La justificación de la conquista de América en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (1)

En esta comedia encontramos planteada la justificación de la conquista de América por motivos religiosos. Un leit motiv repetido a lo largo de la pieza es la idea de que, para don García, resulta mucho más importante la conquista espiritual que la territorial, es decir, el ganar las almas que el someter los cuerpos y las vidas.

Indios mapuches rezando a la Virgen María

Es más, don García actúa como un verdadero catequista que quiere enseñar a Colocolo y a Guacolda la falsedad de sus ídolos y la existencia de un Dios verdadero. En efecto, cuando Guacolda pide a los españoles que le den muerte, don García le responde que la confunde «la ciega idolatría / de tu torpe entendimiento» (vv. 2224-2225), y trata de aleccionarla con estas palabras:

Demonios son vuestros dioses
y con engañoso intento,
por asegurar las almas,
os lisonjean los hechos.
Solamente nuestro Dios
es, Guacolda, el verdadero,
y el que nos hizo de nada,
estando siempre en sí mesmo.
Y si por aquí hay alguno
de los tuyos, verás presto
comprobada esta verdad
con fáciles argumentos (vv. 2230-2241).

Y cuando Guacolda presa comenta su deseo de consultar con el dios que anunció la llegada del español, su «Eponamón supremo» (v. 2251), que suele contestar a las preguntas que se le hacen, don García la anima a ello, pero antes le entrega un Agnus Dei con una astilla de la Cruz de Cristo. Señala la acotación tras el v. 2257: «Ábrese la peña, salen muchas llamas de fuego y humo», y de dentro de la peña se oye a Eponamón decir: «Reniego de su poder» (v. 2258). Don García la convence de que se trata de un espíritu blasfemo[4] y Guacolda pide que se la admita en la ley del evangelio a través del bautismo. La alegría de don García es grande, pues convertir a un infiel le parece la victoria más honrosa de todas:

Y este sí es glorioso triunfo,
que en más estimo, más precio
darle a Dios un alma sola
que a mi rey un mundo entero (vv. 2282-2285).

En efecto, el bautizo de Guacolda con el nombre de María se celebra hacia el final de la pieza, momento en que don García insiste en que «el darle [a Dios] un alma / es el triunfo verdadero» (vv. 2554-2555), al tiempo que don Felipe reconoce que esa es «Digna acción de tu saber» (v. 2560).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver sobre esta cuestión Alberto Pérez-Amador Adam, De legitimatione imperii Indiae Occidentalis. La vindicación de la Empresa Americana en el discurso jurídico y teológico de las letras de los Siglos de Oro en España y los virreinatos americanos, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011 (para el teatro, pp. 319-403).

[3] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

[4] El contrapunto humorístico lo pone el chiste de Bocafría, que equipara al dios con un sodomita: «Bocafría.- Este ídolo es nefando, / a pagar de mi dinero. / Don Felipe.- ¿Por qué? Bocafría.- Huele a chamusquina, / y paga el delito en fuego» (vv. 2262-2265).

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (13)

El elemento religioso constituye un aspecto muy destacado en el desarrollo de esta comedia[1]. Algunos detalles nos han ido apareciendo ya en entradas anteriores, pero los sintetizaré ahora recordando las escenas y los motivos esenciales. Un aspecto destacado es la piedad religiosa de don García. Ya comenté la escena en la que se tumba en el suelo al paso del Santísimo Sacramento, que sirve para poner de relieve la piedad y la humildad del gobernador, y que —en esta comedia— va imbricada con el acto gubernativo de la detención de Villagrán. Otro detalle de ese comportamiento piadoso: cuando los indios se ofrecen a poblar algunas ciudades que han quedado deshabitadas por la guerra, don García decide que la primera ha de ser la Concepción, «porque tenga preeminencia / por el nombre, como es justo» (vv. 2476-2477)[2].

