El matrimonio de Miguel de Cervantes con Catalina de Salazar[1] ha dado lugar a muchas elucubraciones por parte de los biógrafos e investigadores cervantinos: ¿fue un mero matrimonio de conveniencia en el que faltó el amor? Y, en consecuencia, ¿estaría ahí la explicación de las largas ausencias de Cervantes del hogar familiar en Esquivias? Es una posibilidad. Por el contrario, hay quienes defienden que tal situación —la necesidad de que el varón se ausentase de casa por largos periodos en busca de trabajo— era algo habitual en la época, sin que sea necesario buscar otro tipo de explicaciones[2]. Sea como sea, el matrimonio del escritor —y, más concretamente, las gallinas que se incluyen en el contrato matrimonial como aportación de la novia, junto con varios majuelos de olivos y vid, un huerto, algunos muebles y otros objetos domésticos— es el punto de partida de una novela corta (o, si se prefiere, un cuento largo) de Ramón J. Sender publicada originalmente en 1967, con reediciones posteriores[3] que ha generado cierta —no mucha— bibliografía[4]. Es de destacar asimismo que la novelita ha dado lugar a una versión cinematográfica.
Carles Fontserè, Sender en Los Ángeles (1968).
Como es sabido, Ramón J. Sender (Chalamera de Cinca, Huesca, 1901-San Diego, California, 1982) es uno de los principales escritores españoles de posguerra, representante en su caso de la narrativa que hubo de desarrollarse en el exilio. Su carrera había empezado antes de la guerra civil (Imán, Siete domingos rojos, Mister Witt en el Cantón…), títulos a los que a partir de los años 40, ya fuera de España —el autor vivió en Francia, México y Estados Unidos—, se irán sumando otros: Crónica delalba, Réquiem por un campesino español, Carolus Rex, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, etc. Su figura y su obra resultan bien conocidas y existe abundante bibliografía al respecto[5]. Ahora me interesa entresacar un par de detalles bio-bibliográficos que conectan a Sender con Cervantes, a saber: 1) nos consta que el escritor aragonés leyó el Quijote siendo muy joven y tenemos el testimonio de que tal lectura le impresionó fuertemente, dejándole un poso de tristeza[6]; y 2) Sender es autor de un libro titulado Novelas ejemplares de Cíbola(1961)[7], que —al igual que la colección de novelas cortas de Cervantes publicada en 1613— consta de doce relatos[8].
[1] Abundantes datos sobre su esposa, Catalina Palacios Salazar y Vozmediano, y su familia se recogen en Krzysztof Sliwa, Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Kassel / Fayetteville, NC, Edition Reichenberger / Fayetteville State University, 2006. Ver también la recreación literaria de Segismundo Luengo Catalina de Esquivias. Memorias de la mujer de Cervantes, Madrid, Sial, 2004; y el más reciente monólogo teatral de José Manuel Lucía Megías Soy Catalina de Salazar, mujer de Miguel de Cervantes, Barcelona, Ediciones Huso y Cumbres, 2021.
[2] Escriben Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin: «En 1584 mantiene una relación amorosa con Ana Franca de Rojas, una «bella malmaridada» con un mesonero, fruto de la cual nace su hija natural Isabel de Saavedra. Más tarde, ese mismo año, se casa en Esquivias con Catalina de Palacios Salazar Vozmediano y la pareja se instala en ese pueblo de donde ella era natural. Al parecer, fue este un matrimonio de conveniencia y no resultó demasiado dichoso: la edad de los contrayentes era desigual (Cervantes tenía treinta y siete años y su esposa diez y nueve), y ciertamente no nos han quedado en la obra cervantina evocaciones de una vida conyugal feliz; además, fue mucho el tiempo que los esposos vivieron separados, en distintos momentos». Sender, en la nota preliminar a Las gallinas de Cervantes en Obra completa, escribe: «Por ese afán de simetría que existe en la vida moral —lo mismo que en el mundo físico— le correspondió a Cervantes (que buscaba en vano a su Dulcinea) la esposa más tonta —ella nos perdone— de la Mancha» (El «Quijote». Guía de Lectura, Tafalla, Cénlit Ediciones, 2006, pp. 23-24).
[3] La «Carta dotal de Miguel de Cervantes Saavedra a Catalina de Palacios Salazar y Vozmediano, su esposa», dada en Esquivias, el 9 de agosto de 1586, se reproduce en Krzysztof Sliwa, Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra, Pamplona, Eunsa, 1999, pp. 138-142. En ella se hace constar entre los bienes aportados por la esposa «Cuarenta e cinco gallinas e pollos e un gallo, [valorados] en cuatro ducados».
[4] Véanse los trabajos de Antonio Román Román, «Un homenaje de Sender a Cervantes: Las gallinas de Cervantes», en Juan Fernández Jiménez, José Julián Labrador Herraiz y L. Teresa Valdivieso (coords.), Estudios en homenaje a Enrique Ruiz-Fornells, Erie (Pennsylvania), Publicaciones de la Asociación de Licenciados y Doctores Españoles en los Estados Unidos, 1990, pp. 560-567; Ángeles Pons Laplana, ; «Autobiografismo en Las gallinas de Cervantes», en Fermín Gil Encabo y Juan Carlos Ara Torralba (eds.), El lugar de Sender. Actas del I Congreso sobre Ramón J. Sender (Huesca, 3-7 de abril de 1995), Huesca / Zaragoza, Instituto de Estudios Altoaragoneses / Institución «Fernando el Católico», 1997, pp. 487-498; Alfredo Castellón, «Las gallinas de Sender», Turia, 55-56, 2001, pp. 239-242; Mary S. Vásquez, «Cervantes written by Ramón J. Sender or the case of the twenty-nine chickens», Vanderbilt e-journal of Luso-Hispanic Studies, 2, 2005, pp. 199-205; Carlos Bravo Suárez, «Sender y las gallinas de Cervantes», Diario del Alto Aragón, 10 de agosto de 2016, pp. 48-49; o Pol Madí Besalú, Una aproximación a la narrativa breve de Ramón J. Sender: las «Narraciones parabólicas» (1967), Tesis de Máster inédita, Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona (Facultat de Filosofia i Lletres), 2017.
