El poema «Lo fugaz», de Ricardo Jaimes Freyre

Ya en una entrada anterior ofrecí una breve semblanza del poeta boliviano Ricardo Jaimes Freyre  (1868-1933) y un comentario de su poema «Canción de la primavera», buen ejemplo del estilo modernista que impregna su primer poemario, Castalia bárbara (1899). En esta ocasión reproduzco su composición «Lo fugaz», que es el octavo poema de la sección «Los sueños son vida», del poemario de igual título publicado en 1917.

El texto retoma el tradicional motivo de «la brevedad de la rosa», si bien en su última estrofa (que se inicia con la adversativa pero) se introduce una variante temática que pudiéramos enunciar como «la eternidad de lo fugaz». Por lo demás, cabe destacar en el poema la brillante utilización de la adjetivación (aguas turbias, seno amargo / noches puras y serenas) así como la consecución del ritmo a través de las repeticiones poéticas de determinados elementos textuales («la rosa temblorosa», «sobre las aguas turbias del pantano») que refuerzan el efecto de la rima asonantada.

Rosa deshojada

La rosa temblorosa
se desprendió del tallo,
y la arrastró la brisa
sobre las aguas turbias del pantano.

Una onda fugitiva
le abrió su seno amargo
y estrechando a la rosa temblorosa
la deshizo en sus brazos.

Flotaron sobre el agua
las hojas como miembros mutilados
y confundidas con el lodo negro
negras, aun más que el lodo, se tornaron;

pero en las noches puras y serenas
se sentía vagar en el espacio
un leve olor de rosa
sobre las aguas turbias del pantano[1].


[1] Cito por Ricardo Jaimes Freyre, Obra poética y narrativa, recopilación y fijación de textos, introducción, notas y cronología de Mauricio Souza Crespo, La Paz, Plural Editores, 2005, p. 197. La introducción de Souza Crespo constituye un buen punto de partida para la comprensión y valoración del conjunto de la obra poética de Jaimes Freyre. En las pp. 53-55 el lector interesado encontrará una bibliografía mínima sobre el poeta. De entre las monografías ahí citadas, cabe destacar las siguientes: Emilio Carilla, Ricardo Jaimes Freyre, Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1962; Mireya Jaimes Freyre, Modernismo y 98 a través de Ricardo Jaimes Freyre, Madrid, Gredos, 1969; Carlos Castañón Barrientos, Ricardo Jaimes Freyre. Notas sobre su vida y su obra, La Paz, Proinsa, 1980; y Mauricio Souza, Lugares comunes del Modernismo. Aproximaciones a Ricardo Jaimes Freyre, La Paz, Plural Editores, 2003.

El «Canto a don Miguel de Cervantes Saavedra», de Germán Céspedes Barbery

Germán Céspedes Barbery, escritor nacido en Cochabamba (Bolivia) en 1916, es autor de algunos poemarios (Puertos de ansiedad, Cuartetos del amor, de la vida y la muerte o Diálogos de amistad); libros de relatos (Cuentos de aquí, de allá y de más allá) y dramas (tales como Una flor en el suelo, Teatro interior o Ima Sumaj. Ejerció como profesor de letras y fue miembro del grupo cultural Gesta Bárbara[1].

Estatua de Miguel de Cervantes en la Biblioteca Nacional de España

A este panorama de las recreaciones cervantinas en la poesía boliviana lo traemos por su «Canto a don Miguel de Cervantes Saavedra», perteneciente al libro Puertos de ansiedad (1953), dejando apuntado que en el mismo libro se incluyen también otros cinco sonetos dedicados a otros tantos motivos quijotescos. El texto dice así:

Sonoro manantial del verbo hispano,
Capitán de proezas del ensueño,
artífice y creador del magno empeño
de enaltecer la estirpe de Quijano.

Tuyo el donaire del ingenio humano
como el embrujo del dolor risueño,
y tuyo el sacro universal diseño
de acero triunfal del castellano.

Tuya la savia de la ardiente España:
corazón encantado por la historia
de su fecunda y multiforme entraña.

¡Y tuyo el lauro, el himno de victoria
con que América asciende la montaña
con la Cruz y la Espada de tu gloria[2].


[1] Puede verse una semblanza del autor en Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, La Paz, PROINSA Industrias Gráficas, 2009, pp. 204-206. Ver también Elías Blanco Mamani, Enciclopedia Gesta de autores de la literatura boliviana, La Paz, Plural Editores, 2005, p. 58a.

