El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (1)

En esta y en las sucesivas entradas me centraré en el análisis de la imagen que de don García Hurtado de Mendoza nos ofrece esta pieza dramática escrita por los nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte Bermúdez[1]. Acierta Fausta Antonucci al señalar: «Evidentemente la comedia quiere construir en el personaje de don García un modelo de noble guerrero, y con este fin acentúa sus virtudes caballerescas»[2]; y al añadir después:

El don García de los nueve dramaturgos no remite pues, a todas luces, al modelo lopesco del jefe-padre severo, sino a un modelo más moderado (aunque por lo visto también paternalista), el del jefe cortés, del jefe-amigo, que trata de entablar relaciones de paridad, más favorables al éxito de su programa de conquista[3].

Para Germán Vega García-Luengos,

El planteamiento de estos nueve plumíferos aduladores no ha sido el de erigir a D. García en protagonista de acciones virtuosas, como le correspondería al género dramático, sino, más bien, el de sacar a escena gente, de variada condición, que proclame una y otra vez que es virtuoso[4].

En fin, coincido plenamente con Moisés R. Castillo cuando afirma que «Se trata de una obra completamente encomiástica de la conquista y colonización de Chile sin la menor crítica a la actuación española en dicha empresa»[5].

Escena de batalla

En las próximas entradas iré comentando los hitos principales de la comedia, aquellos pasajes que me parecen más significativos en la construcción dramático-literaria del protagonista.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, p. 33. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Antonucci, «El indio americano y la conquista de América…», p. 34.

[4] Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 207.

[5] Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, p. 115.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza» ante la crítica

La crítica se ha mostrado unánime al señalar la mala calidad de esta comedia, que se resiente precisamente, como ya he indicado en alguna entrada anterior, del propio carácter de obra en cuya composición intervinieron muchas plumas[1]. En realidad, el principal defecto deriva de esa circunstancia de la autoría múltiple, lo que hace que la acción no sea unitaria ni se desarrolle de forma coherente, sino que asistamos más bien a una sucesión de parlamentos excesivamente largos colocados unos detrás de otros. Mediocridad, falta de coherencia organizativa y de intensidad dramática, yuxtaposición de episodios y parlamentos (la palabra prevalece con mucho sobre la acción, grave defecto tratándose de una obra de teatro…), reiteraciones innecesarias, cabos sueltos e hilvanes a la vista en el “cosido” de las distintas piezas que forman la comedia, tales son los mayores defectos señalados por distintos estudiosos, algunas de cuyas opiniones acopiaré a continuación.

combate2

Muy negativa fue, por ejemplo, la opinión de Marcelino Menéndez Pelayo, radical y tajante como otras muchas suyas: «En conjunto, la obra es monstruosa, como podía esperarse de un poema dramático repartido entre nueve personas que destrozan un texto histórico para hacer mangas y capirotes de él»[2]. Bernard Moses se refería a ella como «mediocre work by a number of authors»[3]. Para Rodolfo Usigli, se trata de un «Vergonzoso engendro en general; se perciben todas las junturas, y caracteriza en su falta de unidad y en su desequilibrio los defectos capitales del teatro romántico español y ninguna de sus virtudes líricas»[4]. Guillermo Lohman-Villena la presenta como «la desatinadísima comedia que compuso Belmonte con ocho ingenios más»[5]; y opiniones similares de valoración negativa han sido vertidas por otros muchos críticos. Veamos por ejemplo este comentario de Mónica Lucía Lee:

En el análisis de Algunas hazañas… deben considerarse, pues, dos factores determinantes: el carácter apologético y la autoría múltiple. Ambos imponen restricciones que alteran el producto final; al primero se debe que la obra sea un compendio de escenas y desarrollo de temas destinados a ensalzar la figura de don García, en tanto que el segundo resulta en una obra estructurada como un “mosaico”, cuyas piezas, si bien caben dentro de un patrón intencional y argumental común, difieren una de otras. Esta fragmentación resta coherencia al nivel de la fábula, resultando en una pieza pobremente estructurada[6].

