Dulcinea, ideal amoroso del caballero don Quijote (1)

Hemos visto en la entrada anterior de esta serie cómo en la acción del Quijote adquieren un marcado protagonismo los personajes femeninos[1]. El más importante de todos ellos es Dulcinea, motor de la acción principal: don Quijote es un caballero andante que lucha por y para su amada, la sin par Dulcinea del Toboso, modelo de dama tomado de las novelas de caballerías (según la idea del amor cortés, mezclada con las teorías amorosas neoplatónicas y petrarquistas), y en especial, de Oriana, la enamorada de Amadís. La necesidad que don Quijote tiene de una dama de sus pensamientos para llegar a ser caballero andante se pone de manifiesto ya en el primer capítulo del Quijote:

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmádose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma (p. 43).

En realidad, Dulcinea es una idealización de la rústica Aldonza Lorenzo, una labradora del Toboso, como se nos explicita en este otro pasaje:

¡Oh, y cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama. Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata de ello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto (I, 1, p. 44).

El de Aldonza Lorenzo es un nombre que connota rusticidad, baja condición social e incluso actitudes groseras, como parece apuntar el refrán «A falta de moza, buena es Aldonza». El hidalgo, de la misma forma que ha bautizado a su caballo y a sí mismo, renombra a Aldonza y la convierte en virtud del poder mágico de la palabra en Dulcinea, nombre creado a partir de modelos prestigiosos (Melib-ea, Claricl-ea, Galat-ea) y que connota ‘dulzura’.

Aldonza / Dulcinea

A partir de ese instante, don Quijote se encomendará a su amada Dulcinea al emprender sus diversas aventuras.

Don Quijote y Dulcinea

Por ejemplo, en I, 3 se dirige a ella con estas palabras en el momento de la vela de armas:

—¡Oh señora de la hermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo (p. 59).

Más tarde, en I, 22, tras liberar a los galeotes, les pide que

luego os pongáis en camino y vais a la ciudad del Toboso y allí os presentéis a la señora Dulcinea del Toboso y le digáis que su caballero, el de la Triste Figura, se le envía a encomendar, y le contéis punto por punto todos los que ha tenido esta famosa aventura hasta poneros en la deseada libertad; y, hecho esto, os podréis ir donde quisiéredes, a la buena ventura (p. 246).


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.

Los personajes femeninos del «Quijote»

El universo de personajes femeninos en el Quijote está constituido por una serie de tipos, muchos de los cuales provienen de géneros precedentes (la novela de caballerías, la de aventuras sentimentales, la morisca, el romancero, la poesía petrarquista, etc.)[1]. Sin embargo, en la novela cervantina los tipos dejan de ser simples imitaciones sin vida ya que adquieren rasgos definitorios y sello de humanidad. Las mujeres del Quijote, en efecto, van más allá de la tipicidad: son mujeres de carne y hueso, cada una con un conflicto personal profundamente humano, cada una con sus pasiones, anhelos, dolores…

Dulcinea

En general, el Quijote nos transmite una visión positiva de la mujer, y las historias amorosas que se exponen suelen tener un final feliz (tras vivir, eso sí, los enamorados un largo y doloroso proceso de pruebas). Los personajes femeninos presentes en la obra de Cervantes forman un mosaico amplio de clases sociales: mujeres que van desde las «mozas del partido» de la venta donde será armado caballero don Quijote hasta la ideal Dulcinea del Toboso, modelo de amada platónica, pasando por la esperpéntica pero bondadosa Maritornes, las pastoras Marcela y Leandra, la morisca Zoraida, la Duquesa y las damas de su Corte como Altisidora, la «sin par» Teresa Panza, las damas barcelonesas, etc., etc. En suma, como se ha dicho alguna vez, hay en el Quijote mujeres con aroma a incienso y mujeres que huelen a ajos, cortesanas (en los dos sentidos de la palabra), labradoras, aventureras, mujeres de su hogar, etc.

