«Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque» de José Robreño: valoración final

Como valoración final, puede decirse que Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque de José Robreño[1] no es una obra que destaque especialmente por sus méritos literarios: su calidad es más bien escasa; desde el punto de vista métrico, se caracteriza por la monotonía de la versificación y, en el plano ideológico, por su didactismo moralizante (nos plantea una interpretación didáctica del personaje y los hechos de don Quijote, una prevención contra los perniciosos efectos de las malas lecturas). Se trata de una obra sin mayores complejidades ni pretensiones, aunque es cierto que su autor, José Robreño, muestra bastante habilidad para sintetizar, engarzar y dar unidad a una serie de aventuras y episodios de la Segunda Parte de la novela cervantina, pues aúna todos los sucesos protagonizados por don Quijote en palacio (que muestran los inconvenientes de la vida cortesana) y todo lo relativo al gobierno insulano de Sancho Panza (con las dificultades y engorros del ejercicio del poder).

Sanch Panza, Gobernador de la Ínsula Barataria

En cualquier caso, más allá de sus valores dramático-literarios, la obra de Robreño resulta un título interesante en tanto en cuanto constituye un eslabón más en la larga y compleja cadena de recreaciones del Quijote, concretamente en el ámbito del teatro y en unos años (1834-1835) de pleno triunfo romántico en España e, igualmente, de destacada actividad cervantina[2].


[1] He manejado la edición original (Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque. Comedia en cuatro actos y en verso original de don José Robreño, Barcelona, en la imprenta de J. Torner, 1835), pero las citas del texto serán por número de versos, que corresponden a la edición moderna que estoy preparando en la actualidad.

[2] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Una recreación dramática del Quijote en pleno triunfo romántico: Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque (1834-1835), de José Robreño», en Alexia Dotras Bravo, José Manuel Lucía Megías, Elisabet Magro García y José Montero Reguera (eds.), Tus obras los rincones de la tierra descubren. Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas (Alcalá de Henares, 13 al 16 de diciembre de 2006), Alcalá de Henares, Asociación de Cervantistas / Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pp. 535-554.

Cronología de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681)

1600 Nace en Madrid, el 17 de enero, en el seno de una familia hidalga procedente de la Montaña. Es el tercero de los hijos de Diego Calderón de la Barca, escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Su Majestad, y Ana María de Henao y Riaño. Es bautizado en la parroquia de San Martín.

1605 Primeros estudios en Valladolid, donde se ha instalado su familia en seguimiento de la Corte.

1606 La Corte regresa a Madrid, y con ella la familia de Calderón.

1608 Ingresa en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid, donde seguirá hasta 1613.

1610 Muere su madre.

1614 Ingresa en la Universidad de Alcalá, donde estudia Lógica y Retórica. Su padre se casa en segundas nupcias con doña Juana Freyle.

1615 Tras la muerte de su padre, abandona la Universidad de Alcalá y pasa a la de Salamanca para estudiar Cánones (inicio de su carrera eclesiástica, a la que estaba destinado para heredar una capellanía familiar). Sigue sus estudios hasta 1619: se gradúa como bachiller en ambos Derechos, pero no consta que alcanzase el título de licenciado. Adquiere una sólida cultura (gramática, latín, griego, teología…), que constituirá la base para la profundidad de su pensamiento. Participa en las justas poéticas por la beatificación de Santa Teresa.

1616 Los hermanos Calderón están bajo la tutela de su tío, don Andrés Jerónimo González de Henao.

1618 Concluye el pleito con la madrastra sobre la herencia del padre.

1620 Acude a Madrid, donde es premiado en las justas para la beatificación de San Isidro, de las que es mantenedor Lope de Vega.

1621 Decide no ordenarse sacerdote y seguir la vida militar. Implicación de los hermanos Calderón en el homicidio de Nicolás Velasco. Problemas económicos. Se vincula a la nobleza entrando al servicio del Condestable de Castilla, don Bernardino Fernández de Velasco.

1622 Obtiene el tercer premio en las fiestas de la canonización de San Isidro, Santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri.

1623 Estreno el 29 de junio, por Juan Acacio Bernal, de la que tradicionalmente se había tenido por primera comedia de Calderón, Amor, honor y poder, en el Palacio Real de Madrid (recientemente se ha descubierto que esa primera comedia suya sería La selva confusa). Se dedica desde entonces a escribir comedias. Es dudoso que participase en las campañas militares del Milanesado y Flandes, acompañando al duque de Frías.

1624 Estrena Nadie fíe su secreto.

1625 Estrena La gran Cenobia y también El sitio de Bredá, en el Salón Grande del Alcázar de Madrid, para celebrar la toma de Bredá por Ambrosio de Spínola.

1626 Mejora la situación económica gracias a la venta del empleo paterno.

1627 Estrenos de La cisma de Ingalaterra y La devoción de la cruz.

1628 Estrenos de Luis Pérez, el gallego, El purgatorio de San Patricio y Saber del mal y del bien.

1629 Persiguiendo al cómico Pedro de Villegas, que había herido a su hermano Diego, Calderón quebranta la clausura del convento de las Trinitarias. Tras las quejas de Lope de Vega y fray Hortensio de Paravicino, el propio monarca interviene en el asunto. Su renombre de dramaturgo va aumentando, conforme va creciendo su producción teatral. Se estrenan La dama duende, Casa con dos puertas mala es de guardar, El galán fantasma y El príncipe constante.

1631 Estrenos de El astrólogo fingido y Mejor está que se estaba.

1632 Estreno de La cena del rey Baltasar, auto sacramental.

1633 Escribe, entre 1633 y 1636, Los cabellos de Absalón.

1634 Para celebrar la inauguración del Palacio del Buen Retiro se estrena el auto sacramental El nuevo palacio del Retiro.