También Germán Vega García-Luengos ha insistido en la falta de coherencia organizativa, en el carácter deshilvanado de los distintos segmentos escénicos, así como en el desorden cronológico y la libertad en el uso de los datos por parte de los autores:

En relación con estos aspectos intertextuales, hay que subrayar la libertad en el manejo de los datos. La figura de Don García está ligada a una serie de episodios, gestos, palabras, que tienen un orden, más o menos respetado en las obras anteriores, aunque se pueden mencionar unos y callar otros. En nuestra comedia se selecciona y trastueca la secuencia con total desparpajo. Cada autor parece gozar de más autonomía de la conveniente, para la coherencia del producto final, a la hora de escoger del plantel de episodios los que considera más oportunos[7].

En fin, para Moisés R. Castillo, «la múltiple autoría fragmenta y deslavaza el hilo argumental y las conexiones internas de la acción para dar como resultado una comedia muy pobre»[8].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Marcelino Menéndez Pelayo, estudio preliminar a Obras de Lope de Vega, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1890, vol. XII, p. 289. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Bernard Moses, Spanish Colonial Literature in South America, New York, HSA, 1922, p. 210.

[4] Citado por Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, pp. 326-327.

[5] Guillermo Lohman-Villena, Arte dramático en Lima durante el Virreinato, Madrid, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1945, p. 110.

[6] Mónica Lucía Lee, De la crónica a la escena: Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Columbia, University of British Columbia, 1993, p. 184.

[7] Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 207. Y añade: «Aunque la obra pretende conducirse intermitentemente por los cauces habituales del género de la comedia “histórica”, es decir, la guerra y el amor, son pocos los pasos que logran darse en la maraña de intervenciones desorganizadas. Más pendientes de hablar que de actuar, los guerreros andan huidizos y los enamorados se despistan. Toda la acción se resuelve en conatos de enfrentamiento, en idas y venidas de espías, traidores, desertores y amantes» (p. 207).

[8] Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, p. 116.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza»: datos de representación y publicación

Gracias a los asientos contables correspondientes a los gastos de la comedia[1], recuperados y estudiados por Shergold y Varey[2], sabemos que Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, fue representada en Palacio, en el cuarto de la Reina, entre el 5 de octubre de 1622 y el 8 de febrero de 1623, en la que fue la primera campaña teatral cortesana de Felipe IV; y que la obra se llevó a las tablas con mucha pompa y riqueza de decorados, a cargo de dos compañías, la de Cristóbal de Avendaño y la de Pedro de Valdés, algo que no resultaba estrictamente necesario atendiendo al reparto. El objetivo habría sido entonces el de dar la mayor vistosidad posible a las escenas bélicas, a los combates de españoles y araucanos, según argumenta Vega García-Luengos: «El número de dramatis personae no lo exige. Se trataría de engrosar los ejércitos castellano y araucano en aras de una mayor espectacularidad»[3].

combate

En la misma línea, Fausta Antonucci ha puesto de relieve que

nos encontramos con un texto que supone un espectáculo de cierto aparato: 18 actores en el reparto más comparsas y dos coros de música, desfiles de ejércitos, peñas que se abren y figuras que se hunden, sonidos de guerra y tempestades fingidas[4].

Por su parte, Miguel Zugasti ha comentado asimismo la abundancia de medios económicos con que se contó para la ocasión, lo que parece desprenderse no solo de la rumbosa representación sino además del hecho de que el texto se imprimiera exento, y con mucha calidad en comparación con lo que era habitual, ese mismo año de 1622:

Especial consideración merece el magno estreno que tuvo lugar en palacio en 1622 Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, que corrió a cargo de dos compañías: la de Cristóbal de Avendaño y la de Pedro de Valdés […]. El texto se imprimió de forma independiente y en edición lujosa, lo que junto a la cantidad de colaboradores hace suponer que los Hurtado de Mendoza seguían perseverando en su tarea de autopromoción, ahora con el nuevo rey Felipe IV, recién llegado al trono[5].

