La comicidad en «El mariscal de Virón», comedia burlesca: animalización y cosificación

El universo degradado de la comedia burlesca se consigue también por medio de procesos de animalización y cosificación de los personajes, sobre los que operan comparaciones grotescas, ridículas y disparatadas[1].

Animalización

Presentamos a continuación una lista de los recursos de este tipo que utiliza Juan de Maldonado en El mariscal de Virón: las damas de la Corte parecen ranas en laguna (v. 112)[2]; el Mariscal es gran gallina (v. 116); el Rey hace engordar a Blanca como si fuese una lechona (v. 252); el Rey es un pollino criado en Aranjuez (vv. 547-448); según el Duque, «no es cosa peregrina / hacerse un hombre gallina» (vv. 592-593); los soldados del Mariscal son más valientes que camellos (v. 628); el Rey de Francia es también un rey de gallos (v. 680, alusión propia del ámbito del Carnaval); el Conde amenaza con molerle el cuerpo a coces al Mariscal (v. 706); el Mariscal considera un burro al Conde y piensa ponerlo a una noria (v. 778); Blanca cuenta a Jaques que el Rey puso una maza al Mariscal, igual que a los perros por Carnestolendas (v. 832); el Rey amenaza al Mariscal con darle una brava zurra (v. 1098); el Mariscal riñó en la defensa del Rey como una onza (v. 1510), etc., etc.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] La numeración de las citas responde a la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

La comicidad en «El mariscal de Virón», comedia burlesca: comida y bebida

En un género eminentemente carnavalesco como es la comedia burlesca del Siglo de Oro no pueden faltar las alusiones a la comida y la bebida[1]. En El mariscal de Virón de Juan de Maldonado encontramos un rico inventario de comidas, entre las que destacan: queso añejo (v. 39)[2], peladillas (vv. 132 y 520), carnero verde (v. 205), buñuelos (v. 281), espinacas (v. 414), morcón (v. 574), pepitoria (v. 594), molleja (v. 692), bollos (v. 717), borrego cocido con berenjenas (v. 820), sopas (v. 1038), pan de neguilla (v. 1160), alcachofa (v. 1430), anchovas (v. 1592), panecillos de sal (v. 1784), asadura (v. 1957) o longaniza (v. 1978). Algunos de los productos mencionados son comidas propias de gente rústica, como los derivados del cerdo, productos grasos, etc., y constituyen referencias habituales en el género.

Festín burlesco, de Jan Mandijn

También aparecen mencionadas frecuentemente las bebidas: chocolate (vv. 336 y 1006), garapiña de aloja (v. 744) y aloja (v. 1456), además de varias alusiones a las borracheras, como una del Mariscal y el Duque (v. 14); «¡Vive Cristo que aqueste está borracho!», exclama el Conde al ver al Mariscal (v. 120); cueros, en el sentido de ‘borrachos’ (v. 732); el Rey es un rey de copas (v. 1039); licor de Alanís (v. 737); se asegura que el vino es un buen colchón (v. 1190), porque hace dormir al borracho…


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] La numeración de las citas responde a la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

La comicidad en «El mariscal de Virón», comedia burlesca: escatología y suciedad

Agruparemos en distintas categorías los principales procedimientos cómicos —de jocosidad disparatada— presentes en El mariscal de Virón, que iremos examinando en sucesivas entradas, empezando en esta por lo relativo a escatología y suciedad[1].

