«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: la creación poética

Sello dedicado a Jorge GuillénEn las secciones primera y tercera de esta cuarta parte de Final son bastantes los poemas que se refieren de una u otra forma a distintos aspectos relacionados con el quehacer creador (fundamentalmente el literario, pero no de forma exclusiva, pues hay también alusiones a la música o a la pintura). Sin embargo, ninguno de ellos está tratado de forma exhaustiva, como ocurría en la segunda parte, en la que, a lo largo de las secciones tituladas «La expresión» y «Vida de la expresión», Guillén estudiaba sistemáticamente, con detenimiento, todo lo relacionado con el poeta, el poema, el material poético, la palabra poética y la relación con el lector. En la cuarta parte hay, sí, algunos poemas dedicados por entero —o que aluden en algunos de sus versos— a la inspiración y al poder de la imaginación («Dánae», «Viaje al gran pasado», «Alfonso Canales», «Inspiraciones»); un poema dedicado a los críticos que simplifican el entendimiento de su obra («Enemigo»); otro sobre el grupo poético del 27 («Testimonio»); un ataque a uno de sus miembros, Cernuda («Una elegancia»); alusiones a la obra bien cumplida y la consideración del escritor como cazador («Miguel Delibes»); el comentario de la poética de un autor concreto («Vicente Aleixandre»); la actitud del poeta ante la Historia, o sea, el compromiso («Vanidad y pompa»); el deseo de conocer todo frente a la necesidad de dar fin a su obra poética («Con límite, sin límite»), etc. Pero, repito, todo esto ocurre en poemas sueltos, sin llegar a formar un bloque homogéneo.

Algo más importantes —por su concisión y claridad— resultan a mi modo de ver los versos que Guillén coloca como lema al principio de las secciones primera y tercera: «Si bien lo dices, / Si es justa la expresión, nos pacifica. / Justa correspondencia: / Realidad y palabra». Con estos versos que encabezan «En tiempo fechado» el poeta nos indica la relación existente entre realidad y palabra; la importancia de la palabra en justa correspondencia con los referentes reales, con las cosas existentes; pero la palabra debe ser la justa, la adecuada. Por otra parte, expresión será un concepto importante en la poética guilleniana: no en vano tituló «Expresión» y «Vida de la expresión» los dos apartados de la segunda sección en que estudia las cuestiones metapoéticas. Veamos también los versos colocados al principio de la tercera sección:

Inspiración. Poema. Ordenación. Conjunto
Que aspira a ser un libro.
Autor con su lector. El acto de lectura.
—Si tú vibras, yo vibro.
Obra completa se concluye ahora.

Además del aviso del fin de Aire Nuestro, encontramos enunciados dos aspectos importantes: la producción poética de Guillén como conjunto, como un todo unitario, y la relación enriquecedora con el lector a través del acto de lectura. Con todo esto enlaza el último poema de esta cuarta parte, «En último término», que vuelve a tratar los dos mismos aspectos, obra total y comunicación con el lector:

Mi labor, mi ambición son en resumen:
Identidad personal en conjunto
Coherente de obra: poesía.
Un honesto servicio de cultura.
Al sensible lector ardua sentencia[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de «Final», de Jorge Guillén: «En tiempo fechado». Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: la naturaleza y la contemplación trascendente del mundo

Jorge GuillénSabemos que para Guillén la plenitud consiste en ser y que la culminación del ser radica en estar en el mundo contemplando gozosamente la naturaleza, extasiándose ante ella o, por mejor decir, en ella, insertos en ella. Pues bien, el primero de los poemas de «En tiempo fechado», la cuarta parte de Final, el titulado «La primera frase», nos introduce ya en el tema de la naturaleza, puesto que trata de la Creación del mundo (Guillén hablará siempre de la Creación con mayúscula, y de la naturaleza casi siempre con el vocablo Natura). Para el poeta, el universo será «Creación en creación». En cierto modo, este poema se conecta con las palabras del lema, pues también hace referencia al poder creador de la palabra, si bien en este caso se trata de la palabra divina; solo Dios puede crear ex nihilo; pero el hombre, casi como Dios, puede crear con la palabra casi de la nada. Debe también relacionarse este poema con el primero de «Vida de la expresión», que dice: «“Fiat lux”. Dios es Dios de Creación. / Sin un lógico arrastre precedente, / Algo nuevo prorrumpe sin razón, / Porque sí, de repente».