Maritornes

Cervantes nos transmite en sus obras acabados retratos femeninos, y esto, su acertada percepción del mundo de las mujeres, se ha explicado a veces considerando la importancia que tuvieron en su vida, tanto su madre y sus hermanas como las mujeres que amó. Si bien el entorno vital del escritor fue durante mucho tiempo predominantemente masculino (milicia, cautiverio en Argel, vida trashumante como alcabalero real…), su biografía está también marcada por notables presencias femeninas: su madre, que le animó a frecuentar los libros; su esposa Catalina de Salazar, con la que casa en 1584, sin que al parecer llegaran a formar un matrimonio muy feliz; su amante Ana Franca; su hija natural, Isabel; sus hermanas y sobrina, apodadas despectivamente «las Cervantas», etc. Como indica Héctor Márquez, no hay un personaje femenino de la vida real de Cervantes que se pueda relacionar directamente con el Quijote; sin embargo, su experiencia vital y su conocimiento de los diferentes estratos de la sociedad se dejan notar claramente en la caracterización de todos sus personajes.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Ver Héctor Márquez, La representación de los personajes femeninos en el «Quijote», Madrid, Porrúa, 1990.

Personajes del «Quijote»: Roque Guinart y Antonio Moreno

En fin, dos personajes interesantes que aparecen en la parte final de la novela, cuando don Quijote se acerca a Barcelona, son Roque Guinart y Antonio Moreno[1]. El primero de ellos está construido sobre la base de un personaje real, Perot Roca Guinarda, famoso bandolero de la época que actuaba en la provincia de Barcelona. En este episodio lo vemos como un bandolero bueno que hace justicia por su propia cuenta, una especie de «desfacedor de agravios modernos», rasgo que lo acerca a don Quijote, quien siente cierta admiración hacia él.

Don Quijote y los bandoleros de Roque Guinart

Roque Guinart conduce hasta Barcelona a nuestro caballero andante y lo deja en manos de su amigo Antonio Moreno, un noble menor que será otro de sus burladores, contribuyendo a la progresiva degradación del personaje: él ha preparado el recibimiento burlesco de don Quijote en la ciudad.

Don Quijote entrando en Barcelona

Además, en su casa don Quijote consultará la cabeza encantada y asistirá a un sarao de damas; y, por último, será su guía en la ciudad y en su compañía visitará la imprenta donde están componiendo el Quijote apócrifo y, más tarde, las galeras.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.

Personajes del «Quijote»: el Duque y el morisco Ricote

Muy notable es la presencia en la Segunda Parte del innominado Duque, quien representa en el escalafón social a la más alta nobleza[1]. Junto con la Duquesa, y con ayuda de todos sus sirvientes, organizará una serie de bromas, no exentas de crueldad, para reírse a costa de don Quijote y Sancho, que quedan rebajados así al papel de bufones de Corte.

El innominado Duque del Quijote

El Duque es el máximo exponente de esa nobleza cortesana y ociosa, que no tiene ya una función social clara, y que Cervantes ataca —a través de don Quijote— en distintas ocasiones. Por otro lado, se sugiere la corrupción de este personaje en el episodio de la hija de doña Rodríguez (recordemos que el Duque no ha defendido la honra de esta doncella porque quien ha cometido el agravio es el hijo de su prestamista).

La introducción del morisco Ricote, vecino de Sancho con el que se encuentra al salir del gobierno de la ínsula, supone un episodio intercalado que sirve de contrapunto a la historia de la mora Zoraida en la Primera Parte. El de la situación de los moriscos era un tema de actualidad porque en los años 1609 y 1613 Felipe III había dictado sendos edictos de expulsión contra ellos, y Ricote es un representante de todas esas personas que han tenido que sufrir la amarga experiencia de salir al destierro dejando abandonado todo lo que poseían. Cervantes, muy humanamente, nos muestra el vivir del desarraigo de este personaje que llora por tener que abandonar las tierras de su amada España.

Moriscos


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.