Incluimos en este apartado todas las referencias a necesidades fisiológicas y actividades de higiene corporal, sobre todo las consideradas vulgares y groseras, así como todo tipo de enfermedades, destacando los padecimientos vergonzosos o los asociados a las relaciones sexuales, junto con las menciones de parásitos. Así, Blanca, la amada del Mariscal, es una mujer que mata a los hombres, pero no con la mirada, sino porque transmite la sífilis o mal francés (vv. 64-66)[2], y el Duque de Saboya padece una «una gran jaqueca y almorranas» (v. 76); más adelante el Conde acusa al Mariscal de tener el color quebrado ‘está pálido’ (v. 156), y para solucionarlo le dice: «vete a tomar el acero» (v. 157, dilogía ‘tomar la espada’ y ‘beber aguas ferruginosas’); a su vez, el Conde de Fuentes sufre por las llagas que padece (vv. 172-174, con dilogía de la palabra fuentes); a continuación, Blanca se santigua «del mal de ojo» (v. 271) y comenta a Belerma que entre sus mañas está rascarse la cabeza y limpiarse las lagañas (vv. 305-307); Blanca afirma que el Rey de Francia es «más baldado que un buboso» (v. 369) y él le pide que se calle, pues está con hipocondría (v. 383); durante este encuentro entre Blanca y el Rey, a ella le aprieta un callo (v. 407).

Vieja espulgando a un niño, de Velázquez

El Mariscal llega luego a interrumpir el encuentro, mas el Criado se lo impide, pues dentro está «el Rey sin camisa / y Blanca le está espulgando» (vv. 434-435), a lo que el Mariscal responde: «y todos juntos veréis / cómo le mato los piojos» (vv. 438-439); Jaques desea al Duque que Dios le «dé dos mil diviesos» (v. 555); el Duque a su vez ofrece al Mariscal la mano de su hermana, que también es «hermana de la Capacha» (v. 590), clara alusión al Hospital de Antón Martín, donde curaban a los enfermos de sífilis; Jaques se va a espulgar detrás de un alcacer (vv. 661-662); Suisón advierte que deben llamar más gente, para arrestar al Mariscal, pero el Rey responde que no ha «menester ayuda» (v. 1211), pues ya ha evacuado (v. 1215), y poco después Lafín, continuando la alusión escatológica, le advierte: «procurad aflojaros» (v. 1340); Jaques huele mal porque, literalmente, se ha cagado de miedo (vv. 1798-1799), y más adelante insiste en la misma circunstancia cuando le dice a Belerma: «catad que oleremos mal» (v. 1825).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] La numeración de las citas responde a la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

«El mariscal de Virón»: el modelo serio y su parodia burlesca

No es nuestra intención trazar aquí una comparación exhaustiva de las dos versiones de El mariscal de Virón[1]. Diremos tan solo que la parodia burlesca de Juan de Maldonado difiere muy poco del modelo serio de Juan Pérez de Montalbán[2] en lo que respecta a los personajes que intervienen y en la estructura compositiva general, que en realidad es prácticamente la misma en ambas comedias. En la seria hay tan solo dos personajes que no aparecen en la burlesca, Clavela y Monteni, de importancia secundaria. Los cambios relevantes se dan sobre todo en la caracterización de los personajes, siendo completamente disparatada en la burlesca, lo mismo que las situaciones que protagonizan. Mientras que en la seria encontramos caballeros virtuosos, sabios, galantes y valerosos, como son el Mariscal y el Rey, en la burlesca el de Virón queda reducido a un hidalgo pobre, bobo, borracho y cornudo; y el Rey es un puro «rey de mojiganga» (v. 421)[3], «más baldado que un buboso» (v. 369), etc., etc.

Sobre el final de la trama, queda añadir que en la comedia burlesca el Mariscal revive después de ser ejecutado (hay otros casos de «muertos resucitados» en estas comedias burlescas del Siglo de Oro, género carnavalesco donde todo es posible) y el Rey avisa a Blanca que la casará esa misma tarde. En la versión seria de Pérez de Montalbán, como es lógico, una vez muerto el Mariscal, muerto queda. A su vez, el Rey demuestra ser justo y noble, ya que respeta la decisión de Blanca de jamás contraer matrimonio.

Ejecución del mariscal de Biron


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para este autor, remitimos al Portal a él dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Juan Pérez de Montalbán, dirigido por Claudia Demattè, donde el lector interesado encontrará datos sobre su vida y obra, bibliografía, imágenes, etc.