1635 Estrena El médico de su honra. Tras la muerte de Lope de Vega, se gana el aprecio del público con sus piezas para los corrales de comedias de la Cruz y del Príncipe. Además, se convierte en el dramaturgo favorito de la Corte y es nombrado director de las representaciones palaciegas. La noche de San Juan, en el estanque del Retiro, estrena El mayor encanto, amor. Polémica con Cosme Lotti (Calderón defiende que los efectos escenográficos han de estar al servicio del texto dramático, y no al revés). Concluye la redacción de La vida es sueño.

1636 Publicación, al cuidado de su hermano José, de la Primera parte de sus comedias, que se abre con La vida es sueño. Quizá estrena este año El alcalde de Zalamea. Estreno de Los tres mayores prodigios, en el que intervienen tres compañías, las de Tomás Fernández, Pedro de la Rosa y Sebastián de Prado.

CalderondelaBarca

1637 Recibe en abril el hábito de Santiago, que había solicitado el año anterior. Aparece la Segunda parte de comedias, en la que figura El médico de su honra. Entra al servicio del duque del Infantado, con el que permanece hasta 1640. Por encargo del Ayuntamiento de Yepes (Toledo) escribe para las fiestas del Corpus El mágico prodigioso. Estrena también El mayor monstruo del mundo, A secreto agravio, secreta venganza y No hay burlas con el amor.

1638 Probable participación —aunque no documentada— en los combates para liberar Fuenterrabía del cerco de las tropas francesas.

1640-1641 Guerra de Cataluña: tras componer para Palacio Certamen de amor y celos, sale a la campaña. Se distingue como soldado, siendo herido en el sitio de Lérida.

1642 De nuevo en Cataluña, pide y obtiene el retiro del ejército.

1644-1649 Se dedica a la composición de autos sacramentales, de los que detentará prácticamente la exclusiva durante décadas: La humildad coronada, El socorro general, El pintor de su deshonra… El Ayuntamiento de Madrid le encargará dos autos cada año, que le paga generosamente. Reside temporalmente en Toledo, pero en 1645 regresa a Madrid. Baja su producción dramática porque los corrales de comedias permanecen cerrados tras la muerte de la reina Isabel de Borbón en 1644 y del príncipe heredero Baltasar Carlos en 1646. Tiene amoríos, de los que nace un hijo natural, Pedro José, que muere prematuramente. Fallece también su hermano José en 1645. Entre 1646 y 1649 sirve a don Fernando Álvarez de Toledo, sexto duque de Alba, y se retira a Alba de Tormes.

1647 Muere su hermano Diego.

1649 Regresa a Madrid para las celebraciones del matrimonio de Felipe IV con Mariana de Austria. Probablemente es de este año El gran teatro del mundo, comedia.

1650 Ingresa en la Orden Tercera de San Francisco. Estreno de El pintor de su deshonra, drama.

1651 Recibe la ordenación sacerdotal. A partir de entonces, Calderón abandona el teatro profano para los corrales y solo compone autos sacramentales y comedias para fiestas de la Corte (teatro para Dios y para el rey).

1652 Se estrena La fiera, el rayo y la piedra. Su nuevo colaborador escenográfico es Luigi Baccio del Bianco. El éxito de la obra (que dura siete horas y cuenta con siete mutaciones de escenario) es total y se suceden cuarenta representaciones seguidas.

1653 Alcanza el cargo de Capellán de los Reyes Nuevos de la catedral de Toledo. Frecuentes viajes a Madrid. Estreno de Andrómeda y Perseo.

1655 Estreno de El gran teatro del mundo, auto.

1657 Estreno de El golfo de las sirenas, en el cazadero de la Zarzuela.

1658 Estreno de Los tres afectos de amor: piedad, desmayo y valor, a cargo de dos compañías, las de Diego Osorio y Bartolomé Romero.

1660 Compone una ópera, La púrpura de la rosa, que se estrena en el Retiro para festejar la boda de la infanta María Teresa con Luis XIV.

1661 Estrenos de Eco y Narciso y El hijo del Sol, Faetón.

1663 Nombrado Capellán de Honor del rey, se traslada definitivamente a la Corte.

1664 Aparece la Tercera parte de comedias, a cargo de Domingo García Morrás. Estreno de La hija del aire.

1665 Muere Felipe IV y, debido al luto, se suspende la actividad teatral en la Corte, cuando el éxito de Calderón es absoluto.

1666 Es nombrado Capellán Mayor de la Congregación de Presbíteros naturales de Madrid.

1669 Estreno en el Buen Retiro de Fieras afemina amor, en el cumpleaños de la reina regente, Mariana de Austria. Nombrado Capellán Mayor de Carlos II.

1670 Estreno de Sueños hay que verdad son. Desde este año se representan sus autos en Lima.

1671 Participa en el certamen poético en honor de la canonización de San Francisco de Borja.

1672 Sale la Cuarta parte de comedias, a cargo de José Fernández de Buendía, con prólogo del propio Calderón. Estreno de La estatua de Prometeo. Se representa en la corte virreinal de Lima Galán, valiente y discreto.

1673 Estreno de La vida es sueño, auto sacramental.

1677 Quinta parte de comedias, sin autorización del autor, a cargo de Antonio la Caballería (Barcelona) y Antonio Francisco de Zafra (Madrid). Se publica también un volumen con doce de sus autos sacramentales.

1679 Se le otorga por real cédula una «ración de Cámara en especie» por la real despensa dada su «crecida edad» y «muy cortos medios».

1680 El 3 de marzo, con motivo del Carnaval, se estrena su última comedia, Hado y divisa de Leonido y Marfisa.

1681 A petición del duque de Veragua, Calderón prepara una lista de sus obras. Escribe El cordero de Isaías. Otorga testamento el 20 de mayo y muere el 25 de ese mismo mes, cuando estaba trabajando en el segundo auto del Corpus del año siguiente, La divina Filotea, que sería completado por Melchor de León. Es enterrado en la iglesia de San Salvador de Madrid. La muerte de Calderón marca el final simbólico del Barroco literario español. Al año siguiente, Vera Tassis comenzará la publicación de sus Comedias, en nueve partes[1].


