«Por ver mi estrella María» de Néstor Luján: tiempo y espacio

La acción de la novela de Néstor Luján transcurre en el Madrid de 1623, con una gran concreción espacio-temporal. Podemos fijar exactamente las dos fechas que enmarcan los acontecimientos, que ocurren entre el 17 de marzo y el 9 de septiembre de ese año. Los principales saltos temporales se producen entre el final de una parte y el comienzo de la siguiente. Así, la segunda empieza con estas palabras: «Habían transcurrido dos meses» (p. 117; cito por la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 1988). Como ya indiqué en una entrada anterior, en el índice onomástico final se nos informa de sucesos ocurridos varios años después[1].

En cuanto al espacio, Néstor Luján afirma haber manejado como documentación un plano del Madrid del XVII, «el de Teixeira, que ha sido una pieza insustituible para orientarme en el dédalo del Madrid de los Austrias» (p. 249, en la sección de agradecimientos).

Plano de Madrid de Pedro Teixeira (1656)

Microespacios dentro de este espacio más amplio son la casa de lord Digby, llamada «de las Siete Chimeneas», la de Hugo, la de don Francisco o la del doctor Fonseca, capellán real, el Corral de la Pacheca (donde asistimos a una representación teatral), la residencia del conde de Gondomar, el despacho de Olivares, el palacio del Real Alcázar, el Real Monasterio de San Jerónimo, la Plaza Mayor (escenario de una fiesta de toros), el mesón de la Torrecilla Vieja, en la calle de Toledo, la venta del Santo Cristo del Coloquio, el convento de los comendadores de Santiago, en las afueras de Madrid o El Pardo (allí tiene lugar la cacería de despedida a los ingleses). Solo en dos ocasiones nos alejamos del suelo madrileño: con el viaje de Hugo a Inglaterra y al marcharse los invitados reales, que embarcan en Santander[2].


[1] Por ejemplo, de Dorotea, la sirvienta de María de Coutiño, se dice que «casó con Francisco, el criado ya con categoría de escudero, de Hugo von Stein y le siguieron ambos en sus viajes y aventuras. Tuvieron una notable descendencia» (p. 239).

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

«Por ver mi estrella María» de Néstor Luján: título y estructura

Antes de nada, me referiré brevemente el título de la segunda novela de Néstor Luján, que es un nuevo intertexto literario, como pasaba con Decidnos, ¿quién mató al conde? En esta ocasión está tomado de unos versos de Lope de Vega[1], que figuran al principio del libro a modo de lema:

Carlos Estuardo soy
que, siendo el amor mi guía,
al cielo de España voy
por ver mi estrella María.

La novela se abre con un breve prólogo (apenas dos páginas) que nos muestra al príncipe contemplando la villa de Madrid desde un altozano.

Carlos I de Inglaterra

El texto en sí consta de tres partes de trece, catorce y cuatro capítulos, cada uno con título independiente. Al final se añade un índice onomástico que da noticia de los principales personajes, tanto de los históricos como de los de ficción, con la particularidad de que cumple también la función de epílogo, al informarnos de sucesos de su vida posteriores a los narrados en la novela.

La técnica narrativa se sitúa dentro de los moldes más tradicionales. Hay un narrador omnisciente en tercera persona y lo único que se podría destacar es que se crea un cierto suspense porque no vemos actuar a Carlos y María hasta que llevamos varias páginas leídas: hasta ese momento solo sabemos lo que otros personajes dicen de ellos, circunstancia que hace despertar el interés del lector, que permanece a la expectativa de conocerlos directamente por sus actos y por sus palabras[2].


[1] Para estos versos, ver Rafael Iglesias (ed.), Cuarteto de Lope de Vega en el que se celebra la llegada a Madrid de Carlos Estuardo, príncipe de Gales, a mediados de marzo de 1623, Lisle (Illinois), Benedictine University, 2001, con una abundante bibliografía. Disponible en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=5085; y para otros poemas compuestos con la misma ocasión, Gregorio Rodríguez Herrera, «Dos epigramas neolatinos anónimos a propósito de los amores de Carlos Estuardo, príncipe de Gales, con la infanta María de España», Faventia, 21/2, 1999, pp. 143-156.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

«Por ver mi estrella María» de Néstor Luján: argumento

La acción de la novela de Néstor Luján parte de un hecho histórico real: durante el reinado de Felipe IV, las diplomacias inglesa y española planearon la boda de la infanta María, hermana del rey español, y Carlos, hijo del rey Jacobo I, que era príncipe de Gales y más tarde reinaría como Carlos I. Era un matrimonio que, caso de haberse producido, habría cambiado todas las alianzas tradicionales de la Europa del siglo XVII. Pero había un grave problema: Carlos, inglés, era protestante, y la boda resultaba poco menos que imposible.