Portada de Algunas hazañas...En efecto, la publicación en Madrid, por Diego Flamenco, 1622 no se corresponde con el de una suelta al uso, sino que se trata de una edición mucho más cuidada en la que el texto de la comedia va antecedido por una portada que incluye el escudo nobiliario familiar y el pie de imprenta; se utiliza una buena tipografía y se añaden filetes y grabados de adorno, a lo que hay que sumar la inclusión de varias hojas preliminares con los «Personajes desta comedia»; una dedicatoria «Al marqués de Cañete» firmada por Belmonte (comienza: «Rasgos humildes y dibujos pequeños de las hazañas ilustres de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, padre de Vuestra Señoría, están pidiendo con dichoso acuerdo un heroico mecenas que los ampare…»); y unas palabras dirigidas a los lectores, que van sin firma pero son también de Belmonte, donde los araucanos son presentados como «los indomables bárbaros de Chile» y se lee además lo siguiente: «El estado de Arauco, breve en el sitio, pues contiene solas diez y ocho leguas, está labrado con güesos de españoles, que con menos soldados de los que ha costado Chile se hizo Alejandro señor de todo Oriente»; y, en fin, la tabla de «Poetas que escribieron esta comedia», con una sumaria indicación de las partes redactadas por cada uno de ellos.

Son, por tanto, dos los indicios —el de la representación a cargo de dos compañías y el de la cuidada impresión exenta— los que parecen estar indicando que la familia apoyó con abundantes recursos económicos el proyecto de esta comedia. Y es que, como han destacado varios críticos (Ferrer Valls, Vega García-Luengos, Dixon…), los Hurtado de Mendoza intentaron su autopromoción con Felipe IV, por medio de una campaña que se extendió por más de treinta años, para tratar de alcanzar —«al parecer sin el éxito esperado», matiza Ferrer Valls[6]— las mercedes regias en reconocimiento a los muchos y buenos servicios prestados a la Corona por don García.

Otro detalle interesante que ha señalado la crítica, y que conviene hacer notar aquí, es que Algunas hazañas fue una pieza bastante popular que contó con numerosas representaciones en el Chile del siglo XVIII, según refiere el historiador Francisco Encina:

En la segunda mitad del siglo [se refiere al XVIII, y al territorio chileno] se generalizó la representación de verdaderas piezas teatrales, todas de autores españoles o peruanos. Parece que la más popular fue la intitulada Algunas hazañas de las muchas de Don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, escrita en colaboración por siete [sic] ingenios[7].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver John E. Varey y Norman D. Shergold, «Some Palace Performances of Seventeenth Century Plays», Bulletin of Spanish Studies, XL, 1963, pp. 212-244; y Comedias en Madrid: 1603-1709. Repertorio y estudio bibliográfico, London, Tamesis Books, 1989, p. 128. Escribe Teresa Ferrer Valls en Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993, p. 116): «No podemos saber a ciencia cierta hasta qué punto la obra compuesta por Juan Ruiz de Alarcón, Mira y los otros dramaturgos sobre las hazañas de García Hurtado de Mendoza se escribió bajo el impulso de la familia o a iniciativa de los mismos dramaturgos, pero la obra fue representada ante la reina entre octubre de 1622 y febrero de 1623». Germán Vega García-Luengos recuerda el detalle de que «En la documentación palatina la comedia recibe los títulos de Las victorias del Marqués de Cañete y Las hazañas del Marqués de Cañete» («Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 199, n. 2). Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza…», p. 205.

[4] Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, p. 32.

[5] Miguel Zugasti, «El encargo literario», en Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros by Luis Vélez de Guevara, eds. William R. Manson y George Peale, Newark (Delaware), Juan de la Cuesta, 1996, p. 58.

[6] Teresa Ferrer Valls, Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993, p. 116.

[7] Citado por Patricio C. Lerzundi, «Introducción», en Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008, p. 7.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza»: contenido y fuentes

En cuanto al contenido[1], a los hechos de la guerra de Arauco referidos por la comedia, tampoco es este el momento de copiar por extenso el resumen argumental[2]; baste para mi propósito con decir que la acción se inicia tras la muerte de Valdivia y la llegada del nuevo gobernador, el mozo don García, y termina con el cautiverio, la conversión al cristianismo y la muerte del toqui Caupolicán.