Arauco domado, de Pedro de Oña

Otro detalle que merece comentario es la denominación de San García que se aplica al personaje: cuando quedan derrotados los araucanos, los demás indios que les seguían en la rebelión acuden en masa a someterse a los españoles, momento en que comenta Bocafría: «Dicen que eres San García / y que te quieren besar / los pies» (vv. 2371-2373a). Como anota Patricio Lerzundi, esta denominación de San García estaba ya en el exordio del Arauco domado de Oña («¡oh, sublime garza Sant García!»). Y es ahora cuando parece cobrar más sentido la alusión al Flos Sanctorum de Villegas: podríamos decir que del panegírico hemos pasado definitivamente a la hagiografía; don García se ha convertido ya en San García.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (12)

Solo queda una coda final, que es el bautismo y muerte de Caupolicán[1]. Aquí el episodio tiene una importancia secundaria frente a lo que sucede, por ejemplo, en Arauco domado de Lope y además presenta variantes significativas[2]: en efecto, la orden de matar al toqui no la da aquí don García sino Reinoso, sobrino de Valdivia, que ha mandado empalarlo (se muestra una apariencia: «Corra una cortina y muéstrelo empalado», acot. tras el v. 2710)[3]. Don García se enfada ante esta cruel ejecución: «¡Por vida del rey, tirano, / que estoy por darte la muerte / por hecho tan inhumano!» (vv. 2711-2713), apostrofa a Reinoso. Este se disculpa diciendo que el caudillo araucano murió arrepentido y cristiano. La intercesión de Guacolda en favor de Reinoso permitirá que de nuevo don García se ejercite en el perdón, pero no sin antes lanzarle esta dura advertencia:

pero no por eso abono
su rigor inadvertido;
que aunque las venganzas son
disculpas del corazón,
la nobleza del poder
consistió en poderla hacer,
pero no en la ejecución.
Porque ¿qué más soberanos
hechos, más nobles y humanos
que tener siempre una vida
inferior y agradecida
a la piedad de tus manos? (vv. 2724-2735).

Caupolicán cautivo

Cabe recordar, en fin, las palabras últimas de la comedia, que resumen —en labios de Bocafría— los rasgos principales del retrato de don García Hurtado de Mendoza:

Y porque otra parte cuente
el fin espléndidamente,
en esta fin da el autor
al piadoso vencedor
y al gobernador prudente (vv. 2751-2755).

En suma, a lo largo de la comedia encontramos toda una serie de comentarios, en boca de los españoles, pero también de los propios araucanos, que subrayan esa piedad y esa prudencia (aplicadas ahora al ámbito de lo militar, como vimos antes en lo que atañía a la gobernación) de don García, que une en su persona rasgos de valor personal, saber, buen juicio, sagacidad, astucia


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] También el episodio de Galvarino (el indio al que los españoles cortan las dos manos para escarmentar a los rebeldes araucanos) aparece tratado aquí de forma más breve y menos trágica que en la pieza de Lope.

[3] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (11)

Una última serie de elogios se añaden en la escena final de la comedia[1]. El segundo ataque de los indios, lanzado en el momento del bautizo de Guacolda, también ha fracasado. Las palabras de la araucana suponen primero un nuevo elogio de don García, luego una advertencia a Arauco para que se bautice:

Vueseñoría, señor,
vino con su gran valor
a redimir esta tierra;
y así a un mismo tiempo aquí
nos da cuidadoso a mí
el bautismo de su ley,
mayor poder a su rey
y laurel eterno a sí;
que con tan heroicos nombres,
tal sangre y tales renombres,
poco su ser aumentara
si en Chile se contentara
con hacer lo que otros hombres.
¡Ea, hijo valeroso
de aquel virrey por quien ya
el Perú vive glorioso;
a ellos, que Arauco está
de tu espada temeroso!
¡Qué bien se te echa de ver
que has heredado el vencer
de la sangre de Mendoza,
y que España en ella goza
los triunfos de su poder! (vv. 2638-2660)[2].

Se trata de una escena ticoscópica, en la que Guacolda relata cómo se rinden los araucanos y la huida de Caupolicán, al tiempo que añade esta advertencia dirigida a los suyos:

Tómate cuenta a ti mismo,
Arauco, en tu barbarismo,
que el vencimiento mayor
es el conocer tu error
con la crisma del bautismo (vv. 2666-2670).

Guacolda

La derrota araucana (el triunfo de don García) es total. Colocolo dice que Arauco se entrega y queda domado, y don García, en su respuesta, de nuevo da muestras de que sabrá perdonar piadoso:

COLOCOLO.- Domado Arauco te ruega
que, pues a tus pies rendido
ya tributario se entrega,
que lo perdones vencido.

DON GARCÍA.- Nunca mi piedad se niega,
que aunque el seros generoso
parezca en algo dañoso,
solo quiero parecer
riguroso hasta vencer,
y en venciendo, ser piadoso.
El verdadero triunfar
es poder y no matar;
y así me hace insistir
animoso en el rendir
la gloria del perdonar.

