«La posada del Arenal» de Eduardo Galán y Javier Garcimartín (2)

BaúlesLa trama de La posada del Arenal, obra escrita de forma conjunta por de Eduardo Galán y Javier Garcimartín, se sostiene en una serie de equívocos de identidades (Mateo se disfraza de Casilda y Beatriz finge ser Francisco) y en la confusión de tres baúles, uno que contiene el dinero, otro en el que Francisco se finge muerto y otro con el equipaje de Beatriz. El criado Luzmán creerá que Francisco ha sido asesinado por Zósimo, y luego, al encontrarlo vivo, dará en imaginar que ha resucitado y que la posada está endemoniada y habitada por espectros. Mateo se asustará al pensar que se ha enamorado de un hombre (en realidad, ha quedado prendado de Beatriz, que se ha vestido como Francisco). Esta circunstancia permite la introducción de constantes réplicas humorísticas; así, por ejemplo, cuando Mateo descubra la verdad al soltarse la dama el cabello, comentará aliviado: «¡Qué angustia! Llegué a pensar que era maricón» (p. 70)[1].

En este juego consistente en dosificar la información, el espectador siempre sabe más que los personajes que están sobre las tablas. De forma similar, Beatriz creerá arder en deseos por una mujer, Casilda (que, como sabemos, es Mateo). Al final, todos estos malentendidos y engaños se aclaran, como explicita Luzmán: «Entre unos y otros lograron confundirme. Que vuestras mercedes no han hecho más que engañarse y engañarme para conseguir en su provecho la fortuna que no merecían» (p. 93). En efecto, a lo largo de la representación la posada se ha transformado en un escenario cuasi-mágico donde todos los enredos, trampas y confusiones resultaban factibles: «En esta posada, Luzmán, todo es posible», afirma Francisco (p. 64); «esta posada parece un laberinto», subraya Mateo (p. 86).


[1] Cito por Eduardo Galán y Javier Garcimartín, La posada del Arenal, Madrid, Sociedad General de Autores de España, 1994. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

Lope de Vega y el mecenazgo (5): con el marqués de Sarria

En 1598 hallamos al poeta como secretario de otro noble importante, don Pedro Fernández de Castro y Andrade, marqués de Sarria, y más tarde VII conde de Lemos, con quien estuvo un par de años[1].

Don Pedro Fernández de Castro y Andrade

Lope se refiere a las tareas domésticas de camarero que le tocó desempeñar con el marqués, aunque bien puede ser una figura retórica de modestia y exageración. Citamos de nuevo a la Barrera:

En el año de 1598 entró Lope a servir con título de secretario, pero desempeñando, a la vez que las obligaciones de tal, otras más humildes, al joven Marqués de Sarria, don Pedro Fernández Ruiz de Castro y Osorio, primogénito y sucesor de don Fernando, VI Conde de Lemos, de Castro, Andrade y Villalba, y de su esposa doña Catalina de Sandoval y Zúñiga, hermana del Duque de Lerma. Contaba el Marqués de Sarria solo veintidós años, y dotado de superiores talentos y de una sólida instrucción, cultivaba las letras y se honraba con la amistad de los más distinguidos ingenios. Lope correspondía a su favor y estimación, profesándole constantemente el más cariñoso afecto, y no se desdeñó, muchos años después, de publicar (en la Filomena, 1621) una Epístola que le había dirigido por los años de 1607, en que se leen estos versos:

El dulce trato del discurso nuestro
(perdonad el lenguaje) os tuvo y quiso
por señor, por Apolo y por maestro.

[…]

Mostrara yo con vos cuidado eterno,
mas haberos vestido y descalzado
me enseñan otro estilo humilde y tierno.

En otra carta que le escribió […] dice: «Ya sabéis cuánto os amo y reverencio, y que he dormido a vuestros pies como un perro». Con el auxilio, sin duda, y la ilustrada protección del Marqués de Sarria, dio a la estampa nuestro Lope en 1598 dos obras suyas, la Dragontea y la Arcadia.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

«La posada del Arenal» de Eduardo Galán y Javier Garcimartín (1)

La posada del Arenal, de Eduardo Galán y Javier GarcimartínEsta obra escrita en colaboración por Eduardo Galán y Javier Garcimartín fue estrenada el 16 de septiembre de 1990 en el Teatro Cervantes de Alcalá de Henares[1]. La introducción de José María Torrijos a la edición del texto, «Una posada del Madrid eterno» (pp. 9-11), pone de relieve que la codicia humana es la clave de este «disparatado y divertido juguete». Se trata, en efecto, de una pieza de enredo (de «enredo amoroso y mercantil» habla Luzmán al dirigirse al público en la p. 15) que constituye, a su vez, un bello homenaje a nuestra comedia aurisecular.

