Ramón y Cajal, cuentista: «El hombre natural y el hombre artificial»

El quinto y último relato de los Cuentos de vacaciones (1905)[1] de Santiago Ramón y Cajal es «El hombre natural y el hombre artificial» (pp. 207-289), que refiere en su primera parte el encuentro en París de Jaime Miralta, ingeniero español, y don Esperaindeo Carcabuey, barón del Vellocino, que ha sido educado en «el veneno de la intransigencia religiosa» (p. 209). Nótese la onomástica elocuente al nombrar a los personajes, como sucede en otros relatos del volumen. Carcabuey pide ayuda a su amigo, porque se considera un «no yo», «una pobre víctima de la mala educación» (p. 209), un hombre artificial, sumamente dócil, que execra la razón: «católico por sugestión y costumbre, ultramontano por imposición, procaz e intemperante por imitación y orador retórico y florido por recetas» (p. 217).

Santiago Ramón y CajalPara ayudarle a salir del error y el parasitismo, en la segunda parte Jaime le resume su vida —con claras reminiscencias autobiográficas del autor—, que le servirá como lección y camino: hijo de campesinos, trabajó desde joven como zagal, en el campo. «Desde entonces —explica— mi vida y mi pensamiento se modelaron con la bravía Naturaleza» (p. 237). Ya de niño sintió el afán de la ciencia, de la búsqueda de la verdad. El maestro, que vio sus buenas disposiciones, le enseñó a explorar la realidad, inculcándole el gusto por la Naturaleza; con su observación, la memoria organizada y el espíritu crítico se fueron desarrollando en él. El maestro le da varios consejos: «Sé, no los demás»; «Jamás olvides que tus talentos no valen sino por la sociedad y para la sociedad»; «Esculpe tu cerebro, el único tesoro que posees». Aunque ello le supone renunciar a la pensión que cobra, abandona sus estudios en el Seminario, dominados por «las tinieblas de la teología dogmática», y se convierte en un self made man: cursa la carrera de Ingeniero y la de Ciencias; emprende trabajos científicos e inventa varias máquinas eléctricas y radiográficas (en España no le harán caso, pero sí en París, aunque no por ello dejará de amar a su patria). Jaime cree en la inmortalidad a través de las ideas y desea «ensanchar la geografía moral de la raza» (p. 286). Esperaindeo acepta el cargo de secretario que le ofrece Jaime, quien vive recogido «en la tranquila playa de la ciencia y de la industria». Y concluye el relato con un mensaje esperanzador para el futuro:

Laboremos, pues, en él [el mundo de la ciencia], puesto que en él se nos permite discurrir libremente. Los apóstoles de la justicia serán oídos más adelante, cuando la ciencia omnipotente haya iluminado todos los antros y sinuosidades de la Naturaleza y del espíritu (p. 289).


[1] Cito por la 4.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1955.

«Por atajos y veredas», de Federico Muelas

Federico Muelas (Cuenca, 1910-Madrid, 1974) fue farmacéutico de profesión. Fundó la revista El Bergantín, pero más tarde escapó de la vida literaria para dedicarse a la creación personal, publicando obras como las tituladas Rodando en tu silencio (1964), Los villancicos de mi catedral (1967) o Cuenca en volandas (1967). Fue Muelas un escritor que se acercó repetidas veces en sus versos al tema navideño.

Copio aquí para este día de Año Nuevo (festividad de Santa María, Madre de Dios) su composición «Por atajos y veredas», que da entrada a algunas metáforas que son verdaderos aciertos expresivos («Gusanicos de luz pura / le brillan entre los dedos», «Los yunques de la fatiga / martilleaban su pecho»…). Cabe destacar además la personificación de ese Viento-Centauro que dialoga con San José (que no llega a tiempo a Belén para el Santo Parto), y que lo transporta en sus lomos por las nubes «con sus luceros», lo que llega a poner en duda a los Magos de Oriente sobre cuál sea la estrella que deben seguir…

Portal de Belén

El texto completo del poema dice así:

Por atajos y veredas
vuelve el Santo Carpintero.
Gusanicos de luz pura
le brillan entre los dedos.

A la mitad del camino
sentose junto al sendero.
Los yunques de la fatiga
martilleaban su pecho.
—¡Ay, que pronto vendrá el día
y dar un paso no puedo!