COLOCOLO.- Nueve victorias te han dado
verde laurel, y has poblado
diez ciudades, persuadiendo,
peleando y corrigiendo.

DON GARCÍA.- Está el mundo admirado;
libre estáis.

COLOCOLO.- Y obediente
te humilla Arauco la frente;
y que eres, dirá, señor,
el piadoso vencedor
y el gobernador prudente (vv. 2671-2695).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (10)

En otro orden de cosas[1], don García da muestras de su valor peleando personalmente contra los indios, aunque sean 30.000 los reunidos para atacarles (ver los vv. 1835-1846)[2]. Tucapel, abatido, anunciará que los suyos huyen heridos «del rayo de don García» (v. 1926). Efectivamente, la falsa embajada de paz que llevara Colocolo no ha engañado al gobernador, sino que han sido ellos los engañados por su astucia. A diferencia de lo que sucedió al vencer a Valdivia, Caupolicán se muestra sorprendido del valor de los españoles:

¿Cómo es, decid, vuestro acero,
cristianos, tan diferente
de los que maté primero?
¿Cómo con tan poca gente
hacéis estrago tan fiero?
¿Adónde estás, don García? (vv. 1974-1979).

Guerreros mapuches

Y a continuación, desafía a don García: en un rasgo caballeresco, le propone que la guerra se reduzca a un combate personal entre ellos dos. Don García acepta, pero le pide que se quite la corona que lleva (se la dio su compañera Fresa, y a ella Eponamón), pues la corona de Arauco pertenece al rey de España y no puede consentir «esa injusta tiranía» (v. 1997) de verla puesta sobre otra cabeza. Tras mantener una discusión sobre las causas de la conquista (en próximas entradas volveré sobre esto), don García hace huir al capitán de Arauco, hecho que comentan don Luis y don Felipe. Al valor se suman en este momento nuevos rasgos de prudencia: es mejor que Caupolicán huya, afirma el gobernador, porque de esa manera muestra a todos los indios que siente temor, y eso es preferible a tenerlo vencido y preso en su poder[3]. Don Felipe insiste en su idea de seguir el alcance, persiguiendo a los araucanos que huyen, pero don García se opone: los indios son muchos y ellos pocos; es mejor dejarlos ir. De nuevo, por tanto, da muestras de ser un capitán prudente:

DON GARCÍA.- Cuando hay fuerza de poder
se ha de seguir la victoria,
pero cuando viene a ser
con ardid, la mayor gloria
es no volverla a perder.
Ya los indios rebelados
han visto a sus defensores
huir y, desengañados,
han de volver inferiores,
y en su culpa escarmentados.

DON LUIS.- Discurre Vueseñoría
en todo como prudente (vv. 2038-2049).

Más adelante, Caupolicán disculpará la cobardía de otros, ahora que él ha probado también la «valiente espada» (v. 2290) de don García. Y se pregunta sorprendido: «¿En tal edad tanto brío?» (v. 2291). En opinión de Rengo, a don García, pese a su juventud, le obedecen los cuatro elementos; y Tucapel señala que el capitán español aúna en su persona la prudencia y el saber con la valentía, confirmando la caracterización que se viene ofreciendo de don García:

RENGO.- Vengarse a voces querría:
quíteme él a don García
de entre ellos, y verá llanos
en mi rigor sus intentos;
pero ¿qué he de hacer si vienen
templados cuatro elementos
en su juventud y tienen
cobardes mis movimientos?
El aire le obedeció
en el mar cuando pasó
hasta nuestra tierra; y luego
en sus venas todo el fuego
de la esfera se infundió.

TUCAPEL.- Si no toca a recoger,
era fuerza el revolver
cuando el socorro venía:
¿no bastaba valentía,
sino prudencia y saber? (vv. 2303-2320).

Además Caupolicán se queja de Colocolo, quien se disculpa reconociendo que le engañó la prudencia de don García, pese a ser tan mozo. El caudillo araucano dice que intentarán sorprender a los españoles mientras se preparan para celebrar el bautizo de Guacolda, pero Colocolo se teme lo peor:

Ruego al Sol que no volvamos
deshechos de la emboscada,
con la intención castigada,
que es astuto y valeroso
y ha de vivir cuidadoso
de no descuidarse en nada (vv. 2355-2360).