[5] Ver por ejemplo Marcelino C. Peñuelas, La obra narrativa de Ramón J. Sender, Madrid, Gredos, 1971; y Jesús Vived Mairal, Ramón J. Sender: biografía, Madrid, Páginas de Espuma, 2002, entre otros muchos trabajos.
[6] Ver José Antonio Dueñas Lorente, «Cervantes y el Quijote, según Ramón J. Sender», Alazet. Boletín Senderiano, 14, 2005, pp. 461-468.
[8] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Una recreación cervantina: Las gallinas de Cervantes, novela corta de Ramón J. Sender (1967)», en Maira Angélica Pandolfi, Márcio Roberto Pereira, Marcos Hidemi de Lima y Wellington R. Fioruci (eds.), Confluências Transatlânticas. Narrativa Contemporânea Ibérica e Ibero-Americana, Campinas (São Paulo), Mercado de Letras, 2021, pp. 313-336.
Todo el análisis de Juan David García Bacca en esta obra[1] descansa sobre los cuatro categoriales ya enumerados, que quedan asentados y establecidos en el «Prólogo» (pp. 11-21), el cual comienza con estas palabras que entablan diálogo con las de Cervantes en el prólogo de 1605:
«Desocupado Lector» —diré, imitando y reformando a mi talante las iniciales y archiconocidas palabras del Quijote—, sin juramento me podrás creer que quisiera que esta Obra, como hija de un filósofo pretenciosamente literato, fuera la más original, nueva y extraña respecto de las que sobre este tema se han escrito. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza —la de filósofo pretendiente a literato—; que en ella cada cosa engendra su semejante: una obra literario-filosófica. Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado literariamente ingenio mío sino una historia de don Quijote de la Mancha antojadiza, llena de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, a pesar de que se engendró en una mansión donde toda comodidad tiene su asiento y donde todo armonioso sonido hace su habitación?
Lo original, nuevo y extraño de tal historia consiste, dicho sea resumidamente, en que para hacerla nada menos que sobre DON QUIJOTE de la Mancha se emplean como categoriales esas antojadizas palabras —y conceptos— de Señorío, Salero, Corazonadas, Raciocinancia, no usadas por otro alguno de los que sobre tal tema y Persona han escrito (p. 11).
Sigue la definición de esos cuatro categoriales, que se desarrollarán posteriormente en el ejercicio primero, aplicados a distintos pasajes y aventuras del Quijote:
1) «Señorío, Señorial, es acontecimiento que le adviene a un Señor en actos sueltos, a ratos discontinuos, en funciones diversas. Y no llega a ser estado: a quedar pasmado el señor en Señorío. […] Talante de Señorío es acorde de seipsiconciencia-autoridad-gravedad-mesura» (p. 12). En serse señorialmente consisten precisamente los actos de señorío, que en el caso de don Quijote se manifiesta en numerosas ocasiones: en el «yo sé quién soy» de I, 5; en la ayuda que presta a Andresillo, el criado de Juan Haldudo el Rico (su primera aventura en la que supuestamente hace triunfar la justicia, aunque como sabemos termina con un resultado nefasto para el menesteroso socorrido); en su actitud enamorada frente a Dulcinea; en los consejos que brinda a Sancho…
2) «Salero es acorde de gracia, gracejo, donaire…» (p. 13), y lo encontramos tanto en el discurso de Cervantes (prólogos), como de don Quijote y Sancho.
3) «Corazonada es acorde de golpe sentimental y solución simplista de dificultades circunstanciales» (p. 13). Buen ejemplo de corazonada es el capítulo I, 22, en que don Quijote da libertad a los galeotes. Pero, por encima de todo, la «gran corazonada» de don Quijote es Dulcinea y el amor que por ella siente.
4) En fin, Raciocinancia «es la manera y tonalidad de razonar, de racional, propia del español. Y es la que predomina en el Quijote y en don Quijote de la Mancha en todas sus aventuras. […] La tonalidad de raciocinancia proviene […] de la introducción de refranes, de salero, de actos de señorío; todo ello produce el descenso de racional a razonable; y de éste, a raciocinancia» (p. 15).
Los cuatro —continúa explicando García Bacca— son categoriales locucionales, es decir, surgen en don Quijote cuando habla. Aparte hay otra clase de categoriales, los categoriales prácticos (aventuras que sorprenden a don Quijote), que a su vez pueden dividirse en alucinales objetales y alucinales subjetales, y que a veces son dobles:
Esta doble alucinación-alucinal objetal y subjetal divide todo el Quijote y todas las aventuras de don Quijote en dos categoriales: las verdaderas y las fantásticas. Y lo divide a Él, a don Quijote, en doble personalidad: en caballero fantástico que se cree ser caballero andante y no lo es, y caballero andante verdadero, que lo está siendo desde esta aventura [el recibimiento en el palacio ducal en II, 31], no antes, y lo estará siendo en todas las posteriores (p. 16)[2].
[1] Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos, 1991 (Colección Pensamiento Crítico-Pensamiento Utópico, 59). Citaré siempre respetando las peculiaridades de García Bacca en lo que se refiere al uso de mayúsculas, cursivas y otros recursos que emplea para destacar tipográficamente determinados conceptos o expresiones.