[2] Cito por Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, p. 211. Mantengo las mayúsculas del original.

«A nuestro señor don Quijote», de Leonor Ribera Arteaga

Siguiendo con las recreaciones quijotescas en la poesía boliviana, traigo hoy al blog el soneto «A nuestro señor don Quijote» de Leonor Ribera Arteaga, abogado nacido y fallecido en Santa Cruz de la Sierra (1906-1984). Licenciado y Doctor en Derecho y Ciencias Sociales y Políticas, ejerció la docencia como Catedrático de la Universidad Gabriel René Moreno de su ciudad natal[1].

Con esta composición Ribera Arteaga obtuvo la «Violeta de Oro» en los Segundos Juegos Florales de Santa Cruz en el año 1929. El poema (cuyo título recuerda el de la famosa «Letanía…» de Rubén Darío) se centra en don Quijote como símbolo inmortal del espíritu humano que lucha en pos del bien (justicia, libertad, etc.), un sublime ideal que es capaz de lograr con su esfuerzo «la regeneración de nuestra raza».

Don Quijote de la Mancha con Rocinante

El texto completo es como sigue:

Renacerás, retornarás un día.
Tú no puedes morir eternamente,
sin que se pierda el alma en la vacía
existencia vulgar que es el presente.

Si hoy te sepulta el Mal en su porfía,
mañana surgirás resplandeciente,
sobre el espejo de tu suerte umbría,
como un nuevo adalid omnipotente.

Ven, sublime Señor, y haz que desprecie
la humanidad su afán materialista,
de tu divino espíritu a la especie.

Y afirmando la fe que el hombre abraza,
concretará una fórmula alquimista
la regeneración de nuestra raza[2].


[1] Puede consultarse una amplia semblanza de Leonor Ribera Arteaga en Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, La Paz, PROINSA Industrias Gráficas, 2009, pp. 288-295. Ver también Mario Gabriel Hollweg, Leonor Ribera Arteaga: vida y obra de un humanista, Santa Cruz de la Sierra, s. n., 1991.

[2] Cito por Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, p. 296.

La «Loa al Rey de las quimeras», de Gregorio Reynolds

Gregorio Reynolds (Sucre, 1882-La Paz, 1948), político y diplomático boliviano, miembro de la Academia Boliviana de la Lengua, es autor en cuya dilatada producción literaria destacan sus poemarios El cofre de Psiquis (1918) y Horas turbias (1922); en 1948, de forma póstuma, se recogieron sus Poesías escogidas[1].

Un Quijote, de Diego Vasquez

Copio aquí su poema «Loa al Rey de las quimeras», que constituye una evocación conjunta de don Quijote y su creador, Miguel de Cervantes, unidos ambos en la inmortalidad de la gloria literaria:

«Para mí solo nació don Quijote, yo para él;
él supo obrar, yo escribir; sólo los dos somos para en uno» (Cervantes)

Gloria a ti, gran señor, paladín fiero,
loco ejemplar, divinamente humano;
de Francisco de Asís eres hermano,
y hermano de don Juan, el pendenciero.

Necesitan, señor aventurero,
tu amparo la mujer, tu odio el villano
y, eterno Rocinante, el vulgo vano
tu luciente espolín de caballero.

Compendias a Jesús y a don Rodrigo
de Vivar… Los poetas, cuando sales
ávido de imposibles, van contigo,

porque el gran don Miguel te hizo en sus males
consejero leal y buen amigo.
Tú por él y él por ti sois inmortales[2].


[1] Puede verse una amplia semblanza del autor en Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, La Paz, PROINSA Industrias Gráficas, 2009, pp. 244-254.

[2] Poema incluido en Edgar Ávila Echazú, Resumen y antología de la literatura boliviana, La Paz, Gisbert y Cía., 1973, p. 438. Cito, con ligeros retoques en la puntuación, por Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, p. 255.

Cervantes, de nuevo, personaje de ficción: «La sombra de otro» (2014), de Luis García Jambrina

Hace pocas semanas se presentaba y salía a la venta la nueva obra narrativa de Luis García Jambrina, La sombra de otro (Barcelona, Ediciones B, 2014), que novela la vida de Miguel de Cervantes, narrada por su enemigo Antonio de Segura[1].