En Guillén no es muy frecuente que la naturaleza aparezca captada pictóricamente. Una excepción podría ser el poema de «Otras variaciones» titulado «Wai-Lim-Yip» en el que aparece el paisaje castellano (una tarde, el sol y el horizonte de la meseta, unas casas, un campanario, unos pinos…). Lo que sí encontraremos serán varios ejemplos en los que se nos presenta la naturaleza como sinónimo de armonía y perfección. Así, en «Mirar Bien»: «Mirad bien, mirad bien / Con fe —o sólo amor. Natura siempre.» En el poema «Gaviotas en grupos», de la tercera sección, se habla del «Orden perfecto de Natura, madre de todos». En «Dánae»: «Lo humano y lo divino. / ¿Qué prevalecerá? / Natura es quien se ensancha en su armonía. / Territorio supremo de la Imaginación, motor y fábula / (Sólo materia, no.)». Y en el último poema de la primera sección, «Primavera sin rito», leemos:

Triunfe la primavera
Con poder en seguida irrefutable,

Tan universalmente convincente
Que te rindes a la soberanía

De natura en su punto más armónico.

Muy significativo resulta también el título «Naturaleza siempre viva» («Naturaleza viva» era el título de uno de los primeros poemas de Cántico), en el que se menciona un bodegón. Como es sabido, en pintura reciben el nombre de naturaleza muerta aquellas composiciones en las que se representan piezas de caza, o bien, comestibles y otros objetos inanimados. Sin embargo, Guillén se resiste a considerar los objetos del mundo como seres sin vida; una mirada profunda puede descubrir en ellos la realidad esencial, interior, de las cosas:

Los objetos-objetos
Descansan, reductibles
A su materia inerte
De modo radical,
Tan intenso, tan puro
Que la materia alcanza
Plenitud de sentido,
Como si revelase
Ya la noción del Ser
Ante quien ve y admira.

De pronto ingenuamente aristotélico.

La materia, por medio de una contemplación atenta, alcanza características esenciales. Recordemos que ya en el poema tercero, «Dánae», protestaba: «Sólo materia, no». Pero para alcanzar ese conocimiento esencial de las cosas es preciso «Mirar bien», que es justamente el título de otro poema, en el que leemos que se necesita una tranquila «Contemplación, origen de mil observaciones», para adentrarse en la materia: «Y como sumergiéndose en materia / Se la trasciende mucho más allá». En la misma idea insiste el poema «La materia», con una cita significativa de Murilo Mendes a modo de lema: «A materia e forte e absoluta. / Sem ela nâo ha poesía». Copio entero el breve poema porque sus palabras son bien claras:

Poesía, espiritual conato.
Por entre las palabras y el espíritu
Intuiciones, visiones, sentimientos,
Jamás pura abstracción. Se apoya siempre
Sobre eso que está ahí, total materia,
Compacta de elementos muy concretos
Que nos salvan: rehúsan el vacío.

Afirma Amado Alonso:

Si tuviéramos que formular la ecuación de lo que es la poesía de Jorge Guillén, no vacilaríamos en reducirla a estos tres sustanciales factores: 1.º Un dispararse apasionado hacia el enigma —misterio congruente— que las cosas le plantean. (Ninguna indiferencia para los extramuros del arte: las cosas le apasionan ya en la víspera del arte; en su mediodía le embelesarán); 2.º Un tesonero y concentrado mirar que va transiendo y esfumando la costra perecedera del objeto para llegar a la contemplación de su eterna esencia; 3.º La alegría del triunfo»[1].

E inmediatamente después añade que «en última instancia, el segundo factor es el propiamente nuclear». Pues bien, todos los poemas que he citado nos revelan una de las características principales de la poesía guilleniana, la nuclear según Alonso: el «apetito de interpretación esencial» para captar la eternidad del Instante y recuperar así, de algún modo, el paraíso perdido[2] por medio de la contemplación gozosa y trascendente de esos momentos de perfección que nos ofrece este mundo «bien hecho». En palabras de Alonso, lo que Guillén desea es «salvar lo perdurable y esencial del seguro naufragio que es el azaroso existir temporal»[3].