Muerte de Caupolicán

Por lo que respecta a las fuentes manejadas por los autores —aspecto que en esta ocasión no puedo detenerme a comentar con detalle—, me limitaré a señalar que los nueve ingenios se remontan, en última instancia, a aquella original de la que bebieron todos quienes escribieron sobre la guerra de Arauco y sus gentes: La Araucana de Ercilla, a la que hay que sumar el Arauco domado de Oña, los Hechos de don García Hurtado de Mendoza… de Cristóbal Suárez de Figueroa y también el Arauco domado de Lope (recordemos que, aunque publicada en 1625, la comedia del Fénix habría sido la primera de la serie, con probable fecha de redacción en el período de 1599-1603). Fausta Antonucci, por ejemplo, escribe que «La secuencia argumental es la misma de Arauco domado de Lope; pero ahora el influjo del poema de Oña es prácticamente nulo, y la comedia sigue más bien los cantos XVI-XXXIV de La Araucana de Ercilla»[3]. No existen, en cualquier caso, mayores pretensiones de fidelidad a los hechos históricos, aspecto resaltado por Germán Vega García-Luengos:

La comedia no sólo es la culminación de ese empeño de mitificación interesada de Don García, también marca el extremo al que llega la deformación de unos hechos ocurridos tres cuartos de siglo antes[4].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, pp. 31-32; y Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, pp. 208-210. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, p. 32. Ver también Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, pp. 74-76.

[4] Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza…», p. 206.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia en colaboración (y 3)

¿Cuál es la relación que unía a los nueve colaboradores en Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, y a ellos a su vez con Lope de Vega, autor de la precedente comedia del mismo tema Arauco domado?[1] Reduciéndolo a lo esencial, se trata de la coincidencia de casi todos ellos en las justas poéticas madrileñas en honor de San Isidro de los años 1620 y 1622, tal como ha explicado Patricio C. Lerzundi, entre otros críticos:

Se ha visto que el interés de Lope por el tema de Arauco se remonta a 1598 y a través de muchas fuentes no necesariamente por conseguir el favor de los Cañete. Por otra parte, Luis de Belmonte estuvo en contacto directo con Pedro de Oña y con don García Hurtado de Mendoza entre los años 1605 y 1606 en el Perú.

Durante las justas poéticas de San Isidro de 1620 y 1622, en donde se reúne la mayoría de los nueve ingenios, Lope había servido como secretario y organizador de ellas. En la justa de 1620 concurrieron Luis de Belmonte, Jacinto de Herrera, el conde del Basto, Guillén de Castro y Diego de Villegas; en la justa de 1622 concurrieron Mira de Amescua, Guillén de Castro, el conde del Basto, Diego de Villegas y Fernando de Ludeña. Se deduce que es a partir de la justa de 1620 cuando comienza a formalizarse el proyecto de Algunas hazañas…[2]

¿Y cuál fue la intervención que tuvo cada uno de ellos en el proyecto común? No es mi propósito analizar las características de esta comedia en cuanto tal obra en colaboración, para valorar la aportación de cada poeta y explicar cómo se produce el ensamblaje de las distintas piezas, sino presentar cómo aparece tratada la figura de don García en el conjunto. Me limitaré aquí a dejar constancia del orden de las aportaciones hechas por cada dramaturgo y del número de versos de que constan. Hay que recordar que la dedicatoria a don Andrés Hurtado de Mendoza, así como las palabras dirigidas al «Lector», son de Luis de Belmonte Bermúdez, como seguramente es suyo también el plan organizativo general de la obra y la labor de coordinaciFirma de Fernando de Lodeñaón de los distintos ingenios. Los versos de la comedia se distribuyen así: en la Jornada I, los vv. 1-260 (un total de 260 versos), son de Antonio Mira de Amescua; los vv. 261-404 (144), de Francisco de Tapia y Leyva, conde del Basto; y los vv. 405-1218 (814), de Belmonte. En la Jornada II, los vv. 1219-1584 (367) corresponden a Juan Ruiz de Alarcón; los vv. 1585-1956 (372), a Luis Vélez de Guevara; y los vv. 1957-2119 (163), a Fernando de Ludeña.