[3] La numeración de las citas responde a la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

«El mariscal de Virón», comedia burlesca de Juan de Maldonado: resumen de la acción

Antes de analizar la comicidad escénica y verbal de la comedia burlesca de El mariscal de Virón, convendrá resumir, con cierto detalle, la acción. En este repaso podremos advertir ya ciertos detalles de la caracterización ridícula de los personajes y lo grotesco de muchas de sus acciones[1].

Charles de Gontaut

Jornada I

Vv. 1-70[2]. Hablan el mariscal de Virón y su criado Jaques. Por el diálogo nos damos cuenta de que Carlos, el Mariscal, que anda vestido con ropas viejas y pobres y parece «queso añejo / metido en la ratonera» (vv. 39-40), ha venido a Palacio a entrevistarse con su amada Blanca, mientras Jaques piensa hacer lo propio con la criada Belerma. Ambos nos ofrecen una poco idealizada descripción de Blanca, que es una dama matadora: pero no mata metafóricamente de amor, con los rayos de su mirada, sino en sentido real, por la sífilis que transmite a cuantos caballeros la tratan y frecuentan. En su conversación mencionan también al Rey y su «cortijo» (v. 11). Comenta el Mariscal que él hubiera acompañado al Duque de Saboya, pero ya el Rey ha salido a recibirlo.

Vv. 71-106. El Rey, el Duque de Saboya, el Conde de Fuentes, la Reina, Blanca y Belerma. El Rey da la bienvenida al Duque, quien se queja de jaqueca y almorranas (enfermedades muy poco heroicas que sufren varios personajes de comedias burlescas). Luego el de Saboya dedica varios piropos a la Reina (sin importarle demasiado la presencia del Rey), pero ella se alegra más de ver al Mariscal. Blanca y Belerma alaban la valentía de Carlos; luego ellas y todas las damas se van y quedan el Rey, el Duque de Saboya, el Conde de Fuentes y el Mariscal.

Vv. 107-205. El Rey y el Duque hablan de la belleza de las damas, que comparan grotescamente con «ranas en laguna» (v. 112). El Duque de Saboya elogia a la reina (la llama «buena pieza», v. 108) en presencia del Rey. Este cree que Blanca está perdida por él. Siguen después disparatando sobre la idea ser soldados. El Mariscal se ofrece para alojar al Duque. Mientras, el Conde de Fuentes busca al de Virón. Dialogan los dos, sin darse cada uno cuenta de la identidad del otro. Luego se dan a conocer y hablan todos de la paz entre Francia y Saboya.

Vv. 206-367. Blanca y Belerma conversan sobre un sueño que ha tenido la primera, en el que Carlos y el Rey, en vez de batirse en duelo por el amor de la dama, apostaban a «quién más comía buñuelos» (v. 281). En tan peculiar desafío, ganaba el Rey y Carlos moría, pero comenta que ella se holgó con su muerte. Belerma, que confiesa amar a Jaques, queda asombrada por el sueño de su señora. En esto divisan a un hombre que se acerca (se trata del Rey, que también persigue a Blanca). En los vv. 328-363, dos músicos glosan unos versos disparatados que aluden al amor y al engaño.

Vv. 368-427. Llega el Rey con el rostro encubierto. Blanca y Belerma creen que el hombre que viene es Jaques, que debe estar acompañado del Mariscal. Pero se trata del Rey, que busca a Blanca, quien se ha ido de la Corte porque, según explica, no tenía qué comer (los nobles se retiraban de la Corte a sus posesiones rurales porque allí los gastos eran menores). El Rey también tiene ahora hambre y pide que le guisen unas espinacas. Él mismo manifiesta que es un rey que siempre hace su gusto (vv. 410-411): un mal rey, por tanto.