[1] Existe bibliografía sobre la vida de Calderón de la Barca, desde la decimonónica Biografía documentada de don Pedro Calderón de la Barca, de Felipe Picatoste y Rodríguez, publicada en Madrid en 1881, hasta la reciente de Don W. Cruickshank, Calderón de la Barca. Su carrera secular, trad. de José Luis Gil Aristu, Madrid, Gredos, 2011 [publicada originalmente en inglés: Don Pedro Calderón, Cambridge, Cambridge University Press, 2009], pasando por otros trabajos como el de Cristóbal Pérez Pastor, Documentos para la biografía de don Pedro Calderón de la Barca, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Fortanet, 1905, o el de Ángel Valbuena Briones, «Revisión biográfica de Calderón de la Barca», Arbor, 94, 1976, pp. 17-31. Son también de mucha utilidad, entre otras, las síntesis biográficas de Felipe B. Pedraza Jiménez, Calderón. Vida y teatro, Madrid, Alianza Editorial, 2000; y de Ignacio Arellano, Calderón y su escuela dramática, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2001. En la Universidad de Navarra, el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO), bajo la dirección del Dr. Ignacio Arellano, desarrolla sendos proyectos consistentes en la edición de los «Autos sacramentales completos de Calderón de la Barca» y las «Comedias completas de Calderón de la Barca» y coordina la publicación del Anuario Calderoniano, revista académica dedicada monográficamente al estudio de la vida y la obra del dramaturgo madrileño.

 

«Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque» de José Robreño: elementos humorísticos

El humor es un ingrediente importante en Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duqueobra dramática de José Robreño[1], que merece un pequeño comentario aparte. Es portado fundamentalmente por Sancho Panza (sus constantes rifirrafes con la dueña Rodríguez, su cobardía, sus refranes y cuentos[2]…). A la dueña la llama doña González (vv. 103-104), cambiándole el nombre, alude a sus muchos años (vv. 138-144), pone de manifiesto su fealdad al final del Acto Primero…; y la rivalidad sigue después (véanse los vv. 801 y ss.), amontona comentarios jocosos sobre su aborrecimiento a las dueñas (vv. 1006-1007), etc., etc.

En una ocasión, Sancho Panza se queja graciosamente de que son los caballeros, y no sus escuderos, los que se llevan toda la fama de las aventuras (vv. 986 y ss.). Humorísticas son las agudas respuestas del escudero en las tareas que afronta y los casos que resuelve durante su gobierno, y especialmente risible es la frustrada comida del gobernador, con el desfile de platos enfáticamente prohibidos por el médico.

ComidaGobernador

El humor está presente asimismo en los diversos apodos[3] que una enojada Altisidora dirige a Sancho Panza, quien estaría dispuesto a darle su mano si no estuviera ya casado:

… molde de botijo,
gaita gallega sin flautas,
pellejo de poner vino,
sapo hinchado de verano,
de comprador esportillo… (vv. 1848-1852).

En fin, aparte de algún chiste tópico sobre la espera de los judíos (vv. 1757-1758), merece la pena recordar la forma en que Sancho Panza agradece al Duque su oferta del gobierno de la ínsula; cuando el noble le dice que debe ser agradecido, él le responde:

No tenéis que prevenirlo
porque juro serlo tanto,
que estoy deseando os caigáis
de cabeza en un barranco
para echarme yo detrás
solamente por libraros (vv. 591-596)[4].


[1] He manejado la edición original (Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque. Comedia en cuatro actos y en verso original de don José Robreño, Barcelona, en la imprenta de J. Torner, 1835), pero las citas del texto serán por número de versos, que corresponden a la edición moderna que estoy preparando en la actualidad.

[2] Ver los relatos de Sancho insertos en los vv. 433 y ss. y en los vv. 515 y ss.

[3] Estas acumulaciones de insultos constituyen una modalidad frecuente de la jocosidad disparatada, compartida por subgéneros como el entremés o la comedia burlesca.

[4] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Una recreación dramática del Quijote en pleno triunfo romántico: Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque (1834-1835), de José Robreño», en Alexia Dotras Bravo, José Manuel Lucía Megías, Elisabet Magro García y José Montero Reguera (eds.), Tus obras los rincones de la tierra descubren. Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas (Alcalá de Henares, 13 al 16 de diciembre de 2006), Alcalá de Henares, Asociación de Cervantistas / Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pp. 535-554.

«Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque» de José Robreño: personajes

En esta pieza dramática, Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque, de José Robreño[1], cada personaje responde, grosso modo, al patrón del modelo serio: don Quijote es el caballero andante, desfacedor de entuertos, enamorado ideal de Dulcinea (personaje meramente aludido, como en la novela), y queda retratado en diversos parlamentos, propios o de otros personajes: «en su cerebro / cabe lo más imposible / de asuntos caballerescos, / y cree lo que no es dable / que suceda ni por sueños» (vv. 660-664), dice el Mayordomo; el Criado 2.º se refiere a él como «el asombro del esfuerzo, / el vencedor no vencido / y piadoso caballero / don Quijote de la Mancha» (vv. 738-741); el propio don Quijote razona así: «… porque un caballero andante, siendo favorable el tiempo, / puede ser señor del mundo» (vv. 860-862); como «Flor de la caballería, / de los osados espejo» (vv. 1146-1147) lo encomia el Duque, etc. En fin, su austeridad de caballero andante se refleja en este parlamento:

QUIJOTE.- Los caballeros, señor,
que profesan, cual profeso,
la andante caballería,
no buscan sitios amenos:
en los más áridos montes,
en los bosques más espesos,
donde es mayor el peligro,
allí deben morar ellos;
ni el calor en el verano,
ni el crudo yelo en invierno,
el hambre, la sed y otros
naturales contratiempos
son para su profesión
atractivos estupendos (vv. 675-688).