En fin, en la Jornada III escribe los vv. 2120-2491 (352) Jacinto de Herrera y Sotomayor; los vv. 2472-2701 (230), Diego de Villegas; los vv. 2702-3045 (344), Guillén de Castro, y remata la faena Belmonte, que es el único que repite, con los vv. 3126-3195 (150).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 31. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia en colaboración (2)

ComediaEnColaboracion.jpgLa existencia de piezas dramáticas escritas en colaboración es fenómeno bien conocido —y últimamente bastante estudiado— en el teatro del Siglo de Oro español[1]: para atender la fuerte demanda del público de los corrales de comedias, que exigía continuas novedades en los títulos representados, los dramaturgos debían trabajar muchas veces contra el reloj para cumplir con los plazos de los compromisos acordados con los autores de las compañías, y una forma de hacerlo con más comodidad consistía precisamente en repartirse el trabajo entre varios[2]. Lo más habitual era la colaboración entre tres ingenios, a razón de una jornada para cada pluma, y en cambio resulta mucho más excepcional —aunque sin ser tampoco caso único— el de una comedia escrita a nueve manos[3]. Como bien señala Patricio C. Lerzundi, «Lo que llama la atención en Algunas hazañas…, más que el hecho de que sea una obra escrita en colaboración, es que es una de las pocas que cuenta con nada menos que nueve autores»[4]. Ya Luis Fernández-Guerra y Orbe evocaba, a la altura de 1871, varias de las características de esta redacción en colaboración, al tiempo que apuntaba otras circunstancias atingentes a la representación y publicación en formato lujoso de la pieza que nos ocupa:

Muerto el piadoso príncipe [Felipe III], sucediéndole su hijo, con destinada afición a las musas del teatro, juzgó don Juan Andrés que en la escena se debía también presentar con toda su grandeza la figura del noble don García; y encomendó la tarea de disponer una comedia en su elogio al poeta Luis de Belmonte Bermúdez, que le había conocido y debido atenciones, siendo virrey del Perú, en el año de 1605. Belmonte, para dar mayor importancia y realce a la ofrenda, llamó a la parte del trabajo y de la gloria a algunas personas a quienes estimaba por amigos y muy sutiles ingenios. Reuniéronse nueve colaboradores, sin duda como observa con su habitual penetración el señor Hartzenbusch, para representar las nueve musas; y tomando por guía el libro del doctor maldiciente [los Hechos… de Suárez de Figueroa], trabajaron la comedia intitulada Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, dedicándola a su hijo y sucesor el gentilhombre de la cámara de Su Majestad. Representose, con extraordinario aparato, riqueza de trajes y admirable perspectiva, el año de 1622; y se imprimió lujosamente, aderezándola con dedicatoria y prólogo al lector y con los nombres de los poetas, y expresión de la parte de trabajo que a cada cual había correspondido[5].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] La comedia en colaboración es un tema que cada vez va contando con más bibliografía: ver, por ejemplo, Juan Matas Caballero, «El Arte nuevo de hacer comedias y la comedia en colaboración», en Cuatrocientos años del «Arte nuevo de hacer comedias» de Lope de Vega, coords. Germán Vega García-Luengos y Héctor Urzáiz Tortajada, Valladolid, Universidad de Valladolid-Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, 2010, vol. 2, pp. 715-728; y Alessandro Cassol y Juan Matas Caballero (eds.), La escritura en colaboración en el teatro áureo, Valladolid, Universidad de Valladolid-Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, en prensa). Ver también la bibliografía del proyecto La comedia escrita en colaboración en el Siglo de Oro, de la Universidad de León.

[3] Se suele recordar el caso similar de La mejor luna africana y Rey Chico de Granada, estudiada por María Soledad Carrasco Urgoiti, «En torno a La luna africana, comedia de nueve ingenios», Papeles de Son Armadans, año IX, tomo XXXII, 96, 1964, pp. 255-298 y más recientemente por Juan Matas Caballero, «La officina poetica de una comedia colaborada: La mejor luna africana», en La escritura en colaboración en el teatro áureo, eds. Alessandro Cassol y Juan Matas Caballero, Valladolid, Universidad de Valladolid-Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, en prensa. En cualquier caso, no me detengo en los mecanismos de la escritura en colaboración, sino que me centro en la caracterización del personaje a lo largo de la comedia en su conjunto, haciendo abstracción de la autoría de cada segmento.