Vv. 428-523. El Mariscal y un criado hablan desde adentro. Carlos quiere entrar donde están el Rey y Blanca; el criado se lo quiere impedir porque Blanca está espulgando al Rey (y quizá algo más…). Entra Carlos, los encuentra solos y a oscuras y pide cuentas al Rey por esta acción. El Rey le cede a Blanca y, de paso, lo nombra Duque de Virón y Par de Francia. Se marcha el Rey y Carlos se despide de su dama (vv. 508-523), en una escena en la que los dos intercambian apodos ridículos. El Mariscal anuncia que se va a las Vistillas (alusión costumbrista madrileña).

Jornada II

Vv. 524-564. Jaques busca al Duque de Saboya para anunciarle que el Mariscal viene a visitarlo; el criado del Duque dice que está jugando a los toros con Lafín.

Vv. 565-618. El Duque de Saboya y el Mariscal, con Lafín, conspiran contra el Rey de Francia; el Duque, siguiendo el consejo de Lafín, ofrece a Carlos la mano de su hermana, con una dote ridícula: la ropa de un paje, los mendrugos de una dueña, el haca de un rodrigón, unos juros que «en mi tierra / son como pueblos en Francia» (vv. 605-606), etc. El Mariscal acepta, aunque lamenta haber dado ya su amor a Blanca. El Duque le pide que deje a la «gabacha».

Vv. 619-740. Batalla entre franceses y españoles. El Mariscal, que se duerme, y el Conde de Fuentes se enfrentan, y luego este se marcha. Llega Jaques y Carlos le dice que tiene sueño. El Mariscal se dispone a dormir y Jaques se va «a espulgar / detrás de aquel alcacer» (vv. 661-662). Vuelve el Conde de Fuentes y el Mariscal le revela el trato que ha hecho con el Duque de Saboya, que le ofrece a cambio la mano de su hermana. El Conde lo llama traidor. Se insultan mutuamente, hasta que se oye el grito de guerra de los franceses. Los vv. 721-740 son un breve soliloquio del Mariscal.

Vv. 741-780. El Rey y el Mariscal hablan con Lafín acerca del desarrollo de la batalla. Carlos parece arrepentido de haber pactado con el Duque, cosa que Lafín advierte; para no ser acusado, decide informar al Rey sobre la traición de Carlos y matarlo. Anochece y la victoria queda por los franceses.

Vv. 781-876. Blanca y Belerma conversan, mientras un músico entona una canción sobre los ojos de la dama, que grotescamente compara a «abrojos» y «luciérnagas en rastrojos» (vv. 791-806). Blanca pregunta a Belerma quién le ha mandado esta música infernal, y la criada responde: «trújotela Barrabás» (v. 813). Llega Jaques con una carta y Blanca la lee, enterándose así de que Carlos se va a casar con Margarita, la hermana del Duque de Saboya.

Vv. 877-1036. Aparece el Mariscal y Blanca le reprende por haberse olvidado de ella, mientras el Rey y Lafín escuchan escondidos, al paño. Carlos explica que se rindió al Rey y que ya no quiere la boda con Margarita. Blanca advierte que el Rey ha escuchado sus reproches a Carlos y trata de disfrazar sus palabras. El Rey se desemboza y, sabedor de que ha sido traicionado, exige al mariscal de Virón que confiese sus culpas. Blanca dice que todo lo que ha referido ha sido soñado. El Mariscal se disculpa ante el Rey.

Vv. 1037-1166. El Mariscal y el Rey. El Mariscal relata su enfrentamiento con el Conde de Fuentes. Discuten.

Vv. 1167-1192. Soliloquio del Mariscal en el que asegura que se vengará de Lafín por parlero. Después, se queda dormido.

Vv. 1193-1228. El Rey viene con Suisón y varios soldados a prender al Mariscal, al que descubren durmiendo. Carlos habla entre sueños y dice que Lafín engaña al Rey. Suisón pide al Rey que llame a más gente para hacer prisionero al Mariscal, pero el Rey responde con una alusión escatológica: «Yo no he menester ayuda […]. Antes pienso que me he ido…» (vv. 1211-1215). El Rey ordena prender a Carlos y encerrarlo en el castillo de la Bastida.