Don Quijote en el bosque

Por su parte, Sancho Panza es el escudero bonachón, pragmático y agudo. Si don Quijote se caracteriza lingüísticamente por el uso de la fabla caballeresca, a Sancho le corresponden el estilo jocoso y, especialmente, el empleo de refranes: «Si te quieren, vales algo» (v. 618), «quien no come, no trabaja» (v. 1587, con inversión de la formulación normal), «Bien está San Pedro en Roma» (v. 1680), y otros ejemplos, a veces acumulados en una larga serie:

… que el vientre lleva las piernas,
y gran susto, gran torrezno,
y muera Marta y muere harta,
y manducar es primero:
quien no come no pelea,
y por el pan baila el perro (vv. 695-700).

Sarta que desata el comentario airado de don Quiote: «Sancho, basta de refranes, / que eres pesado en extremo» (vv. 701-702).

El censo de personajes alcanza una cifra de 9 con una intervención destacada y otros 13 que quedan en un plano secundario. Los Duques, Altisidora, el Mayordomo, etc. tienen una caracterización típica, pudiendo decirse que, en líneas generales, se comportan y hablan como en el modelo cervantino[2].


[1] He manejado la edición original (Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque. Comedia en cuatro actos y en verso original de don José Robreño, Barcelona, en la imprenta de J. Torner, 1835), pero las citas del texto serán por número de versos, que corresponden a la edición moderna que estoy preparando en la actualidad.

[2] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Una recreación dramática del Quijote en pleno triunfo romántico: Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque (1834-1835), de José Robreño», en Alexia Dotras Bravo, José Manuel Lucía Megías, Elisabet Magro García y José Montero Reguera (eds.), Tus obras los rincones de la tierra descubren. Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas (Alcalá de Henares, 13 al 16 de diciembre de 2006), Alcalá de Henares, Asociación de Cervantistas / Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pp. 535-554.

«Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque» de José Robreño: resumen de la acción (actos III y IV)

El Acto Tercero de Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque, de José Robreño[1], empieza con las ceremonias con las que Sancho Panza accede al gobierno de la ínsula: lavado de manos, corte de uñas y respuesta favorable al enigma del puente donde ahorcan al que miente al pasar. Luego se escenifica el engaño del hombre que había recibido en préstamo diez escudos y jura que los ha devuelto a su acreedor (encerrados en el hueco de un báculo). Llega una carta del Duque avisando de que quieren asaltar la ínsula y matar al gobernador. Sancho Panza resuelve a continuación el caso de la mujer supuestamente violentada por el ganadero. Los comentarios del Mayordomo a cada uno de estos casos resueltos satisfactoriamente van poniendo de manifiesto la agudeza y el genio despierto de Sancho. Sigue la comida del gobernador, frustrada por el doctor cada vez que intenta tocar alguno de los suculentos manjares.

Sancho Panza y Pedro Recio

En fin, se finge el asalto de los supuestos enemigos: Sancho Panza sale victorioso, pero abrumado y dolorido, elogia a su burro y la vida de antes y anuncia que deja el gobierno, pese a la visita de una comisión que le pide que siga.

Sancho Panza defiende la Ínsula Barataria

Al comienzo del Acto Cuarto, Sancho Panza conversa con la Duquesa acerca del gobierno y don Quijote promete darle un condado. Después, el manchego anuncia su partida del palacio, alegando que un caballero andante como él hace falta en el mundo para resolver injusticias. Sale entonces Altisidora llorando nuevamente el desamor de don Quijote, quien sigue proclamando su fidelidad constante a Dulcinea. Sancho Panza se ofrece para casar con ella, lo que suscita una enojada respuesta de la doncella.

Un criado anuncia la llegada del Caballero de la Blanca Luna, y el Duque cree que será alguna nueva burla no controlada por él. El relato que hace Sansón Carrasco —y el desenlace que sigue— constituye la parte más original de la obra de Robreño: enamorado de su dama doña Liria, quiere combatir con el famoso caballero don Quijote. Riñen, en efecto, y don Quijote queda vencido. La condición impuesta es que pase dos años en su casa (se adelanta, pues, lo que en la novela sucede en Barcelona). Sansón Carrasco explica a todos quién es él en realidad y los motivos que guían su comportamiento, y el Duque se lamenta de que, de esta forma, hayan acabado tan pronto las risas a costa del loco caballero. Un decaído don Quijote se dirige a su amada Dulcinea para lamentar la falta de su brazo en el mundo para amparar doncellas y desfacer entuertos, y la obra se cierra con el ultílogo didáctico mencionado en una entraada anterior[2].


[1] He manejado la edición original (Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque. Comedia en cuatro actos y en verso original de don José Robreño, Barcelona, en la imprenta de J. Torner, 1835), pero las citas del texto serán por número de versos, que corresponden a la edición moderna que estoy preparando en la actualidad.

[2] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Una recreación dramática del Quijote en pleno triunfo romántico: Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque (1834-1835), de José Robreño», en Alexia Dotras Bravo, José Manuel Lucía Megías, Elisabet Magro García y José Montero Reguera (eds.), Tus obras los rincones de la tierra descubren. Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas (Alcalá de Henares, 13 al 16 de diciembre de 2006), Alcalá de Henares, Asociación de Cervantistas / Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pp. 535-554.

Cronología de Francisco Antonio de Bances Candamo (1662-1704)

Bances Candamo, «escritor límite» en acertada expresión de Juan Manuel Rozas, es el autor más destacado de entre quienes escribieron en tiempos de Carlos II, valga decir en las postrimerías del Barroco. Las fechas de su biografía (1662-1704) coinciden casi exactamente con las del reinado del último Austria (1665-1700). Su figura ofrece, además, el interés de aunar la teoría y la práctica teatral. Bances Candamo defenderá en su preceptiva dramática y cultivará en sus comedias un teatro pedagógico (que se propone enseñar al rey y al pueblo), siendo el conjunto de su producción una «literatura comprometida» —podría decirse así— con su tiempo y con la situación de su país, en especial en lo concerniente al problema sucesorio al trono. El Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra desarrolla desde hace años, bajo la coordinación del Dr. J. Enrique Duarte, un proyecto de investigación que tiene como objetivo el estudio y edición crítica de sus obras.