[2] Y más adelante escribe: «Alucinales son, pues, pesadillas deliciosas para un caballero andante que fantásticamente se cree serlo en realidad; mas son pesadillas verdaderas de todo en todo para un caballero andante que se conoce y cree serlo, y estar siendo “caballero andante verdadero” desde un primer día: el de su alucinación doble, objetual y subjetal: casa de placer vista como Palacio, y Él sintiéndose estar siendo “caballero andante verdadero”» (p. 17); «Alonso Quijano está siéndose DON QUIJOTE por este nuevo tipo de alucinaciones objetales y subjetales» (pp. 17-18); «Seipsiconciencia-autoridad-gravedad-mesura de gran señor que está siendo en trance de Señorío. Está siendo, y sabiéndoselo, DON QUIJOTE» (p. 18). Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «El Quijote y don Quijote a la luz de los Ejercicios literario-filosóficos de Juan David García Bacca», en José Ángel Ascunce y Alberto Rodríguez (coords.), Cervantes en la Modernidad (Cervantes y su mundo, V), Kassel, Edition Reichenberger, 2008, pp. 277-296.
De la lectura de la obra de Juan David García Bacca[1] se desprenden las que son las ideas esenciales de su acercamiento al Quijote y al personaje de don Quijote, ideas ya anticipadas en su mayor parte en las «Advertencias» preliminares. Veamos:
1) La suya es una obra híbrida, filosófico-literaria, «hija de un filósofo pretenciosamente literato» (p. 11), que se presenta además como «escudero de DON QUIJOTE» (p. 21).
2) No se trata de una obra sistemática: «El componente filosófico de los ejercicios no aspira ni a tratado ni, menos aún, a sistema; sino a indicaciones, incitaciones sugerencias mentales y sentimentales. Y el componente literario de ellos no pretende competir con los valores literarios […] de las obras originales» (p. 24). Se trata, en cualquier caso, de una obra para estudio, no es «de lectura cual si fuere una novela» (p. 24).
3) El autor quiere que el lector sea co-autor de su trabajo: «Aspira esta obra a que el Lector se sienta coautor de ella, completando las indicaciones, sugerencias e invitaciones que ella hace en lugares oportunos» (p. 24).
4) La obra se dirige a un público español e hispanoamericano en el que se presupone el conocimiento y la lectura previa del Quijote. En cualquier caso, dado que a lo largo de sus páginas cita por extenso abundantes pasajes del texto cervantino, su trabajo constituye una antología del mismo. De hecho, su método de trabajo consiste en reproducir largos fragmentos de la novela e irlos glosando a la luz de sus propias categorías.
5) Los cuatro categoriales[2]de Señorío, Salero, Corazonada y Raciocinancia son los conceptos fundamentales con los que se aproxima a la obra cervantina para analizarla.
6) Otros conceptos importantes son los de aventura y alucinación, encantamiento y tentación.
7) Dulcinea es el Ideal, la «gran corazonada» de don Quijote.
Gely Korzhev, Dulcinea and the Knight (1997-1998).
8) La «Gran Conversión» de don Quijote ocurre en el capítulo II, 31, cuando los Duques lo reciben en su palacio y lo tratan como caballero andante; la frase «aquel fue el primer día que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante verdadero, y no fantástico» marca para García Bacca una divisoria crucial en dos partes dentro del Quijote[3], división mucho más trascendente que la división en dos partes correspondientes a los textos de 1605 y 1615.
9) Don Quijote es un «Gran Señor», vencedor de sí mismo. Al final resulta derrotado físicamente, queda vencido por el Caballero de la Blanca Luna, pero no pierde su honra de caballero porque se niega a reconocer que exista otra mujer más bella que Dulcinea[4].
[1] Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos, 1991 (Colección Pensamiento Crítico-Pensamiento Utópico, 59). Citaré siempre respetando las peculiaridades de García Bacca en lo que se refiere al uso de mayúsculas, cursivas y otros recursos que emplea para destacar tipográficamente determinados conceptos o expresiones.
[2] Para categoría, categorial, además de las explicaciones ofrecidas por el propio García Bacca (pp. 24-25), puede verse José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, tomo I, A-D, nueva edición actualizada por la Cátedra Ferrater Mora bajo la dirección de Josep-Maria Terricabras, Barcelona, Ariel, 1998, 1.ª reimp. de la 1.ª ed. revisada de 1994, s. v. categoría, pp. 502a-509b y categórico, pp. 509b-510a.
[3] Cito por Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes-Crítica, 1998, p. 880; ver también García Bacca, pp. 110-111.
Si consideramos la relación de Sevilla con la literatura, un hito importante lo constituye la obra de Miguel de Cervantes, que pasó una temporada en la Cárcel Real cuando era recaudador de impuestos. Inolvidable es su soneto al túmulo de Felipe II en la catedral de Sevilla, que el complutense tenía «por honra principal de mis escritos» y que transcribiré otro día. Hoy quiero recordar estas graciosas seguidillas que cantan en Rinconete y Cortadillo la Escalanta, la Ganaciosa, Monipodio y la Cariharta:
Por un sevillano, rufo a lo valón, tengo socarrado todo el corazón.
Por un morenito de color verde, ¿cuál es la fogosa que no se pierde?
Riñen dos amantes, hácese la paz: si el enojo es grande, es el gusto más.
Detente, enojado, no me azotes más; que si bien lo miras, a tus carnes das.
El libro de Juan David García Bacca[1] es, además de bastante extenso (suma un total de 524 páginas al cierre de su epílogo), bastante denso —en ocasiones pudiera decirse que farragoso— y complejo tanto en su articulación como por los conceptos que maneja. Una mera consulta del índice (pp. 525-527) sirve para constatar la profusión de epígrafes correspondientes a partes principales, secciones internas, apartados y subapartados menores diversos, pero podemos tratar de resumir el contenido del trabajo de García Bacca de acuerdo con un esquema básico.