Carlos I de Inglaterra

Él, cual nuevo caballero andante, aparece en la novela idealmente enamorado de María, a la que nunca ha visto. Entonces decide partir de Inglaterra a España, atravesando a uña de caballo Francia, de incógnito, como un caballero particular, acompañado de su amigo lord Buckingham, favorito del rey. Ambos se presentan en Madrid para activar las negociaciones, por sorpresa, lo que origina una situación grotesca, ya que el príncipe no ha sido invitado y, por tanto, no puede ser recibido con el protocolo correspondiente. Al final, a los ocho días de estar en la Corte, Carlos hace su entrada oficial, cuando su presencia en Madrid era ya un secreto a voces. Es, además, un momento delicado, pues acaba de salir una premática que impide la estancia en España de todos los protestantes extranjeros.

La resolución del problema se va demorando: se pide una dispensa a Roma para el matrimonio; Olivares se opone al proyecto; pasan los meses y la situación permanece estancada, sin conocer el más mínimo avance. Al final, todos se dan cuenta de que el plan es un fracaso inevitable: la permanencia del príncipe Carlos en España ya no tiene ningún sentido y, con una excusa cualquiera, decide regresar a Inglaterra.

Este viaje a España del príncipe de Gales fue real, aunque seguramente no resultó tan romántico ni tan rocambolesco como Néstor Luján nos lo presenta en su novela. Lo que ocurre es que la trama de esta historia amorosa se diluye en la intriga política, en los intrincados hilos de los intereses nacionales en juego, manejados con habilidad por los diplomáticos de uno y otro país.

Paralelamente, existe en la novela otra historia de amor, la que une a María de Coutiño, joven dama portuguesa, y Hugo von Stein, noble y aventurero alemán. Y esta sí que resulta una verdadera historia de amor, sin que el hilo argumental se pierda por los entresijos diplomáticos. A diferencia de la anterior, tiene un final feliz: ambos personajes se conocen y se enamoran mutuamente. Sin embargo, aunque hay correspondencia en los sentimientos, no todo es un camino de rosas en su relación, pues han de vencer algunas dificultades (Hugo es de nobleza inferior a la de María y el hermano de esta se opone al matrimonio, no así su tío, quien es a la vez su tutor). La cuestión se resuelve con el rapto de la prometida —eso sí, con su consentimiento— por parte de Hugo. El hermano de María los persigue con cinco valentones pero los protagonistas, a pesar de su inferioridad numérica, consiguen escapar de los espadachines y refugiarse en un convento, donde contraen matrimonio: Hugo y María se casan y serán muy dichosos juntos. La historia, con sus ribetes folletinescos, resulta amena y de fácil lectura.

En resumidas cuentas, Por ver mi estrella María nos presenta dos historias de amor, pero —desde el punto de vista sentimental— solo una de ellas llega con interés a los lectores. Todavía podríamos añadir una tercera, la de la pareja formada por los criados Francisco y Dorotea, pero esta se desarrolla en un plano muy secundario[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Una reflexión de Néstor Luján sobre la novela histórica

Néstor LujánNo voy a detenerme ahora en el comentario de la novela Decidnos, ¿quién mató al conde? (publicada por en el año 1987), pero sí quiero destacar dos detalles más extractados de las palabras preliminares del autor. En primer lugar, la enumeración por parte de Néstor Luján de sus maestros en el arte de narrar:

A mí me parece que, dentro de la modestísima labor que le puede corresponder a un escritor como yo, la más alta cualidad es contar una historia. He narrado, por fin, una mía y me siento alegre, insolente quizá, con la cabeza aclarada. Es posible que cuanto he escrito esté pasado de moda. Pero me arropo en mis maestros en este altísimo oficio: Micer Giovanni Boccaccio de palabra dorada y florentina; el anónimo y alborotado autor del Lazarillo de Tormes, mi señor Miguel de Cervantes Saavedra, míster Robert Louis Stevenson, a quien los indígenas de Samoa llamaban Tusitala, que quiere decir «el cuentista de bellas historias». Me arrimo a los textos anónimos de Las mil y una noches, me protejo con las narraciones de mi admirado Jorge Luis Borges, con las invenciones de mi entrañable Álvaro Cunqueiro, y las de mi viejo amigo, el réprobo, irrespetuoso y tierno escritor que es Joan Perucho. Y me doy cuenta que, como le pasaba a Alejandro Dumas, en un momento dado ha sido una necesidad para mí contar y, contando, quizá he inventado… (cito por la ed. de Barcelona, Plaza & Janés, 1998, p. 16).