Aquí ofrezco un resumen cronológico de este interesante escritor, heredero de Calderón en lo teatral como lo es de Góngora en lo poético; en suma, el último dramaturgo y poeta —todavía con una calidad notable— del Barroco español.

Bances_Retrato

1662 Nace, probablemente, el 26 de abril en la parroquia de Sabugo, barrio marinero de Avilés (Asturias), siendo bautizado el 4 de mayo. Sus padres, el sastre Diego de Bances Grado y María López Candamo y Fernández de Bustos, son pobres (cuando muera su padre, antes de que él cumpla un año, será enterrado de limosna), pero de ascendencia hidalga, de la que se enorgullecerá más adelante:

Noble cuna me dio Asturias
en el lugar primitivo
en que a vuestros ascendientes
hicieron reyes los míos[1].

1672 Enviado por su madre a Sevilla, para que se forme con su tío don Antonio López Candamo, canónigo de la catedral, recibe ese año las órdenes menores. Desde niño destaca por su talento, ingenio, buena memoria, elocuencia y erudición.

1677 Tras hacer estudios de Filosofía, en este año inicia los de Leyes y Cánones en la Universidad de Sevilla. Obtendrá el grado y, de dar por buena una afirmación suya, también el título de doctor.

1682 Su primera publicación es un soneto laudatorio en los preliminares del Apólogo membral: discurso jocoserio, moral y político de Francisco Godoy. Participa posiblemente en los círculos literarios de Sevilla. En su madurez reconocerá dos etapas en su producción: «Fui ruiseñor en el Betis / y en el Manzanares cisne».

1683 Escribe una comedia, El ilustre Luis de Badem, sobre el sitio de Viena, ocurrido el 11 y 12 de septiembre de este año, la cual podría haberse representado entre finales de 1683 y principios de 1684 (Gilabert).

Hacia 1684 (en cualquier caso, entre 1682 y 1685), ya licenciado en Cánones, marcha a Madrid, donde triunfará en el teatro. Su actividad se irá haciendo cada vez más intensa y a la altura de 1687 llegará a ser el dramaturgo oficial de Carlos II.

1685 El 3 de febrero participa en una academia literaria en la casa del Regidor de Madrid, Pedro de Arce. Pasa por dificultades económicas, como se desprende de estos versos del vejamen del conde de Clavijo dedicados a Bances:

No tienen hora segura
los hombres, pero tú, sabio,
conoces que los poetas
no tienen seguro un cuarto.

La primera representación teatral de una obra suya de que tenemos noticia corresponde al 15 de noviembre de este año, cuando se estrena en el Coliseo del Buen Retiro —ante los reyes Carlos II y doña María Luisa de Orleáns, y en celebración de los años del emperador de Alemania— su comedia Por su rey y por su dama, a cargo de las compañías de Manuel de Mosquera y Rosendo López. Herido gravemente en el pecho en circunstancias y por causas que se desconocen, el rey se interesa personalmente por su salud.

1686 Estreno el 26 de noviembre, en el Saloncete del Buen Retiro, de La restauración de Buda, comedia de circunstancias (sobre un hecho de actualidad histórica) que se representará también en el Coliseo, donde pueden lucir mejor sus efectos de tramoya.

1687 Estreno de su comedia El mayor monstruo de amor, cuyo protagonista es el cíclope Polifemo, quizá la misma que ¿Cuál es la fiera de mayor entre los monstruos de amor?, que refundirá años después (en 1690) en su zarzuela Fieras de celos y amor. Más importante es otro estreno del mismo año, el de Duelos de Ingenio y Fortuna, comedia mitológica de intriga, y del auto sacramental El primer duelo del mundo, que se representó (con su loa, mojiganga y el entremés de El astrólogo tunante) en Palacio el 29 de mayo, el 30 ante el Consejo de Castilla y en días sucesivos para los demás Consejos y la villa de Madrid, por las compañías de Agustín Manuel de Castilla y Simón Aguado. Probablemente es en este año cuando se convierte en el dramaturgo de cámara del rey (por un Real Decreto expedido por don Manuel de Lira, Secretario del Despacho General). Es algo de lo que se sentirá especialmente orgulloso:

… el ser únicamente nombrado del rey nuestro señor por su real decreto, para escribir sus festejos, cuyo honor por decreto (aunque ha habido otros que le mereciesen mejor que yo) ninguno hasta hoy le ha tenido[2].

1688 Estreno en Valladolid de su comedia El sastre del Campillo, refundición libre de la comedia homónima de Luis Belmonte Bermúdez.

1689 Prohibición de representaciones teatrales por la muerte de la reina María Luisa de Orleáns, fallecida el 12 de febrero. Esponsales de Carlos II con María Ana de Neoburgo y matrimonio por poderes el 24 de agosto de ese año. En el marco de las polémicas sobre la licitud del teatro, el jesuita Ignacio de Camargo publica su Discurso teológico sobre los teatros y comedias de este siglo (Salamanca, por Lucas Pérez, 1689) en el que censura las representaciones teatrales. Colabora con unos poemas para el volumen que se preparó a la muerte de la reina doña María Luisa de Orleáns, Cantos fúnebres de los cisnes de Manzanares a la temprana muerte de su mayor reina, doña María Luisa de Borbón (Madrid, Sebastián de Armendáriz, 1689).

1689-1690 Primera redacción del Teatro de los teatros de los pasados y presentes siglos, la teoría dramática de Bances Candamo, en respuesta al citado Discurso… del teatrófobo Camargo.

1690 Llega la reina a España y es ratificada la boda en Valladolid el 4 de mayo. Se reanuda entonces la actividad teatral. El 26 de julio, con motivo de la onomástica de la reina, se estrena su zarzuela Fieras de celos y amor, cuyos protagonistas son Circe y el cíclope Polifemo, a cargo de la compañía de Agustín Manuel de Castilla.