Y más adelante, en el momento previo al ataque, Colocolo reconoce de nuevo que don García lo engañó antes y que siempre está prevenido: «Después que a mí me engañó, / no me atrevo a pensar yo / que ha de descuidarse en nada» (vv. 2576-2578). En efecto, al ver que los españoles están armados (pensaban sorprenderlos descuidados, con motivo de la fiesta), Colocolo aconseja la retirada, insistiendo una vez más en lo «prudente y advertido» que es don García:

que deste hombre solo siento,
según en cualquiera intento
es prudente y advertido,
que trae a su Dios metido
en su mismo entendimiento (vv. 2616-2620).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

[3] Y, en efecto, así sucede: los indios rebelados han visto huir a sus valedores araucanos y quedan desengañados.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (9)

Otro rasgo destacado en el retrato militar de don García es la ausencia de orgullo[1]. No es solo que no se jacte, cuando pudiera hacerlo, de algunas acciones o proezas, sino que advierte y amonesta a los demás para que tampoco lo hagan. Así, cuando Bocafría se equipara chistosamente con el Cid por su valentía, don García le recomienda prudencia y no cantar victoria antes de tiempo (son las palabras finales del segundo acto):

Sí, pero habéis de advertir
que anticipáis el decir,
que primero es el hacer
donde es prudente el poder;
y solo en el presumir
menos valiente os quisiera,
que la hazaña verdadera
es la que no se previene,
y luce mal cuando viene
de aquel que menos se espera (vv. 1795-1803)[2].

Hechos de don García Hurtado de Mendoza, de Cristóbal Suárez de Figueroa

Y lo mismo sucede hacia el final de la comedia, cuando los indios, vencidos, acuden a someterse. Don García se muestra humilde, pues pide que salgan a recibir a los indios don Felipe y don Luis: «Mi humildad podría / responder por mí» (vv. 2373b-2374), explica. Al mismo tiempo, trata de minimizar los elogios que le dedica Bocafría:

BOCAFRÍA.- Ser mereces el primero
de los de España.

DON GARCÍA.- Eso quiero
que esté conmigo escusado,
que desdice a un buen soldado
el parecer lisonjero.

BOCAFRÍA.- ¡Cuerpo de Cristo!, ¿ha de ser
todo hacer y más hacer?

DON GARCÍA.- Dura el juego todavía
y puede en la suerte mía
volver el naipe y perder,
y tengo por ignorancia
bizarrear la ganancia
sin haberme despedido.

BOCAFRÍA.- (Que trae pienso revestido
un Catón en la elegancia.) (vv. 2381-2395).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (8)

Hasta ahora hemos revisado, en sucesivas entradas, la faceta de don García Hurtado de Mendoza como buen gobernante que ofrece la comedia de Gaspar de Ávila[1]. Examinaremos a continuación su retrato como buen militar. En efecto, diversos detalles a lo largo de la comedia van poniendo de relieve la actuación de don García como jefe militar avisado y sagaz frente a los rebeldes araucanos. Cuando Caupolicán se apresta al combate, se alude a la enorme desventaja numérica de los españoles (trescientos frente a 100.000 indios), lo que causa el comentario admirado de Lautaro:

¡Que con trecientos soldados
se atreva un hombre a venir
a conquistar y a rendir
cien mil tigres conjurados! (vv. 1481-1484)[2].

lautaro2

Además, don García es perspicaz, pues descubre que la embajada de paz de Colocolo es un engaño: don Felipe interpreta la petición de cese de hostilidades que hace el anciano como una muestra del temor araucano, pero don García, más avisado, advierte que se trata de un «ardid cauteloso, / como lo veréis después» (vv. 1735-1736); es decir, tiene la clarividencia suficiente para anticipar lo que va a suceder. De este modo argumenta el gobernador su deducción:

Venimos a restaurar
lo que ellos saben ganar,
y cuando matan y hieren,
¿piden partido? Estos quieren
solamente asegurar,
y debajo de traición
nos encubren su intención,
que en ella arguye malicia
argumentar la injusticia
y abrazar la sujeción (vv. 1739-1748).

Don Luis le pregunta por qué ha disimulado entonces conocer la industria del enemigo. Es que don García se piensa valer de ella: los indios creerán que está descuidado y de este modo los podrá castigar más fácilmente. Don Felipe pondera así su saber y su valor:

Hoy veremos
rendidos por tu saber
del araucano poder
los arrogantes estremos (vv. 1780b-1783).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (7)

En una escena posterior[1], una legión de indios acudirá a someterse a «San García», explicando que, si se rebelaron, fue por el mal tratamiento que les dio el gobernador anterior, «que a tratarlos con agrado, / ellos supieran sufrir, / obedecer y servir» (vv. 2430-2432)[2], tal como afirma don Felipe. Don García acepta gustoso todas las disculpas, y los indios se muestran dispuestos a labrar las minas y a poblar los lugares despoblados. De nuevo sus palabras ponen de manifiesto su buen juicio:

Solo el fin de mis cuidados
es ese: si ellos me dan
la tierra como la halló
Valdivia, no tendré yo
razón de pedirles nada.
Verla quiero restaurada,
pero destruida no (vv. 2444-2450).