[1] Amado Alonso, «Jorge Guillén, poeta esencial», en Biruté Ciplijauskaité (ed.), Jorge Guillén, Madrid, Taurus, 1975, p. 117.

[2] Uno de los poemas de la primera sección, el titulado «Pueril Paraíso», se inicia con la mención del Paraíso perdido de Milton. En Guillén, el Jardín será uno de los símbolos favoritos para indicar la perfección del mundo.

[3] Alonso, «Jorge Guillén, poeta esencial», p. 119. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de «Final», de Jorge Guillén: «En tiempo fechado». Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado», cuarta parte de «Final» de Jorge Guillén

Paso ya al análisis de la cuarta parte de Final, que citaré por la edición de Antonio Piedra (Madrid, Castalia, 1987). «En tiempo fechado» se relaciona simétricamente, como he dicho, con la segunda parte, «En la vida» (y enlaza en algunos aspectos con «Tiempo de historia», de Clamor, como señala F. del Pino). Ahora bien, ¿qué quiere indicar el autor con ese sintagma preposicional «En tiempo fechado»? Se trata de un complemento circunstancial de tiempo indicador de que el autor sigue inmerso «En la vida», pero consciente ya de que está viviendo en un tiempo fechado, de que se acerca su propio final; de ahí quizá el que se acentúe el carácter ético y aparezcan los temas de la divinidad y la conciencia de la propia muerte en esta cuarta parte.

Aire Nuestro, de Jorge Guillén

«En tiempo fechado» consta de tres secciones, la primera sin título, la segunda titulada «Otras variaciones» y la tercera de nuevo sin título. Voy a considerar brevemente el contenido general de cada una de ellas por separado, para pasar después a la ordenación temática del conjunto de los poemas. Este sistema ofrece la ventaja de mostrar con bastante claridad las preocupaciones temáticas de Guillén para poder contrastarlas con los temas en el resto del libro y en el conjunto de Aire Nuestro. Por el contrario, presenta el inconveniente de que, al hacerlo así, algunos poemas concretos se escapan de la clasificación al no poder incluirse, sin forzar las cosas, en los distintos casilleros pre-establecidos —por ejemplo, todos los poemas que son homenajes— (también se dan casos en que un mismo poema podrá ser estudiado en dos o más apartados).

La primera sección, como indicaba, no tiene título. Viene encabezada en cambio por unos versos que, a modo de lema, se refieren al quehacer poético. Siguen después cuarenta y un poemas, todos con su propio título, y muchos de ellos con una dedicatoria y con citas intertextuales (práctica común en Guillén). En ellos el autor hace gala de sus amplios conocimientos y de sus numerosas lecturas; así, irá citando —o bien estarán implícitos— distintos autores, obras y corrientes literarias: el Génesis, Antonio Machado, el Libro de Job, fray Luis de León, la mitología griega, la filosofía taoísta de Lao-Zi, las Geórgicas de Virgilio, fray Luis de León de nuevo, Lucano, las Guerras civiles de César, Sem Tob de Toledo, la Divina comedia de Dante, Petrarca, la poesía amorosa árabe, con el Diván de Hafiz, el Quijote, el Abencerraje, fray Luis de Granada, santa Teresa de Jesús, Aristóteles, El burlador de Sevilla de Tirso, el Paraíso perdido de Milton, Rousseau, La cartuja de Parma de Stendhal, el Don Álvaro del duque de Rivas, Gautier, Kierkegaard, los evangelios de Mateo y Juan, Bouvard et Pecuchet de Flaubert, Bécquer, Rubén Darío, Erasmo, Virginia Woolf, Concepció Casanova, Gabriel Miró, Antonio Machado otra vez, Gerardo Diego, Cernuda, Enrique Badosa, Murilo Mendes y Alejo Carpentier. Y tal vez se me escape algún nombre[1]. En esta primera sección se irán perfilando ya todos los temas importantes de «En tiempo fechado»: la naturaleza, Dios, la creación poética, la preocupación ética, el amor, la identidad personal

