El «Villancico de las cinco vocales» de José Javier Aleixandre

José Javier Aleixandre Ybargüen es un poeta y autor dramático nacido en Irún (Gupúzcoa) en 1924. Reside en Madrid desde 1939. Licenciado en Periodismo, fue redactor de Ya y redactor-jefe de Ateneo y de La actualidad española, además de enviado especial de ABC a Oriente Medio. Entre su producción literaria se cuentan títulos como Fuera del mundo (1948), Es más fácil soñar (1951), Ver y cantar (1953), y los poemarios Desde el llanto y el alba (1985), Historia de cualquier día (1988), Porque es de noche (1995), Ventanas hacia dentro (2002), Sonetos en el tiempo (2003), Solo (2003), Con vosotros hablo (2006), Homenajes (2007) o Últimos pasos (2011), entre otros.

Vocales en el Portal de Belén

De su producción poética traigo hoy al blog su poema que comienza «Aquí llegan, Niño…», pero que bien pudiera titularse «Villancico de las cinco vocales» (a veces se cita como «Villancico de las cinco letras»):

Aquí llegan, Niño,
las cinco vocales,
sencillas y claras
como unos pañales.

De tanto mirarte,
de   tanto admirar,
con   la boca abierta,
se queda la «a».

Para que le vuelvas
tus  ojos, la «e»
desde  su ventana
te tira un clavel.

Porque quiere siempre
mirar  hacia Ti,
su punto redondo
te  entrega la “i”.

Nunca como ahora
le  dolió a  la «o»
que  su forma sea
para  decir no.

De rodillas pide
llenar  de tu luz
su pequeño cuenco
vacío la «u».

Escucha, Cordero,
las cinco vocales:
te ofrecen los niños
su voz en pañales[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 259-260. Aquí figura bajo el epígrafe «Aquí llegan, Niño».

El «Villancico cruel a un subnormal no nacido» de Víctor Manuel Arbeloa

(Dedico la entrada de hoy a la familia Borda-Montes,
y de forma muy especial a la «Nana» Ana Isabel,
con todo cariño.)

(Y a todos los inocentes, con o sin Síndrome de Down,
a los que los Herodes de turno no les dejaron nacer.)

Como queda recogido en algunas otras entradas de este blog, Víctor Manuel Arbeloa (nacido en Mañeru, Navarra, en 1936) es uno de los escritores españoles que con más asiduidad ha tratado en sus versos el tema de la Navidad, y además se ha acercado al mismo en calidad de estudioso. Para este 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, y fiesta también de la Sagrada Familia, copiaré su «Villancico cruel a un subnormal no nacido»[1], que ilustro con la postal de esta Navidad de la Asociación Síndrome de Down Navarra:

Postal de la Asociación Síndrome de Down Navarra 2014

Que vienes a una vida
que es media muerte.
Que la muerte es la vía
de renacerte.

No vengas a esta vida,
mi niño; vuelve
a la sombra y al cielo
del no saberte.

No vengas a este mundo
negro, inclemente.
Vuelve a ese limbo blanco
del que desciendes.

No vengas, que en la noche
no hay luna verde
que te alumbre los sueños
que se te pierden.

No verás quién te mira
sólo, sin verte.
Ni sabrás quién te besa
porque te quiere.

No entenderás la risa
de flor y nieve,
ni el fuego de las lágrimas
que por ti crece.

Nadie sabrá tu idioma
extraterrestre.
Ni entenderás la lengua
de tus juguetes.

No vengas a esta vida;
pero, si vienes,
trae una cuna blanda
de lunas verdes.
Trae un pañal de rosas
y de cipreses.

Que vienes a una vida
que es media muerte.
Que la muerte es la vía
de renacerte[2].


[1] El adjetivo subnormal resulta hoy «políticamente incorrecto». En cualquier caso, hay que tener en cuenta que Arbeloa publicó su libro Nanas a un niño subnormal en los años 70 de la pasada centuria (Pamplona, Gómez, 1973). Del mismo año 1973 es la «Nana para dormir a un subnormal», con letra de otro Víctor Manuel (Víctor Manuel San José), cantada por Ana Belén, e incluida en su disco Tierra. Casualmente, Álex Grijelmo dedica hoy su sección «La punta de la lengua», en El País Domingo (p. 12), a este vocablo, «Subnormal».