Cuando don Felipe le pregunta qué tributo han de pagar los indios, responde que lo dejará a la libre elección de ellos:

DON FELIPE.- ¿Qué tributo han de pagar?

DON GARCÍA.- Solo aquel que ellos quisieren
voluntariamente dar.

DON FELIPE.- Será muy poco el que quieren.

DON GARCÍA.- Antes se ha de acrecentar,
y entre ellos medir verás
con menos corto compás
lo que juzgaron injusto,
que el que da con proprio gusto
siente menos, dando más.
Aunque mira a sujeción
el dar por contribución,
ya es parte de libertad
hacer de la cantidad
ellos mismos la elección.
Y cuando de nada pueda
servir esta cortesía,
nuestro derecho nos queda
a salvo.

DON LUIS.- Vueseñoría
dice bien. Todo suceda
como pide su saber (vv. 2451-2471).

Araucanos, por Claude Gay

Eso sí, don García deja claro que, si los araucanos se obstinan «arrogantes y tiranos» (v. 2486) en la rebelión, él sabrá defender «nuestro derecho»:

Mal harán
si, arrogantes y tiranos,
pretenden los araucanos
impedir nuestro derecho,
que si a estos les doy el pecho,
para ellos guardo las manos (vv. 2485b-2490).

Don Felipe anuncia la decisión de los indios de poblar diez lugares y de dar tributo doblado. Don García reitera la idea de que antes no tributaban porque los trataban mal, y ofrece nuevas lecciones de buen gobierno, que pueden resumirse en los versos de esta quintilla:

Traten solo de agradar
los que quieren gobernar
y lograrán su intención,
que aun hay en la sujeción
modo también de obligar (vv. 2541-2545).

En suma: prudencia y sentido común aplicado a todos los órdenes de las cosas, justicia ejemplar tanto para los indios como para los españoles, un trato amistoso e imposición de unos tributos no excesivos, tales son algunos de los pilares que sostienen la buena gobernación de don García.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (6)

Tenemos, pues, un retrato de don García diestro igualmente en armas y letras, según el tópico clásico, impartiendo justicia por igual a españoles y araucanos[1]. Otro discurso donde explicita su programa de gobierno lo pronuncia con ocasión de la embajada de Colocolo. Don García, cortés, ha pedido que den asiento al embajador araucano, lo que molesta a su hermano don Felipe; esta la más que digna réplica del gobernador:

Por el honor del vencido
se reputa el vencedor;
y como miro al blasón
a que aspiro en la victoria,
por hacer mayor su gloria
les doy esta estimación.
Y no podremos perder
nada, Arauco no domado,
cuando hayamos obligado
a los que pueden vencer;
que estando este bien dudoso,
ignorancia hubiera sido
anticipar el vencido
la ofensa del vitorioso.
Y caso que deste error
sobre alguna parte aquí,
siempre son buenas por sí
las dádivas del honor (vv. 1591-1608)[2].

No nos extrañará, pues, que a continuación Colocolo elogie con palabras hiperbólicas a don García en su saludo:

Deidad humana, español,
claro honor de los Mendozas,
que en el primer arrebol
de tu juventud te gozas
lleno de rayos del Sol,
¡él te guarde! (vv. 1609-1614a).

Colo-Colo

Merece también comentario la escena con la india Guacolda prisionera, que pone de relieve la cortesía (pero también la prudencia) del gobernador. Don Felipe y don Luis la han traído presa y ella les pide que la maten, si son caballeros. Discuten ambos por la posesión de la india, actitud que justifica Bocafría: ha habido «saetazo de Cupido» (v. 2107) y hay que tener en cuenta que los dos españoles «son mozos y están a diente» (v. 2111). «Libre los dos la dejad», sentenciará don García (v. 2114), orden que no solo subraya su caballerosidad, sino además su prudencia, pues sabe que una mujer tan bella puede causar problemas y rivalidades en el campamento[3]. Estas son sus palabras:

Conozco que es su beldad
la causa desta porfía.
Y si amorosas pasiones
turban honrosos blasones,
menos dañoso ser puede
que libre una india quede,
que presos dos corazones;
que aunque pensar fuera error
que se reduce a delito
el gusto donde hay honor,
flaquezas del apetito
entorpecen el valor.
Libre estás (vv. 2116-2128a).