La segunda sección tiene el título de «Otras variaciones». Como otras veces, acude Guillén a un término musical a la hora de titular. Los doce poemas que componen esta sección son precisamente eso, variaciones, esto es, versiones, adaptaciones o traducciones libres de textos de otros autores. Y se llaman otras variaciones porque en Y otros poemas había dado ya el título de «Variaciones» a la primera sección de «Despedidas». Esta parte es la menos interesante, para el trabajo que esbozo, porque los temas aquí tratados vienen, por así decir, predeterminados —si bien es cierto que en la mera elección de los mismos el poeta ya ha mostrado sus preferencias.

En la tercera sección, sin título, reaparecen los mismos temas que en la primera, pero en distinta proporción: los temas del amor, la identidad personal y la naturaleza se reducen bastante, se mantiene el de la preocupación ética, aumenta el de la creación poética y, en fin, al tema de Dios se añade como novedad la idea de la muerte.

Paso ya, por tanto, al comentario de los temas que he ido apuntando, y lo haré siguiendo este esquema de ordenación en seis apartados: 1) la naturaleza y la contemplación trascendente del mundo; 2) la creación poética; 3) el deseo de Dios y la presencia de la muerte; 4) la preocupación ética (personal y social); 5) la identidad personal; y 6) el amor[2].


[1] Ver Antonio Gómez Yebra, «Los nombres propios en Final de Jorge Guillén», Analecta Malacitana, VII, 2, 1984, pp. 249-265.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de «Final», de Jorge Guillén: «En tiempo fechado». Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«Final», de Jorge Guillén

La obra poética de Jorge Guillén se fue construyendo a lo largo de los años con una firme voluntad arquitectónica: Cántico, Clamor, Homenaje, Y otros poemas y, por último, Final son los cinco libros que componen un conjunto unitario, Aire Nuestro.

Jorge Guillén

La voluntad ordenadora se extiende a cada una de estas obras, cuyos poemas se agrupan en partes, secciones y subsecciones que se responden o contraponen entre sí; con ello consigue Guillén un equilibrio, una sensación de armonía para la totalidad de su producción. Veremos qué es lo que ocurre en Final; para ello, no estará de más recordar esquemáticamente las partes y secciones de que se compone:

1) Dentro del mundo

2) En la vida

     I. [Sin título]

     II. La expresión

     III. [Sin título]

3) Dramatis personae

     I. Esa confusión

     II. Fuerza bruta

     III. Epigramas

     IV. Tiempo de espera

     V. Galería

4) En tiempo fechado

     I. [Sin título]

     II. Otras variaciones

     III. [Sin título]

5) Fuera del mundo

Como vemos por los títulos, el equilibrio entre las partes es perfecto: «Dentro del mundo» (1.ª) guarda relación con «Fuera del mundo» (5.ª); «En la vida» (2.ª) se corresponde con «En tiempo fechado» (4.ª); en medio queda «Dramatis personae» (3.ª), a modo de eje que articula el conjunto del libro[1]. En cuanto a la forma métrica, de la que no me voy a ocupar, bastará con recordar que en este libro «ni siquiera faltan las clásicas décimas para que Final sea del más puro Guillén»[2].


[1] Para esta estructura interna, ver Antonio Gómez Yebra, «Final de Jorge Guillén. Estructura interna», Hora de Poesía, 38, 1985, pp. 27-31; y Francisco J. Díaz de Castro, «Estructura y sentido de Final de Jorge Guillén», Cahiers d’Études Romanes (Université de Provence), 10, 1985, pp. 139-177. Ver también José Manuel Blecua, «Sobre Final», Boletín de la Real Academia Española, XLIV, 1984, pp. 35-43.