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 255-257.

El «Villancico de los qué dirán» de Antonio Murciano

Proseguimos la serie de poesía de Navidad con esta composición de Antonio Murciano, escritor que, al igual que su hermano Carlos —y muchas veces los dos al alimón—, ha cantado el nacimiento de Jesús y las temáticas propias de esta festividad religiosa. Este poema desarrolla, en concreto, el motivo, que tiene bastante tradición, de las dudas sobre la paternidad de San José, que es a lo que alude el título:

San José con Jesús

«Abuela Santa Ana,
¿qué dicen de vos?»
(Popular)

Al rayar el día
el gallo cantó:
—Ya nació el Mesías,
nuestro Salvador.

—Señora María,
¿qué dicen de Usía?
—Que yo soy la Virgen
que parió al Mesías.

—Señora Santa Ana,
¿qué dicen de vos?
—Que soy soberana
abuela de Dios.

—Señor San Joaquín,
¿qué dicen de ti?
—Que soy el abuelo
del chiquirritín.

—Señor San José,
¿qué dicen de Vd.?
—Que no soy el padre
del Niño Manuel.

—No le haga Vd. caso
a los qué dirán.
—Él me llamó padre
cuando empezó a hablar.

—Si él le llamó padre,
por algo será.
Cuando el río suena,
agua llevará[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 70-71.

Ramón y Cajal, cuentista: «La casa maldita»

Ocupa el tercer lugar entre los Cuentos de vacaciones (1905)[1] de Santiago Ramón y Cajal el titulado «La casa maldita», un relato algo más largo que los dos anteriores (pp. 90-151), y en mi opinión el mejor de los cinco que forman el libro. Se divide externamente en diez secuencias. Inés y su padre don Tomás, el hidalgo de Rivalta, comentan la próxima llegada de Julián, primo de la muchacha, que vuelve de América rico. Inés, mujer fuerte y muy femenina, dotada de una gran belleza interior, fue educada «inculcándola la ciencia y el arte sin pedantería, la moral y la religión sin supersticiones, la virtud y la dignidad sin orgullo, la benevolencia y la ternura sin histerismos ni gazmoñerías» (p. 91). Julián, por su parte, es un médico con ideas socialistas y escéptico en materias religiosas, que se enamoró de su prima cuando el alma le estaba cambiando de niña a mujer. Inés también se enamoró de él, pero su padre se opuso al matrimonio porque Julián no tenía fortuna, y tuvo que marchar a hacerla. Ocurre que el barco en que regresa Julián naufraga: salva la vida, pero pierde todo su dinero, de forma que vuelve a ser rechazado por el padre de Inés, cuyos sueños de amor y ventura se esfuman nuevamente.

Retrato de Ramón y Cajal, por Joaquín SorollaJulián solo tiene fe en dos realidades: luchar para vivir y vivir para amar. Para volver a hacerse rico en poco tiempo, decide comprar y explotar una finca abandonada, que es conocida como «la casa maldita»: en efecto, corre la leyenda de que todas las personas que la ocupan mueren o enferman antes de un año, desde que la habitó un «perro protestante». Julián instala en la finca un completo laboratorio bacteriológico y detecta un alto grado de insalubridad: la malaria y el paludismo, y no ninguna maldición, son la explicación racional de que todos sus habitantes anteriores enfermasen. Julián sanea la finca, que llama «Villa Inés», y la explota con fortuna. Pasan varios años. Julián ha emprendido campañas de higienización por toda la comarca, convirtiéndose en un apóstol abnegado de la ciencia. Además de su finca, explota unas minas con pingües beneficios que le hacen millonario. Todos ven en él un cacique científico y patriota. Julián e Inés se casan; son felices y tienen varios hijos; ya viejos, muere ella, y Julián, cuando se siente abatido, mira una foto que se tomaron juntos. El relato acaba con esta exclamación: «¡Sí, la vida es buena y la felicidad existe…, sólo que… dura tan poco!» (p. 151).

Desde el punto de vista estilístico, es interesante la descripción de uno de los encuentros amorosos de Julián e Inés (las palabras, el tacto, el beso que se dan…) visto como un proceso bioquímico:

En aquel enajenamiento de la carne exasperada de amor había algo así como ebulliciones de protoplasma fecundo, clamores sordos de células vírgenes de actividad, impulsos centrífugos irresistibles… (p. 121).