No son, por cierto, malos maestros los que evoca. En segundo lugar, la reflexión que añade después con relación al carácter de histórica de su novela o, mejor, a la mezcla de historia y ficción, ingrediente esencial en este tipo de relatos:

Quiero decir que esta novela, si lo es, no pretende tener el menor rigor. Y si alguno tiene es un cierto prurito histórico. […] Me ha divertido tender inocentes trampas a los eruditos, retratar personas ilustres. Inventarme traviesamente a otros personajes quizá verosímiles, tal como imagino que fueron (p. 16).

Estas palabras resultan válidas igualmente para su segunda novela, Por ver mi estrella María (Barcelona, Planeta, 1988), en la que centraré mi atención en las próximas entradas[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Néstor Luján: «Decidnos, ¿quién mató al conde?» (1987)

Decidnos, ¿quién mató al conde?, de Néstor LujánLas dos obras mencionadas en entradas anteriores, La vida cotidiana en el Siglo de Oro español y Madrid de los últimos Austrias, redactadas ambas con un tono eminentemente divulgativo, ponen de manifiesto el interés de Néstor Luján por la época y demuestran su amplio conocimiento acerca de ella: personajes, espacios, ambientes, modas, usos sociales… Constituyen, por así decir, la base teórica para sus ficciones ambientadas en el Siglo de Oro, para sus novelas históricas, la primera de las cuales fue Decidnos, ¿quién mató al conde?, que apareció el año 1987[1]. El título es un intertexto literario, tomado del segundo verso de una décima atribuida a Góngora:

Mentidero de Madrid,
decidnos quién mató al Conde;
ni se sabe ni se esconde,
sin discurso discurrid:
dicen que lo mató el Cid
por ser el Conde Lozano;
¡disparate chabacano!
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano[2].

En unas palabras explicativas preliminares indica Luján que «Se trata simplemente de una novela de capa y espada, histórica y truculenta» (p. 15). La acción arranca a partir del 21 de agosto de 1622, fecha de la muerte del conde de Villamediana, y plantea con verosimilitud diversas hipótesis posibles sobre su causa, con distintos agentes y móviles. En este sentido, su segunda novela, Por ver mi estrella María, cuya acción ocurre en el año de 1623, vendrá a ser una continuación cronológica de la primera. Además, reaparecerán en ella algunos personajes de la anterior: el conde de Bristol, el duque de Buckingham, y sobre todo María de Coutiño[3] y el alemán Hugo von Stein, que es precisamente quien investiga el asesinato del aristócrata[4].

Entrada sobre Juan de Tassis, conde de Villamediana, en Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Conde_de_Villamediana


[1] Utilizo la edición de Barcelona, Plaza & Janés, 1998. El personaje de Villamediana, y su violenta muerte, ha inspirado también a otros autores de novela histórica.

[2] Los mentideros eran ciertos espacios de la Villa y Corte donde los madrileños se reunían para conversar y compartir noticias y rumores. Los más famosos fueron el de representantes en la plazuela del León, el de las losas de Palacio (en la parte delantera del Alcázar Real) y las gradas de la iglesia de San Felipe, en la Puerta del Sol.

[3] En el índice de personajes leemos: «Prima de las Tabora. Delicada y amorosa. Enamoró al caballero alemán Von Stein, con quien casó, después de largos y encendidos empeños. Pero ésta es una historia que quizá otro día se contará» (p. 283).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Néstor Luján (1922-1995), vida y obras

Néstor Luján nació en Mataró (Barcelona) en 1922. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona e ingresó en 1943 en la redacción de la revista Destino, de esa misma ciudad, de la cual sería redactor-jefe en 1949 y director en 1958, cargo en el que cesó en 1975 para pasar a dirigir la revista mensual Historia y vida. Posteriormente colaboró en La Vanguardia y en otras múltiples publicaciones, hasta su fallecimiento, ocurrido en Barcelona en 1995[1].