La pieza está ambientada en el siglo XVII, pero no posee el calado histórico de La amiga del Rey porque aquí la intención de los autores es otra: divertir al espectador con una pieza cómica. Así pues, La posada del Arenal no es, en sentido estricto, una obra de teatro histórico: se trata, más bien, de una comedia humorística que, partiendo de situaciones y sentimientos contemporáneos, se ubica en una época pasada. Los personajes, bien caracterizados, responden a patrones de la literatura de nuestro Siglo de Oro (sobre todo el criado Luzmán, que recuerda al clásico «gracioso»; el viejo verde y avaro don Lope; el fanfarrón Zósimo, que tiene como modelos más preclaros a los valentones de las jácaras y la literatura picaresca; o el estudiante sevillano Mateo, de idéntica prosapia literaria), pero el tema tratado, la sátira de la codicia humana, alcanza resonancia y validez universales.

Todos los personajes se guían por su deseo de obtener dinero, y varias de sus réplicas ponen de manifiesto la importancia que le conceden en su escala de valores. Así, don Lope dirá: «El placer es efímero; la dicha es poseer sin límites» (p. 26), aunque luego añada, hipócrita, que «la codicia no es buena consejera» (p. 42; pero cuando se trata, claro, de la codicia de otros personajes); Zósimo reconoce que «por dinero se mueve el mundo» (p. 61), Mateo asegura que «lo importante es el oro» (p. 82), y Casilda declara: «Al fin y al cabo, el oro es mi único amor» (p. 87). Al final, todos ellos quedarán burlados, pues el baúl con el preciado oro que perseguían va a parar, por equivocación del criado Luzmán, a las aguas del Manzanares, sin posibilidad de ser recuperado[2].


[1] Eduardo Galán y Javier Garcimartín, La posada del Arenal, Madrid, Sociedad General de Autores de España, 1994.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

Lope de Vega y el mecenazgo (4): con el marqués de Malpica

C. A. de la Barrera, Nueva biografía de Lope de Vega

Tras dejar la casa del duque de Alba sirve de secretario al marqués de Malpica, a quien dedica el soneto «Mientras al austro rompe el pardo lino» de las Rimas[1]. El erudito Cayetano Alberto de la Barrera, en su pionera Nueva biografía de Lope de Vega (1864), recoge algunas noticias, de las pocas que guardamos sobre este mecenazgo, y la mayoría de segunda mano:

Sospecho que dejó Lope la casa del Duque de Alba en el año de 1596; y si fue así, pudo muy bien dar motivo a esta determinación el suceso cuya noticia queda ya estampada con referencia al Sr. Zuaznávar. Encausado, en efecto, aquel insigne ingenio, durante el expresado año, ante la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, por ilícitas relaciones con D.ª Antonia Trillo, aun cuando no sufriese encarcelamiento, quizá se vio en la precisión de atender exclusivamente a su defensa, y en la imposibilidad de acompañar al Duque en sus soledades de Alba de Tormes. Por otra parte, según ya hemos indicado, interpretando aquella frase final de la Arcadia, donde habla Lope, refiriéndose a sí propio, de «seguir nuevo dueño y nueva vida, con dudosa fortuna», pudiera creerse que voluntariamente cambió entonces de señor y pasó a servir al Marqués de Malpica, también en clase de secretario; colocación de que nos da noticia Montalbán, si bien (por consecuencia del fundamental error de su relato) fijándola en el año de 1588. Como quiera que fuese, el hecho de haber servido Lope de Vega Carpio de secretario al Marqués de Malpica antes de 1598 se halla comprobado por documentos existentes en el archivo de aquella ilustre casa, gran número de ellos escritos de mano del eminente poeta. Debo esta noticia al señor don Antonio de Latour, benemérito de las letras españolas y mi singular favorecedor, quien me asegura haberla oído repetidas veces de boca de la Señora Marquesa, que últimamente acaba de fallecer.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