Jornada III

Vv. 1229-1306. El Rey, el Mariscal preso, Suisón y el Canciller. Por el diálogo de los personajes nos enteramos de que el Mariscal ha sido sentenciado a muerte por traidor.

Vv. 1307-1708. Primero el Rey y Lafín. Luego, largo monólogo del Mariscal en el que, para disculparse, enumera sus dilatadas hazañas bélicas, apelando al perdón del Rey. Insiste en que quiere a Blanca. El Rey confirma al Mariscal que no hay perdón y que va a ser ejecutado: es más, le pide que se deje ahorcar sin hacer mayores aspavientos.

Vv. 1709-1773. Soliloquio del Mariscal en el que apela al honor y se lamenta por su mala suerte. Se despide del público pues «tocan a degollar» (v. 1773).

Vv. 1774-1997. Jaques y Belerma, escondidos, planean huir (vv. 1774-1805). Llegan Lafín, el Rey y Suisón buscando a Blanca. Jaques y Belerma salen de su escondite y afirman que no han tenido nada que ver con los hechos del Mariscal. El Rey dice que no teman, pues solo le interesa encontrar a Blanca. Belerma le dice que Blanca se fue a ver la ejecución de Carlos. Sale luego Blanca y cuenta al Rey con todo lujo de detalles cómo fue degollado el Mariscal: Carlos murió, pero ha resucitado (son habituales en las comedias burlescas estos «muertos resucitados»). El Rey responde que tendrá que matar al Mariscal «a la jineta» (v. 1973), es decir, tendrá que darle una segunda muerte (como eran dos las formas de montar a caballo). El Rey anuncia a Blanca que la va a casar inmediatamente, esa misma tarde. La comedia se cierra con la disparatada indicación de Jaques a Belerma: «quiero ser tu casamiento / dando a aquestos disparates / feliz fin en un convento» (vv. 1195-1197).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] La numeración de las citas responde a la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

«El mariscal de Virón»: del modelo serio a la versión paródica

Anteriormente[1], el dramaturgo Juan Pérez de Montalbán[2], también editor y biógrafo de Lope de Vega, había publicado una comedia seria homónima de nuestra burlesca, que alcanzó un gran éxito ya que se reimprimió varias veces entre 1632 y 1652[3].

El mariscal de Virón, de Juan Pérez de Montalbán

La seria «cuenta la historia de Biron, ese gran señor del tiempo de Enrique IV de Francia, a quien su dudosa actuación le valió el patíbulo»[4]. En efecto, el monarca francés tuvo al mando de su ejército a Charles de Gontaut, Barón y Duque de Biron (1562-1602). Hijo de Armand de Gontaut, Charles se ganó el favor del rey por sus numerosas victorias. En 1592, después de la muerte de su padre, fue nombrado mariscal y en 1598 Duque y Par de Francia. Secretamente, el Duque de Saboya, Charles Emmanuel I, le ofreció la mano de su hija en matrimonio a cambio de información sobre los planes de la armada francesa. Biron fue encarcelado y condenado a muerte por su traición a la Corona, y decapitado en La Bastilla en 1602.

Charles Gontaut, mariscal de Biron

La versión burlesca mantiene el aire histórico[5] de la seria, pero aquí no encontraremos a «ese gran señor» que fue el mariscal, ni al distinguido rey Enrique IV, sino a una serie de personajes ridículos y hasta grotescos que, en una continuada sarta de disparates, protagonizan la Comedia burlesca del mariscal de Virón[6].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para este autor, remitimos al Portal a él dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Juan Pérez de Montalbán, dirigido por Claudia Demattè, donde el lector interesado encontrará datos sobre su vida y obra, bibliografía, imágenes, etc.