El autor introduce varias digresiones, como el «paréntesis lírico-biológico» sobre la Naturaleza creadora de la vida, con una exaltación del amor: «¡Sólo mueren los que no aman!» (p. 125); o el extenso episodio (ocupa las pp. 129-146) de la tertulia de la rebotica de don José, donde se discute sobre el progreso y la civilización, contraponiéndose las luces de la ciencia y los conocimientos racionales a las sombrías leyendas y supersticiones oscurantistas.


[1] Citaré por la 4.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1955.

El villancico «Ya está el niño en el portal» de Gloria Fuertes

¡Alegraos, en la ciudad de David nos ha nacido el Salvador!

¡Con mis mejores deseos de una muy feliz y santa Navidad
a todos los amigos-lectores insulanos!

Sagrada Familia, de Luis Tristán

De entre las varias composiciones poéticas navideñas de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-Madrid, 1998), copiaré hoy su «Villancico» que comienza «Ya está el niño en el portal…»:

Ya está el niño en el portal,
que nació en la portería.
San José tiene taller,
y es la portera María.

Vengan sabios y doctores
a consultarle sus dudas:
el niño sabelotodo
está esperando en la cuna.

Dice que pecado es
hablar mal de los vecinos
y que pecado no es
besarse por los caminos.

«Que se acerquen los pastores
que me divierten un rato;
que se acerquen los humildes,
que se alejen los beatos.

Que venga la Magdalena;
que venga San Agustín,
que esperen los Reyes Magos
que les tengo que escribir»[1].

Este villancico ha sido musicado por Paco Ibáñez y se puede escuchar aquí.


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 174-175 (suprimo la conjunción y que figura al comienzo del v. 8).

«Canción de Nochebuena», de Beatriz Schulze Arana

La escritora boliviana Beatriz Schulze Arana (Potosí, 1929-La Paz, 2000) participó de la fundación en La Paz de la segunda generación del grupo «Gesta Bárbara» (1944). En 1995 ingresó en la Academia Boliviana de la Lengua. Entre sus obras se cuentan títulos como Lejanías (1945), Surcos de luz (1947), En el telar de las horas (1948), Por la escala del ensueño (1949), En el dintel de la noche (1951), Desvelo de lámpara (1958), Pompas de jabón (1958), Clarinadas de oro (1979), Burbujas de color (1979), La princesita calipso y el fausto ruiseñor (1980), Semillero de luces (1981) y Luces mágicas (1988). Los últimos años de su vida los pasó en la «Casa del Poeta», dotada por el municipio de La Paz.

Juan Quirós nos ofrece la siguiente valoración de su estilo poético:

Dedicada a los oficios del ensueño, muy femenina, ajena a modas y esnobismos, siempre despierta al imperativo de sus principios y a su voz interior, Beatriz Schulze Arana está exenta de sensiblería y de toda jugarreta verbalista. De sus versos para niños ha dicho Gabriela Mistral: «Van envueltos en un halo de verdadera belleza, además recrean, enseñan sin violencias, ejercitan la imaginación y abren surcos de bondad y de ternura»[1].

Su «Canción de Nochebuena» es una sencilla composición en hexasílabos en los que la voz lírica expresa los dones que piensa presentar al Niño recién nacido.

Virgen con el Niño Jesús, de Antonio Arias

Los recursos utilizados (anáforas, paralelismos, variedad de rimas asonantes, empleo de diminutivos, etc.) son los habituales en este tipo de poemas que se insertan en la tradición de la poesía navideña de tono popular. Este es el texto del poema:

Me ha dado la alondra
pajas de su nido,
yo le haré con ellas
su cunita al Niño.

Me han dado las nubes
copos de algodón,
albos como un sueño,
tibios como el sol.

Con don tan precioso
a mi Niño Dios
le haré una almohadita
y un muelle edredón.

Me ha dado la luna
un jirón del traje
que lució la noche
de su primer baile;

de seda tan fina
yo le coseré
bellos pañalitos
al Dios de Belén.

Me han dado los mares
encajes de espuma,
con ellos al Niño
yo le haré una túnica.

Agujita mía:
corre, salta, vuela
sobre el escenario
del encaje y seda.