El libro se encabeza con una dedicatoria, que merece la pena reproducir íntegramente:
DEDICO ESTA OBRA
YO: JUAN DAVID GARCÍA BACCA
a ESPAÑA
NACÍ en PAMPLONA (26-junio-1901) de PADRE ARAGONÉS, MADRE CASTELLANA
DEDICO TAMBIÉN ESTA OBRA a HISPANOAMÉRICA
donde he residido: ECUADOR (1938-1941); MÉXICO (1941-1946); VENEZUELA (1946-1991)
Tras un «Reconocimiento de deudas» (p. 9), sigue un largo «Prólogo» (pp. 11-21), donde el filósofo navarro-americano define los cuatro categoriales básicos que va a aplicar en su análisis personal del Quijote, a saber, Señorío, Salero, Corazonada y Raciocinancia; y vienen después, para completar todos estos textos preliminares, unas «Advertencias» (pp. 23-26), donde también adelanta algunas ideas básicas de su pensamiento.
La Parte primera, «Categoriales literario-filosóficos en el Quijote y en don Quijote de la Mancha», es la parte nuclear, la más densa también, y se divide en tres ejercicios:
1) «Ejercicio primero. Categoriales generales: Señorío-Salero-Corazonada. Raciocinancia (textos y comentarios)» (desarrolla con más detenimiento los cuatro categoriales anticipados en el prólogo, explicándolos con la correspondiente glosa de capítulos del Quijote);
2) «Ejercicio segundo. Lo que real y verdaderamente hay en el Quijote y en don Quijote» (está centrado en el concepto de alucinación y en sus diferentes tipos: alucinaciones concienciales, alucinaciones sensibles, la relación entre ambos tipos, y también en el concepto de encantamiento); y
3) «Ejercicio tercero. Distancia histórica y diversidad psico-lógica entre nosotros los actuales (1991) y el Quijote-don Quijote-Cervantes (1616)» (comenta en qué medida nuestras aventuras actuales pueden ser consideradas análogas o similares a las de don Quijote).
La Parte segunda, «Categoriales literario-filosóficos en la literatura española», se aparta de la materia quijotesca, para aplicar los cuatro categoriales antes indicados a otros autores y obras de la literatura española: santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, el Cantar de mio Cid, el Arcipreste de Hita, La Celestina, Manrique, fray Luis de León, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, García Lorca, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín y Jorge Guillén.
En fin, el libro se cierra con un «Epílogo» en el que el Autor entabla diálogo de nuevo con su «desocupado Lector»:
Para dar por terminada esta obra con el Epílogo que acaba de leer el Lector «desocupado», el Autor de ella y de él repetirá, acomodándolo a su caso, un poemita de José Bergamín. Y lo hace con el derecho de amigo, y con el de habérselo dedicado Bergamín al Autor el 19 de agosto de 1981, en Madrid.
Digo —canto y cuento—:
«“Puesto ya el pie en el estribo”… para saltar la barrera, estoy esperando al toro, ¡ay!, pero el toro no llega. Me está dando el corazón que, al fin, tendré que tirarme de cabeza al callejón.»
* * *
A los noventa años estoy esperando al toro: a la muerte. ¡Ay!, pero la muerte no me llega. Me está dando el corazón que, al fin, tendré que tirarme de cabeza al callejón, sin salida o evasión que son Providencia, Historia, Dialéctica…, exponiéndome a que me coja EL GRAN TORO: DIOS.
[1] Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos / Gobierno de Navarra, 1991 (Colección Pensamiento Crítico-Pensamiento Utópico, 59). Citaré siempre respetando las peculiaridades de García Bacca en lo que se refiere al uso de mayúsculas, cursivas y otros recursos que emplea para destacar tipográficamente determinados conceptos o expresiones.
Para recordar ahora los datos esenciales relativos a Juan David García Bacca, me limitaré a transcribir estas palabras de la entrada bio-bibliográfica que le dedica Ana Azanza Elío en su Diccionario de pensadores:
Nacido en Pamplona en 1901, ha desarrollado su labor docente y de investigación en las Universidades de Santiago de Compostela, Barcelona y Caracas.
Sus obras más conocidas son: Introducción a la logística (Barcelona, 1935-36); Introducción a la lógica moderna (Barcelona, 1936); Invitación a filosofar (Méjico, 1940); Filosofía en metáforas y parábolas (Méjico, 1946); Siete modelos de filosofar (Caracas, 1950); Antropología filosófica contemporánea (Caracas, 1957); Metafísica natural estabilizada y problemática (Méjico, 1963). A él se deben además traducciones de Platón, Plotino y Euclides, y la Poética de Aristóteles, con otros textos de los presocráticos.
Discípulo de Ortega, pero con reminiscencias escolásticas, de las que quiere separarse, dedica su atención preferente a temas de lógica y logística. En sus escritos de filosofía metafísica aparecen motivos existencialistas, sobre todo en sus grandes obras sistemáticas, la Antropología y la Metafísica, en que se trasluce un pensamiento original de fondo realista y ontológico bajo un ropaje existencialista[1].
Hay, por otra parte, estudios que abordan de forma sistemática el pensamiento de García Bacca[2], quien ha sido considerado —por Carlos Beorlegui, uno de los mejores conocedores de su obra— el filósofo más significativo del exilio republicano español:
Uno de los protagonistas del último capítulo, quizás el más sangriento, de esta historia de discontinuidades es Juan David García Bacca, máximo representante del grupo de filósofos de la llamada «generación del exilio republicano de 1939». De indiscutible prestigio intelectual fuera de nuestras fronteras, especialmente en el mundo hispanohablante, entre nosotros ha resultado, hasta no hace mucho, un perfecto desconocido, al igual que el resto de sus compañeros de exilio. La impenetrabilidad del franquismo se encargó de mantener a la sociedad española en el olvido de la llamada por J. Bergamín «España peregrina»[3].