La sombra de otro, de Luis García Jambrina

La faja publicitaria anuncia: «La vida de Cervantes como nadie la había contado hasta ahora»; la frase que figura en la cubierta bajo el título es «La mejor novela de Cervantes fue su vida»; y estas son las palabras que leemos en la contracubierta del libro:

En una librería de Toledo, un profesor de literatura encuentra, por casualidad, unos papeles antiguos escritos en caracteres arábigos. Se trata de la «confesión» de Antonio de Segura, enemigo en la sombra de Miguel de Cervantes, a quien envidia con toda su alma y persigue de manera implacable con la intención de destruirlo. En ella Segura nos relata, desde la cárcel, cómo conoció a Cervantes en su juventud y cómo fue herido por él en el curso de una pelea, suceso que cambiará para siempre el destino de ambos.

A partir de ahí se suceden las peripecias, los misterios, las intrigas, los conflictos y las rivalidades personales y políticas, las luchas por la supervivencia y por hacerse un hueco en la Corte y en el mundo de las letras, hasta componer un fabuloso recorrido por la vida del autor del Quijote. De las calles de la Villa de Madrid a la ciudad de Argel, de la inspiradora austeridad manchega a la exuberancia sevillana, los principales episodios de la vida del genio se suceden en un argumento tan apasionante como riguroso.

Una novela histórica de calidad en la que no faltan la ironía y los guiños cervantinos, con una fiel ambientación histórica y unos personajes memorables, impactante en sus revelaciones, y llena de intriga y acción.

Tenemos, pues, que Luis García Jambrina (Zamora, 1960) vuelve de nuevo su mirada a los escritores de nuestros Siglos de Oro, tras el éxito obtenido con El manuscrito de piedra (2008) —que le mereció en el año 2009 el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza— y El manuscrito de nieve (2010), novelas histórico-detectivescas en las que Fernando de Rojas, estudiante de Leyes en Salamanca —más tarde bachiller y autor que terminaría completando La Celestina—, investiga sendos asesinatos, el de un catedrático de Teología y el de un estudiante. García Jambrina es autor además de En tierra de lobos (2013), novela negra ambientada en la España de los años cincuenta, y de los libros de cuentos Oposiciones a la morgue y otros ajustes de cuentas (1995) y Muertos S. A. (2005).

Con La sombra de otro, el autor, profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca, recrea desde la ficción literaria la vida de Cervantes, que es en su opinión un personaje absolutamente novelesco —muy cierto—, aunque muy poco tratado en el mundo de la ficción —afirmación esta matizable, pues desde el Romanticismo hasta nuestros días son bastantes los dramas y las novelas que, con mayor o menor acierto, con mejor o peor calidad literaria, han presentado al autor del Quijote como personaje de ficción—. Por ejemplo, en este vídeo de la Universidad de Salamanca en el que se presenta su novela, el escritor indica que existe poca ficción sobre Cervantes, seguramente porque es un personaje que impone mucho:

http://tv.usal.es/videos/1731/luis-garc%EF%BF%BDa-jambrina.-la-sombra-de-otro

La novela, con sus 398 páginas, queda en lista de espera para una próxima, atenta y apasionante lectura, y sin duda que esta nueva recreación literaria cervantina merecerá un comentario detallado más adelante. Mientras esa valoración personal llega, el lector interesado puede ver algunas de las elogiosas opiniones vertidas hasta la fecha —que en parte responden, claro, al habitual marketing editorial— sobre la misma:

«Muy atractiva, muy inteligente, muy bien construida. Un extraordinario compendio de lucidez y verosimilitud» (J. M. Caballero Bonald)

«Muchos guiños cervantinos, rigor, respeto, aventura, intriga y acción son elementos que se entrelazan en La sombra de otro, su tercera novela histórica tras la exitosa El manuscrito de piedra (Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza)» (El Mundo)

«Luis García Jambrina demuestra que la ficción es necesaria donde la Historia no llega» (ABC)

«Una propuesta llena de encanto y calidad para cualquier lector interesado en acercarse a la figura de un genio irrepetible» (Juan Bolea, El Periódico de Aragón)

«Es la primera novela histórica de entidad que se publica sobre Cervantes. […] Está destinada a ser un fenómeno editorial» (Tiempo)

«Luis García Jambrina une los puntos alrededor de Cervantes y aprovecha para reclamar al padre del Quijote como referente que nos permita recuperar la autoestima» (Miguel Barrero, Qué leer)