[2] Antonio Romero Márquez, «El Final de Cántico (Un cántico sin final)», Cuenta y Razón, 9, enero-febrero 1983, p. 83; para un estudio completo al respecto, ver también Antonio Gómez Yebra, Estudio métrico de «Final» de Jorge Guillén, Málaga, El autor, 1988. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de «Final», de Jorge Guillén: «En tiempo fechado». Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

Lope, las academias literarias y un atentado frustrado

En otoño del 1611 Lope asiste a la Academia del conde de Saldaña, de la que lo hacen secretario[1]. En 1612 frecuenta otra reunión literaria, la Academia del Parnaso, que más tarde será conocida por el nombre de «Selvaje», por estar bajo el patrocinio de don Francisco de Silva y Mendoza, hermano del duque de Pastrana. En una carta al de Sessa, fechada el 2 de marzo de 1612, escribe Lope:

Las Academias están furiosas; en la pasada se tiraron los bonetes dos licenciados; yo leí unos versos con unos anteojos de Cervantes que parecían huevos estrellados mal hechos.

Anteojos

La salud de su esposa Juana empeora; y sufre un intento de asesinato, que el propio escritor relata a Sessa con estas palabras:

Y perdone Vuestra Excelencia el escribirle así y de tan mala letra, que estoy metido en una gran refriega, porque viniendo de los Descalzos el lunes a las ocho de la noche, me dieron muchas cuchilladas, sin que pudiera desenvolverme; no me hirieron, que los que ven mi capa lo juzgan a milagro; antes la persona que intentó lo que digo cayó en unas piedras y dejó allí mucha sangre, de donde se entiende que yo estaba inocente y él engañado. Hase alborotado el lugar, como si yo fuera cosa de consideración con él, y visitádome jueces.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

La religión en la poesía cervantina: un balance

En varias entradas precedentes he tratado de mostrar, siquiera de modo esquemático, que los elementos religiosos se hacen presentes en la poesía cervantina con una recurrencia considerable. Aquí me he limitado a apuntar un inventario de los principales textos y lugares, añadiendo un somero comentario, pero considero que esta materia merece un análisis interpretativo más detenido.

Algunos de los poemas comentados son meramente de circunstancias y no ofrecen demasiada calidad literaria; pero en otros, en cambio, hay un buen aprovechamiento de la materia religiosa, tanto en el caso de versos insertos en la narrativa (Quijote, Novelas ejemplares, Persiles) o el teatro, como en el terreno de la poesía satírica, que a veces parte de una idea o un motivo religioso, con alusiones certeras y sutiles que demuestran el buen conocimiento de las Escrituras que tuvo Cervantes.

Como valoración de conjunto, puede avanzarse que la religión en la poesía cervantina tiene una importancia temática muy destacada. Otra cuestión distinta —que en esta ocasión no me he planteado— sería discernir si, dado que la lírica constituye, en principio, un cauce adecuado para la expresión de la subjetividad del poeta, cabe interpretar esos poemas de temática religiosa como una prueba de una religiosidad católica íntima.

Símbolos religiosos

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (y 3)

Esta lista de reminiscencias bíblicas podría ampliarse fácilmente con otros pasajes del teatro y la poesía de Cervantes[1]:

—Hay una alusión a Judas Macabeo al final de la Jornada II de La casa de los celos, en este parlamento de Buena Fama:

Aquí, con inmortal, alto trofeo,
notado tengo en la verdad que sigo
aquel gran caballero Macabeo,
guía del pueblo que de Dios fue amigo…[2]

El triunfo de Judas Macabeo, de Rubens

—En La elección de los alcaldes de Daganzo, dice el escribano Estornudo: «no quiere Dios del pecador más malo / sino que viva y se convierta»[3].

—Apreciamos ecos de la Epístola de San Pablo a Timoteo en la elegía en tercetos a la muerte de doña Isabel de Valois[4].

—En Quijote, I, 27 (ed. del Instituto Cervantes dirigida por F. Rico, p. 303), el segundo soneto de Cardenio que comienza «Santa amistad, que con ligeras alas…» canta el motivo clásico de la amistad que abandona la tierra para volar al cielo. El yo lírico pide a la amistad —la amistad verdadera, se entiende— que deje el cielo, es decir, que regrese a la tierra; o, en todo caso, que no permita que el engaño se vista su librea, esto es, que haga lo necesario para que el engaño no ande disfrazado de verdadera amistad y se confunda con ella: si la amistad no lo despoja de esa falsa apariencia, su poder destructor —concluye el texto— llevaría al mundo a una situación semejante a la de «la discorde confusión primera» (v. 14), que es una clara alusión al pecado original, la primera disensión entre el ser humano y Dios[5].