Corriendo a todo correr
llegó el Centauro del Viento.
—No llores, José, no llores,
que alas en los cascos tengo.
Acomódate en mi lomo,
que aunque Belén está lejos,
en un cerrar y abrir de ojos
hasta sus puertas te llevo.

Por las nubes galopaba
San José con sus luceros.
¡Qué envidia dio aquella noche
a los cometas del cielo!

Los Reyes Magos de Oriente
vacilan en el desierto…
¡Son demasiadas estrellas
guías en el firmamento!

(Desde aquella noche, piensan
en Noel algunos pueblos.)[1]


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 100-101.

El «Villancico gitano» de José María Fernández Nieto

Vaya para el último día del año el «Villancico gitano» de José María Fernández Nieto, que destaca por su tono humorístico y la acertada utilización de términos del caló (churumbel ‘niño pequeño, hijo’, payo ‘persona no gitana’, parné ‘dinero’…) combinado con el ceceo y otros rasgos del habla coloquial andaluza (Ozú, Mare, zeñá, zeñó, jay, pa…):

Navidad gitana

—¡Ozú, vaya churumbel!
¡Mare, que me parta un rayo
zi he vizto en mi vida un payo
que ze compare con Él!

—¡Dígame, zeñá María,
zi yo le compro a Manuel,
¿en cuánto me lo daría?
María miró a José
y José miró a María
y el de la raza calé
dijo al compare en caló:

—Dice el zeñó San Jozé
que no lo vende, que no,
u zea, que no pué zé.
¡Que en el mundo no hay parné,
jay, pa comprar al Zeñó!

Y José, con alegría,
mirando a su churumbel
entre la gitanería
dice a su esposa:
—¡María!
¡Que nos quedamos sin Él…![1]


[1] Cito, con algún ligero retoque, por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 250.

Ramón y Cajal, cuentista: «El pesimista corregido»

Santiago Ramón y CajalEl protagonista del cuarto de los Cuentos de vacaciones (1905)[1] de Santiago Ramón y Cajal, «El pesimista corregido» (pp. 152-206), es el doctor Juan Fernández, un pesimista y misántropo incorregible, de veintiocho años, que vive solo con su ama de llaves. Juan siente asco de la vida y despego de la sociedad; lee a Nietzsche, Schopenhauer y Gracián; para él la vida es «una broma pesada y sin gracia dada por la Naturaleza sin saber por qué ni para qué» (p. 153); tiene pocos amigos y pocas ilusiones. En realidad, hay varios motivos para su pesimismo: es huérfano, está enfermo de tifoidea, ha fracasado en las oposiciones a varias cátedras de Madrid. Además, ahora su novia Elvira se muestra esquiva con él. En suma, Juan se siente derrotado en cuerpo y alma.

Un día se le aparece un anciano, un genio, que es el numen de la ciencia; más que dialogar, los dos intercambian largas tiradas de prosa, disertando sobre Dios, la naturaleza, el hombre…: el dolor y la muerte impulsan la evolución; la ciencia no puede agotar los dominios de la vida; el cerebro y la retina son «las dos más valiosas joyas de la creación» (p. 169). El genio le concede ver todo amplificado, como si sus ojos fuesen potentes microscopios, durante un año. Merced a esta curiosa experiencia, que le ayuda a relativizar todos los hechos y circunstancias, Juan queda curado de su pesimismo y se convence de que la vida es digna de ser vivida. Pasan dos años más y es un hombre distinto, al lado de Elvira. «Y se casaron, siendo felices. Y cuentan las crónicas que el genio de la especie no tuvo motivo de arrepentirse al contemplar, años después, la hermosa y robusta prole» (p. 206).


[1] Citaré por la 4.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1955.

El «Villancico de las cinco vocales» de José Javier Aleixandre

José Javier Aleixandre Ybargüen es un poeta y autor dramático nacido en Irún (Gupúzcoa) en 1924. Reside en Madrid desde 1939. Licenciado en Periodismo, fue redactor de Ya y redactor-jefe de Ateneo y de La actualidad española, además de enviado especial de ABC a Oriente Medio. Entre su producción literaria se cuentan títulos como Fuera del mundo (1948), Es más fácil soñar (1951), Ver y cantar (1953), y los poemarios Desde el llanto y el alba (1985), Historia de cualquier día (1988), Porque es de noche (1995), Ventanas hacia dentro (2002), Sonetos en el tiempo (2003), Solo (2003), Con vosotros hablo (2006), Homenajes (2007) o Últimos pasos (2011), entre otros.