Efectivamente, estamos ante un pensador apenas conocido e insuficientemente estudiado en España, aunque en los últimos años han aparecido algunos trabajos importantes. Un estudio completo de su quehacer pretende ser el del citado Carlos Beorlegui, del año 1998[4], quien destaca dos aspectos de la filosofía de García Bacca: en primer lugar, su carácter proteico y «amiboide», articulado a lo largo del tiempo en cinco etapas; y, en segundo lugar, su carácter utópico y audaz (de ahí precisamente el subtítulo de su trabajo, La audacia de un pensar), que le empuja a filosofar con absoluta libertad y osadía, «sin miedo a la verdad y al error», acerca de todos los temas fundamentales de la filosofía, desde la lógica y la filosofía de la ciencia, hasta la cosmología, la historia de la filosofía, la música, el hombre (ahí está su interesante concepción de la trans-finitud del hombre) y Dios (entendido como trasfondo último del universo). Nos hallamos —sigo parafraseando aquí a Beorlegui— ante un pensamiento sugestivo, profundo y, en ocasiones, provocador, cuya lectura ha producido en algunos adhesiones entusiastas, y en otros, desconcierto e incluso rechazo; pero casi nunca indiferencia:
Se podrá estar o no de acuerdo, total o parcialmente, con sus planteamientos filosóficos, pero no cabe duda de que la lectura de sus libros no deja nunca al lector en una postura indiferente. Su obra provoca admiración por la vastedad de los conocimientos que maneja, el interés y la hondura de los temas que plantea y la libertad con que expresa sus opiniones, sin importarle demasiado si coincide con la opinión de los «ismos» de moda. Es más, en muchos momentos le gusta ser provocativo y “malicioso”, para suscitar la reacción reflexiva del lector[5].
El estudio de Beorlegui aborda estos apartados: «En el horizonte del neotomismo» (donde traza la biografía humana e intelectual de García Bacca y estudia las múltiples influencias iniciales), «El “vitalismo historicista”», «La vuelta a la metafísica y la irrupción del en-ser», «La dimensión socioeconómica de la realidad» y «El porvenir del mundo y del hombre tecnificados». A esos capítulos añade un epílogo titulado «La audacia de un pensar», donde destaca que el de García Bacca era —en el momento de publicar su trabajo, en 1988, el filósofo seguía vivo— un pensamiento abierto, con una obra todavía en producción.
Destaca, pues, en García Bacca la audacia de su pensar, es decir, «el pensar audazmente»[6]. Su filosofía quiere ser una filosofía de la vida, con adscripción en gran medida al raciovitalismo orteguiano, según el cual no se puede separar filosofía y vida. El hombre, caminante incansable, empresario de sí mismo, es considerado el único absoluto de todo el universo. Abierto siempre a todo tipo de influencias —continúa explicando Beorlegui, al que sigo de cerca en este resumen—, García Bacca se ha negado a formar escuela. Con su talante abierto y audaz, ha tratado de acercarse al mayor número posible de saberes: matemáticas, lógica, música, literatura, y una especial inclinación a Platón, el filósofo-literato: «García Bacca sí cree ser una obligación no sólo escribir literariamente, sino escribir sobre las relaciones entre filosofía y literatura»[7].
Sus aportaciones principales —de nuevo en palabras de Carlos Beorlegui— serían:
1) Su insistencia en filosofar desde las más recientes e importantes aportaciones de las diferentes ciencias naturales y humanas.
2) Su confianza y optimismo en el poder del hombre para conocer cualquier parcela de la realidad y transformarla, desde unos planes racionales previos.
3) El empeño y decisión por situar al hombre en el centro de su reflexión filosófica, y en el centro de la estructura ontológica y axiológica de su cosmovisión. De ahí se desprende, en primer lugar, el marcado acento prometeico y ético que impregna toda su obra; y, en segundo lugar, su no menos marcado acento fáustico, que no se conforma más que colocando al hombre como único Señor y Creador de sí y del universo; esto es, haciendo ocupar al hombre el lugar de Dios.
4) La invitación a pensar y a transformar la realidad sin cortapisas, superando cualquier tipo de barrera y dogmatismo. El hombre está hecho para romper todo límite. No en vano es el transfinito, el que sabe siempre salirse de todas las encerronas y emboscadas que le tiende permanentemente la realidad[8].
En definitiva, García Bacca es un filósofo «sugerente, profundo, personal, digno de ser dado ampliamente a conocer y ser recuperado para nuestro ámbito filosófico»[9]. Su obra es bastante extensa, y entre sus principales trabajos se cuentan los siguientes: Introducción a la lógica moderna (1936), El poema de Parménides (Atentado de hermenéutica histórico-vital) (1942, traducción y comentarios), Introducción general a las Enéadas (1948), Siete modelos de filosofar (1950), Antología del pensamiento filosófico venezolano: siglos XVII-XVIII (1954), Fragmentos filosóficos de los presocráticos (1954 y 1963), Antropología filosófica contemporánea. Diez conferencias (1955 y 1982), Textos clásicos para la historia de las ciencias (1961 y 1968), Historia filosófica de la ciencia (1963), Curso sistemático de filosofía actual (filosofía, ciencia, historia, dialéctica y sus aplicaciones) (1969), Lecciones de historia de la filosofía (1972), Filosofía y teoría de la relatividad (1979), Los presocráticos: Jenófanes, Parménides, Empédocles, Refranero clásico griego, Heráclito, Alcmeón, Zenón, Meliso, Filolao, Anaxágoras, Diógenes de Apolonia, Leucipo, Metrodoro de Kío, Demócrito (1984, traducción y notas), Elogio de la técnica (1987), Filosofía de la música (1990) o Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temas: Bergson, Husserl, Unamuno, Heidegger, Scheler, Hartmann, W. James, Ortega y Gasset, Whitehead (1990).