[3] Salvador Crespo Matellán, La parodia dramática en la literatura española, menciona impresiones en las Partes veinticinco y cuarenta y cuatro de Partes de afuera, Zaragoza, 1632, 1633 y 1652; también en el primer tomo de Comedias de Montalbán, Madrid, 1635, 1638 y 1652, y Valencia, 1652. Ver Esther Borrego Gutiérrez y María Moya García, «Fortuna editorial y escénica de Juan Pérez de Montalbán en los siglos XVII y XVIII: el caso de El mariscal de Virón», en José María Díez Borque (dir.), Álvaro Bustos Táuler y Elena Di Pinto (eds.), Miscelánea teatral áurea, Madrid, Visor Libros, 2015, pp. 27-46. Se ha conservado una Relación del Mariscal de Biron, Sevilla, por Francisco de Leefdael, s. a.

[4] Charles V. Aubrun, La comedia española (1600-1680), Madrid, Taurus, 1968, p. 152. Citado por Crespo Matellán, La parodia dramática en la literatura española, p. 25. Nosotros mantenemos en el título y en el texto de la comedia la forma españolizada Virón.

[5] Frédéric Serralta la clasifica como comedia de tipo histórico junto con El rey don Alfonso, el de la mano horadada, en su artículo «Comedia de disparates», Cuadernos Hispanoamericanos, 311, 1976, p. 451.

[6] Las citas serán por la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

«El mariscal de Virón», comedia burlesca: datos externos, texto y autoría

La Comedia burlesca del mariscal de Virón, de don Juan de Maldonado[1], parodia de la homónima seria de Juan Pérez de Montalbán[2], fue impresa, con su loa, en Madrid en 1658, en la Parte duodécima de Comedias nuevas escogidas de los mejores ingenios de España. Fue reimpresa en Madrid, 1679, en Primavera numerosa de muchas armonías lucientes, en doce comedias fragantes. Parte duodécima. El texto de la comedia, que se conserva también en una suelta (s. l., s. e., s. a.) y en un manuscrito de la Biblioteca March (sign. 19-5-15, I-IV, fols. 50r-64r), consta de 1997 versos, y la loa de 298[3].

Comedias burlescas GRISO

Sobre el autor de El mariscal de Virón, Juan de Maldonado, se sabe muy poco. No debió de ser muy conocido en su época, al menos no se han conservado muchos textos suyos. Sabemos que escribió, junto con Diego la Dueña y Jerónimo de Cifuentes, otra comedia burlesca, La más constante mujer, publicada en la Parte once de Comedias nuevas escogidas de los mejores ingenios de España (Madrid, 1659)[4]. En cuanto a posibles representaciones de El mariscal de Virón, no disponemos de datos que las confirmen; en la edición de 1658 se presenta bajo el marbete de «comedia famosa»[5], epígrafe que solía aplicarse a las comedias ya estrenadas. De ser así, probablemente fuera puesta en escena durante unas Carnestolendas, época en que solían representarse estas comedias burlescas. De hecho, las alusiones carnavalescas son muy abundantes a lo largo de la obra, como veremos en próximas entradas.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para este autor, remitimos al portal a él dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Juan Pérez de Montalbán, dirigido por Claudia Demattè, donde el lector interesado encontrará datos sobre su vida y obra, bibliografía, imágenes, etc.

[3] Hay edición moderna: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

[4] Ver Salvador Crespo Matellán, La parodia dramática en la literatura española, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1979, p. 25.

[5] Este adjetivo aparece en el encabezado de los folios en «vuelto».

Sobre el posible alcance crítico de las comedias burlescas del Siglo de Oro

He procurado mostrar en la serie de entradas anteriores cómo las comedias burlescas del Siglo de Oro presentan sobre las tablas a numerosos personajes nobles (emperadores, reyes, caballeros, damas…) completamente ridiculizados[1]. Para lograr ese universo grotesco y degradado —verdadero «mundo al revés» carnavalesco— los autores echan mano de todos los recursos expresivos y las distintas modalidades de la jocosidad disparatada: onomástica y tratamientos ridículos, comparaciones con personajes folclóricos, procesos de animalización y cosificación, mención de enfermedades, comida y bebida, juego, sexualidad primaria, necesidades fisiológicas y baja corporalidad… No olvidemos que las comedias burlescas se representaban en un contexto carnavalesco. En buena medida, esta comicidad degradatoria es verbal, aunque también se explota la comicidad escénica y de situación.