Vocales en el Portal de Belén

De su producción poética traigo hoy al blog su poema que comienza «Aquí llegan, Niño…», pero que bien pudiera titularse «Villancico de las cinco vocales» (a veces se cita como «Villancico de las cinco letras»):

Aquí llegan, Niño,
las cinco vocales,
sencillas y claras
como unos pañales.

De tanto mirarte,
de   tanto admirar,
con   la boca abierta,
se queda la «a».

Para que le vuelvas
tus  ojos, la «e»
desde  su ventana
te tira un clavel.

Porque quiere siempre
mirar  hacia Ti,
su punto redondo
te  entrega la “i”.

Nunca como ahora
le  dolió a  la «o»
que  su forma sea
para  decir no.

De rodillas pide
llenar  de tu luz
su pequeño cuenco
vacío la «u».

Escucha, Cordero,
las cinco vocales:
te ofrecen los niños
su voz en pañales[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 259-260. Aquí figura bajo el epígrafe «Aquí llegan, Niño».

El «Villancico cruel a un subnormal no nacido» de Víctor Manuel Arbeloa

(Dedico la entrada de hoy a la familia Borda-Montes,
y de forma muy especial a la «Nana» Ana Isabel,
con todo cariño.)

(Y a todos los inocentes, con o sin Síndrome de Down,
a los que los Herodes de turno no les dejaron nacer.)

Como queda recogido en algunas otras entradas de este blog, Víctor Manuel Arbeloa (nacido en Mañeru, Navarra, en 1936) es uno de los escritores españoles que con más asiduidad ha tratado en sus versos el tema de la Navidad, y además se ha acercado al mismo en calidad de estudioso. Para este 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, y fiesta también de la Sagrada Familia, copiaré su «Villancico cruel a un subnormal no nacido»[1], que ilustro con la postal de esta Navidad de la Asociación Síndrome de Down Navarra:

Postal de la Asociación Síndrome de Down Navarra 2014

Que vienes a una vida
que es media muerte.
Que la muerte es la vía
de renacerte.

No vengas a esta vida,
mi niño; vuelve
a la sombra y al cielo
del no saberte.

No vengas a este mundo
negro, inclemente.
Vuelve a ese limbo blanco
del que desciendes.

No vengas, que en la noche
no hay luna verde
que te alumbre los sueños
que se te pierden.

No verás quién te mira
sólo, sin verte.
Ni sabrás quién te besa
porque te quiere.

No entenderás la risa
de flor y nieve,
ni el fuego de las lágrimas
que por ti crece.

Nadie sabrá tu idioma
extraterrestre.
Ni entenderás la lengua
de tus juguetes.

No vengas a esta vida;
pero, si vienes,
trae una cuna blanda
de lunas verdes.
Trae un pañal de rosas
y de cipreses.

Que vienes a una vida
que es media muerte.
Que la muerte es la vía
de renacerte[2].


[1] El adjetivo subnormal resulta hoy «políticamente incorrecto». En cualquier caso, hay que tener en cuenta que Arbeloa publicó su libro Nanas a un niño subnormal en los años 70 de la pasada centuria (Pamplona, Gómez, 1973). Del mismo año 1973 es la «Nana para dormir a un subnormal», con letra de otro Víctor Manuel (Víctor Manuel San José), cantada por Ana Belén, e incluida en su disco Tierra. Casualmente, Álex Grijelmo dedica hoy su sección «La punta de la lengua», en El País Domingo (p. 12), a este vocablo, «Subnormal».

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 255-257.

El «Villancico de los qué dirán» de Antonio Murciano

Proseguimos la serie de poesía de Navidad con esta composición de Antonio Murciano, escritor que, al igual que su hermano Carlos —y muchas veces los dos al alimón—, ha cantado el nacimiento de Jesús y las temáticas propias de esta festividad religiosa. Este poema desarrolla, en concreto, el motivo, que tiene bastante tradición, de las dudas sobre la paternidad de San José, que es a lo que alude el título:

San José con Jesús

«Abuela Santa Ana,
¿qué dicen de vos?»
(Popular)

Al rayar el día
el gallo cantó:
—Ya nació el Mesías,
nuestro Salvador.