Pero —y con esto nos acercamos ya al libro que ahora nos interesa—, en varios de sus trabajos mezcló García Bacca lo filosófico con lo literario. Por ejemplo, basta con examinar estos otros títulos, que completan el corpus de su producción: Filosofía en metáforas y parábolas (Introducción literaria a la filosofía) (México, D. F., Talleres Tipográficos Modelo, 1945), Tres ejercicios literario-filosóficos de dialéctica (Barcelona, Anthropos, 1983), Tres ejercicios literario-filosóficos de economía (Barcelona, Anthropos, 1983), Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado (Barcelona, Anthropos, 1984), Tres ejercicios literario-filosóficos de moral (Barcelona, Anthropos, 1984), Tres ejercicios literario-filosóficos de antropología (Barcelona, Anthropos, 1984), Tres ejercicios literario-filosóficos de lógica y metafísica (Barcelona, Anthropos, 1986), De magia a técnica: ensayo de teatro filosófico-literario-técnico[10] (Barcelona, Anthropos, 1989), Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos (Barcelona, Anthropos, 1991) o, en fin, el libro aparecido de forma póstuma, Sobre virtudes y vicios: tres ejercicios literario-filosóficos (Barcelona, Anthropos, 1993).
En las próximas entradas voy a centrarme en Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos[11], publicación que aporta una lectura original y poco divulgada de la novela cervantina. Resumiré primero la estructura externa y el contenido de la obra de García Bacca, y mencionaré después las ideas clave acerca del Quijote y de don Quijote con las que el filósofo aborda el análisis de las aventuras más significativas del hidalgo y caballero andante de la Mancha[12].
[1] «Juan David García Bacca (Pamplona, 1901-Caracas, 1992)», en Ana Azanza Elío, Diccionario de pensadores. I. Pensadores navarros. Siglos XII-XX, Pamplona, Ediciones Eunate, 1996, p. 317.
[2] Véanse, entre otros, estos trabajos: Mireya Perdomo de González, Bibliografía de Juan David García Bacca, presentación de Ermila Elíes de Pérez Perazzo, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1981; monográfico dedicado a García Bacca, Anthropos. Revista de Documentación Científica de la Cultura, 9, 1982 (y nueva edición en 1991); Carlos Beorlegui, La filosofía del hombre en Juan David García Bacca, tesis doctoral, Bilbao, Universidad de Deusto (Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, Departamento de Filosofía), 1983, 2 vols.; Ignacio Izuzquiza, El proyecto filosófico de Juan David García Bacca, Barcelona, Anthropos, 1984; Javier Recás Bayón, El programa metafísico de Juan David García Bacca: de una ontología de la probabilidad a una metafísica transformadora, memoria de licenciatura, Madrid, Universidad Complutense de Madrid (Facultad de Filosofía), 1985; Carlos Beorlegui, «El pensamiento de Juan David García Bacca, un filósofo navarro desconocido», Príncipe de Viana, 6, 1986, pp. 213-240; José Luis L. Aranguren, «Juan David García Bacca, pensador de Dios», Saber Leer, 8, 1987, pp. 8-9; Ludovico Silva, «Juan David García Bacca, filósofo en castellano», Mundaiz, 33, enero-junio de 1987, pp. 79-92; Carlos Beorlegui, «La presencia de Ortega y Gasset en el pensamiento de García Bacca», Letras de Deusto, vol. 18, núm. 40, 1988, pp. 93-117. Carlos Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, Bilbao, Universidad de Deusto, 1988; Juan F. Porras Rengel, «Semblanza heterodoxa de Juan David García Bacca», en Juan David García Bacca: exposición bibliográfica, hemerográfica, sonora, fotográfica y de manuscritos, Caracas, Instituto Autónomo-Biblioteca Nacional y de Servicio de Bibliotecas, 1988; Ana Azanza Elío, «Juan David García Bacca (Pamplona, 1901-Caracas, 1992)», en Diccionario de pensadores. I. Pensadores navarros. Siglos XII-XX, Pamplona, Ediciones Eunate, 1996, pp. 317-339; Roberto Aretxaga Burgos, La filosofía de la técnica de Juan David García Bacca, tesis doctoral, Bilbao, Universidad de Deusto (Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, Departamento de Filosofía), 1998; Nilo Palenzuela, El hijo pródigo y los exiliados españoles. Poesía y filosofía: García Bacca y María Zambrano, Madrid, Verbum, 2001; Carlos Beorlegui, «Vigencia y actualidad de la filosofía de García Bacca», Letras de Deusto, vol. 32, núm. 94, 2002, pp. 43-69; Cristina de la Cruz, «El pensamiento de García Bacca, una filosofía para nuestro tiempo», Letras de Deusto, vol. 32, núm. 94, 2002, pp. 43-69; Carlos Beorlegui, La filosofía de Juan David García Bacca en el contexto del exilio republicano, Bilbao, Universidad de Deusto, 2003; Carlos Beorlegui, Cristina de la Cruz y Roberto Aretxaga (eds.), El pensamiento de Juan David García Bacca, una filosofía para nuestro tiempo. Actas del Congreso Internacional de Filosofía: Centenario del nacimiento de Juan David García Bacca (Bilbao, 15-19 de octubre de 2001), Bilbao, Universidad de Deusto, 2003; y Jorge M. Ayala, Juan David García Bacca: biografía intelectual (1912-1938), Madrid, Ediciones Diálogo Filosófico, 2005.
[3] Carlos Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, Bilbao, Universidad de Deusto, 1988, p. 18.
[5] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, pp. 252-253.
[6] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, p. 245.
[7] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, p. 248.
[8] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, p. 249.
[9] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, p. 253.
[10] Este libro comienza con una destacada evocación cervantina: «El Retablo de Maese Pedro, una de las aventuras del Quijote, abre el ensayo. Sirve para ilustrar el mensaje que García Bacca quiere sugerir al lector, acercar la filosofía a las artes y a las ciencias e inversamente, que la filosofía se aventure a ser enseñada por los demás saberes» (Beorlegui, 1988, p. 333).