Comedias burlescas y teatro breve del Siglo de Oro

Todo esto tenía lugar a la vista de los reyes, nobles caballeros y damas, porque se representaban en un ámbito palaciego. ¿Qué alcance crítico podían tener estas obras? Es esta una cuestión sobre la que han apuntado interpretaciones diferentes Frédéric Serralta (quien ve en ellas piezas eminentemente festivas, sin mayor trascendencia) y Luciano García Lorenzo (serían a su juicio obras con alcance de crítica social). En mi opinión, el rey y sus nobles no se verían seguramente concernidos por lo que en estas comedias burlescas se decía y se representaba; ellos tenían las claves para captar posibles alusiones directas a un personaje determinado de la nobleza, o bien al estamento real y nobiliario. Si se tratase de piezas críticas, potencialmente peligrosas, sus representaciones habrían sido prohibidas inmediatamente. Recordemos que eran obras que no pasaban al corral, con lo que ese potencial alcance crítico quedaría bastante reducido: las comedias burlescas se representaban en unos días muy concretos, los de Carnestolendas o San Juan (marco carnavalesco en el que más o menos está permitido todo, pero, ojo, solamente por unos pocos días y sin salirnos de ese marco específico, el palaciego). Caso aparte sería el de La mayor hazaña de Carlos VI, obra de un judío, sátira despiadada de Carlos V y de su retiro en Yuste. En este caso, estamos ante una pieza publicada en los Países Bajos y seguramente nunca representada (por lo menos, no en territorios bajo dominio español)[2].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

La parodia de las damas y el amor en las comedias burlescas (y 3)

Son muy frecuentes en las comedias burlescas las alusiones explícitas a distintas prácticas sexuales[1]. De nuevo Angélica y Medoro[2] nos brinda un amplio muestrario de alusiones. No se trata aquí de delicados amores corteses propensos a refinadas galanterías; con estas palabras le explica Roldán a Medoro lo que piensa hacer con Angélica cuando la encuentre:

ROLDÁN.- Si yo la cogiera aquí,
por el siglo de mi madre
que en aquel zaquizamí,
aunque viniera su padre,
la enseñara a quis vel qui (vv. 106-110).

Y es que la dama se muestra por lo general esquiva con todos:

RUGERO.- ¡Que tanto noble francés,
que tanto gabacho honrado,
ya por la haz y el envés
acometerla ha intentado
y haya guardado el pavés! (vv. 141-145).

Aunque cuando ella quiere, sabe aparecer bien dispuesta al juego erótico:

ANGÉLICA.- ¡Oh moro peregrino!,
holgárame que fueras mi vecino
y que por los desvanes
me enseñaras a hacer tus ademanes (vv. 242-245).

ANGÉLICA.- … pero ya tengo a Medoro
que es de mi altar alfaquí,
valiente como un virote
y esforzado como un Cid (vv. 613-616).

Mujer

En fin, otros ejemplos que podríamos comentar son los de las princesas Pocris y Filis en Céfalo y Pocris[3], o el de otra princesa ridícula, la que encontramos en El desdén con el desdén[4] (vv. 2056 y ss.), que riega el perejil del jardín, poda los repollos, escarda y se dedica a otras tareas agrícolas[5].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Anónimo, Angélica y Medoro, ed. de Ignacio Arellano y Carlos Mata, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo II, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2001.

[3]  Pedro Calderón de la Barca, Céfalo y Pocris, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, ed. de Ignacio Arellano, Celsa Carmen García Valdés, Carlos Mata y M. Carmen Pinillos, Madrid, Espasa Calpe, 1999. Hay otra edición más reciente: Pedro Calderón de la Barca, Céfalo y Pocris, introducción de Enrica Cancelliere, ed. de Ignacio Arellano, New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2013.

[4] El desdén con el desdén, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo IV, ed. de Alberto Rodríguez, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003. En adelante, abrevio El desdén.