Agujita mía:
¡corre! ¡salta! ¡vuela!,
que Jesús ya viene,
que Jesús ya llega
y yo no consigo
terminar mi ofrenda.

Agujita mía:
¡corre! ¡salta! ¡vuela![2]


[1] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 347.

[2] Tomo el texto de Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, pp. 351-352.

Ramón y Cajal, cuentista: «El fabricante de honradez»

Santiago Ramón y CajalEl segundo de los Cuentos de vacaciones (1905)[1] de Ramón y Cajal es «El fabricante de honradez» (pp. 54-89), narración dividida en ocho secuencias. Alejandro Mirahonda, doctor en Medicina y Filosofía, es un eminente hipnólogo que acude a Villabronca —nótese el valor simbólico de los nombres—, donde prepara una experiencia psicológica con un suero antipasional de su invención que modera las pasiones negativas de las personas; con su aplicación busca «la purificación ética de la raza humana y la conversión de los viciosos y criminales en personas probas, decentes y correctísimas» (p. 60). Se aplica la vacuna moral en Villabronca y, en efecto, el vicio huye, viviéndose en el pueblo una verdadera edad de oro.

Pero con esa vida uniforme y aburrida, comienzan a surgir protestas, todos piden que se vuelva a la situación anterior y Mirahonda les aplica la contratoxina pasional, el licor del mal, que no es sino agua. Sin embargo, la contrasugestión surte su efecto y estallan las pasiones reprimidas durante todo un año. Ante la locura agresiva y amenazadora que se desata en Villabronca, el doctor huye, redactando una memoria del experimento en la que concluye:

Todo hace creer que el dolor, la pobreza y la injusticia son leyes inexorables de la vida, íntimos resortes de la ascensión progresiva del espíritu a las cimas del ideal» (p. 87).

Y poco después se explicita la moraleja: quizá en lo porvenir se consiga una convivencia pacífica y honrada de los ciudadanos sin presiones exteriores, pero mientras llega ese momento resulta necesaria la sugestión de la autoridad, la religión y la disciplina.


[1] Citaré por la 4.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1955.

«Nochebuena», de Luciano Durán Böger

La Virgen sueña caminos,
está a la espera;
la Virgen sabe que el Niño
está muy cerca.

Estamos en el cuarto domingo de Adviento, y la Navidad está ya a la vuelta de la esquina… Así pues, continuaremos la serie de poesía navideña —y, al mismo tiempo, la de breves semblanzas de escritores bolivianos— con el poema «Nochebuena», de Luciano Durán Böger (1904-1996). Nacido en 1904 en Santa Ana, capital de la provincia de Yacuma, en el departamento del Beni, fue escritor (poeta, cuentista y novelista), crítico de arte y también pintor autodidacta. La mayor parte de su producción poética quedó recogida en su antología Geografía de la sangre (1963). En el terreno de la narrativa aportó obras como Sequía (1960), Inundación (1965) —subtitulada Novela para un continente en lucha—, En las tierras de Enín (1967), que está considerada una de las mejores novelas bolivianas, y Sangre en La Esmeralda (1972), cuyo título se cita a veces equivocadamente como Sangre de Esmeralda. Es autor también del ensayo Poetas del Beni (1963). Durán Böger fallecería en La Paz  en 1996. De él ha escrito Juan Quirós que es

Dueño de una copiosa producción en verso donde existen muchas composiciones fáciles en demasía, junto a otras con aciertos que no son causales. Cuando se olvida del partido político que profesa [fue fundador y militante del Partido Comunista de Bolivia], Durán Böger afirma el paso y camina con seguridad. Nada fía entonces a la improvisación, deja de ser incoherente y aparece el poeta que hay en él[1].

Natività, de Carlo Maratta

Su poema «Nochebuena» canta con versos sencillos la belleza de la Virgen María y el nacimiento del Niño-Dios para, en la parte final —los dos últimos versos—, dar un quiebro que introduce la preocupación del autor por la problemática social («no tengo arbolitos, / ni zapatitos, ni cena», expresa la voz lírica). La composición reza así:

Bella
estaba la Madre
del amor
que besa el Aire,
del amor
que arrulla Luz,
del amor
que mima el Agua.

Sin una perla de llanto,
juega sobre el planeta
con lunas y con pañales.