[4] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 25. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[5] Luis Fernández-Guerra y Orbe, Don Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, Madrid, Imprenta y Estereotipia de Rivadeneyra, 1871, p. 358.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia en colaboración (1)

En esta y en sucesivas entradas iré examinando, siquiera de forma somera, los principales datos externos sobre la comedia (autoría y datación, representación y publicación), así como los relativos a su estructura interna y las fuentes manejadas por los autores, sin olvidar el comentario de algunas valoraciones que ha ofrecido la crítica acerca de Algunas hazañas[1].

belmonte-bermudezLa pieza que nos ocupa, que ha sido calificada por Patricio C. Lerzundi como «tragicomedia histórica»[2], fue escrita en colaboración por nueve ingenios, siendo el coordinador del proyecto el sevillano Luis de Belmonte Bermúdez, quien estaba en México hacia 1604 y en 1605 había pasado a Lima; allí conoció a Pedro de Oña y al propio don García Hurtado de Mendoza, de forma que «pudo informarse en detalle de todos los hechos históricos relacionados con la conquista de Chile»[3]. Los demás dramaturgos que colaboraron en la escritura de la pieza fueron Juan Ruiz de Alarcón, Luis Vélez de Guevara, Antonio Mira de Amescua, Guillén de Castro, Fernando de Ludeña, Jacinto de Herrera y Sotomayor, Diego de Villegas y Francisco de Tapia y Leyva, conde del Basto[4]. Y aunque varios de ellos eran dramaturgos de reconocido prestigio y competencia (los cuatro primeros ocupaban un lugar destacado en el panorama teatral del momento, mientras que los otros cuatro eran menos importantes), la calidad del producto final resultante de esta colaboración a tantas manos no podía menos que resentirse.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] «Publicada en 1622 con el rótulo de comedia, atendiendo a su temática, Algunas hazañas… cabe dentro de la clasificación de “tragicomedia histórica”» (Patricio C. Lerzundi, «Introducción», en Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008, p. 2). Citaré por esta edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 25. Para el personaje histórico, ver la biografía de Cristóbal Suárez de Figueroa, Hechos de don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de Cañete…, en Madrid, en la Imprenta Real, 1613, y el trabajo moderno de Fernando Campos Harriet, Don García Hurtado de Mendoza en la Historia Americana, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1969. Ver también Remedios Morán Martín, «García Hurtado de Mendoza ¿gobernador o héroe», Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, Historia Moderna, 7, 1994, pp. 69-86.

[4] Datos de los nueve autores en Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, pp. 25-30.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia de encargo nobiliario

En el teatro español del Siglo de Oro existen varias piezas que tienen como tema la conquista de Chile y la prolongada guerra de Arauco[1]. Dentro de ese corpus, hay algunas comedias que fueron encargadas por la familia de los Hurtado de Mendoza (primero por el propio don García y luego por su hijo don Juan Andrés) con la finalidad de prestigiar la figura del cuarto marqués de Cañete, quien en su etapa como gobernador de Chile (1557-1561) había logrado notables avances en la pacificación del rebelde territorio de Arauco, pero cuyos méritos e importancia no quedaron reconocidos por Alonso de Ercilla en su famosa Araucana. Para tratar de contrarrestar aquel voluntario olvido se preparó un amplio programa de propaganda que incluyó no solo varias obras de teatro, sino también crónicas, biografías, poemas épicos, etc.