«Una novela repleta de rigor histórico pero también de conflictos, aventura e intriga que sin duda harás las delicias de todos los amantes del género» (Qué locura de libros)

«La sombra de otro hilvana algunos de los puntos más enigmáticos y polémicos de la trayectoria de Cervantes en un relato tan apasionante como inteligente» (Culturamas)

O consultar, igualmente, algunos de los enlaces donde se refiere la reciente publicación de La sombra de otro, por ejemplo estos:

http://www.todoliteratura.es/noticia/7600/EVENTOS/Luis-Garcia-Jambrina-novela-la-vida-de-Cervantes-en-La-sombra-de-otro.html

http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2014/10/13/luis-garcia-jambrina-reivindica-cervantes/794913.html

http://www.culturamas.es/blog/2014/10/13/luis-garcia-jambrina-novela-la-vida-de-cervantes-en-la-sombra-de-otro/

http://salamancartvaldia.es/not/60619/luis-garcia-jambrina-presenta-su-novela-historica-la-sombra-de-otro-/

http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/10/15/543b882cca4741bc338b456e.html


[1] El colofón de la novela es: «Este libro se terminó de imprimir en Barcelona el 29 de septiembre, día de san Miguel y fecha en la que se supone nació Miguel de Cervantes, en Alcalá de Henares, en el año 1547».

Ecos de Preciosa: Juan Ramón Jiménez

Este otro poema de Juan Ramón Jiménez, perteneciente a su libro Baladas de primavera (1907), no es una evocación directa del personaje de Preciosa, pero sí va encabezado a modo de lema con unos versos del soneto a ella dedicado en La gitanilla[1]:

BALADA DE LA MUJER MORENA Y ALEGRE

Cuando Preciosa el panderete toca,
y hiere el dulce son los aires vanos,
perlas son que derrama con las manos,
flores son que despide con la boca.
CERVANTES, La gitanilla.

Carne de música, rosal de sangre loca,
sol con estrellas, manzana matutina,
¡pon en mi boca las rosas de tu boca,
tu boca roja de sol y coralina!

Ábrete toda como una dulce fruta,
llena de rizos al pino de tu palma,
¡pon, africana, sobre mi amarga ruta,
la sombra fresca del pozo de tu alma!

Mi hogar espera la luz de tu tesoro,
carne de bronce, de seda y de topacio;
¡dórame todo con tu esplendor de oro,
mujer, abierta lo mismo que un palacio!

Luz, pandereta, cristal en flor, granada,
agua de azul, mariposa florecida,
¡quita con una sonora carcajada
las flores secas del libro de mi vida!

Quédate en mí, soy pobre y soy poeta,
huyó en mi blanco pegaso la fortuna,
y quiero oír tu alegre pandereta
cuando florezca la nieve de la luna…

Agua, amapola, rosal de sangre loca,
vida de música, gitana cristalina,
¡dale a mi boca la fruta de tu boca,
tu boca roja de sol y coralina!

El alma de la guitarra


[1] Cito por Juan Ramón Jiménez, Baladas de primavera: 1907, texto preparado por Javier Blasco, prólogo de Claribel Alegría, Huelva, Visor Libros, 2008, pp. 53-54.

Ecos de Preciosa: García Lorca

El personaje cervantino de Preciosa, pleno de gracia, hermosura y discreción, ha inspirado a otros escritores más modernos. Este es un conocido poema de Federico García Lorca, incluido en su Romancero gitano[1]:

PRECIOSA Y EL AIRE

 

                                                            A Dámaso Alonso

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene,
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan, por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

* * *

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento, que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira a la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

* * *

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

* * *

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene
más arriba de los pinos
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

Preciosa y el aire


[1] Cito por Federico García Lorca, Romancero gitano. Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Madrid, Visor Libros, 2008, pp. 34-37.

«La prisión», recreación cervantina de Santiago Posteguillo

En su reciente libro La noche en que Frankenstein leyó el Quijote. La vida secreta de los libros (porque los libros tienen otras vidas), Barcelona, Planeta, 2012, Santiago Posteguillo reúne 24 capítulos («relatos, o artículos, pues son textos que andan a caballo, o a pie, entre uno y otro género», p. 229) en los que se cuentan historias enigmáticas, anécdotas amenas y curiosidades varias relacionadas con escritores y libros de la literatura universal.