Personajes del «Quijote»: don Diego Miranda y su hijo don Lorenzo

Debemos mencionar también a don Diego de Miranda, conocido como el Caballero del Verde Gabán, y a su hijo don Lorenzo, poeta glosista[1]. Don Diego es un labrador rico, en cuya casa no hay novelas de caballerías, pero sí libros de honesto entretenimiento. Para Bataillon es un personaje equilibrado que, con su «dorada medianía», simboliza la cordura y responde al ideal de hombre del erasmismo; más negativa es, en cambio, la interpretación de Castro, para quien representa la moral acomodaticia de la sociedad contemporánea, que no hace nada por cambiar la situación de las cosas, con una actitud inactiva opuesta a la de don Quijote, que sale al mundo en busca de andanzas caballerescas.

El Caballero del Verde Gabán

Su hijo don Lorenzo quiere ser poeta, y esta decisión, que desagrada a su padre, es la circunstancia que da pie a don Quijote para reflexionar sobre la educación de los hijos (aconseja no forzarlos y dejar que sigan libremente su inclinación) y para declamar un bello discurso en el que elogia la poesía como la más principal de entre todas las ciencias. Además, don Lorenzo ofrece una acertada descripción de la locura de don Quijote al calificarlo, según ya indicamos en otra entrada, como «un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos» (II, 18, p. 776).


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.

Personajes del «Quijote»: Sansón Carrasco

En la Segunda Parte del Quijote, la nómina de personajes masculinos se enriquece con nuevos nombres[1]. Tenemos, en primer lugar, al licenciado Sansón Carrasco, aliado del cura y el barbero en el empeño de llevar a casa a don Quijote tras su tercera salida. Intentará vencerlo como Caballero de los Espejos o del Bosque, pero será derrotado.

El Caballero de los Espejos

A partir de este momento, el deseo de venganza será otro de los impulsos de su actuación, y terminará venciendo a don Quijote en las playas barcelonesas bajo el nombre de Caballero de la Blanca Luna.

El Caballero de la Blanca Luna

Él es quien, en esta Segunda Parte, representa la función literaria, pues llega con la noticia de la publicación de un libro con las aventuras de don Quijote de la Mancha (II, 3).


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.

Personajes del «Quijote»: Lotario y Anselmo y el capitán cautivo

 Otra pareja de personajes es la formada por Lotario y Anselmo, conocidos como «los dos amigos», en la historia intercalada de El curioso impertinente, de ambiente italiano[1]. Anselmo es otro de los locos presentes en la obra: la suya es una locura provocada por la duda y por la falta de confianza en sí mismo. Es esto lo que le lleva a idear un plan disparatado, consistente en que su amigo trate de conquistar a su fiel y modélica esposa. Lotario en un primer momento trata de convencer a Anselmo de lo innecesario y absurdo de esta prueba, pero la insistencia de aquel le lleva a intentar la seducción de Camila. Poco a poco se va enamorando de veras de la mujer de su amigo y la historia se cierra con un final trágico que supone la muerte de los tres personajes.

Ruy Pérez de Viedma es el capitán cautivo protagonista de otra historia intercalada, transida de elementos autobiográficos cervantinos. El cautivo es el representante del mundo de las armas, y está caracterizado por su valor heroico, su paciencia en el cautiverio y el amor honesto, encaminado al matrimonio, con la mora Zoraida, la hija de Agi Morato. Esta historia se encuentra imbricada con el discurso de las armas y las letras que don Quijote ha pronunciado momentos antes (I, 37-38).

Historia del capitán cautivo


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.

Personajes del «Quijote»: Grisóstomo, Cardenio y don Fernando

Varios personajes más los encontramos en las historias intercaladas del Quijote[1]: Grisóstomo es el prototipo de pastor enamorado que, tras sufrir el desdén de su amada Marcela, muere —o se suicida— por amor.

Grisóstomo muerto de amor

Por su parte, Cardenio y don Fernando protagonizan unos amores entrecruzados: don Fernando es hijo del duque Ricardo y Cardenio su vasallo; entre ambos existe una relación jerárquica, pero también una amistad, que será traicionada por don Fernando cuando intente seducir a Luscinda, la amada de Cardenio. De esta pareja destaca el modo de caracterización de Cardenio, cuyo comportamiento se encuentra marcado por la cobardía y la falta de decisión.