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

La parodia de las damas y el amor en las comedias burlescas (2)

Respecto a la pareja central de amantes de Angélica y Medoro[1], los encontramos equiparados con Hero y Leandro (comparación elegante, procedente del mundo clásico de la mitología), pero también, a renglón seguido, con personajes rufianescos como son Escarramán y la Pava (vv. 752-754)[2]. En la obra se parodian los tópicos de la descriptio puellae, quedando dinamitados los cánones de belleza tradicionales. Angélica sería nada menos que una mujer barbuda[3] (v. 1274, «mucha borra en esa barba»).

Mujer_barbuda_Ribera

Completamente paródico es este elogio que le dirige su enamorado galán, en el que no falta la metáfora gastronómica[4]:

MEDORO.- ¡Qué belleza tan rara!
Tu nariz es canuto de alquitara.
A amarte me dispongo,
que me pareces olla de mondongo (vv. 246-249).

Este otro es el retrato que de Angélica nos ofrece la celosa —y seguramente envidiosa— doña Alda, que encuentra en el uso de cosméticos las verdaderas razones de la belleza de la mora:

DOÑA ALDA.- Roldán enamorado
de Angélica la bella,
bella por badulaques
no por naturaleza,
mora barbada a copos,
sin colmillo ni muela,
pasada como higo,
ventosa como pera,
por quien los doce Pares
a la taba no juegan
y olvida don Gaiferos
a Melisendra presa (vv. 565-576).

Y pocos versos después añade que tiene el cabello lleno de liendres: «… que mis horrendos celos / te arrancarán guedejas / y con ellas las liendres / que tú presumes perlas» (vv. 583-586). Muy intensa es también la expresividad de este otro pasaje descriptivo de Medoro (en el que de nuevo la belleza femenina queda preterida frente a lo sustancioso de una buena pitanza):

MEDORO.- De Angélica la plata del cabello
y la arrugada calva de la frente,
los dos ojos que pueden ser de puente,
de su nariz pestífera el resuello,
el labio royo, el erizado cuello,
las manos de papel de estraza fino,
la jarifa cintura de rodezno,
la panza de furioso torbellino,
los halagos de hermoso viborezno,
aquella suavidad de tronco espino,
todo lo dejaré por un torrezno (vv. 716-726).

Diversos motivos de la descriptio femenina entran en este nuevo parlamento de Medoro:

MEDORO.- Antes que yo naciera te adoraba
y después de nacido no te quiero;
tus ojos, que de amor fueron aljaba,
a mí encararon el arpón primero;
no tanto Escarramán quiso a la Pava
ni al ahogado quiso tanto Hero
como te quiero yo, borracha mía,
con ser tan gorda, puerca, floja y fría.
A tus mejillas usurpó el aurora
para las rosas de asno los colores,
y dibujando aquesos labios Flora
echó a perder los campos y las flores;
mereces el tus tus, oh perra mora,
mejor que los lebreles cazadores,
y yo, como conozco que eres diestra,
me he vuelto, como tú, perro de muestra.
Temiendo estoy que de tus ojos bellos
Mahoma se enamore y, en mi daño,
águila de alquiler baje por ellos
como por Ganimedes bajó antaño.
Tú, a quien su pelo ofrecen los camellos,
y vistiendo albornoz desprecias paño,
préstame esas faldillas, que me hielo,
que ni tengo albornoz ni terciopelo (vv. 748-771).

En fin, el propio Emperador reconocerá que Angélica excede en hermosura a la «pintada harpía» (v. 1371), lo cual no es, en verdad, encarecer demasiado[5].


[1] Anónimo, Angélica y Medoro, ed. de Ignacio Arellano y Carlos Mata, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo II, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2001.

[2] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[3] No es personaje extraño en las comedias burlescas; baste recordar la Infanta Barbada de La ventura sin buscarla.

[4] La comparación de la belleza femenina con la comida es un motivo carnavalesco muy repetido en estas obras.

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.