Cubierta de La noche en que Frankenstein leyo el Quijote, de Santiago Posteguillo

Pues bien, el quinto de tales episodios (pp. 45-52) se dedica a evocar la entrada y los primeros días de Cervantes en la cárcel de Sevilla en 1597. Tal como sucede en otros capítulos, la evocación del personaje se presenta en un relato que contiene diversas marcas ficcionalizadoras (narrador omnisciente en tercera persona, diálogos, ligeras descripciones del ambiente carcelario: el calor, las míseras estancias, los porteros y bastoneros, las mujerzuelas que entran cada noche para solaz de los prisioneros con dinero, etc.). El innominado protagonista (se le designa con sintagmas como «el reo recién llegado», «el preso», «el preso nuevo», «el reo nuevo», «nuestro preso»…) pide recado de escribir y, cuando le llega, dirige confiado una carta al rey, esperando una pronta respuesta. Pero los días pasan y la contestación real no llega, por lo que el preso solicita de nuevo que le traigan papel, pluma y tintero:

—¿Más cartas al rey? —le preguntó con sorna el preso viejo.

—No. El rey responderá. Hay que darle tiempo. Entretanto escribiré. Poca cosa más se puede hacer aquí.

El preso viejo se acercó y miró a aquel veterano de guerra que se afanaba en sostener bien el papel que le habían traído con un muñón que tenía por toda mano en el brazo izquierdo.

—Es herida de guerra, ¿cierto? —indagó el preso viejo con curiosidad infinita.

—De guerra es. Sí —dijo el preso nuevo sin levantar la mirada. El otro intentó discernir la escritura, pero apenas sabía leer y se volvió a su jergón.

El preso nuevo llevaba días con una idea en la cabeza, con una historia de esas de… novela. Tenía que distraerse o se volvería loco.

«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…», empezó con decisión, y con decisión siguió un par de horas. Hasta que se le acabó la tinta y el sol dejó de iluminar bien (pp. 51-52).

En la parte final de este capítulo en el que así se ha evocado el posible comienzo de la redacción del Quijote en la cárcel sevillana, se abandona el tono ficcional para dar paso a la voz reflexiva del autor, que aporta el siguiente comentario:

Ahora esa misma cárcel sevillana tiene una placa, justo en la esquina de la calle Sierpes con Francisco Bruna, que reza: «En el recinto de esta casa, antes cárcel real, estuvo preso (1597-1602) Miguel de Cervantes Saavedra, y aquí se engendró para asombro y delicia del mundo El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La Real Academia Sevillana de las Buenas Letras acordó perpetuar este glorioso recuerdo, año de MCMLXV.» No me queda claro qué de «glorioso» tuvo aquel encierro para el bueno de Cervantes. He contado hoy día hasta más de veinte placas en honor a Cervantes por toda Sevilla. Y si contáramos todas las de España, no quiero ni pensarlo. Hasta tenemos un premio de las letras con su nombre y un instituto de promoción del español también. Sí, ahora sí, pero aquel 1597 lo metimos en la cárcel. Así somos (p. 52).

Narciso Serra, recreador cervantino del siglo XIX

Entre las numerosas recreaciones dramáticas inspiradas por el Quijote o, en un sentido más amplio, por la figura y la obra de Miguel de Cervantes, destacan en el panorama decimonónico dos exitosas piezas debidas al dramaturgo Narciso Serra (1830-1877). Me refiero a El loco de la guardilla. Paso que pasó en el siglo XVII (1861) y su continuación El bien tardío. Segunda parte de «El loco de la guardilla» (1867), que tuvieron ambas, en aquellos años, numerosas representaciones y conocieron diversas ediciones. No se trata en este caso de recreaciones quijotescas, sino cervantinas; es decir, en ellas encontramos a Cervantes convertido en personaje de ficción. La primera, estrenada en el Teatro de la Zarzuela la noche del 9 de octubre de 1861, se inspira en el cuento «La locura contagiosa» (1844) de Juan Eugenio Hartzenbusch. Su acción se sitúa en 1605 y nos presenta a un Cervantes al que su hermana Magdalena y otros personajes creen loco, por los ataques de risa que causa en él la redacción del Quijote. Esta obra se representó durante catorce noches seguidas, entre el 9 y el 22 de octubre de 1861, y tuvo treinta y ocho representaciones más a lo largo del año cómico 1861-1862 (y sumó nueve ediciones entre 1861 y 1888). El éxito alcanzado llevó a Serra a escribir una continuación, El bien tardío, que se representó en el Teatro de la Zarzuela en octubre de 1867, llevando ahora la acción al momento de la muerte de Cervantes. Cabe mencionar que en ambas piezas da entrada Serra a las figuras de otros destacados escritores: Lope de Vega, como familiar del Santo Oficio, en la primera, y Francisco de Quevedo, novel escritor y rendido admirador del autor del Quijote, en la segunda.