Néstor Luján

Escritor, periodista y ensayista, Néstor Luján ha abordado en sus obras temas muy diversos: de historia, de literatura, de política, de toros, de gastronomía, de deportes, de viajes… Reflejo de esta variada curiosidad son los títulos de sus libros: De toros y toreros, Historia del toreo, Tauromaquia, Las recetas de Pickwick, Nuevas recetas de Pickwick, La historia de la cocina española (en colaboración con Juan Perucho), El libro del chocolate, La cuina catalana, El menjar, El arte de comer, El libro del café, Viaje a Francia, La Belle Époque, En la cabecera de los protagonistas de la historia, Y Mussolini creó el fascismo (en colaboración con Luis Bettónica), París finisecular, Historia de los animales de compañía, El collar de María Antonieta, Casanova o la incapacidad de la perversión, La vida cotidiana en el Siglo de Oro español, entre otros.

Como novelista se dio a conocer cuando ganó el Premio Internacional de Novela Plaza & Janés de 1987 con Decidnos, ¿quién mató al conde?, cuyo tema es la muerte en extrañas circunstancias del Conde de Villamediana. Por ver mi estrella María fue su segunda obra narrativa; después, continuó escribiendo y publicando otras novelas como Los espejos paralelos, La mujer que fue Venus, La puerta del oro, La cruz en la espada…, títulos que vinieron a sumarse a la moda de la novela histórica que, tanto en España como en otros países, ha conocido un extraordinario auge en estas últimas décadas[2].

Ficha de Néstor Luján en Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%A9stor_Luj%C3%A1n

Noticias sobre Néstor Luján en El País:
http://elpais.com/tag/nestor_lujan/a/


[1] Sobre el autor, ver Enric Vila, Néstor Luján, entre el rostre i la màscara: la construcció d’una identitat de supervivència, Barcelona, Centre d’Estudis de Temes Contemporains, 2003; y Agustí Pons, Nèstor Luján: el periodisme liberal, Barcelona, Columna, 2004.

[2] Una buena aproximación, y bibliografía pertinente, en José Romera Castillo, Francisco Gutiérrez Carbajo y Mario García-Page (eds.), La novela histórica a finales del siglo XX. Actas del V Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria y Teatral de la UNED, Cuenca, UIMP, 3-6 de julio, 1995, Madrid, Visor Libros, 1996. Ver también Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Antecedentes de la novela histórica: historias novelescas del XVII

En el siglo XVII se siguen cultivando los temas del rey don Rodrigo (Jaime Bleda: Corónica de los moros en España) y del pastelero de Madrigal (otra anónima Historia de Gabriel de Espinosa, de 1683); se introducen otros de la antigüedad clásica (Séneca y Nerón, de Fernando Álvaro Díez de Aux, La Fénix troyana, de Vicente Mares); proliferan las historias bíblicas, de bandoleros y de santos (El hijo de David, de Juan de Baños de Velasco, Gustos y disgustos del Lentiscar de Cartagena, de Ginés Campillo de Baile, Soledades de Aurelia, de Jerónimo Fernández de Mata, El piadoso bandolero, de Juan Pérez de Montalbán, El bandolero, de Tirso de Molina).

Gustos y disgustos del Lentiscar de Cartagena

Hay que mencionar también las Historias peregrinas y ejemplares de Gonzalo de Céspedes y Meneses, que son seis episodios históricos ocurridos en otras tantas ciudades; y existen otras obras que reconstruyen la historia, bastante fantaseada, de alguna ciudad: Historia de las grandezas de la ciudad de Ávila, de Luis Ariz, Antigüedad y excelencias de Granada, de Francisco Bermúdez de Pedraza. No podemos olvidar en este recorrido por el XVII las importantes obras de Cristóbal Lozano, pues recogen leyendas e historias en las que se inspirarían los escritores románticos (en particular Zorrilla y Fernández y González): Los reyes nuevos de Toledo, David perseguido, El rey penitente David arrepentido y David más perseguido. Una nueva novela morisca es La historia de los dos enamorados Ozmín y Daraja, incluida en el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.

Antecedentes de la novela histórica: obras históricas áureas

Volviendo al terreno historiográfico, habría que mencionar las obras de Diego Hurtado de Mendoza (Historia de la guerra de Granada), Luis de Mármol Carvajal (Historia del rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada), Gonzalo Argote de Molina (Nobleza de Andalucía), Hernando de Baeza (Relaciones de algunos sucesos de los últimos tiempos de Granada), Hernando del Pulgar (Crónica de los Reyes Católicos, Compendio de la historia de Granada), el canciller Pedro López de Ayala (sus crónicas), Bernal Díaz del Castillo (Historia verdadera de la conquista de la Nueva España) o el inca Garcilaso de la Vega (Comentarios Reales).

