), Don Juan (1922) y Doña Inés (1925) constituyen buenos ejemplos de novela lírica. Otros como Félix Vargas (1928), Superrealismo (1929) o Pueblo (1930) responden a una fase de experimentalismo y destacan por el empleo de técnicas renovadoras. Azorín publicó más novelas tras la guerra civil: El escritor (1942), El enfermo (1943), Capricho (1943), La isla sin aurora (1944), María Fontán (1944), Salvadora de Olbena (1944). Por lo que hace a sus cuentos, figuran reunidos en volúmenes como los titulados Bohemia (1897) o Blanco en azul (1929).

El teatro de Azorín es muy singular e innovador. Construye obras con escasa peripecia exterior, centradas más bien en el análisis introspectivo de los personajes. La acción se sucede en cuadros rápidos de agilísimos diálogos. Cabe recordar La fuerza del amor (1901), Old Spain (1926) o Brandy, mucho brandy (1927). Del mismo año 27 es la trilogía Lo invisible, formada por La arañita en el lentisco, El segador y Doctor Death, de 3 a 5 y marcada por la presencia velada de la Muerte. Otros títulos son Angelita (1930), La guerrilla (1936), escrita en colaboración con Pedro Muñoz Seca, o Farsa docente (1942). En sus obras dramáticas Azorín se acerca a los mismos temas que en las novelas y los ensayos, a saber, la conciencia dolorosa del paso del tiempo y la lucha contra sus efectos, la reconstrucción de la realidad a partir de los «primores de lo vulgar» y el conflicto entre acción y contemplación.


[1] Texto extractado, con algunos retoques, de José del Guayo y Lecuona y Carlos Mata Induráin, Los autores del 98 en la Biblioteca del Nuevo Casino de Pamplona. Catálogo de la exposición bibliográfica del Nuevo Casino de Pamplona. Noviembre de 1998, Pamplona, Nuevo Casino de Pamplona, 1998.

Cronología y semblanza de Ángel Ganivet (1865-1898)

1865 Nace en Granada[1].

1890 Tras licenciarse en Filosofía y Letras y Derecho por la Universidad de Granada, defiende su tesis doctoral España filosófica contemporánea.

1892 Ingresa en el Cuerpo Diplomático y es destinado a Amberes.

1895 Cónsul en Helsinki.

1896 Publica Granada la bella.

1897 Idearium español. La conquista del reino de Maya.

1898 Es destinado a Riga. Los trabajos del infatigable creador Pío Cid. Muere arrojándose al río Dwina, en Riga.

1904 El escultor de su alma, obra póstuma.

1912 El porvenir de España, obra póstuma que recoge su correspondencia con Unamuno.

 Retrato de Ganivet por José Ruiz de Almodóvar

La crítica ha visto en Ángel Ganivet un precursor del grupo literario de 1898, año que fue, precisamente, el de su muerte. Hombre de gran cultura, con una sólida formación humanística, se inició en el periodismo como colaborador de El Defensor de Granada. Tres de las preocupaciones presentes en toda su obra fueron la estética, la política y la moral. El eje central de su ideario lo constituye la reflexión sobre España, siendo algunas de sus ideas principales la exaltación del pasado nacional o el rechazo de un progreso basado meramente en el orden de lo material. Su obra forma, en conjunto, una meditación apasionada sobre el ser y los problemas de España, circunstancia que lo acerca a los hombres del 98.

La producción literaria de Ganivet es más variada que extensa. El libro Granada la bella (1896) traza una visión idealizada de su ciudad natal, en la que se mezcla la evocación nostálgica de un pasado glorioso con los problemas inmediatos del presente español. Su Idearium español (1897) analiza en su primera parte las causas históricas y las más inmediatas de la decadencia de nuestro país, relacionándolas con nuestra forma de ser: ausencia de estímulos, tendencia a la improvisación, etc. La segunda parte explica las razones del fracaso de la política española por haberse volcado siempre nuestra nación hacia el exterior, en empresas europeas y trasatlánticas, en lugar de hacerlo sobre sí misma. Para paliar los efectos negativos de esa circunstancia resulta necesaria una reconstrucción interior del país con «una concentración de todas nuestras energías dentro de nuestro territorio». Ganivet defiende que «cuanto en España se construya con carácter nacional debe estar sustentado sobre los pilares de la tradición». En la tercera parte diagnostica que la peor enfermedad que aqueja a nuestro país es la debilitación de la voluntad. Unamuno elogio el Idearium español señalando que era «un semillero de ideas, todo un sugestionadero de marca mayor».

Temas nucleares en la obra de Ganivet son la preocupación por el presente y el futuro de la patria, el recuerdo de España desde la distancia, su geografía y su historia, la comparación con Europa, la idiosincrasia de sus hombres, la lengua y la religión, etc., analizados con una curiosa mezcla de apasionamiento y lucidez. Los encontramos expuestos también en otras obras suyas, por ejemplo en sus dos novelas, que mezclan en su estructura la narración de aventuras con la exposición de ideas. Así, La conquista del reino de Maya por el último conquistador español, Pío Cid (1897) analiza con humor la forma de vida española y europea en contraposición con las costumbres de los pueblos africanos. En realidad, el argumento no es sino un pretexto novelesco para la exposición de sus ideas de reforma de la vida individual y de la sociedad. Critica aquí Ganivet el hecho de que las perniciosas costumbres modernas acaban con las arraigadas y tradicionales. Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, publicado al año siguiente, es un relato con mayores elementos autobiográficos e incluye una crítica de las costumbres españolas finiseculares. Por su alta carga intelectual, estas dos piezas narrativas se asemejan bastante a las nivolas de Unamuno, a La voluntad de Azorín o a Camino de perfección de Pío Baroja. En ellas el personaje de Pío Cid se nos presenta como un alter ego del autor, a través del cual expone sus planes reformistas.

Otros títulos de la producción de Ganivet son España filosófica contemporánea, Importancia de la lengua sánscrita, Cartas finlandesas (un retrato de las costumbres de ese país), Hombres del Norte (semblanzas de algunos escritores escandinavos), el Epistolario (publicación póstuma de sus cartas a Navarro Ledesma), o El escultor de su alma (1904), drama místico en verso de tono simbólico, especie de auto sacramental moderno en el que el protagonista, de nombre Pedro Mártir, rompe con todas las normas para cincelar su propia alma con criterios personales. Podemos recordar también El porvenir de España (1912), que incluye las cartas cruzadas con Unamuno en 1898, su Correspondencia familiar, 1888-1897, así como los Estudios y textos ganivetianos que publicó en 1971 Antonio Gallego Morell.


[1] Texto extractado, con algunos retoques, de José del Guayo y Lecuona y Carlos Mata Induráin, Los autores del 98 en la Biblioteca del Nuevo Casino de Pamplona. Catálogo de la exposición bibliográfica del Nuevo Casino de Pamplona. Noviembre de 1998, Pamplona, Nuevo Casino de Pamplona, 1998.