Datos biográficos de Eduardo Galán

Eduardo Galán Font nació en Madrid en 1957[1]. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid en 1979. Profesor agregado de Lengua y Literatura Españolas en Institutos de Bachillerato desde 1981, ha impartido diversos cursos y seminarios en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Ha sido coordinador del Seminario Didáctico Permanente de Lengua y Literatura del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid (entre los años 1983-1990) y miembro del Consejo de Redacción de revistas de teatro como Primer Acto (Madrid) y Estreno (Pennsylvania State University). Ha colaborado, además, de en esas dos revistas citadas, en otras como Arbor, República de las Letras, Revista de Literatura, Teatra, etc. Eduardo Galán se ha encargado de la información y comentarios teatrales en el diario Ya (septiembre de 1988-agosto de 1990), de la sección de teatro de La Guía del Ocio de Madrid (septiembre de 1990-septiembre de 1991), de la misma sección de El Semanal (desde octubre de 1993), y desde octubre de 1991 publica artículos literarios y de opinión en el diario ABC.

Eduardo Galán Font

De 1996 a 2000 fue Subdirector General de Teatro en el Ministerio de Educación y Cultura. En 1996 fue nombrado Presidente de la Asociación Española de Teatro Infantil y Juvenil (ASSITEJ), cargo que ejerció durante dos años. Es socio fundador de la productora Secuencia 3 Artes y Comunicación. Reside en Madrid, donde ejerce como profesor de Lengua y Literatura en el Instituto Beatriz Galindo[2].

Como podemos apreciar, Eduardo Galán es un «hombre de teatro», y su relación con el mundo de la escena se ha establecido desde muy distintas perspectivas: la de profesor de literatura, la de crítico teatral, la de autor dramático, la de responsable público en la Administración del Estado… Centrándonos en su faceta como autor dramático, hay que recordar que Galán cuenta en su haber con varios títulos de obras representadas, a saber: La posada del Arenal, dirigida por Fernando Rojas, estrenada el 16 de febrero de 1990 en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares (Madrid); Pareja de damas, dirigida por Pilar Ruiz, que se estrenó el 31 de enero de 1992 en el Centro Cultural de Majadahonda (Madrid); El espantapájaros de Mojapiés, que, dirigida por Luis Dorrego, se estrenó el 14 de mayo de 1992 en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid, a cargo del Grupo de Teatro de las Universidades Norteamericanas Reunidas; Anónima sentencia, dirigida por Enrique Belloch, cuyo estreno tuvo lugar el 25 de septiembre de 1992 en la Sala Trapezi de Valencia; La silla voladora, representada por vez primera el 8 de octubre de 1994 en la Sala San Pol de Madrid; La viuda es sueño, adaptación de la obra de Tono y Jorge Llopis, estrenada en Santander el 11 de diciembre de 1992; y Mujeres frente al espejo, estrenada el 10 de abril de 1996 en el Teatro Alcázar de Madrid, bajo la dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente. A estos títulos hay que añadir el de otras piezas inéditas, como La sombra del poder (escrita también, como La posada del Arenal, en colaboración con Javier Garcimartín), que fue accésit del «Premio Calderón de la Barca» 1988; y En busca del sí de las niñas, cuyo estreno estaba previsto para la temporada 96-97[3].

También cuenta Galán en su haber con una novela infantil; y como estudioso de la literatura española, ha preparado distintos libros con las «claves» para la lectura de La Celestina, Los intereses creados, La casa de Bernarda Alba, Tiempo de silencio o San Manuel Bueno, mártir, ha editado los Dramas rurales de Jacinto Benavente y una antología de Teatro realista de hoy, y ha escrito introducciones para distintas obras de José Luis Alonso de Santos. En fin, es autor –con la colaboración del director de escena Juan Carlos Pérez de la Fuente– del ensayo Reflexiones en torno a una política teatral.