1691 Estreno de El duelo contra su dama y reposición para los reyes de El sastre del Campillo. Posible fecha de redacción de El español más amante y desgraciado Macías. El 26 de febrero nace un hijo natural, Félix Leandro José (en sus poesías amorosas Bances canta a una tal Amarili y a una Lisi, pero nada sabemos de sus amores en la vida real). Ese año presenta a la Junta del Corpus dos autos nuevos, Las mesas de la Fortuna y El gran químico del mundo (con su loa y entremés de Las visiones), pero son elegidos para su representación dos autos viejos de Calderón (si bien la Junta valora los dos de Bances como los mejores de entre los nuevos). El 10 de junio participa en unas justas con motivo de la canonización de San Juan de Dios y obtiene el primer premio en una de las categorías.

1692 El 27 de enero se estrena su auto Las mesas de la Fortuna. Segunda redacción del Teatro de los teatros. Entre el otoño de 1692 y comienzos de 1693 se representará la trilogía «maldita» (Sanz Ayán) de Bances Candamo: El esclavo en grillos de oro (20 de noviembre, en el Salón dorado de Palacio), Cómo se curan los celos (22 de diciembre, en el Coliseo del Buen Retiro) y, ya en el año siguiente (el 18 de enero, en Palacio), La piedra filosofal.

1693 En efecto, con motivo de los años de la Archiduquesa María Antonia de Baviera, la compañía de Agustín Manuel de Castillo pone en escena La piedra filosofal, que será la última representación palaciega de Bances. El estreno genera muchas protestas: al parecer, el tema de la sucesión al trono, planteado en la obra, incomoda al impotente Carlos II. Bances renuncia a su puesto de dramaturgo oficial en la Corte —o bien le obligan a dejarlo—, y con ello acaba también su ventajosa posición económica. En lo sucesivo se verá obligado a desempeñar oscuros trabajos administrativos. En uno de sus romances escribirá:

Mi nobleza solo basta
a vivir de ella impedido:
ni pobre parezco honrado,
ni honrado puedo ser rico[3].

1694 Tercera redacción del Teatro de los teatros. Es Administrador de las rentas de la villa de Cabra, el primero de sus varios empleos como oficial de Hacienda.

1695 Como Visitador General de alcabalas, tercias, cientos y millones de Córdoba, Sevilla, Málaga, Jerez y otros lugares del sur de la Península, es enviado a abastecer la plaza de Ceuta, sitiada por el rey de Mequinez. Se representan comedias suyas en provincias. A finales de este año o a principios de 1696 regresa a Madrid e intenta reemprender su labor como dramaturgo.

1696 Estreno en el corral del Príncipe, por la compañía de Carlos Vallejo, de su comedia Más vale el hombre que el nombre, sobre diversas aventuras del duque de Osuna en Flandes.

1697 El 17 de febrero se representa la última obra dramática de Bances, ¿Cuál es afecto mayor, lealtad o sangre o amor?, por la compañía de Carlos Vallejo, en el Real Palacio, ante los reyes. El 1 de abril es nombrado Administrador General de Rentas Reales de la villa de Ocaña y su partido. Termina de escribir su Romance I.

1698 Escribe quizá su «Romance al Señor Almirante de Castilla». Sus enemigos intervienen contra él y es despedido de su cargo.

1699-1702 Pese a su delicada salud, seguirá llevando a cabo una ejemplar labor administrativa en el final del reinado de Carlos II y, muerto el rey en 1700, bajo el reinado de Felipe V. Será Superintendente de las Rentas Reales y Conservaduría de Millones de las ciudades de Úbeda y Baeza y sus Tesorerías, puesto en el que permanece hasta noviembre de 1702, cuando se le ordena trasladarse para desempeñar la Superintendencia de Rentas Reales de San Clemente (Cuenca). Dedicado al ejercicio de estos cargos administrativos, permanece de nuevo alejado del mundillo teatral y las tertulias literarias, aunque trabaja por estas fechas en la redacción de su poema épico El César africano (que quedaría inconcluso).

1704 Acude como juez pesquisidor —¿o quizá en calidad de desterrado?— a la villa de Lezuza (Albacete) y estando allí sufre una enfermedad violenta y breve (se habló, en la época, de un posible envenenamiento: «sospecha incierta de tósigo»). Muere el 8 de septiembre, habiendo dejado sus manuscritos a su antiguo amigo y protector don Antonio Martín de Toledo, duque de Alba. Es enterrado de limosna en la capilla del Santo Cristo de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Lezuza.


[1] Francisco Antonio de Bances y Candamo, «Romance II. Al Primer Ministro», en Obras lyricas, edición y prólogo de Fernando Gutiérrez, Barcelona, Selecciones Bibliófilas, 1949, pp. 121-143.

[2] Francisco Antonio de Bances Candamo, Theatro de los teatros de los pasados y presentes siglos, prólogo, edición y notas de Duncan W. Moir, London, Tamesis Books Limited, 1970, p. 93.

[3] Bances Candamo, «Romance II. Al Primer Ministro», en Obras lyricas, ed. Gutiérrez, pp. 121-143.

«Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque» de José Robreño: resumen de la acción (actos I y II)

Voy a resumir con cierto detalle la acción de esta pieza dramática de José Robreño, Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque[1], dado que no es una obra demasiado conocida y (al menos hasta donde se me alcanza) no cuenta con bibliografía específica. Externamente, se divide en cuatro actos que, como ya apunté en una entrada anterior, sintetizan las principales aventuras del palacio ducal, calificadas al interior del texto como «este enjambre de embelecos» (v. 668). Y todo ello para lograr la risa desenfadada de los Duques, como ponen de manifiesto estas réplicas cambiadas entre ambos en el momento en que los criados soplan con unos fuelles a don Quijote y Sancho (en la aventura del vuelo mágico de Clavileño):

DUQUE.- Duquesa, yo de la risa
estoy casi que reviento.

DUQUESA.- No es extraño, pues a mí
me a va suceder lo mesmo (vv. 1112-1115).