[11] Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos, 1991 (Colección Pensamiento Crítico-Pensamiento Utópico, 59). Citaré siempre respetando las peculiaridades de García Bacca en lo que se refiere al uso de mayúsculas, cursivas y otros recursos que emplea para destacar tipográficamente determinados conceptos o expresiones.
Como es bien sabido, el Quijote ha acumulado a lo largo de los siglos multitud de lecturas e interpretaciones. Investigadores, críticos literarios, escritores, pensadores, ensayistas… se han acercado a las páginas de la inmortal novela cervantina con una enorme variedad de enfoques, la han abordado con metodologías, perspectivas y objetivos diversos, han aportado sus contribuciones y establecido nexos de conexión desde ramas del conocimiento muy diferentes. Sucede que en el Quijote está contenido “casi” todo y, en consecuencia, sobre el Quijote se ha podido decir —con mayor o menor tino— “casi” de todo. Por supuesto, también desde el ámbito filosófico ha habido importantes y brillantes aproximaciones, y baste ahora con recordar tan solo el nombre preclaro de Ortega y Gasset.
Pues bien, otro filósofo que en fechas más recientes ha contribuido al estudio de la novela cervantina es Juan David García Bacca (Pamplona, 1901-Quito, 1992), uno de los pensadores españoles más destacados del siglo XX, aunque su figura y su obra seguramente no resultan aquí tan conocidas como debieran[1], en buena medida porque durante la Guerra Civil hubo de exiliarse y vivió sucesivamente en Ecuador, México y Venezuela. Su producción se centró en la filosofía escolástica, la lógica matemática y la filosofía de las ciencias formales y de las ciencias físicas, pero también se interesó en el cultivo de las Humanidades. Así, de entre sus obras filosófico-literarias, destaca la titulada Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, publicada en 1991[2], que es la que pretendo recuperar en sucesivas entradas. En concreto, expondré las ideas esenciales contenidas en su libro, especialmente la definición de los cuatro categoriales de Señorío, Salero, Corazonada y Raciocinancia que García Bacca aplica sistemáticamente a las aventuras y personajes del Quijote y que le permiten abordar el texto cervantino a una nueva y original luz[3].
[1] José Luis Abellán, en su Filosofía española en América (1936-1966), ha escrito que «Juan David García Bacca es quizá la mente filosófica más poderosa de todas las que tenemos en América y una de las primeras figuras de la filosofía en lengua española de todos los tiempos».
[2] Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos / Gobierno de Navarra, 1991 (Colección Pensamiento Crítico-Pensamiento Utópico, 59). Citaré siempre respetando las peculiaridades de García Bacca en lo que se refiere al uso de mayúsculas, cursivas y otros recursos que emplea para destacar tipográficamente determinados conceptos o expresiones.
A este panorama de la presencia de Sevilla en la literatura hispánica ya incorporamos en una entrada anterior el nombre de Lope de Vega, quien ambientó varias de sus comedias en la ciudad hispalense (baste recordar, por ejemplo, El arenal de Sevilla). Y ya transcribimos ahí la cancioncilla «Río de Sevilla, / ¡quién te pasase…» que inserta al comienzo de la tercera jornada de Amar, servir y esperar. Pues bien, en la segunda jornada de la misma pieza, mientras se ven en sendas partes del vestuario dos barcos enramados, dos coros alternos cantan «Vinieron de Sanlúcar» (la acotación tras el v. 240 indica «Dentro música, guitarra, sonajas y bulla»):
Alonso Sánchez Coello (atrib.), Vista de la ciudad de Sevilla (finales del siglo XVI).
Vienen de Sanlúcar, rompiendo el agua, a la Torre del Oro barcos de plata.
Galericas de España, sonad los remos, que os espera en Sanlúcar Guzmán el Bueno.
Barcos enramados van a Triana; el primero de todos me lleva el alma.
A San Juan de Alfarache va la morena a trocar con la flota plata por perlas[1].
[1] Lope de Vega, Amar, servir y esperar, Jornada II, vv. 241-256. Cito por la edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, a partir de Ventidós parte perfeta de las Comedias del Fénix de España frey Lope Félix de Vega Carpio…, en Madrid, por la viuda de Juan González, a costa de Domingo de Palacio y Villegas y Pedro Vergés, 1635.
En el teatro español del Siglo de Oro existen varias piezas que tienen como tema la conquista de Chile y la prolongada guerra de Arauco[1]. Dentro de ese corpus, hay algunas comedias que fueron encargadas por la propia familia de los Mendoza con la finalidad de prestigiar la figura del cuarto marqués de Cañete, quien en su etapa como gobernador de Chile (1557-1561) había logrado notables avances en la pacificación del rebelde territorio de Arauco, pero cuyos méritos e importancia no quedaron reconocidos por Alonso de Ercilla en su famosa Araucana (cuyas tres partes se publicaron en 1569, 1578 y 1589). Para contrarrestar aquel voluntario olvido se preparó un amplio programa de propaganda[2] que incluyó no solo varias obras de teatro, sino también crónicas, biografías, poemas épicos, etc.
Pedro Subercaseaux (1904), Epopeya de Chile.
Esta extensa e intensa campaña de propaganda se desarrolló, a lo largo de una treintena de años aproximadamente, en América y en España, en dos etapas cronológicas cuyos principales hitos pueden resumirse así: en Perú, con la redacción de obras encargadas por el marqués de Cañete, como la crónica de Mariño de Lobera (1589) y el Arauco domado de Oña (1596); y más tarde en España, primero por iniciativa del propio don García (Arauco domado de Lope[3], en el quicio de los siglos XVI y XVII), y luego, tras su muerte ocurrida en 1609, por encargo[4]de su hijo don Juan Andrés, correspondiendo a esta nueva fase la biografía de Cristóbal Suárez de Figueroa del año 1613; Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia escrita por nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte Bermúdez, que se representó y publicó en Madrid en 1622[5]; y El gobernador prudente, de Gaspar de Ávila (en torno a 1624-1625, coincidiendo con la entrega a las prensas, en el año de 1625, de la comedia lopesca, si bien no sería publicada hasta 1663[6]).