Respecto a su trayectoria teatral, Fernández Insuela[4] ha destacado que Eduardo Galán forma parte de una generación de dramaturgos que se incorpora al mundo del teatro «en un ambiente de libertad, muy lejos de las dificultades y trabas ideológicas con las que tenían que luchar antes de 1975» otros autores españoles. Pese a ello, nuestro autor sigue de cerca la tradición de un teatro de denuncia que utiliza «como un medio de fustigar las deficiencias de la sociedad española», con tres modalidades de obras dramáticas: la comedia costumbrista con ribetes de drama, la comedia histórica y el teatro infantil[5].


[1] Aprovecho la «Bio-bibliografía de Eduardo Galán» publicada por Antonio Fernández Insuela en las pp. 25-28 de su edición de La amiga del Rey, Murcia, Universidad de Murcia, 1996.

[2] Tomo estos datos más recientes sobre el autor de su ficha personal en Wikipedia, donde se puede ver un listado actualizado de sus obras.

[3] Respecto a La amiga del rey, según me explica Eduardo Galán, iba a ser estrenada en el mes de octubre de 1996 en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, pero el proyecto quedó abandonado al ser nombrado el autor para el cargo oficial que pasó a ocupar en el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música. Finalmente, fue estrenada en la muestra de teatro de Colegios Mayores «Elías Ahuja», por el grupo no profesional «La ratonera».

[4] En la «Introducción» citada a La amiga del Rey, pp. 9-28.

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

Lope de Vega y el mecenazgo (3): con el duque de Alba

Una vez que pasan los años de destierro del reino, al que fue condenado en el proceso que le entabló Jerónimo Velázquez, Lope se instala en Toledo y entra al servicio de don Antonio Álvarez de Toledo y Beaumont, V duque de Alba, nieto del famoso general de Flandes[1]. Durante unos cinco años se desempeña como secretario del duque, con residencia en Alba de Tormes junto a su mujer Isabel de Urbina.

Alba de Tormes

En Alba escribe varias comedias (El maestro de danzar, El favor agradecido, El leal criado…) y sobre todo La Arcadia, novela pastoril en clave donde se cuentan bajo el disfraz poético algunos sucesos amorosos del duque. En la Égloga a Claudio traza una pequeña autobiografía en la que recuerda su estancia en Alba y la escritura de esta «historia verdadera»:

Sirviendo al generoso duque Albano
escribí del Arcadia los pastores,
bucólicos amores
ocultos siempre en vano
cuya zampoña de mis patrios lares
los sauces animó de Manzanares.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

Los dramas históricos de Eduardo Galán

Eduardo Galán FontEn las próximas entradas pretendo un acercamiento a los dramas históricos de Eduardo Galán La posada del Arenal y La amiga del Rey. Empleo la etiqueta «dramas históricos» en un sentido amplio, con el significado de ‘piezas dramáticas de ambientación histórica’, pues las dos obras mencionadas no son dramas en el sentido estricto del término. Hay además una diferencia esencial entre ambas: la primera, escrita en colaboración con el actor Javier Garcimartín, es una comedia de ambiente —no de contenido— histórico[1]: el siglo XVII sirve como mero telón de fondo a los hechos que se representan, y su intención es fundamentalmente humorística, sin que tenga mayor importancia el retrato de hechos y personajes históricos. En cambio, en La amiga del Rey este último aspecto alcanza profundidad mayor, constituyendo una pieza a la que, con todo rigor, se le puede aplicar el calificativo de «histórica». Por ello, mi acercamiento a La posada del Arenal será más somero, para centrarme en el análisis de La amiga del Rey[2]. Pero antes de entrar en materia, repasaré —en la próxima entrada— los principales datos bio-bibliográficos del autor[3].


[1] Véase el trabajo de Kurt Spang «Apuntes para la definición y el comentario del drama histórico», en Kurt Spang (ed.), El drama histórico. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.

[2] No comentaré La sombra del poder, otra pieza histórica de Galán y Garcimartín, que permanece inédita y versa sobre el amor del conde de Villamediana por Isabel de Borbón, «sueño imposible» que motiva su asesinato, urdido —en esta versión literaria de los hechos— por el conde-duque de Olivares.