Véase además el tenor de las palabras del Duque a Sansón Carrasco, con las que se lamenta de que se le acabe la diversión, una vez que ha derrotado a don Quijote:

Vaya usted con Dios. Me pesa
que haya atajado tan pronto
de mi huésped las proezas,
pues con sus locuras daba
margen a la Europa entera
para admirarse y reírse (vv. 2116-2121).

Como en el modelo cervantino, como en tantas otras recreaciones literarias, don Quijote causa admiración y risa a quienes lo conocen y contemplan.

La acción de la obra comienza in medias res, cuando el Mayordomo anuncia a Altisidora y al grupo de criados y criadas la intención del Duque de burlarse de don Quijote, pero sin propasarse:

… porque es loco, aunque en efecto
tiene ciertos intervalos
que pudiera competir
con el más profundo sabio;
sólo los malditos libros
a que ha sido aficionado
de caballería andante
los sesos le trastornaron (vv. 3-10).

Altisidora ha frecuentado también esos mismos libros de caballerías y entiende de «asuntos caballerescos»; además sabe los sucesos de don Quijote porque leyó la Primera Parte de su historia, así que ella guiará a las demás doncellas en la farsa. El Mayordomo insiste en el tono de moderación en que deben mantenerse las bromas: «Te encargo / no le hagas alguna burla / que se incomoden los amos» (vv. 50-52).

Luego, el Duque y la Duquesa, con todos sus criados, dan la bienvenida a don Quijote y le ponen un manto escarlata. Saludan «al valiente, al fuerte, al bravo / caballero sin igual / y nunca bien ponderado / don Quijote de la Mancha» (vv. 66-69). Sancho Panza, sorprendido de que agasajen a su amo, pide a doña Rodríguez que acomode y atienda al rucio. Saltan ya las primeras chispas de la fricción entre Sancho Panza y la vieja dueña, y don Quijote reprende a su escudero por usar un estilo bajo en el palacio.

Sigue una escena en la que Altisidora requiebra y solicita de amores a don Quijote, quien a su vez recuerda la fidelidad de su amor a Dulcinea. La muchacha lo maldice por su desdén y se desmaya. Es esta una escena resaltada por la métrica —caso único en toda la obra—, pues se desarrolla en un vivaz romancillo de rima aguda en . Después, el criado Ramírez, al verlos en una actitud equívoca, cree que don Quijote está seduciendo a Altisidora y ofendiendo así a los Duques. Pero don Quijote no está dispuesto a reñir con un criado e indica que lo hará en su nombre Sancho Panza; este se niega (se producen aquí algunos momentos de humor, a propósito de su cobardía) alegando que él solo sabe mandar (incluye en su justificación un largo relato intercalado). El Duque media en la pelea entre don Quijote y el criado de palacio y le ofrece a Sancho Panza el gobierno de una ínsula. Sancho cuenta entonces otro cuento, tras lo cual el Duque reitera el ofrecimiento de una ínsula que tiene «de nones».

En la parte final del Acto Primero, el Duque invita a comer a don Quijote. Por su parte, la dueña Rodríguez cambia de opinión respecto a Sancho Panza al ver que va a ser gobernador y ahora se muestra interesada por él, pero este la rechaza por vieja (con esta escena humorística se remata el acto).

Don Quijote en el palacio de los Duques

En el Acto Segundo, la conversación inicial entre el Mayordomo y Altisidora evoca la aventura —no mostrada en escena— del lavatorio de barbas. El Mayordomo felicita a Altisidora porque su «traza e ingenio» han logrado «alucinar» al «andante caballero». Entran después unos enlutados, encabezados por el Criado 2.º, que hace de Trifaldín de la Blanca Barba y anuncia la llegada de la Condesa Trifaldi, «llamada del Desconsuelo / o la Dueña Dolorida». Sigue, mientras tanto, la humorística rivalidad de Sancho Panza con doña Rodríguez, que andan una vez más a la greña.

Llega entonces Joaquina, que representa el papel de Dueña Dolorida, y relata su historia y la de sus damas barbadas (castigo del gigante Malambruno). Después traen a Clavileño, suben a su lomo don Quijote y Sancho y se escenifica el falso vuelo y la caída final en medio de ruidos y estallido de cohetes, todo de forma similar a como se narra en la novela cervantina. El acto se cierra con el anuncio del gobierno de la ínsula Barataria por parte de Sancho[2].


[1] He manejado la edición original (Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque. Comedia en cuatro actos y en verso original de don José Robreño, Barcelona, en la imprenta de J. Torner, 1835), pero las citas del texto serán por número de versos, que corresponden a la edición moderna que estoy preparando en la actualidad.

[2] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Una recreación dramática del Quijote en pleno triunfo romántico: Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque (1834-1835), de José Robreño», en Alexia Dotras Bravo, José Manuel Lucía Megías, Elisabet Magro García y José Montero Reguera (eds.), Tus obras los rincones de la tierra descubren. Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas (Alcalá de Henares, 13 al 16 de diciembre de 2006), Alcalá de Henares, Asociación de Cervantistas / Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pp. 535-554.

«La Araucana», auto sacramental: valoración final

Termino ya esta serie de entradas dedicadas al auto sacramental de La Araucana, pieza atribuida tradicionalmente a Lope, destacando que constituye un texto dramático de notable interés, el cual requiere —además de una solvente edición crítica— un análisis más profundo y completo de su desarrollo argumental, el cual resulta coherente dentro de la alegoría (retórica, simbólica, poética) propia del género, en la que los distintos elementos funcionan dentro de una compleja red de relaciones que une los dos planos de la obra, el literal y el figurado.