Don García Hurtado de MendozaLas tres piezas teatrales que presentan ese carácter de «obras de encargo»[2] son Arauco domado de Lope de Vega, la más famosa y conocida, la que más bibliografía ha generado (¡Lope es Lope!) y asimismo la que parece estar al comienzo de la serie (aunque su publicación se produce en 1625, su fecha de redacción es bastante más temprana, en torno a 1599-1603); El gobernador prudente, de Gaspar de Ávila (puede datarse en torno a 1624-1625, pero no sería publicada hasta 1663); y Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia “perpetrada” —y con la elección de esta palabra adelanto ya un juicio valorativo sobre su escasa calidad dramático-literaria— por nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte Bermúdez, la cual se representó y publicó en Madrid en 1622[3]. De esta última obra me iré ocupando en sucesivas entradas.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Algunas hazañas es una obra que hay que estudiarla en el contexto del mecenazgo teatral y literario, concretamente en la categoría de las comedias genealógicas de encargo (también denominadas comedias histórico-políticas). Ver, entre otros trabajos, Andrea Sommer-Mathis et al., El teatro descubre América. Fiestas y teatro en la Casa de Austria (1492-1700), versión española de Társila Reyes Sicilia, Madrid, Editorial MAPFRE, 1992; Teresa Ferrer Valls, Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993. y Miguel Zugasti, «El encargo literario», en Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros by Luis Vélez de Guevara, eds. William R. Manson y George Peale, Newark (Delaware), Juan de la Cuesta, 1996, pp. 49-86. Como es de suponer, estos encargos nobiliarios para escribir elogiosas piezas genealógicas de algún personaje de la familia dejaban pingües beneficios a los dramaturgos (o a los autores literarios, en general, pues también hay encargos en otros géneros distintos del teatro).

[3] Para el análisis de esta pieza ver especialmente Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, pp. 199-210; Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, pp. 32-35; Mónica Lucía Lee, De la crónica a la escena: Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Columbia, University of British Columbia, 1993, pp. 184-203; Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, LXX, 1993, pp. 84-85; Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, pp. 25-32 y 2009; Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, pp. 115-125; y Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (y 14)

Como hemos podido apreciar a lo largo de sucesivas entradas, en esta comedia de El gobernador prudente de Gaspar de Ávila, que forma parte de la campaña de propaganda impulsada por la familia Hurtado de Mendoza (primero por el propio don García y, tras su muerte, por su hijo), destacan varios elementos: en primer lugar, el retrato del personaje —ya desde el título— como buen gobernante que, pese a su mocedad, actúa con prudencia, justicia, sabiduría, modestia y humildad[1]. En segundo término, encontramos la faceta bélica: los elogios de propios y extraños, españoles y araucanos, destacan continuamente su valor personal y sus dotes de mando militar, al tiempo que se pone de manifiesto su astucia, su sagacidad para descubrir el ardid de los araucanos (la falsa embajada de paz de Colocolo).

Don García Hurtado de Mendoza

En este retrato cobran importancia igualmente los elementos relacionados con la religión (don García es piadoso, actúa como un catequista con los indios y, al final, acaba equiparado a un santo). En suma, en esta obra panegírica de Gaspar de Ávila don García Hurtado de Mendoza es un personaje modélico y todas sus palabras y acciones conforman un compendio del buen gobernante. Diestro en armas y letras, este don García / San García es, como dijera Colocolo y recoge Bocafría en el ultílogo, el «piadoso vencedor» y el «gobernador prudente»[2].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para más detalles sobre la comedia que nos ocupa ahora, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

La justificación de la conquista de América en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (y 2)

Pero, sobre todo, la justificación de la conquista de Arauco —por extensión de América— en virtud de la extensión de la fe católica aparece explícitamente en un par de pasajes muy significativos en los que don García debate con Colocolo, primero, y con Caupolicán después[1]. En efecto, importantísima es la escena de la (falsa) embajada de paz de Colocolo. Don García muestra su deseo de que el más anciano del Estado araucano conozca su «ciego error» y reciba la luz de la fe (vv. 1614b-1617)[2]. Colocolo protesta con estas palabras:

Y pues está en opinión
de sabio tu corazón,
que le dais juzga prudente
a nuestro espíritu ardiente
culto de otra religión,
cuando es ya rigor impío
obedecer mandamientos
de estranjero señorío,
que siempre han de estar exemptos
los actos del albedrío (vv. 1624-1633).