—Señora María,
¿qué dicen de Usía?
—Que yo soy la Virgen
que parió al Mesías.

—Señora Santa Ana,
¿qué dicen de vos?
—Que soy soberana
abuela de Dios.

—Señor San Joaquín,
¿qué dicen de ti?
—Que soy el abuelo
del chiquirritín.

—Señor San José,
¿qué dicen de Vd.?
—Que no soy el padre
del Niño Manuel.

—No le haga Vd. caso
a los qué dirán.
—Él me llamó padre
cuando empezó a hablar.

—Si él le llamó padre,
por algo será.
Cuando el río suena,
agua llevará[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 70-71.

Ramón y Cajal, cuentista: «La casa maldita»

Ocupa el tercer lugar entre los Cuentos de vacaciones (1905)[1] de Santiago Ramón y Cajal el titulado «La casa maldita», un relato algo más largo que los dos anteriores (pp. 90-151), y en mi opinión el mejor de los cinco que forman el libro. Se divide externamente en diez secuencias. Inés y su padre don Tomás, el hidalgo de Rivalta, comentan la próxima llegada de Julián, primo de la muchacha, que vuelve de América rico. Inés, mujer fuerte y muy femenina, dotada de una gran belleza interior, fue educada «inculcándola la ciencia y el arte sin pedantería, la moral y la religión sin supersticiones, la virtud y la dignidad sin orgullo, la benevolencia y la ternura sin histerismos ni gazmoñerías» (p. 91). Julián, por su parte, es un médico con ideas socialistas y escéptico en materias religiosas, que se enamoró de su prima cuando el alma le estaba cambiando de niña a mujer. Inés también se enamoró de él, pero su padre se opuso al matrimonio porque Julián no tenía fortuna, y tuvo que marchar a hacerla. Ocurre que el barco en que regresa Julián naufraga: salva la vida, pero pierde todo su dinero, de forma que vuelve a ser rechazado por el padre de Inés, cuyos sueños de amor y ventura se esfuman nuevamente.

Retrato de Ramón y Cajal, por Joaquín SorollaJulián solo tiene fe en dos realidades: luchar para vivir y vivir para amar. Para volver a hacerse rico en poco tiempo, decide comprar y explotar una finca abandonada, que es conocida como «la casa maldita»: en efecto, corre la leyenda de que todas las personas que la ocupan mueren o enferman antes de un año, desde que la habitó un «perro protestante». Julián instala en la finca un completo laboratorio bacteriológico y detecta un alto grado de insalubridad: la malaria y el paludismo, y no ninguna maldición, son la explicación racional de que todos sus habitantes anteriores enfermasen. Julián sanea la finca, que llama «Villa Inés», y la explota con fortuna. Pasan varios años. Julián ha emprendido campañas de higienización por toda la comarca, convirtiéndose en un apóstol abnegado de la ciencia. Además de su finca, explota unas minas con pingües beneficios que le hacen millonario. Todos ven en él un cacique científico y patriota. Julián e Inés se casan; son felices y tienen varios hijos; ya viejos, muere ella, y Julián, cuando se siente abatido, mira una foto que se tomaron juntos. El relato acaba con esta exclamación: «¡Sí, la vida es buena y la felicidad existe…, sólo que… dura tan poco!» (p. 151).

Desde el punto de vista estilístico, es interesante la descripción de uno de los encuentros amorosos de Julián e Inés (las palabras, el tacto, el beso que se dan…) visto como un proceso bioquímico:

En aquel enajenamiento de la carne exasperada de amor había algo así como ebulliciones de protoplasma fecundo, clamores sordos de células vírgenes de actividad, impulsos centrífugos irresistibles… (p. 121).

El autor introduce varias digresiones, como el «paréntesis lírico-biológico» sobre la Naturaleza creadora de la vida, con una exaltación del amor: «¡Sólo mueren los que no aman!» (p. 125); o el extenso episodio (ocupa las pp. 129-146) de la tertulia de la rebotica de don José, donde se discute sobre el progreso y la civilización, contraponiéndose las luces de la ciencia y los conocimientos racionales a las sombrías leyendas y supersticiones oscurantistas.