¡Hijo del Hombre!
Niño de carne y de sangre
nació como nace el verso
del corazón del Poeta.

Esta noche es Nochebuena
—y yo no tengo arbolitos,
ni zapatitos, ni cena[2].


[1] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 179.

[2] Tomo el texto de Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, pp. 180-181.

Ramón y Cajal, cuentista: «A secreto agravio, secreta venganza»

Dedico la entrada de hoy a Juan Udaondo Alegre,
descendiente del ilustre don Santiago Ramón y Cajal

Abre la colección de Cuentos de vacaciones (1905)[1] de Santiago Ramón y Cajal un relato con título calderoniano, «A secreto agravio, secreta venganza» (pp. 11-53), que consta de ocho capítulos. El primero nos presenta al doctor Max von Forschung, profesor de la Universidad de Wurzburgo, de cincuenta años: «Visto de perfil mostraba una de esas cabezas prolongadas en forma de martillo que parecen expresamente fabricadas para golpear obstinadamente en los hechos hasta arrancarles chispas de luz». Vive dedicado por completo a su trabajo científico… hasta que un día le afecta la toxina del amor: se enamora de su ayudante, miss Emma Sanderson, una joven americana doctora en Filosofía y Medicina. Se casan, y durante el viaje de novios descubren un nuevo bacilo. El doctor alcanza el summum de su gloria: desarrolla un trabajo gratificante, tiene el amor de una mujer y le nace un hijo, en definitiva, es feliz. Pero pronto sufrirá el ataque de otro «microbio», el de los celos, provocados por el descubrimiento de un cabello de su otro ayudante, Heinrich Mosser, enredado con otro cabello de su esposa. El doctor siente su honra ultrajada, verifica científicamente el supuesto adulterio y decide que se vengará secretamente.

Santiago Ramón y CajalPara ello, transmite a los amantes la tuberculosis de la vaca. Emma y Mosser se retiran a un sanatorio del Tirol. Mosser se alegra en el fondo de la enfermedad, pues gracias a esta circunstancia están por fin juntos y solos. En cambio para Emma su mal es un castigo del cielo por su engaño. Finalmente, Mosser muere; Emma descubre que estaba fascinada por él: se trataba de una atracción puramente sensual y, una vez muerto, se va alejando poco a poco de su recuerdo. Sinceramente arrepentida, escribe una carta a su esposo pidiéndole perdón. «No hay como la muerte para simplificar los problemas de la honra», comenta irónicamente el narrador (p. 40). El doctor von Forschung, que ha desarrollado un suero antituberculoso, logra curar a su esposa y juntos emprenden una segunda luna de miel en Italia; al tiempo nace una hija. Emma sigue conservándose muy bella, pero él es ya viejo, así que ahora desea encontrar la fuente de la eterna juventud. El doctor descubre el producto contrario, la senilina, un suero que hace envejecer.

En una especie de epílogo, se nos habla de la comercialización del producto, que tiene gran salida como un resorte de control para los gobiernos (al envejecer a los sujetos peligrosos, disminuyen sus actividades delictivas). La narración termina con una desesperanzada reflexión del narrador (aquí identificable con el autor): en España no se necesita la senilina, porque ya se ha dictaminado el desahucio del alma nacional, sin viveza ni inquietudes, «triste legado de edades bárbaras y de una pereza mental de cinco siglos» (p. 53). A lo largo del relato Ramón y Cajal intercala algunas otras ideas, por ejemplo su opinión de que los hombres de ciencia no pueden amar nunca: «Entre una belleza y un microbio, optan por éste» (p. 30). O su consideración de que «Todas las maravillas de la civilización han sido alguna vez puras fantasías de soñadores» (p. 47).


[1] Citaré por la 4.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1955.

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), literato: sus «Cuentos de vacaciones»

Ahora que acaba de publicarse el Epistolario de Santiago Ramón y Cajal, en edición de Juan Antonio Fernández Santarén (Madrid, La Esfera de los Libros, 2014), no estará de más recordar su faceta como escritor o, si se prefiere, las «distracciones literarias» de un médico histólogo, verdadero creador de la neurociencia moderna.