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

Lope de Vega y el mecenazgo (2): con el obispo de Ávila

La primera vinculación importante documentada es la que mantiene Lope con don Jerónimo Manrique, obispo de Ávila, quien gustó, según parece, de la primera comedia que hizo Lope en tres jornadas, La pastoral de Jacinto[1]. Pérez de Montalbán, tras narrar una escapada juvenil de Lope con un amigo, da noticia de su llegada a Madrid, con poca hacienda:

Luego que llegó a Madrid, por no ser su hacienda mucha y tener algún arrimo que ayudase a su lucimiento, se acomodó con don Jerónimo Manrique, obispo de Ávila, a quien agradó sumamente con unas églogas que escribió en su nombre y con la comedia La pastoral de Jacinto, que fue la primera que hizo de tres jornadas…

Catedral de Ávila, escudo del obispo

Poco más sabemos de los servicios de Lope a don Jerónimo Manrique, a quien recuerda en algunas ocasiones, como en estos versos de La Filomena:

Criome don Jerónimo Manrique,
estudié en Alcalá, bachillereme,
y aun estuve de ser clérigo a pique.

O en esta carta al obispo de Ávila, escrita en enero de 1619, solicitando una capellanía:

Habrá tres años que hablé a vuestra señoría, informándole de los muchos que serví al obispo mi señor don Jerónimo Manrique, y ofreciendo mi persona para cualquiera de las capellanías que vacase. El amor que le tuve fue inmenso; las obligaciones, reales; las pocas letras que tengo le debo: holgaré de acabar mi vida en esa santa iglesia, ayudado de otro beneficio sin obligación que me ha dado el señor Duque de Sessa.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

La teoría de Amado Alonso sobre la novela histórica (y 6)

En definitiva, el Ensayo sobre la novela histórica de Amado Alonso constituye, como ya señalaba en una entrada anterior, una de las principales aportaciones teóricas al análisis de este peculiar subgénero narrativo y, evidentemente, en sus páginas se recogen otros planteamientos valiosos: ideas sobre la relación entre tragedia, epopeya y novela; una breve «Historia de la novela histórica» (pp. 53-72)[1], con especial atención a las obras de Walter Scott; apuntes sobre los momentos de crisis del género, etc.

Walter Scott

En estas entradas solamente pretendía presentar de forma quintaesenciada sus principales aportaciones teóricas, como la pareja de dicotomías historia / arqueología e historia / poesía, su concepto de «perspectiva de monumentalidad» o su visión del subgénero como posible cristalización entrañable de un modo excepcionalmente valioso de sentir la vida; conceptos e ideas que, pese a su ya lejana formulación en 1942, siguen teniendo todavía plena vigencia a la hora de analizar las producciones que se engloban bajo la etiqueta general de «novela histórica».


[1] Cito por Amado Alonso, Ensayo sobre la novela histórica. El Modernismo en «La gloria de don Ramiro»,Buenos Aires, Instituto de Filología, 1942.

Lope de Vega y el mecenazgo (1): introducción

El caso de Lope en relación con el fenómeno del mecenazgo es uno de los más significativos de su época[1]. Aunque sus ingresos no parecen escasos, sus gastos eran más. Pérez de Montalbán, en la Fama póstuma, habla de las economías de Lope con tonos admirativos:

Fue el poeta más rico y más pobre de nuestros tiempos. Más rico porque las dádivas de los señores y particulares llegan a diez mil ducados; lo que le valieron las comedias, contadas a quinientos reales, ochenta mil ducados; los autos seis mil; la ganancia de las impresiones mil y seiscientos, y los dotes de entrambos matrimonios siete mil, que hacen más de cien mil ducados, fuera de doscientos y cincuenta de que le hizo merced su majestad en una pensión de Galicia […] sin otras liberalidades secretas de tanta cantidad, que hablando una vez el mismo Lope de las finezas del duque, su señor, aseguró que le había dado en el discurso de su vida veinticuatro mil ducados en dinero…

Monedas

Sin embargo, a juzgar por las quejas que disemina el poeta, en bastantes ocasiones sufrió dificultades, seguramente exageradas para provocar la generosidad de sus mecenas. Se vislumbra, además del objetivo de conseguir beneficios materiales y respaldo social, una fascinación de Lope por el mundo aristocrático, que en el caso de sus relaciones con el duque de Sessa derivan a un tono de verdadera autohumillación.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.