Cardenio

Asimismo, Cardenio aparece como un loco frente a don Quijote. Recordemos el abrazo que se dan en Sierra Morena el Caballero de la Triste Figura y el Roto de la Mala Figura. Además, el enloquecido deambular del enamorado Cardenio por la agreste sierra sirve de modelo para la penitencia amorosa de don Quijote. Por su parte, don Fernando encarna al noble que olvida su deber y deja de comportarse como se esperaría de su condición, ya que abusa de su poder al deshonrar a su vasalla Dorotea.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.

Personajes del «Quijote»: Ginés de Pasamonte

Otro personaje destacado en el Quijote es Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes liberados por don Quijote en I, 22[1].

Aventura de los galeotes

A través de su figura Cervantes entabla una relación dialogística con el género picaresco: en efecto, Ginés es una especie de pícaro, condenado a galeras, que está escribiendo su autobiografía (dejamos ahora de lado la posibilidad de que se trate de un trasunto de Jerónimo de Pasamonte, soldado compañero de Cervantes en la milicia que escribió su propia Vida, y la posibilidad de que fuera Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo de 1614)[2].

FirmaPasamonte

Este personaje industrioso reaparece más adelante bajo distintas máscaras: como gitano, cuando roba el rucio a Sancho, y en la II Parte, encarnando a maese Pedro, que se gana la vida con el mono adivino y su retablillo de títeres.

Ginés de Pasamonte como maese Pedro


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006.

[2] Ver Jerónimo de Pasamonte, Autobiografía, prólogos de Miguel Ángel de Bunes Ibarra y José María de Cossío, Sevilla, Espuela de Plata, 2006; o también Jerónimo de Pasamonte, Relato de un cautivo: vida y trabajos, prólogo de Luisgé Martín, Madrid, La Tinta del Calamar / Servicio de Publicaciones de la Universidad Autónoma de Madrid, 2008; y el trabajo de Margarita Levisi, Autobiografías del Siglo de Oro: Jerónimo de Pasamonte, Alonso de Contreras, Miguel de Castro, Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1985. Ver también, entre otros estudios posibles, los de Juan Antonio Frago Gracia, El «Quijote» apócrifo y Pasamonte, Madrid, Gredos, 2005; Alfonso Martín Jiménez, El «Quijote» de Cervantes y el «Quijote» de Pasamonte: una imitación recíproca. La «Vida» de Pasamonte y «Avellaneda», Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2001; Cervantes y Pasamonte: la réplica cervantina al «Quijote» de Avellaneda, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005; y Las dos segundas partes del «Quijote», Valladolid. Universidad de Valladolid (Facultad de Filosofía y Letras), 2014. El Quijote de Avellaneda puede leerse en esta edición: Alonso Fernández de Avellaneda, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, ed. de Luis Gómez Canseco, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000.

Personajes del «Quijote»: el cura y el barbero

El cura del QuijoteEn la Primera Parte destaca la pareja formada por el cura y el barbero, que son amigos del hidalgo Alonso Quijano y representan la voz de la razón frente a su locura libresca[1]. Estos personajes tienen una doble función en la novela: por un lado, salen al camino para devolver a don Quijote a casa después de su segunda salida. Sin embargo, para traerlo al redil del hogar, tendrán que entrar en su juego caballeresco e idear diversas tramas ajustadas a su modo aventurero de pensar y entender el mundo. La locura caballeresca, por momentos, se vuelve contagiosa. Para sacar a don Quijote de Sierra Morena, el cura no tendrá reparos en disfrazarse de mujer, aunque muy pronto se da cuenta de lo inadecuado del plan y será reemplazado en ese papel de doncella menesterosa por Dorotea-Micomicona.

La segunda función que encarnan estos personajes se relaciona con el mundo literario: ellos estarán presentes en los dos escrutinios y actuarán como censores de las obras que consideren perniciosas e inverosímiles, además de participar en los debates sobre los distintos géneros literarios.

El barbero del Quijote


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006.