Ramón y Cajal, EpistolarioNatural de Petilla de Aragón (Navarra), antes de estudiar Medicina Ramón y Cajal trabajó como aprendiz de zapatero y de barbería. Pasó a Cuba con el grado de capitán de los servicios de Sanidad, sufriendo algunas enfermedades que le obligaron a regresar a España. Entonces se dedicó de lleno a sus trabajos de laboratorio y, tras algunos fracasos en oposiciones, logró cátedras en facultades de provincias hasta alcanzar en Madrid la de Histología en 1892. Escribió varios libros y ensayos científicos sobre histología y anatomía patológica, dio conferencias en Europa y América e hizo grandes descubrimientos sobre la morfología y las conexiones del sistema nervioso central, que revolucionaron el mundo científico y le valieron multitud de honores y premios, entre ellos el Nobel de Medicina en 1906, compartido con el italiano Camilo Golgi[1].

Pero Ramón y Cajal, además de prodigioso hombre de ciencia, fue un gran aficionado a la literatura, en el doble plano de la lectura personal y de la escritura. Uno de sus biógrafos ha escrito que en él «hizo mella el lirismo de aquella época revolucionaria y el romanticismo francés. Escribía versos, leyendas y novelas»[2]. En efecto, es autor de varias obras que están entre la autobiografía y el ensayo, con incursiones también en el terreno literario: Charlas de café, Cuando yo era niño… La infancia de Ramón y Cajal contada por él mismo, Mi infancia y juventud, La mujer, Psicología del «Quijote» y el quijotismo, etc. En sucesivas entradas ofreceré algunas notas sobre sus Cuentos de vacaciones. Narraciones pseudocientíficas, libro más propiamente de creación literaria.

La primera edición de esta colección de relatos es la de Madrid, Imprenta de Fortanet, 1905, y luego ha sido reeditada varias veces por Espasa Calpe[3]. Incluye cinco narraciones bastante extensas, más bien novelas cortas que cuentos: «A secreto agravio, secreta venganza», «El fabricante de honradez», «La casa maldita», «El pesimista corregido» y «El hombre natural y el hombre artificial». El denominador común de todas ellas es la presencia de temas fantásticos, con cierto fondo pseudo-científico. En la «Advertencia preliminar» (pp. 7-9) Ramón y Cajal refiere que hacia los años 1885-1886 escribió «doce apólogos o narraciones semifilosóficas y seudocientíficas», de las cuales se decide a imprimir, una vez retocadas, cinco. No son sino «bagatelas literarias» llenas de «sermones científicos y trasnochados lirismos», apunta, y explica también el epígrafe bajo el que se presentan:

El subtítulo de Narraciones pseudocientíficas quiere decir que los presentes cuentos se basan en hechos o hipótesis racionales de las ciencias biológicas y de la psicología moderna. Será bien, por consiguiente (aunque no indispensable), que el lector deseoso de sorprender las ideas y modos de expresión de los personajes de estas sencillas fábulas posea algunos conocimientos, siquiera sean rudimentarios, de filosofía natural y biología general (p. 7).

El autor comenta que sus relatos son un desahogo de su trabajo científico, fruto de su imaginación inquieta, e insiste con modestia en su «pobreza, desgarbo e inconsistencia». Anticipa que el lector observará incoherencias en las ideas expresadas por los personajes, pero esto «es consecuencia de nuestro empeño en que los protagonistas sean hombres antes que símbolos y ofrezcan, por tanto, las pasiones, defectos y limitaciones de las personas de carne y hueso» (p. 9).


[1] Puede verse la biografía de Waldo Leirós, Ramón y Cajal, Barcelona, Ediciones Castell, 1990. También, entre otros estudios, los de Felipe Jiménez de Asúa, El pensamiento vivo de Cajal, Buenos Aires, Losada, 1958; Santiago Lorén, Cajal, historia de un hombre, Barcelona, Aedos, 1954; Gregorio Marañón, Cajal, su tiempo y el nuestro, Madrid, Espasa Calpe, 1951; o Harley Williams, Don Quixote of the microscope: An Interpretation of the Spanish savant Ramón y Cajal (1852-1934), London, Jonathan Cape, 1954.

[2] Leirós, Ramón y Cajal, p. 61.

[3] Citaré por la 4.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1955. Hay otras más recientes, una de Madrid, Libros Clan, 1995, con ilustraciones de Mariana Arespacochaga, y otra de Madrid, Espasa Calpe, 1999, con prólogo de José M. R. Delgado.