Guacolda insiste entonces en que no pide la libertad sino la muerte, pues dársela será un rasgo de piedad, atendiendo a su adversa fortuna. Don García le pregunta por qué aborrece la vida y ella se explica con lenguaje galante, al tiempo que elogia al jefe de los españoles, al que califica de

Capitán prudente y sabio,
a cuyos valientes hechos
la restauración de Chile
tiene reservada el cielo (vv. 2138-2141).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

[3] Para los episodios amorosos entre españoles y araucanas presentes en estas comedias, ver Carlos Mata Induráin, «“Cautivo quedo en tus ojos”: el cautiverio de amor en el teatro del Siglo de Oro sobre la conquista de Arauco», en El cautiverio en la literatura del Nuevo Mundo, ed. de Miguel Donoso, Mariela Insúa y Carlos Mata, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011a, pp. 169-193.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (5)

Volvamos de nuevo ahora al campo español[1]. La conversación de don García con don Luis de Toledo, don Felipe de Mendoza y Bocafría nos entera de que el gobernador ha dado un pregón para que se presenten ante él todas las personas ofendidas, cualquiera que tenga alguna queja[2]. Ha acudido un indio cristiano al que Villagrán le sacó de su buhío dos barras de oro, y don García ordena que se le devuelvan de las doce que constituían su regalo de bienvenida. Cuando don Felipe replica que faltará dinero para el hospital, el gobernador da esta ejemplarizante respuesta:

Lo primero, al gobernar,
se sigue el restituir
y luego el distribuir
sin ofender ni quitar;
que en las obras se condena
y por malo se señala
el que consiente la mala
para conseguir la buena.
Y así, la ley que previene
estos casos más me incita
a volver lo que se quita
que a dar lo que no se tiene (vv. 1529-1540)[3].

Y sigue el elogio de un gobernador tan prudente en labios del gracioso Bocafría:

Yo afirmaré de mi mano,
según lo que alcanzo yo,
que desde que Adán pecó
no ha visto el género humano
ministro tan puntual,
gobernador tan prudente,
vasallo más obediente,
ni tan digno general.
Puede ser Vueseñoría
general de un escuadrón
de mártires del Japón,
todos de la Compañía.
Generalísimo puede
ser de los anacoretas
del yermo, a quien los profetas…
Pero basta, aquí se quede,
porque aun no he mirado apenas
el Flosantorum primero
de Villegas, y no quiero
meterme en vidas ajenas (vv. 1541-1560).

Dejando de lado la mención de los mártires jesuitas del Japón (vv. 1549-1552), importante para la datación de la comedia, interesa la alusión al Flos Sanctorum de Alfonso de Villegas[4], que tampoco me parece gratuita pues, como se nos dirá algo más adelante, don García terminará siendo denominado por los indios «San García»: indicio de que del panegírico se va a pasar a la hagiografía. En alguna entrada posterior volveré sobre esta cuestión.

Flos Sanctorum, de Alonso de Villegas

Otro rasgo más de buen gobernante lo encontramos todavía en esa misma escena: se comenta que ha salido para el Perú el navío que lleva presos a Aguirre y Villagrán, lo que es buena muestra de que don García no ha venido solo a castigar «rebelados corazones» (v. 1568), sino a ejercer la justicia entre los propios españoles, castigando a quien lo merezca. Dice así el buen gobernador:

Dos partes distintas son
letras y armas, pero aquí
las dos se juntan por sí
en una conforme unión;
y así, en la empresa que sigo
viene a ser tan necesario
como rendir al contrario
el castigar al amigo (vv. 1573-1580).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Es decir, pone en práctica lo afirmado por Colocolo de que «los capitanes sabios / que entran deshaciendo agravios, / muy cerca están de vencer» (vv. 1410-1412).

[3] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

[4] Entre 1578 y 1589, Alonso de Villegas publicó los cuatro volúmenes de su Flos Sanctorum. Historia general de la vida y hechos de Jesucristo, Dios y Señor nuestro, y de todos los santos de que reza y hace fiesta la Iglesia católica. En 1594 añadiría, como quinta parte de la colección, su Fructus Sanctorum, a la que hay que sumar el libro Vitoria y triunfo de Jesucristo (1603).