Portada de El loco de la guardilla

La calidad literaria de estas dos piezas de Serra no es excesiva: hay, sí, una fácil versificación, y cierta gracia y ligereza en la construcción de las tramas y los personajes; pero no están exentas de errores, anacronismos y ripios. En cualquier caso, más allá de su relativo valor como obras de arte, sí que resultan piezas de alto interés pues reflejan muy bien la imagen que se tenía del escritor y su obra en ese determinado momento decimonónico y todavía post-romántico. Cervantes es el genial escritor maestro de la lengua castellana, creador del personaje inmortal de don Quijote, quintaesencia a su vez —pudiera decirse así— del carácter español. Se le contempla admirativamente como un genio olvidado y no recompensado que murió en pobreza y soledad. Las circunstancias que explican la aparición de la primera obra de Serra en 1861 las ha sintetizado perfectamente Carmen Menéndez Onrubia:

El éxito obtenido por las tropas españolas en la Guerra de Marruecos (1859-1860) y la anexión a la corona de la isla de Santo Domingo (marzo de 1861), produjo en España un ambiente de exaltación patriótica inusitado. Sentido Cervantes por aquel entonces como el mayor representante de la lengua y de la literatura española, y crisol de la esencia nacional, recibió en 1861 sentidos homenajes populares en los escenarios madrileños[1].

Por su parte, Begoña Lolo recuerda el importante detalle de la institucionalización, desde ese mismo año, del 23 de abril como día de homenaje a Cervantes:

El 30 de enero del año 1861 acordaba la Real Academia Española en sesión plenaria que se sufragase un oficio fúnebre por el alma de los académicos fallecidos, además de las 50 misas por cada uno y 100 por el director que eran costumbre y estaban establecidas desde el 14 de febrero de 1736. Fue entonces cuando el Marqués de Molins propuso que este acto se hiciese extensivo al resto de cuantos habían cultivado las letras españolas y que se celebrase el 23 de abril, fecha del fallecimiento de Cervantes. La propuesta fue aceptada unánimemente iniciándose a partir de esa fecha y año la celebración de forma sistematizada del aniversario del fallecimiento de Cervantes[2].

Así pues, el 23 de abril de 1861, además de celebrarse en el monasterio de las Trinitarias Descalzas un funeral por el alma de Cervantes, tuvo lugar un homenaje en el Teatro del Príncipe, que consistió en la representación del drama Don Quijote de la Mancha de Ventura de la Vega[3], precedido por una loa de Hartzenbusch, La hija de Cervantes[4]. Posteriormente, en octubre del mismo año, se sumarían otros homenajes, el del Teatro Novedades y el del Teatro de la Zarzuela[5]. En el primero se puso en escena el drama Cervantes de Joaquín Tomeo y Benedicto, que tuvo seis representaciones entre los días 9 y 14, y a continuación, entre el 15 y el 23, se representó el drama histórico La batalla de Lepanto, de Antonio Mallí y Brignole. Por su parte, el Teatro de la Zarzuela contribuyó al homenaje cervantino con el estreno el 9 de octubre de El loco de la guardilla de Serra[6].

Volveré con más detalle, en próximas entradas, sobre estas dos interesantes piezas dramáticas de Narciso Serra[7].