El venerable araucano pregunta directamente a don García cuáles son los argumentos que pueden justificar el dominio de los españoles. ¿Más valor en la guerra? Pero los araucanos los han derrotado algunas veces. ¿Un alma superior? Pero todos, españoles y araucanos, tienen almas inmortales. Don García, tras reconocer la prudencia del anciano representante Arauco, pleno de experiencia, razona que la justicia de los españoles es evidente. Este pasaje es muy interesante en tanto en cuanto escenifica esa especie de «debate legal» para justificar la jurisdicción española sobre el territorio chileno. Sabe don García que los araucanos están enojados por los tributos excesivos; pero él les aliviará esa carga. Y defiende el justo derecho del monarca español sobre aquellas tierras porque el Papa y el rey son inmediatos de Dios en la tierra. Añade que fundará seminarios religiosos para enseñarles la doctrina cristiana:

Y así, os pretendo fundar
seminarios religiosos
donde os puedan enseñar
con preceptos amorosos
la ley que habéis de guardar (vv. 1695-1698).

Reconoce también que españoles y araucanos son iguales en ser mortales, pero la fe católica es sin duda superior a la indígena. En fin, el gobernador deja claro que cumplirá con su honor, matando o muriendo. Colocolo, tras afirmar que queda convencido «en parte» (v. 1719), dice que hablará con los suyos y le pide que, mientras tanto, suspenda el rigor de su acero. En aparte, añade este elogio de don García (Colocolo cree que lo ha engañado con su táctica dilatoria, mientras se preparan mejor para la guerra):

(¡Qué bondad
y qué valor! No creyera
tal ser de tan poca edad;
pero en la reportación
tiene puesto el corazón
y le falta en lo advertido,
que aunque sabe, no ha sabido
conocerme la intención.) (vv. 1726b-1733).

Moisés R. Castillo ha destacado la importancia de esta escena:

lo que merece una atención especial es la reveladora entrevista entre Colocolo y don García al final del segundo acto, dada la calidad de los argumentos que se esgrimen. Por primera vez en estas comedias, dos personalidades, un español y un indio, tienen una entrevista donde relajadamente sentados debaten críticamente el actuar de ambos[3].

Y más adelante añade:

La explicitación de este discurso apologético-moralizante, sin duda, tendría un potente poder adoctrinador en el auditorio. Por eso es conveniente recalcar que el propósito de la obra de Ávila consiste en sacar a nueva luz lo sabio de las medidas de don García, que no sólo atajan los excesos de los peninsulares, sino que traen el «mejor y más pío gobierno» al territorio mapuche[4].

Un pasaje con función semejante lo tenemos en la escena del acto tercero en que se enfrentan en combate don García y Caupolicán. También aquí se produce un intercambio de pareceres sobre la justicia del dominio que ejerce en aquellas tierras el rey de España:

CAUPOLICÁN.- ¿En qué se funda quisiera
saber esta acción primera
del dominio de tu rey?

DON GARCÍA.- En instruiros la ley
de Dios, que es la verdadera (vv. 1998-2002).

Como vemos, de nuevo la conquista se justifica por motivos religiosos: la extensión de la fe católica. Aquí la escena no alcanza mayor desarrollo; simplemente, Caupolicán reconoce el valor de don García, antes de volver a pelear con él:

Si presumes blandamente,
con arrogancia peleas:
no me espanto que mi gente
huya acobardadamente,
ni que haya rey que se atreva
a introducción de ley nueva
con vasallo tan valiente (vv. 2006-2012).

La muerte de Caupolicán

El gobernador prudente se remata, como ya he señalado, con el bautismo de dos de los personajes «catequizados» por don García. Castillo valora así este final, en el que Caupolicán muere (pero con la garantía de salvación para su alma) y Guacolda pide profesar como religiosa:

De esta forma, los dos personajes que en el primer acto mostraban más inquina contra los peninsulares acaban de muy diverso modo: Caupolicán arrepentido, bautizado y muerto, sujeto de cruel, pero «necesario» y pío, ejemplo de la violencia española; y Guacolda monja y rezando por la victoria de los españoles, reflejo del poder del adoctrinamiento y de la excelsa labor de los españoles en Indias[5].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

[3] Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, p. 100.

[4] Castillo, Indios en escena…, pp. 101-102.

[5] Castillo, Indios en escena…, p. 106.