[1] Citaré por la 4.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1955.

El villancico «Ya está el niño en el portal» de Gloria Fuertes

¡Alegraos, en la ciudad de David nos ha nacido el Salvador!

¡Con mis mejores deseos de una muy feliz y santa Navidad
a todos los amigos-lectores insulanos!

Sagrada Familia, de Luis Tristán

De entre las varias composiciones poéticas navideñas de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-Madrid, 1998), copiaré hoy su «Villancico» que comienza «Ya está el niño en el portal…»:

Ya está el niño en el portal,
que nació en la portería.
San José tiene taller,
y es la portera María.

Vengan sabios y doctores
a consultarle sus dudas:
el niño sabelotodo
está esperando en la cuna.

Dice que pecado es
hablar mal de los vecinos
y que pecado no es
besarse por los caminos.

«Que se acerquen los pastores
que me divierten un rato;
que se acerquen los humildes,
que se alejen los beatos.

Que venga la Magdalena;
que venga San Agustín,
que esperen los Reyes Magos
que les tengo que escribir»[1].

Este villancico ha sido musicado por Paco Ibáñez y se puede escuchar aquí.


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 174-175 (suprimo la conjunción y que figura al comienzo del v. 8).

«Canción de Nochebuena», de Beatriz Schulze Arana

La escritora boliviana Beatriz Schulze Arana (Potosí, 1929-La Paz, 2000) participó de la fundación en La Paz de la segunda generación del grupo «Gesta Bárbara» (1944). En 1995 ingresó en la Academia Boliviana de la Lengua. Entre sus obras se cuentan títulos como Lejanías (1945), Surcos de luz (1947), En el telar de las horas (1948), Por la escala del ensueño (1949), En el dintel de la noche (1951), Desvelo de lámpara (1958), Pompas de jabón (1958), Clarinadas de oro (1979), Burbujas de color (1979), La princesita calipso y el fausto ruiseñor (1980), Semillero de luces (1981) y Luces mágicas (1988). Los últimos años de su vida los pasó en la «Casa del Poeta», dotada por el municipio de La Paz.

Juan Quirós nos ofrece la siguiente valoración de su estilo poético:

Dedicada a los oficios del ensueño, muy femenina, ajena a modas y esnobismos, siempre despierta al imperativo de sus principios y a su voz interior, Beatriz Schulze Arana está exenta de sensiblería y de toda jugarreta verbalista. De sus versos para niños ha dicho Gabriela Mistral: «Van envueltos en un halo de verdadera belleza, además recrean, enseñan sin violencias, ejercitan la imaginación y abren surcos de bondad y de ternura»[1].

Su «Canción de Nochebuena» es una sencilla composición en hexasílabos en los que la voz lírica expresa los dones que piensa presentar al Niño recién nacido.

Virgen con el Niño Jesús, de Antonio Arias

Los recursos utilizados (anáforas, paralelismos, variedad de rimas asonantes, empleo de diminutivos, etc.) son los habituales en este tipo de poemas que se insertan en la tradición de la poesía navideña de tono popular. Este es el texto del poema:

Me ha dado la alondra
pajas de su nido,
yo le haré con ellas
su cunita al Niño.

Me han dado las nubes
copos de algodón,
albos como un sueño,
tibios como el sol.

Con don tan precioso
a mi Niño Dios
le haré una almohadita
y un muelle edredón.

Me ha dado la luna
un jirón del traje
que lució la noche
de su primer baile;

de seda tan fina
yo le coseré
bellos pañalitos
al Dios de Belén.

Me han dado los mares
encajes de espuma,
con ellos al Niño
yo le haré una túnica.

Agujita mía:
corre, salta, vuela
sobre el escenario
del encaje y seda.

Agujita mía:
¡corre! ¡salta! ¡vuela!,
que Jesús ya viene,
que Jesús ya llega
y yo no consigo
terminar mi ofrenda.

Agujita mía:
¡corre! ¡salta! ¡vuela![2]


[1] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 347.

[2] Tomo el texto de Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, pp. 351-352.