[1] Carmen Menéndez Onrubia, «Cervantes en escena: El loco de la guardilla, de Narciso Serra», Arbor, núms. 699-700, 2004, p. 665. Más detalles de los homenajes a Cervantes en 1861 en otro trabajo suyo: «Notas sobre la presencia de Cervantes en la obra de Narciso Serra (1830-1877)», Anales Cervantinos, 35, 1999, pp. 325-336; y también en José Luis González Subías, «A los profanadores del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Crítica y algo más (1861)», en El Quijote y el pensamiento teórico-literario. Actas del Congreso Internacional celebrado en Madrid los días del 20 al 24 de junio de 2005, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2008, 1990, pp. 567-572, y Begoña Lolo, «Don Quijote de la Mancha de Francisco Asenjo Barbieri y Ventura de la Vega en las conmemoraciones de la Real Academia de la Lengua de 1861», en Alexia Dotras Bravo, José Manuel Lucía Megías, Elisabet Magro García y José Montero Reguera (eds.), Tus obras los rincones de la tierra descubren. Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Alcalá de Henares, 13 al 16 de diciembre de 2006, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pp. 391-403. Ver también Joaquín Álvarez Barrientos, «“Príncipe de los ingenios”. Acerca de la conversión de Cervantes en “escritor nacional”», en Begoña Lolo (ed.), Cervantes y el Quijote en la música. Estudios sobre la recepción del mito, Madrid-Alcalá de Henares, Ministerio de Educación y Ciencia-Centro de Estudios Cervantinos, 2007, pp. 89-114. Para la recepción del Quijote en el XIX pueden consultarse, entre otros trabajos, Carlos Reyero (ed.), Cervantes y el mundo cervantino en la imaginación romántica, Madrid, Comunidad de Madrid, 1997; Ascensión Rivas Hernández, Lecturas del «Quijote»: siglos XVII-XIX, Salamanca, Ediciones del Colegio de España, 1998; José Montero Reguera, «Aproximación al Quijote decimonónico», en Lectures d’une œuvre. Don Quichotte de Cervantes, ed. de Jean-Pierre Sanchez, Paris, Éditions du Temps, 200l, pp. 1-24; y Leonardo Romero Tobar, «El Cervantes del XIX», Anthropos, núms. 98-99, julio-agosto de 1989, pp. 116-119 y «Siglo XIX: el Quijote de románticos y realistas», en El «Quijote». Biografía de un libro, Madrid, Biblioteca Nacional, 2005, pp. 117-136.

[2] Lolo, «Don Quijote de la Mancha de Francisco Asenjo Barbieri y Ventura de la Vega en las conmemoraciones de la Real Academia de la Lengua de 1861», p. 391. Añade que el acuerdo de la Academia «sirvió para institucionalizar la figura del literato como icono cultural y símbolo de identidad de la nación española y, sin dudarlo, fue el principio de la consolidación de la recepción de Cervantes y de su obra en la música española».

[3] Contamos ahora con una excelente edición del drama de Ventura de la Vega, con su correspondiente estudio preliminar, a cargo de Mariela Insúa, en el volumen colectivo coordinado por Ignacio Arellano, Don Quijote en el teatro español: del Siglo de Oro al siglo XX, Madrid, Visor, 2007.

[4] La obra fue muy exitosa y tuvo nueve representaciones consecutivas. Pero no todo fueron elogios y parabienes. Manuel Fernández y González, bajo el seudónimo El diablo con antiparras, publicó un libelo titulado A los profanadores del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Crítica y algo más, Madrid, Imp. de Manuel Galiano, 1861, en el que arremetía contra Hartzenbusch, Ventura de la Vega y el actor Pedro Delgado, acusándoles de querer lucrarse a costa de la memoria de Cervantes, que pretendían monopolizar. Ver González Subías, «A los profanadores del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Crítica y algo más (1861)», especialmente pp. 570-572.

[5] Para la historia de este teatro, ver Emilio García Carretero, Historia del Teatro de la Zarzuela de Madrid, tomo primero, 1856-1909, Madrid, Fundación de la Zarzuela Española, 2003.

[6] Para más datos acerca de la representación, los actores, la puesta en escena, etc., ver Menéndez Onrubia, «Cervantes en escena: El loco de la guardilla, de Narciso Serra», pp. 670-671. Se conservan en la Biblioteca Nacional de España los manuscritos de las dos obras presentados para solicitar la correspondiente autorización para su representación (signaturas Ms. 15.425 y Ms. 14.114/4).

[7] Remito a Carlos Mata Induráin, «Cervantes, personaje de zarzuela y drama: El loco de la guardilla (1861) y El bien tardío (1867), de Narciso Serra», en Christoph Strosetzki (ed.), Visiones y revisiones cervantinas. Actas selectas del VII Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, Alcalá de Henares, Asociación de Cervantistas / Centro de Estudios Cervantinos, 2011, pp. 579-589. Ver también Narciso Serra, La boda de Quevedo, estudio preliminar, edición y notas de Carlos Mata Induráin, Pamplona, Eunsa, 2002 (Anejos de La Perinola, 10).