En la «Canción desesperada» de Grisóstomo, cuando el personaje afirma: «ofreceré a los vientos cuerpo y alma / sin lauro o palma de futuros bienes» (Quijote, I, 14, p. 150) tenemos una alusión velada a su posible suicidio (sabe que no irá al cielo, no espera el lauro y palma de la santidad y el martirio). Y en el mismo sentido debemos leer su afirmación: «y en voz baja / —si ya a un desesperado son debidas— / canten obsequias tristes, doloridas» (Quijote, I, 14, p. 151), es decir, ‘si se pueden dedicar obsequias a un suicida’.

—Una evocación de San Juan, como precursor de Cristo, aparece en la canción «Niña, la que esperas» de Pedro de Urdemalas[6], y otra alusión a la fiesta de San Juan de Dios en El viejo celoso[7].

Como es lógico, este tipo de alusiones microtextuales podrían multiplicarse fácilmente, pero pongo ya punto final a este recorrido por los elementos religiosos de la poesía cervantina.


[1] Ver, para más detalles, P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, pp. 109-137.

[2] La casa de los celos, en Obras completas, ed. Florencio Sevilla Arroyo, Madrid, Castalia, 1999, p. 929a; ver Antolín, 1948, p. 115.

[3] Citado por Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», p. 122.

[4] Ver Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», p. 134.

[5] Ver Carlos Mata Induráin, «Del amor y la amistad en la primera parte del Quijote: los sonetos de Cardenio y Lotario», en Chul Park (ed.),  Actas del XI Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas. Seúl, Universidad Nacional de Seúl, 17-20 de noviembre de 2004. In memoriam José María Casasayas, Seúl, Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros, 2005, pp. 147-161.

[6] Ver Miguel de Cervantes, Poesía, selección e introducción de José Manuel Caballero Bonald, Barcelona, Seix Barral, p. 254.

[7] Ver Cervantes, Poesía, ed. Caballero Bonald, pp. 268-269.

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (2)

Volviendo a La Galatea, la novela pastoril cervantina, hay otros lugares similares donde podemos apreciar reminiscencias evangélicas, o la utilización de léxico religioso en un contexto amoroso, etc. Veamos:

Ecos del Eclesiastés, 2, 11 los encontramos en el Libro II, cuando un mozo ermitaño canta al son de un arpa:

De la instabilidad, de la mudanza
de las humanas cosas,
¿cuál será el atrevido que se fíe?[1]

—La afirmación de que la fe sin obras es fe muerta («Pues como el cuerpo sin el espíritu es muerto, así también es muerta la fe sin las obras», Epístola de Santiago, 2, 26) la acomoda Cervantes al amor profano en el Libro III, en unos versos que el desdeñado Mireno dedica a Silveria:

Nadie por fe te tuvo merecida
mejor que yo; mas veo que es fe muerta
la que con obras no se manifiesta[2].

—La idea de que el camino del vicio es ancho, y estrecho el de la virtud, eco de Mateo, 7, 13-14 («Entrad por la puerta estrecha porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición…») o de Lucas, 13, 24, aparece en ese mismo Libro III, en los tercetos de Timbrio a Nísida:

La senda de mi bien hállola estrecha;
la de mi mal tan ancha y espaciosa
cual de mi desventura ha sido hecha[3].

El sendero ancho y el angosto


[1] La Galatea, ed. de Francisco López Estrada y María Teresa López García-Berdoy, 2.ª ed., Madrid, Cátedra, 1999, pp. 271-272.

[2] La Galatea, ed. López Estrada y López García-Berdoy, p. 322; ver P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, pp. 118-119.

[3] La Galatea, ed. López Estrada y López García-Berdoy, p. 313; ver Antolín, 1948, p. 133.