HistoriaVerdaderaDeLaConquistaDeLaNuevaEspaña

La obra de Bernal es una crónica con pretensiones de historia verdadera («esta muy verdadera y clara historia», escribe en el prólogo), pero adornada con ribetes de libro de caballerías: hay en ella una mezcla de realismo (las descripciones de los combates, presenciados por el autor como soldado, que dan sabor de vida vivida a la obra) y de ensueño (los portentos y maravillas del nuevo mundo americano que dejan atónitos a los españoles). Mencionaré además la Historia de España del Padre Mariana, no tanto por la inclusión en ella de elementos novelescos, como por haber servido de inspiración y de fuente documental a varios novelistas españoles, particularmente a los que trataron los temas granadinos[1].


[1] Y no hay que olvidar obras pseudohistoriográficas como son los denominados «plomos» de Granada, falsos cronicones y escritos apócrifos, pues —como señala Juan Ignacio Ferreras— «una falsa historia puede ser una verdadera novela histórica» (La novela en el siglo XVII, Madrid, Taurus, 1987, p. 46). Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.

Antecedentes de la novela histórica: las «Guerras civiles de Granada»

Llegamos así a la obra que se ha podido considerar como primer episodio histórico nacional, por la actualidad de los sucesos narrados, las Guerras civiles de Granada (en dos partes, de Zaragoza, 1595, y Cuenca, 1619; dejo de lado ahora lo relativo a la problemática edición de la segunda parte de Alcalá de Henares, 1604).

Historia de los bandos de los Zegríes y Abencerrajes (Barcelona, 1610)

Las dos partes del relato de Ginés Pérez de Hita combinan elementos fantásticos e históricos, si bien nos interesa ahora más la primera, que narra la lucha de bandos anterior a 1492, y en la que predominan los elementos de ficción novelesca; así, la acusación de adulterio a la reina de Granada, la historia de los amores de Zaide y Zaida o los de Gazul, a lo que hay que añadir las descripciones de fiestas de toros, sortijas y cañas, de vestidos, motes y divisas, que contribuyen a la creación del denominado «color local». El grado de poetización e imaginación es mayor aquí que en la segunda parte, de mayor historicidad, que describe las luchas coetáneas de las Alpujarras, reflejo de las vivencias del autor como soldado participante en los sucesos.

Historia de las guerras civiles de Granada (París, 1660)

Las Guerras civiles de Granada constituyen una obra importante no solo en sí misma, sino por las derivaciones del tema granadino que inspiró en el extranjeroAmahide, de Mlle. Scudéry, Zaïde, de Mme. de La Fayette, Gonzalo de Córdoba, de Florian, El último Abencerraje, de Chateaubriand o la Crónica de la Historia de Granada, de Washington Irving. Es más, se suele recordar que Scott la leyó en los últimos años de su vida y que lamentó no haberla conocido antes para haber ambientado en España alguna de sus novelas[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.

Antecedentes de la novela histórica: la materia morisca

Más importante es la Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa, «novela histórica morisca» cuyo episodio central (la captura y posterior liberación del moro enamorado) parece inspirarse en un hecho realmente sucedido o, cuando menos, verosímil en el contexto de la guerra fronteriza granadina. Además, el autor atribuye la acción a un caballero, Rodrigo de Narváez, de existencia real, aunque la obra no está exenta de algunos anacronismos.

El Abencerraje

A ese aire de verosimilitud contribuyen también la exactitud topográfica y la acertada descripción de armas y vestidos. El Abencerraje es, junto a la ya mencionada —en una entrada anterior— Crónica sarracina y a la primera parte de las Guerras civiles de Granada, a la que pronto me referiré, uno de los antecedentes más claros de la novela histórica moderna.

Los romances fronterizos, que solían ser «romances noticiosos» —según la denominación de Menéndez Pidal—, cantan sucesos diversos de la guerra de Granada, hechos aislados de carácter episódico, como el cerco de Baeza en 1368 por el rey de Granada y don Pedro el Cruel, la conquista de Antequera y de Alhama, el sitio de Álora o la muerte de don Alonso de Aguilar en la guerra de las Alpujarras en 1501. Estos romances introducen elementos novelescos, con lo que carecen en general de autenticidad histórica; pero, a su vez, dieron lugar a leyendas que los historiadores aceptaron frecuentemente, «ya que el crédito del romancero como fuente informativa estaba muy alto en los siglos XV y XVI»[1].


[1] María Soledad Carrasco Urgoiti, El moro de Granada en la literatura, Granada, Universidad de Granada, 1989, p. 34. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.