En varios trabajos anteriores he abordado cuestiones diversas relacionadas con la comedia Arauco domado, de Lope de Vega. En esta ocasión me propongo un nuevo acercamiento, centrado en los aspectos históricos y, más concretamente, en todo lo relacionado con la guerra entre españoles y araucanos (hechos de armas, estrategias, combates…). En sucesivas entradas comentaré, en primer lugar, la consideración de Arauco domado como «drama de hechos famosos», en el que cabe reconstruir con bastante exactitud el telón de fondo histórico sobre el que se construye la acción de la comedia. En efecto, Lope hace el esfuerzo de ofrecer una documentación histórica seria, a diferencia de lo que sucederá en las piezas más tardías del corpus (hasta llegar a Los españoles en Chile, de González de Bustos, donde la guerra de Arauco no es más que un mero telón de fondo exótico sobre el que superponer una serie de episodios amorosos). En la comedia de Lope es posible reconstruir con bastante precisión los sucesos históricos que evoca, con una cronología (bastante) rigurosa; lo que no quita, por supuesto, para que el Fénix modifique o altere la historia en función de sus necesidades dramáticas. Este sería, pues, el primer aspecto a examinar: lo que hay de histórico en Arauco domado. En segundo lugar me referiré a la guerra vista desde el bando español (cabe destacar el retrato de don García como general precavido y victorioso) y también desde el campo araucano (la comedia refleja sus formas de ataque y da cuenta, además, de la asimilación de las armas españolas capturadas en combate y de los caballos)[7].
[1] Para el tema de las guerras de Arauco en el teatro, ver Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996; y Mónica Escudero, De la crónica a la escena. Arauco en el teatro del Siglo de Oro, New York, Peter Lang, 1999. Sobre la cultura de la guerra y el teatro es fundamental el trabajo de David García Hernán, La cultura de la guerra y el teatro del Siglo de Oro, Madrid, Sílex Ediciones, 2006. Todas las citas de Arauco domado son por la reciente edición de Laplana Gil: Arauco domado por el Excelentísimo Señor don García Hurtado de Mendoza, ed. de José Enrique Laplana Gil, en Lope de Vega, Comedias. Parte XX, tomo I, ed. crítica de PROLOPE, Barcelona, Gredos, 2021, pp. 609-835, con algún ligero retoque en la puntuación, que no señalaré.
[2] Ver Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, 70.1, 1993, pp. 79-95. Hay traducción española: «Lope de Vega, Chile y una campaña propagandística», en Victor Dixon, En busca del Fénix: quince estudios sobre Lope de Vega y su teatro, ed. al cuidado de Almudena García González, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013, pp. 131-155. Ver también Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, pp. 199-210.
[3] Pueden consultarse, entre otros muchos estudios, los siguientes: Eduardo Toda Oliva, «Arauco en Lope de Vega», Nuestro Tiempo, 17, 1962, pp. 48-71; Sturgis E. Leavitt, «Lope de Vega y el Nuevo Mundo», Mapocho, 1, 1963, pp. 32-42; Elena Martínez Chacón, «Una comedia chilena de Lope de Vega», Mapocho, 5, 1965, pp. 5-33; y José MaríaRuano de la Haza, «Las dudas de Caupolicán: El Arauco domado de Lope de Vega», Theatralia, 6, 2004, pp. 31-48.
[4] Estas obras de encargo —que dejaban pingües beneficios a los dramaturgos— deben estudiarse en el contexto del mecenazgo teatral y literario. Ver, entre otros trabajos, el de Teresa Ferrer Valls, Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993.
[7] Para más detalles remito a mi reciente trabajo: Carlos Mata Induráin, «“Toda la guerra en el ardid consiste”: armas, estrategias y combates en Arauco domado de Lope de Vega», en Juan Manuel Escudero Baztán (ed.), La cultura de defensa en la literatura española del Siglo de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2024, pp. 99-115.
Muy brevemente, puede concluirse que la comicidad de La dama boba[1] se hace presente en torno a tres núcleos, que en orden de mayor a menor importancia son:
1) el retrato contrapuesto de las dos hermanas, Finea y Nise, hermosas las dos, una boba y rica, la otra discreta y pobre. En entradas anteriores he examinado por extenso esta cuestión, recorriendo con detalle la acción de las tres jornadas, con las distintas alternativas del enredo, y comentando las principales escenas cómicas a que dan lugar las mudanzas de los pretendientes hasta llegar al definitivo intercambio final de parejas;
2) los elementos de comicidad relacionados con el ámbito de los criados y las criadas, que, como sucede habitualmente en la Comedia nueva, protagonizan —si bien en un plano secundario de importancia— acciones en paralelo a las de sus amos; y, en fin,
3) las referencias costumbristas, las alusiones a tipos satírico-burlescos y otros elementos menores de comicidad verbal (chistes, dilogías y otros juegos de palabras, etc.).
La dama boba. Versión y dirección Rodrigo Arribas.
Todo ello, en conjunto, hace de La dama boba de Lope de Vega una comedia de atmósfera plenamente lúdica, en la que la risa está asegurada para deleite del espectador o lector[2].
[1] He manejado esta edición: Lope de Vega, La dama boba, ed. de Alonso Zamora Vicente, Madrid, Espasa Calpe, 2001.
[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «La comicidad en La dama boba», en Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin (eds.), Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), Pamplona, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020, pp. 191-220.