Auto sacramental de La Araucana

En fin, esta trama sacramental sacada de la materia de las guerras de Arauco, lejos de constituir un disparate, demuestra que para un ingenio barroco cualquier argumento, manejado con maestría dramática, podía servir para plasmar artísticamente la historia de la redención humana (caída en el pecado, arrepentimiento y salvación final merced a la acción redentora de Cristo), que es lo esencial en el género del auto sacramental[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El personaje de Caupolicán y la alegoría cristológica en La Araucana, auto sacramental atribuido a Lope de Vega», en Antonio Azaustre Galiana y Santiago Fernández Mosquera (coords.), Compostella aurea. Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISO), Santiago de Compostela, 7-11 de julio de 2008, Santiago de Compostela, Servizo de Publicacións e Intercambio Científico, 2011, vol. II, pp. 1223-1232; y «La guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana», Alpha, 33, 2011, pp. 171-186.

 

La construcción alegórica del auto sacramental de «La Araucana» (y 4)

En fin, la parte última del auto sacramental de La Araucana (avanzamos hacia la exaltación eucarística habitual en el género) desarrolla el doble banquete que se ofrece a los araucanos. Se abren dos nubes, una blanca, en la que se ve a Caupolicán con cáliz y plato; y otra negra, en la que aparece Rengo con un plato de culebras y otras inmundicias. El que trae el primero es un Pan de Vida, mientras que el que ha preparado su rival es un pan de muerte (forman su banquete siete platos, que son trasunto de los siete pecados capitales).

Eucaristía

Esta escena final del doble y antitético banquete resulta muy interesante, pero no puedo analizar ahora todo su desarrollo escénico. Sí me importa destacar este parlamento de Caupolicán a sus gentes:

Llegad, llegad al convite,
valerosos araucanos,
que hoy en comida se ofrece
el que viene a convidaros.
Por el cazabe y maíz
Pan de los Cielos os traigo,
que en leche los pechos puros
de una Virgen lo amasaron;
y por ver que sois amigos
de carne humana, hoy os hago
plato de mi carne misma:
¡mirad si es sabroso plato!
Comed mi carne y bebed
mi sangre, que regalaros
con aquello mismo quiero
de que todos gustáis tanto (p. 428a)[1].

Argumentación sin duda interesante, porque en ella se asimila el supuesto canibalismo de los indígenas araucanos con el hecho de comer el cuerpo y la sangre de Cristo como alimento espiritual del cristiano, y es aquí donde se halla ese sincretismo de culturas que ha destacado parte de la crítica como uno de los aspectos más valiosos y modernos de la obra[2].


[1] Cito por la edición de Marcelino Menéndez Pelayo en Obras de Lope de Vega, vol. VII, Autos y coloquios II, Madrid, Atlas (Biblioteca de Autores Españoles), 1963, pp. 417-429, pero modernizando grafías y retocando la puntuación, sin indicarlo.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El personaje de Caupolicán y la alegoría cristológica en La Araucana, auto sacramental atribuido a Lope de Vega», en Antonio Azaustre Galiana y Santiago Fernández Mosquera (coords.), Compostella aurea. Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISO), Santiago de Compostela, 7-11 de julio de 2008, Santiago de Compostela, Servizo de Publicacións e Intercambio Científico, 2011, vol. II, pp. 1223-1232; y «La guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana», Alpha, 33, 2011, pp. 171-186.

«Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque» de José Robreño: intención didáctica

La pieza de José Robreño Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque[1] no es, en esencia, demasiado original. Dramatiza hábilmente las principales aventuras de don Quijote y Sancho Panza en el palacio ducal, incluyendo la aventura de la gobernación de la ínsula Barataria (pero dejando de lado todo lo relativo a la aparición del mago Merlín y el desencanto de Dulcinea): así, el Acto Primero recoge el recibimiento a don Quijote en la corte de los Duques y los pretendidos amores de Altisidora; el Acto Segundo incluye lo tocante a la dueña Dolorida y la aventura de Clavileño; el Acto Tercero se centra en el gobierno de la ínsula Barataria por parte de Sancho; en fin, el Acto Cuarto presenta la derrota de don Quijote ante Sansón Carrasco (esto sí es un aspecto novedoso de Robreño, pues adelanta y trae al palacio ducal el desenlace final que en la novela ocurre en la playa de Barcelona). Al autor le guía sobre todo una intención didáctica, que queda de manifiesto en los últimos versos de la obra, puestos en boca de la Duquesa:

Y este ejemplo nos demuestra
los daños que las lecturas
siendo malas acarrean,
y aunque por distinto estilo,
no faltan en todas eras
Quijotes que por el mundo
buscan aventuras necias
olvidando lo sagrado
de su casa y de su hacienda (vv. 2170-2178).

Ese didactismo también asoma al final del Acto Tercero, cuando Sancho Panza renuncia sabiamente a su gobierno, y la jornada se remata con estas palabras suyas:

… otra cosa fuera el mundo
si todos se contentaran
con su suerte, y a ser hombres
los borricos no aspiraran (vv. 1724-1727).

Sancho Panza en la Ínsula Barataria

La obra presenta en estos momentos cierto tono de fábula moralizante a la manera neoclásica. Y es que, más allá de las aventuras cervantinas que se dramatizan, lo que subyace en el fondo es ese afán didáctico que, por otra parte, no se evidencia en una crítica o una sátira más concretas: sencillamente, don Quijote es el ejemplo palmario de las nefastas consecuencias que traen las malas lecturas y los comportamientos locos y extravagantes; la enseñanza se centra en la necesidad de recortar las alas de la imaginación y la fantasía, que, en dosis excesivas, pueden resultar perniciosas[2].


[1] He manejado la edición original (Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque. Comedia en cuatro actos y en verso original de don José Robreño, Barcelona, en la imprenta de J. Torner, 1835), pero las citas del texto serán por número de versos, que corresponden a la edición moderna que estoy preparando en la actualidad.

[2] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Una recreación dramática del Quijote en pleno triunfo romántico: Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque (1834-1835), de José Robreño», en Alexia Dotras Bravo, José Manuel Lucía Megías, Elisabet Magro García y José Montero Reguera (eds.), Tus obras los rincones de la tierra descubren. Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas (Alcalá de Henares, 13 al 16 de diciembre de 2006), Alcalá de Henares, Asociación de Cervantistas / Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pp. 535-554.