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (1)

Me refiero ahora al análisis de elementos religiosos que se hacen presentes en forma de breves referencias, dentro de poemas que no son de temática religiosa. Por ejemplo, el juego con la expresión llamados y escogidosMulti enim sunt vocati, pauci vero electi», Mateo, 20, 16; también Mateo, 22, 14) que encontramos en el remate del soneto de Florisa, de La Galatea, Libro I, interpretada aquí en un sentido amoroso: «sé bien que son de amor los escogidos / tan pocos, cuanto muchos los llamados»[1].

Muchos son los llamados y pocos los escogidos

El mismo juego lo encontramos reiterado en otros pasajes cervantinos, por ejemplo en el romance de Olalla cantado por Antonio en el Quijote:

Abalánzase al señuelo
mi fe, que nunca ha podido
ni menguar por no llamado
ni crecer por escogido[2].


[1] La Galatea, ed. de Francisco López Estrada y María Teresa López García-Berdoy, 2.ª ed., Madrid, Cátedra, 1999, p. 236.

[2] Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, 2.ª ed. corregida, Barcelona, Instituto Cervantes-Editorial Crítica, 1998, p. 125.

Elementos religiosos en la poesía satírico-burlesca de Cervantes

También podemos detectar algunos elementos religiosos en la poesía satírico-burlesca de Cervantes. Precisamente a partir de motivos religiosos se construyen algunos de sus poemas burlescos más famosos, como sucede en el soneto dedicado al túmulo de Felipe II (la circunstancia que inspira el poema es propiamente religiosa: la construcción del túmulo mortuorio en la catedral de Sevilla; en el poema se incluyen juramentos como: «Voto a Dios», «por Jesucristo vivo»); y en el que refiere con sangrante ironía la «triunfal» entrada del duque de Medina en Cádiz después del saqueo de los ingleses en 1596[1], el cual empieza con una ponderación misteriosa:

Vimos en julio otra Semana Santa
atestada de ciertas cofradías
que los soldados llaman compañías,
de quien el vulgo, y no el inglés, se espanta.

Hubo de plumas muchedumbre tanta
que, en menos de catorce o quince días,
volaron sus pigmeos y Golías,
y cayó su edificio por la planta.

Bramó el Becerro y púsoles en sarta,
tronó la tierra, escureciose el cielo,
amenazando una total ruïna;

y, al cabo, en Cádiz, con mesura harta,
ido ya el conde, sin ningún recelo,
triunfando entró el gran duque de Medina[2].

La defensa de Cádiz, Zurbarán

Buena parte del texto se articula en torno a la sorprendente afirmación expresada en el verso primero: «Vimos en julio otra Semana Santa». La clave está en la palabra cofradías, que además de en su sentido recto funciona con el significado que tiene en germanía: vale ‘muchedumbre’, y más concretamente alude a la ‘junta de ladrones o rufianes’. Así pues, los soldados llaman compañías a los grupos que forman, pero en realidad son cofradías ‘agrupaciones de maleantes’. La paronomasia entre cofradías y compañías facilita el juego de palabras y permite la ponderación misteriosa que abre el poema.

Por otra parte, además de destacar la alusión al gigante Goliat (Golías) del verso 7, debemos subrayar que los versos 10-11 enlazan con la alusión a la Semana Santa desarrollada en el primer cuarteto, en tanto en cuanto apuntan a las señales ocurridas en Jerusalén tras la muerte de Jesucristo en la Cruz (terremoto, ruido, oscurecimiento del cielo, etc.).


[1] Para un análisis completo del texto y el suceso histórico al que se refiere, ver Carlos Mata Induráin, «El soneto de Cervantes “A la entrada del duque de Medina en Cádiz”. Análisis y anotación filológica», en Pedro Ruiz Pérez (ed.), Cervantes y Andalucía: biografía, escritura, recepción. Actas del Coloquio Internacional «Cervantes en Andalucía», Estepa, Sevilla, 3-5 de diciembre de 1998, Estepa, Ayuntamiento de Estepa, 1999, pp. 143-163.

[2] Miguel de Cervantes, Poesías completas, ed. de Vicente Gaos, Madrid, Castalia, 1981, vol. II, pp. 375-376.