Don Quijote desde Chile: un poema de Pedro Lastra

Interesado como estoy en las recreaciones quijotescas y cervantinas (véase la página web del proyecto que dirijo sobre este tema en el marco de las investigaciones del GRISO: http://www.unav.es/evento/cervantes/Proyecto-rqc), traigo hoy a las páginas del blog un poema de Pedro Lastra titulado «Don Quijote impugna a los comentadores de Cervantes por razones puramente personales», incluido en su poemario Noticias del extranjero (1979), y reproducido después en distintas ocasiones, como por ejemplo en el libro El Quijote en Chile, introducción y selección de Sergio Macías, Santiago de Chile, Aguilar Chilena de Ediciones, 2005, pp. 131-141, que es por donde lo citaré.

Pedro Lastra, poeta chileno (nacido en Quillota en 1932, pero criado en Chillán), ensayista e investigador de la literatura chilena e hispanoamericana, ha sido profesor en varias universidades de Estados Unidos como Buffalo, Saint Louis, Missouri y, finalmente, la State University of New York at Stony Brook, de la que es Profesor Emérito. Miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua desde 1987, en 2011 ingresó como miembro de número. Desde 2009 es también director de la revista Anales de Literatura Chilena, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Dejando aparte su producción como investigador y ensayista, Pedro Lastra es autor de los poemarios La sangre en alto (1954), Traslado a la mañana (1959), Y éramos inmortales (1960), Noticias del extranjero (1979; reedición mexicana de 1982; ediciones en Santiago de Chile de 1992 y 1998) o Canción del pasajero (2001), entre otros títulos. Recientemente se ha publicado una completa antología de su poesía, bajo el título Baladas de la memoria (Barcelona, Pre-Textos, 2010). Para un acercamiento a su producción poética, puede verse la monografía de Edgar O’Hara titulada La precaución y la vigilancia (La poesía de Pedro Lastra), Valdivia, Barba de Palo, 1996. Enrique Lihn le dedicó los siguientes versos, en su poema «Postdata»:

Para decirlo todo en dos palabras
sobre tu poesía: Pedro Lastra:
digo que ya eres parte de ella misma.
Y globalmente, salvo error o excepción
parte de ti que escribes contigo mismo como
si fueras el papel frente a la pluma
o viceversa, la vacilación
propia del acto de escribir. La escribes
cuando pones, te pones en un verso y te dices
«menos feroz y astuto cada noche»
en relación a una historia de amor.
Rehúsas, pues, el cálculo de la palabra justa
(propio de los plumíferos o no, pero sagrados)
por otra precisión: la de los gestos
que describen a un tipo sin palabras
cuando opinadamente se distrae
hasta ser el que es a la hora precisa
en el lugar preciso, cuando por
necesidad de la escritura aquí
y ahora son los signos de la ausencia.
Dejemos el espíritu de lado:
el reverso –digamos− de la letra
oscuro como el bosque y la memoria[1].

En fin, su poema dedicado a don Quijote es el siguiente:

Don Quijote impugna a los comentadores de Cervantes por razones puramente personales

Seco
apergaminado por las largas vigilias
leo una vez y otra
la misma historia de esa Dulcinea
que no es historia porque yo la veo
claramente detrás de las palabras
y en las hojas del bosque rumoroso
que son las que mejor cuentan su historia.
Cómo van a saber lo mismo que yo sé
gentes que sólo saben
refocilarse en su ceguera
ayudados por turbios lazarillos
malandrines
falsos comendadores
que nunca vi en mis libros verdaderos.
Cómo van a saber si aquí el que ama
a una mujer soy yo. Y si no fuera
por el bueno de Sancho a quien le basta
creer para mirar y que ama todo
cuanto sus ojos miran
más valdría
(como dirá Vallejo cuando yo me haya muerto)
que se lo coman todo y acabemos.

No pongo glosa al poema, pero indicaré que lo comenta brevemente Lilián Uribe en su trabajo «Mester de extranjería: la poesía de Pedro Lastra», Inti. Revista de literatura hispánica, 39, primavera de 1994, pp. 216-217. Este artículo está disponible en:

http://digitalcommons.providence.edu/inti/vol1/iss39/19


[1] Tomo el poema de la entrada dedicada a Pedro Lastra en Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Lastra